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jueves, 22 de enero de 2015

El sentido de la madurez - Zen - Osho



El sentido de la madurez - Zen - Osho

Posted: 21 Jan 2015 11:07 AM PST

La primera pregunta:


Me dijiste que mi mente es inmadura.

¿Qué significa tener una mente madura?


 Pensar que sabes es ser inmaduro. Funcionar desde los cono­cimientos, desde la conclusión, es ser inmaduro. Funcionar des­de el no-conocimiento, sin conclusiones, sin un pasado, es ma­durez.

Madurez es tener una profunda confianza en tu propia cons­ciencia; la inmadurez es desconfiar de tu propia consciencia. Y cuando desconfías de tu consciencia estás confiando en tu cono­cimiento, pero es un sustituto y un sustituto muy pobre. Trata de entenderlo, es importante.

 Has vivido, has experimentado tantas cosas; has leído, has es­cuchado, has pensado. Ahora todas esas conclusiones están ahí. Cuando surge una situación determinada puedes funcionar de dos maneras. Puedes funcionar a través de todo lo acumulado en el pa­sado; en concordancia con esto -esto es lo que quiero decir cuan­do digo funcionar a través de un centro, a través de conclusiones, a través de experiencias pasadas, muertas-, entonces, hagas lo que hagas, tu respuesta no será una respuesta, será una reacción. Y ser reaccionario es ser inmaduro.      

 Si puedes funcionar ahora mismo, aquí en este momento, a través de tu consciencia, siendo consciente, dejando a un lado todo lo que has conocido esto es lo que yo llamo funcionar a tra­vés del no-conocimiento. Esto es funcionar a través de la ino­cencia. Y esto es la madurez.
Estaba leyendo una anécdota:

 Le pareció al señor Smith que ahora que su hijo había cum­plido trece años era importante tratar con él esos asuntos que un adolescente debe conocer sobre la vida. Así que una tarde llamó al muchacho al estudio, cerró la puerta cuidadosamente y con una dignidad impresionante le dijo:
-Hijo, me gustaría hablar contigo de los hechos de la vida.
-No faltaba más, papá- dijo el chico-.¿Qué quieres saber?

 La mente es inmadura cuando no está lista para aprender. El ego se siente muy satisfecho cuando no necesita aprender nada de nadie; el ego se siente ensalzado cuando siente que ya sabe. Pero el problema está en que la vida sigue cambiando, nunca es la misma -sigue fluyendo, es un fluir- y tu conocimiento siem­pre es el mismo. Tus conocimientos no están evolucionando con la vida, están atascados en algún lugar del pasado y siempre que reaccionas a través de ellos pierdes la perspectiva, porque no ha­rás exactamente lo que hay que hacer. La vida ha cambiado, pero tus conocimientos permanecen los mismos y sigues actuando a partir de esos conocimientos. Esto significa que encaras el pre­sente con los conocimientos de ayer. Nunca serás capaz de estar vivo. Cuanto más funcionas a través de tus conocimientos, más inmaduro te vuelves.

 Deja que te cuente una paradoja: todo niño inocente es madu­ro. La madurez no tiene nada que ver con la edad porque no tie­ne nada que ver con tener experiencia. La madurez tiene que ver con la sensibilidad, la frescura, la virginidad, la inocencia. Por eso cuando uso la palabra "maduro" no quiero decir que cuando hayas tenido más experiencias serás más maduro. Esto es lo que la gente normalmente quiere expresar cuando usa esta palabra; yo no quiero decir eso. Cuanto más conocimiento acumulas, más inmadura se vuelve tu mente. Y cuando tengas setenta u ochenta años serás completamente inmaduro, porque tendrás que funcio­nar a través de un rancio pasado. Observa a un niño pequeño... sin saber nada, sin tener experiencia, funciona en el aquí y ahora.

 Por eso los niños pueden aprender más que los adultos. Los psicólogos dicen que si a un niño no le obligas a aprender, no le obligas a disciplinarse, puede aprender cualquier idioma en tres meses. Déjale sólo con gente que conozca ese idioma y se pondrá al día en tres meses. Pero si le obligas a aprender le costará casi tres años, porque cuanto más le obligues, más tenderá a funcio­nar a través de lo que ha aprendido, a través del conocimiénto del ayer. Si le dejas a él solo, va libre, espontáneamente; el aprendi­zaje sucéde fácilmente, por sí mismo, por su propio impulso.

Cuando el niño alcanza la edad de ocho años ha aprendido casi el setenta por ciento de lo que va a aprender en toda su vida. Puede que viva ochenta años, pero con ocho ya ha aprendido el setenta por ciento -sólo aprenderá un treinta por ciento más y cada día que pase su capacidad de aprender se irá reduciendo-. Cuanto más sabe, menos aprende. Cuando la gente usa la palabra "madudez" quiere decir más conocimientos; cuando yo uso la pa­labra "madurez" quiero decir la capacidad de aprender, no de sa­ber sino de aprender. Y son diferentes, completamente diferentes, son cosas diametralmente opuestas.

 Los conocimientos son algo muerto. La capacidad de aprender es un proceso vivo: simplemente permaneces capaz de aprender, per­maneces disponible, permaneces abierto, listo para recibir. Aprender es receptividad. Los conocimientos te hacen menos receptivo por­que piensas que si ya sabes, ¿qué te queda por aprender? Cuando ya sabes, te pierdes muchas cosas, cuando no sabes nada, no te puedes perder nada.        
          
 Sócrates dijo en su vejez: «¡Ahora no sé nada!». Esto era ma­durez. Y antes de morir dijo: «No se nada».
 La vida es tan inmensa. ¿Cómo puede esta mente diminuta conocerla? A lo sumo tienes unos vislumbres y eso ya es mucho.
La existencia es tan vasta e infinita, sin principio, sin fin... ¿cómo puede esta diminuta gota de consciencia llegar a conocer­la? Ya es bastante que tengas algún vislumbre, que se abra algu­na puerta, pues son pocos los momentos en los que entras en con­tacto con la existencia. Pero esos momentos no se pueden convertir en conocimiento. Y tu mente tiende a hacerlo; por eso se vuelve cada vez más inmadura.      

 Lo primero es que deberías ser capaz de aprender y que tu ca­pacidad de aprend¡zaje nunca debería estar cargada de conoci­mientos, nunca debería estar cubierta de polvo. El espejo del aprendizaje debería permanecer limpio y fresco de modo que pueda reflejar.

 La mente puede funcionar de dos modos. Puede funcionar como una cámara fotográfica: la expones una vez, se acabó, la película inmediatamente queda repleta de conocimientos y pier­de su capacidad de aprender. La expones una vez y ya sabe: aho­ra es inservible, ya no es capaz de aprender más. Si la usas una y otra vez se hará más confusa. Por eso la gente que sabe demasia­do siempre tiene miedo de aprender, porque se confundirán. Ya son películas veladas.

 Por eso hay otro tipo de aprendizaje: aprender como un espe­jo. Expón el espejo las veces que quieras, no importa; si te pones frente a un espejo, eres reflejado, si te quitas, el reflejo desapare­ce. El espejo nunca acumula.

 La película de una cámara inmediatamente acumula; es mise­rable, atrapa, agarra. Pero el espejo simplemente refleja: te pones delante, estás ahí; te quitas, ya no estás.

 Ésta es la manera de seguir siendo maduro. Todo niño nace maduro y casi todo el mundo muere inmaduro. Puede parecer muy paradójico, pero no lo es. Permanece inocente y permanece­rás maduro.

 Lo segundo es que la mente inmadura está siempre interesada en trivialidades. La mente inmadura está siempre interesada en objetos: dinero, casas, coches, poder, prestigio... todo trivial, todo podrido. La mente madura está interesada sólo en la exis­tencia, en el ser, en la vida en sí misma. De este modo cuando digo que tienes una mente inmadura quiero decir que todavía es­tás interesado en cosas, no en personas, interesado en el exterior, no en el interior, interesado en los objetos, no en lo subjetivo; in­teresado en lo finito, no en lo infinito.


Osho Zen
Osho Zen


 Sólo observa tu mente, adónde va, cuáles son sus fantasías. Si te encuentras un valioso diamante en la carretera y justo ahí mis­mo ha florecido una rosa, ¿en qué estarás interesado, en la rosa o en el diamante? No serás capaz de ver la rosa si estás interesado en el diamante. Pasarás por alto la rosa, no tiene valor. Tus ojos estarán cegados por el diamante. Toda tu mente estará enfocada en el diamante y pasarás por alto otro diamante que estaba más vivo: la rosa.   
                             
Dicen que en el paraíso hindú las rosas no son rosas normales, están hechas de diamantes. No lo sé, pero yo sí he visto rosas. Si puedes ver rosas hechas de diamantes, aquí en la tierra, ¿por qué ir tan lejos? Sin ir al paraíso, puedes verlas aquí y ahora...

Una vez que aprendes cómo ver una rosa no existe nada com­parable. Y una vez que puedes ver la rosa podrías olvidarte com­pletamente del diamante.
Resulta que Mulla Naruddin vino a verme el otro día. Estaba muy preocupado y me dijo:      
 -Oh, pobre señor Jones. Osho, ¿has oído lo que le pasó? Se tropezó en lo alto de las escaleras, cayó rodando hasta abajo, se golpeó en la cabeza y se mató.
Asombrado le pregunté:
-¿Se mató?
-Se mató, -repitió con énfasis-, ¡y además se le rompieron las gafas!

 La mente inmadura está más interesada en las gafas que en la: vida, la muerte o el amor; más interesada en cosas, casas, coches. Cuando te digo que tienes una mente inmadura, quiero decir que todavía estás interesado en aquello que no tiene valor, lo no esen­cial. Como mucho se puede usar, como mucho puede convertirse en algo decorativo, pero no puede reemplazar a la vida, no puede sustituirla, no puede convertirse en la vida misma. Y hay mucha gente que ha hecho de esto su vida.
Conozco a algunas personas ricas que viven unas vidas tan pobres que uno no se lo puede ni imaginar.

 Conocía a un hombre en Delhi que tenía seis bungalós, todos alquilados. Y él vivía en una pequeña celda oscura, sin hijos ni esposa. En una ocasión le pregunté:
-Tienes suficiente. ¿Por qué sigues viviendo en esta oscura y pequeña celda? ¿Por qué te has impuesto esta prisión? ¿Qué tipo de penitencia estás cumpliendo?
Me dijo:
-Ninguna. Siempre he vivido de este modo y es perfectamen­te hermoso. Y hay gente viviendo en esos seis bungalos.
Él va a los bungalós sólo para cobrar el alquiler. Le pregunté:
-¿Por qué nunca te has casado?
-Soy un hombre pobre y las mujeres son muy caras. No pue­do permitírmelo -me dijo.

  Si te encuentras a este hombre serás incapaz de reconocer que es dueño de seis grandes casas y que gana mucho dinero. ¿Qué le há sucedido? Está mas interesado en el dinero que en sí mismo; está más interesado en el dinero que en el amor; está más intere­sado en el poder que acompaña al dinero, pero jamás ha compartido nada con nadie.

 Estas personas no son raras, son muy corrientes. Todo el mun­do tiene esta tendencia en su interior. Y la gente sigue racionali­zando. El hombre es muy listo, dice: «Esto no es avaricia. No me malentiendas. Soy un hombre sencillo, vivo una vida sencilla. Soy un hombre religioso y me gusta la vida sencilla».

 Si estás demasiado interesado en los objetos eres inmaduro. Cambia tu atención, interésate cada vez más en las personas en vez de en ti mismo.

 Tengo aquí una sannyasin, Nisha. Ella se enamora siempre de gente pobre y es riquísima. Hace sólo unos días, vino y pregun­tó: «Osho, ¿por qué sigo enamorándome de gente pobre y que está casi en la calle?». Conozco la razón: con un mendigo no ne­cesita preocuparse de su dinero. Se cree que está ayudando a esa gente porque les da de comer, por cosas pequeñas. De hecho nun­ca se ha enamorado. Está tan enamorada del dinero que no puede enamorarse de las personas. Ella compra a esa gente con dinero; no le cuestan nada, no corre ningún riesgo. Y ellos se sienten obligados porque ella les da comida, ropa, cobijo; se sienten obli­gados de modo que fingen que están enamorados de ella y ella continúa aparentando que se ha enamorado. Éste es un modo de proteger su dinero y de permanecer cerrada, miserable.

 Está sufriendo, está dolorida, pero no puede verlo. Tiene que aprender a compartir. Si sabes compartir, eres maduro. Si no sa­bes cómo compartir, eres inmaduro.
Este compartir ocurre a todos los niveles, en todas las direc­ciones, en todas las dimensiones. Comparte todo lo que tengas. Y por eso una de las cosas más básicas que tienes que entender es que cuanto más compartes algo, más crece en ti. Comparte todo lo que tengas y crecerá; apégate a ello, ten miedo a compartir, a la amistad, al amor, y se encogerá. La vida sólo conoce una ley y esa ley es la de la expansión, la de compartir.

 Mira la naturaleza. La naturaleza es tan derrochadora. Cuan­do se necesita una flor, mil y una flores brotarán. Cuando haces el amor a una mujer o a un hombre, en cada orgasmo se liberan millones de células. Una habría sido suficiente porque como mu­cho se puede concebir un niño, pero se liberan millones de células; Un solo hombre podría poblar toda la tierra. iUn solo hom­bre! Un hombre corriente tiene por lo menos cuatro mil relaciones en su vida -un hombre corriente-, y en cada relación se liberan millones de células. Todo el mundo, toda la población que existe ahora mismo, podría ser producida por un solo hom­bre. Y sin embargo ese hombre, si está en Occidente, sólo será  padre de dos o tres niños; si está en Oriente de doce, catorce, quince, nada más. Para que sean concebidas quince personas, se liberan millones de células.

 La naturaleza es derrochadora. Cuando se necesita una flor produce millones. Un árbol producirá... Mira este gulmohr, tie­ne listas millones de semillas. Todas caerán y unas pocas -una, dos, cuatro, cinco, veinte, un centenar- podrían convertirse en ár­boles. ¿Por qué tantas semillas? Dios no es un miserable. Si pides uno, te da millones. iSólo pide! Jesús ha dicho: «Llama y se te abrirán las puertas, pedid y se os dará». Recuerda, si pides uno, se te darán millones.

 En el momento que te vuelves un miserable te estás cerrando a los fenómenos básicos de la vida: expansión, compartir. En el momento que comienzas a apegarte a las cosas, has errado el ob­jetivo. Has fallado, porque el objetivo no son los objetos, tú, tu ser más interno, es el objetivo; no una casa hermosa, sino un tú hermoso, no mucho dinero, sino tú lleno de riqueza, no muchas cosas, sino un ser abierto, disponible a millones de cosas.

 Cuando digo que eres inmaduro, quiero decir que te preocu­pan demasiado los objetos y todavía no has aprendido que la vida consiste en consciencia, en seres, no en cosas. Las cosas están para usarse, son necesarias, pero no empieces a vivir para ellas. No sólo de pan vive el hombre: si sólo vives de pan, sólo de co­sas, es que ya estás muerto.

 Y lo tercero: la madurez es siempre espontánea. No hace pla­nes, no ensaya.
 La gente viene a mí... Justo la otra noche había alguien que me dijo: «Preparo tantas preguntas cuando vengo a verte, pero cuando llego aquí me olvido. ¿Qué me haces?».
¡No estoy haciendo absolutamente nada! Todo eres tú. En el momento que preparas algo ya estas diciendo que es falso. La rea­lidad no necesita prepararse. En la vida, no son necesarios los en­sayos, son necesarios en el teatro. El teatro es algo falso. Si tienes que preparar tus preguntas quiere decir que esas preguntas no son tuyas. Si estas sediento y vienes a mí, ¿te olvidarás de que tienes sed y de que te gustaría saciarla? ¿Cómo te puedes olvidar? De he­cho, cuando llegas a la orilla de un río, la sed te quemará más in­tensamente, porque en el momento que ves el agua corriendo y es­cuchas el sonido del gorgoteo, inmediatamente todo lo que habías estado reprimiendo emergerá. Todo tu ser responderá; dirá: «iEs­toy sediento!». Si estás sediento no te olvidaras.

 Pero tú preparas las preguntas. Te preparas para ir al río y di­ces: «Tengo mucha sed». ¿Qué sentido tiene prepararse? Si tie­nes sed, tienes sed. Si no tienes sed, cuando llegues al río, te ha­brás olvidado.
Cuando digo que eres inmaduro, quiero decir que preparas las preguntas, tus cuestiones. Son cosas de la mente, no vienen de tu corazón. No tienen relación contigo, no están arraigadas en ti.
                                 
 Se cuenta en la biografía de George Bernard Shaw que una vez, en el estreno de una de sus obras, al terminar salió a saludar con obvia complacencia, para aceptar los crecientes aplausos del gentío. A pesar de todo, había un discrepante, que encontró la ocasión, en un momento en el que el público dejó de aplaudir, para gritar de un modo desaforado: «¡Shaw, tu obra apesta!».

 Hubo un momento de horrorizado silencio, pero Shaw, im­perturbable, exclamó desde el escenario: «Amigo mío, estoy to­talmente de acuerdo con usted, pero ¿quiénes somos nosotros dos -en ese momento señaló con la mano hacia el público- en contra de la gran mayoría?».
Y los aplausos sonaron aun con más entusiasmo que antes.

 No puedes preparar algo así, es imposible. Es una respuesta espontánea, de ahí su belleza. No puedes prepararte para estas cosas. Y la vida es un proceso tan continuo: o actúas o se pasa la ocasión. Más tarde, encontrarás mil y una respuestas -podrías haber dicho esto o aquello-, pero no sirven de nada.

 Mark Twain regresaba a su casa con su mujer desde una sala de conferencias, donde acababa de dar una hermosa charla. Su mujer no había estado presente, sólo había ido a buscarle.
Por el camino le preguntó:
-¿Cómo ha ido el discurso?
Mark Twain dijo:
-¿Cuál de ellos? El que he preparado, el que he dado, o el que ahora estoy pensando que tendría que haber dado? ¿Cuál de ellos?

 Si lo preparas, esto es lo que pasará. Permanece consciente, alerta, despierto y actúa desde tu espontaneidad. Y no solamente los demás verán la vitalidad de tu respuesta, tú también te estre­mecerás de emoción con tu propia respuesta. No sólo los demás se sorprenderán, tú mismo te sorprenderás.

 Llamo a una mente madura, cuando conserva la capacidad de sorprenderse. Una mente es madura si continúa siendo capaz de ser sorprendida, por otros, por sí misma, por todo. La vida es una constante maravilla: no tiene planes preparados o respuestas prefa­bricadas. Nunca sabe qué va a suceder, va hacia lo desconocido en cada momento. Nunca se adelanta a sí misma, ni nunca se queda rezagada. Permanece sencillamente ella misma, esté donde esté.

 Y lo último y más importante: cuando digo que tienes una mente inmadura, básicamente quiero decir que tienes mente. La mente en sí misma es inmadura. Sólo la no-mente es madura.
La madurez no tiene nada que ver con la mente, porque men­te significa todo lo que tu conoces. Mente significa tus experien­cias, mente significa tu pasado, tus ensayos, tus preparaciones. Todas estas cosas están implícitas en la palabra "mente". La mente no es algo en particular, es toda la acumulación, toda la ba­sura, todo la montaña de tu pasado muerto.

 Cuando digo: «Sé maduro», quiero decir conviértete en no­-mente. Si actúas espontáneamente, actuarás desde la no-mente. Si te mantienes capaz de aprender, continuarás siendo capaz de ser no-mente, una y otra y otra vez; la mente nunca almacenará. Si eres capaz de permanecer alerta y espontáneo, capaz de sor­prenderte con la vida y contigo mismo, poco a poco, te irás inte­resando cada vez más en lo más interno de tu vida, en la esencia de la vida. Cuando mires a una persona, no verás sólo el cuerpo; tu mirada se hará penetrante, tu mirada será como unos rayos X. Captará a la persona, la consciencia que hay allí, la luz interior en esa otra persona. El cuerpo es sólo una morada: te encontrarás a la persona; os daréis la mano, pero no sólo la mano, saludarás a la persona, os encontraréis.  

 Y en tu propia vida, poco a poco, te irás haciendo consciente de que el cuerpo es sólo la vestimenta exterior: tienes que cui­darlo, no debes desatenderlo, es valioso, pero no lo es todo. Tú eres el maestro, no el sirviente. Y poco  a poco, cuanto más te adentres en tu interior, verás que la mente también es una vesti­menta, más íntima, más valiosa que el cuerpo, pero no más va­liosa que tú. Tú permaneces como el valor supremo.

 Una vez que sabes que tú eres el valor supremo, has madurado. Y una vez que conoces tu valor supremo, conoces el valor supremo de todo. Todos los seres son budas, nadie es menos que eso; toda la vida es divina, siempre estás caminando en suelo sagrado.

 -Se dice que cuando Moisés fue a la montaña a reunirse con Dios, el matorrál estaba ardiendo y proveniente del matorral escu­chó una voz: «¡Detente! Quítate los zapatos. Esto es suelo sagra­do». Siempre me ha gUstado. Pero todo suelo es suelo sagrado y en todos los matorrales Dios está ardiendo. Si todavía no has visto esto, no has comprendido nada. Mira otra vez... en todos los mato­rrales Dios está ardiendo y de cada matorral viene el mandamiento: «¡Detente y quítate los zapatos. Estás caminando en suelo sagra­do!». Todos los suelos, toda la tierra, toda la existencia es sagrada. Cuando tengas este sentimiento dentro de ti, te llamaré maduro, no antes de eso. Una mente madura es una mente religiosa.

La segunda pregunta:


¿Por qué hago montañas de un grano de arena?


 Porque el ego no se siente bien; no se siente cómodo, con gra­nos de arena, quiere montañas. Incluso si es una miseria, no debe­ría ser un grano de arena, debería ser el Everest. Incluso si es una miseria, el ego no quiere ser ordinariamente miserable, ¡quiere ser extraordinariamente miserable!

 Se cuenta que Bernard Shaw dijo: «Si no voy a ser el primero en el cielo, me gustaría ir al infierno... pero me gustaría ser el primero».

 En la cristiandad existe sólo un infierno y Bernard Shaw nun­ca supo que en la India tenemos el concepto de siete infiernos. Si hubiera oído hablar sobre los infiernos hindúes hubiera escogido el séptimo, porque en el quinto se hubiera sentido humillado, ya que otros están muy por delante de él en el séptimo. ¡Los pecadores de verdad, los grandes pecadores, están en el séptimo! De una manera o de otra, uno quiere ser el primero. Por eso uno si­gue haciendo montañas de un grano de arena.

 Una mujer hipocondriaca murió. Toda la ciudad, toda la pro­fesión médica se sintió liberada, porque era un constante proble­ma en la cabeza de mucha gente, en todas partes, por todos lados. La familia, los doctores, los médicos; había molestado a todo el mundo y nadie pudo ayudalar. Y se aficionó a la idea de que na­die sabía nada sobre el tipo de enfermedad que padecía, era una enfermedad extraordinaria. De hecho no había enfermedad.

 Cuando se murió casi hubo una fiesta en la ciudad. Pero cuan­do abrieron el testamento, donde ella había escrito que su volun­tad debía ser atendida eficazmente, leyeron que consistía en que se colocara en su tumba una lápida con una inscripción labrada con estas palabras: «¿Os creeréis ahora que estaba enferma?».
De esta manera continuaría persiguiendo a toda la ciudad otra vez.

 La gente continúa creando grandes problemas a partir de la nada. ¡He hablado con miles de personas acerca de sus proble­mas y no me he encontrado todavía un problema que fuera real! Todos los problemas son fingidos, tú los creas, porque sin pro­blemas te sientes vacío. Entonces no hay nada que hacer, nada con lo que luchar, ningún lugar adonde ir. La gente va de un gurú a otro, de un maestro a otro, de un psicoanalista a otro, de un gru­po de terapia a otro, porque si no van, se sienten vacíos y de re­pente sienten que la vida no tiene significado. Creas problemas para poder sentir que la vida es una gran tarea, un crecimiento, y tienes que esforzarte mucho.  

 El ego sólo puede existir cuando se esfuerza, recuerda: cuan­do lucha. Si te digo: «Mata tres moscas y te iluminarás», no me creerás. Dirás: «¿Tres moscas? No es mucho pedir. ¿Y me ilumi­naré? No parece probable». Si te dijera que tienes que matar a se­tecientos leones, por supuesto, ¡eso es otra cosa!

 Cuanto mayor es el problema, mayor el desafío, y con el de­safío tu ego asciende, vuela alto. Tú creas los problemas, los pro­blemas no existen.

 Y ahora si me lo permites, ni siquiera hay un grano de arena. Eso también es un truco tuyo. Dices: «Sí, podrían no ser monta­ñas, sino un grano de arena...». No, ni siquiera hay un grano de arena, ésas son tus creaciones. Primero creas un grano de arena a partir de la nada, después creas montañas a partir de un grano de arena. Y los sacerdotes, psicoanalistas y gurús están felices por­que todo su negocio existe gracias a ti. Si no creas un grano de arena de la nada y no conviertes el grano de arena en montañas, ¿qué sentido tendrán los gurús ayudándote? Primero tienes que dar el perfil para que te puedan ayudar.  

 Los verdaderos maestros han estado diciendo otra cosa. Han dicho: «Por favor mira lo que haces, qué tontería estás haciendo.

 Primero te creas el problemá, luego vas a la búsqueda de una so­lución. Sólo observa por qué estás creando el problema. Exacta­mente al principio, cuando estás creando el problema, está la so­lución. ¡Deja de crearlo!». Pero esto no te atraerá, porque de repente esto te confronta contigo mismo. ¿Nada que hacer? ¿Sin iluminación? ¿Sin satori? ¿Sin samadi? Y te quedas profunda­mente inquieto, vacío, tratando de llenarte con cualquier cosa, no importa qué.     
           
 No tienes ningún problema; sólo tienes que entender esto. En este mismo momento puedes dejar caer todos tus problemas por­que son tus creaciones. Echa otra mirada a tus problemas, cuanto más profundamente los mires, más pequeños te parecerán. Sigue mirándolos y poco a poco comenzarán a desaparecer. Sigue mi­rándolos y de repente encontrarás que hay un vacío... un hermo­so vacío te rodea. Nada que hacer, nada que ser, porque tú ya eres eso.

 La iluminación no es algo que haya que alcanzar, sólo tiene que ser vivida. Cuando digo que he alcanzado la iluminación, simplemente quiero decir que he decidido vivirla -¡hasta aquí hemos llegado!- y desde entonces la he vivido. Decides que ya no estás interesado en crear más problemas; esto es todo. Decides terminar con toda esta tontería de ir creando problemas y encon­trando soluciones.

 Es un juego que juegas contigo mismo: tú mismo te estás es­condiendo y tú mismo te estás buscando, eres ambas partes. ¡Y lo sabes! Por eso cuando lo estoy diciendo sonríes, te ríes. No estoy diciendo nada ridículo, tú lo entiendes. Te estas riendo de ti mis­mo. Sólo obsérvate riendo, mira tu propia sonrisa: lo estás enten­diendo. Tiene que ser así porque es tu propio juego: te estás ocul­tando y estás esperando que tú mismo seas capaz de buscar y encontrarte.

 Te puedes encontrar a ti mismo en este momento porque eres tú el que se esconde. Por esto los maestros Zen siguen golpean­do. Siempre que alguien llega y dice: «Me gustaría ser un Buda», el maestro se enfada mucho. Porque está pidiendo tonterías, ya que él es un Buda. Si el Buda llega a mí y me pregunta cómo ser un Buda, ¿qué es lo que se supone que debo hacer? Le golpearé en la cabeza: «¿A quién te crees que estás engañando? Tú eres un Buda».

 No te crees problemas innecesarios. Y comenzará a surgir una comprensión si observas cómo haces un problema cada vez más grande, cómo lo haces girar y cómo ayudas a la rueda a moverse cada vez más rápido. De repente estás en la cima de tu miseria y necesitas de la compasión del mundo entero.
Una sannyasin, Marga, me escribió una carta. Me dijo: «Osho, estoy muy triste porque cuando hablas miras a todo el mundo menos a mí».  

 Yo no estoy mirando a nadie, pero tengo ojos, o sea que tienen que estar en algún lugar. No es que esté mirando a alguien; no es­toy mirando a nadie. Y puedes ver en mis ojos que están vacíos, están ausentes. Pero si estás tratando de encontrar tu reflejo en ellos y no lo encuentras, te pones muy triste. Ahora hay un nue­vo problema. Ahora el ego se siente herido. ¡Mirando a todo el mundo excepto a ti! Sólo observa cómo has hecho de ti misma una excepción; te has convertido en extraordinaria. Yo miro a todo el mundo, a todo el grupo, excepto a ti. Te has vuelto única. Si miro a Marga -cosa que no voy a hacer; desde que recibí su carta, no he vuelto a mirarla-, entonces el ego podría tener otro problema: la estoy mirando sólo a ella. ¡Entonces eso creará un problema!

 Eres un gran creador de problemas. Sólo entiende esto y de repente los problemas desaparecen. Tú estás en perfectas condi­ciones. Has nacido perfecto: éste es todo el mensaje. Has nacido perfecto, la perfección es tu naturaleza más intima. Únicamente tienes que vivirla. Decídete y vívela.
 Pero si todavía no te has hartado del juego puedes continuar.

 Pero no preguntes la razón, porque ya la sabes. La razón es muy sencilla: el ego no puede existir en el vacío, necesita luchar con algo. Incluso un fantasma en tu imaginación servirá, pero necesi­tas luchar con alguien. El ego sólo existe en conflicto. El ego no es una entidad, es una tensión. Siempre que hay un conflicto la tensión surge y el ego existe; cuando no hay un conflicto la ten­sión desaparece y el ego desaparece. El ego no es una cosa, es sólo una tensión.
Y por supuesto nadie quiere tensiones pequeñas, todo el mun­do quiere grandes tensiones. Si tus propios problemas no son su­ficientes comienzas a pensar en la humanidad, el mundo, el futu­ro; socialismo, comulfismo y toda esa basura. Comienzas a pensar en ello como si el mundo entero dependiera de tu consejo.

 Entonces piensas: «¿Qué es lo que va a pasar en Israel? ¿Qué es lo que va a pasar en África?». Y sigues dando consejos y creas problemas. La gente se preocupa mucho, no puede dormir por­que hay alguna guerra, se pone nerviosa. Su propia vida es tan corriente que las personas buscan lo extraordinario en otro lugar. La nación tiene problemas, entonces se identifican con la nación. La cultura tiene problemas, la sociedad tiene problemas, existen grandes problemas, pues tú te identificas. Eres hindú y la cultura hindú está en dificultades; eres cristiano y la Iglesia está en difi­cultades. El mundo entero está en juego: ahora te engrandeces a través de tu problema.


Osho Zen
Osho Zen


 El ego necesita problemas. Si entiendes esto, esa misma com­prensión convierte de nuevo las montañas en granos de arena, y después los granos de arena también desaparecen. De repente se hace el vacío, puro vacío a tu alrededor. Esto es la iluminación: la comprensión profunda de que no existe ningún problema.

 Entonces, cuando no tengas que resolver ningún problema, ¿qué harás? Inmediatamente empezarás a vivir. Comerás, dormi­rás, amarás, tendrás tus conversaciones, cantarás, bailarás... ¿Qué más puedes hacer? Te has convertido en un dios, has co­menzado a vivir.

 Si es que Dios existe, una cosa es segura: no tendrá ningún problema. Por lo menos esto es seguro. ¿Entonces qué hace con todo su tiempo? Sin problemas, sin psiquiatra al que consultar, sin gurú al que visitar y rendirse... ¿Qué está haciendo Dios? Debe de estar volviéndose loco, girando. ¿Qué es lo que hará? No, él está viviendo; su vida está totalmente llena de vida. Está comiendo, durmiendo, bailando, teniendo una aventura amorosa, pero sin problemas.

 Comienza a vivir este momento y verás que cuanto más vives, menos problemas hay, porque ahora que tu vacío está florecien­do y viviendo, ya no son necesarios. Cuando no vives, esa misma energía se agria. La misma energía que se podría haber converti­do en una flor se estanca. Sin permitírsele florecer se convierte en una espina en el corazón; es la misma energía.

 Obliga a un niño pequeño a sentarse en una esquina y dile que se quede totalmente inmóvil, sin moverse. Observa lo que suce­de... sólo unos minutos antes, estaba perfectamente bien, fluyen­do; ahora su cara se ha puesto roja porque tiene que dominarse, controlarse a sí mismo. Todo su cuerpo se ha puesto rígido y tra­ta de agitarse aquí y allá y quiere saltar fuera de sí mismo. Has forzado la energía: ahora no tiene un sentido, un significado, un espacio para moverse; sin lugar para crecer y florecer, está atas­cada, helada, rígida. El niño está sufriendo una pequeña muerte, una muerte temporal.

 Si no permites al niño correr otra vez, moverse alrededor del jardín y jugar, comenzará a crear problemas, fantaseará, creará problemas en su mente y comenzará a luchar con esos proble­mas. Verá un perrazo y se asustará o verá un fantasma y tendrá que luchar y escapar de él. Ahora está creando problemas. La misma energía que hasta hace un momento fluía a su alrededor, en todas las direcciones, está atascada y se está agriando.

 Si la gente pudiera bailar un poco más, cantar un poco más, ser un poco más loca, su energía fluiría más y sus problemas poco a poco irían desapareciendo.        
      
 Por eso insisto tanto en el baile. ¡Baila hasta el orgasmo! Deja que toda tu energía se convierta en danza y de repente verás que no tienes cabeza: la energía atascada en la cabeza se está moviendo a tu alrededor, creando hermosas formas, imágenes, movimientos. Y cuando bailas llega un momento en el que tu cuerpo deja de ser algo rígido; se vuelve flexible, fluido. Cuando bailas, llega un mo­mento en el que tus límites dejan de ser tan claros; te disuelves y te haces uno con el cosmos, las fronteras se diluyen.    

 Observa a un bailarín. Verás que se ha convertido en un fenó­meno de energía, ya no es un forma fija, ya no está dentro de un marco. Está fluyendo, saliéndose fuera de ese marco, fuera de su forma y haciéndose más vivo, cada vez más vivo. Pero sólo si tú mismo bailas sabrás lo que sucede en realidad: la cabeza en tu in­terior desaparece, de nuevo eres un niño. Entonces no creas nin­gún problema.

 Vive, baila, come, duerme, hazlo tan totalmente como sea po­sible. Y recuerda una y otra vez: siempre que te sorprendas a ti mismo creando algún problema, salte de ahí, inmediatamente. Una vez que te metes en un problema necesitarás una solución. E incluso si encuentras una solución, de esta solución surgirán otra vez mil y un problemas. Una vez que equivocas el primer paso, has caído en la trampa. Siempre que veas que te estás metiendo en un problema, cázate a ti mismo, corre, salta, baila, pero no te metas en el problema. Haz algo inmediatamente de modo que la energía que estaba creando los problemas se vuelva fluida, líqui­da, se disuelva, regrese al cosmos.

 La gente primitiva no tiene muchos problemas. Me he encon­trado con grupos primitivos en la India que dicen que no sueñan en absoluto. Freud no hubiera creído que esto fuera posible. No sueñan, pero si en alguna ocasión alguien sueña -es un fenóme­no muy raro-, todo el pueblo ayuna, reza a Dios. Algo ha ido mal, algo malo ha ocurrido... un hombre ha soñado.

 Nunca sucede en su tribu porque viven tan totalmente que no se les queda nada en la cabeza para completar durante el sueño. Todo lo que dejes incompleto tiene que completarse en tus sue­ños; todo lo que no hayas vivido permanece como una resaca y se completa a sí mismo en la mente; en esto consiste el sueño. Du­rante todo el día piensas. El pensamiento simplemente muestra que tienes más energía de la que usas para vivir, tienes más ener­gía de lo que eso que tú llamas vida necesita.

 Te estás perdiendo la vida real. Usa más energía, así fluirán nuevas energías. Pero no seas un miserable. Úsalas hoy, deja que el presente se complete a sí mismo; el mañana se ocupará de sí mismo, no te preocupes acerca del mañana. La preocupación, el problema, la ansiedad simplemente muestran una cosa: que no estás viviendo correctamente, que tu vida no es todavía una cele­bración, un baile, una festividad. De ahí todos los problemas.

 Si vives, el ego desaparece. La vida no conoce el ego, conoce sólo vivir y vivir y vivir. La vida conoce no-ser, no-centro; la vida no conoce la separación. Inhalas, la vida entra en ti, exhalas, tú entras en la vida. No hay separación. Comes y los árboles en­tran en ti a través del fruto. Después un día mueres, eres enterra­do en la tierra, y los árboles te absorben y te conviertes en frutos. Tus hijos te comerán otra vez. Te has estado comiendo a tus an­tepasados, los árboles los han convertido en frutos. ¿Y tú crees que eres vegetariano? No te dejes engañar por las apariencias, to­dos somos caníbales.      

 La vida es una. Sigue moviéndose, viene a tu interior, pasa a través de ti. De hecho decir que la vida viene a tu interior no es correcto, porque entonces parece como si la vida llega a ti y pasa a través de ti. Tú no existes, sólo esta vida llegando y marchán­dose lo hace. Tú no existes, sólo la vida existe en sus formas tre­mendas, en su energía, en sus millones de delicias. Una vez que lo entiendas, deja que esta comprensión sea tu única ley.

 Y comenzad a vivir como Budas desde este mismo momento.
Si decides de otro modo, es cosa tuya. Pero como yo lo veo, es una decisión: «No me voy a engañar a mí mismo nunca más. Ahora comienzo a vivir como un Buda, en el vacío. No voy a tra­tar de encontrar ocupaciones innecesarias. Me disuelvo».

La tercera pregunta


Me he dado cuenta de que en el fondo quiero ser amadoy aceptado como el hombre más grande de la tierra,que quiero ser la persona más famosa.Y me siento herido cuando alguien me rechaza.¿Qué puedo hacer con estos sueños?


 Si entiendes que son sueños entonces mójate la cara y tómate una taza de té. ¿Por qué tienes que hacer algo? Los sueños son sueños, ¿por qué molestarse? Pero tú no comprendes que son sueños.

 Esto es prestado. Sabes que no son sueños, por eso estás preo­cupado. De otra manera, ¿por qué te preocupas? Si en un sueño ves que te has puesto enfermo, ¿vas al doctor cuando te despiertas por la mañana? En mi sueño estaba muy enfermo y ahora necesi­to medicinas. Nunca vas. Por la mañana te das cuenta de que era un sueño, ¡se acabó! ¿Qué sentido tiene visitar a un doctor?
Pero todavía no has entendido que son sueños. Para ti son relidades, de ahí el problema.    

 «Me he dado cuenta de que en el fondo quiero ser amado». Si quieres ser amado, ¡ama!, porque cualquier cosa que das te es de­vuelta. Si quieres ser amado, olvida el querer ser amado. Ama y el amor vendrá a ti de mil maneras. La vida refleja, la vida resue­na, la vida se hace eco de todo lo que le lanzas. Por eso si quieres ser amado olvida el querer y el ser amado; ya que no es eso en ab­soluto. Entonces la regla simplemente es: ama.

 Y si quieres ser aceptado como el hombre más grande de la tierra, empieza aceptando a todo el mundo como si fueran los hombres más grandes de la tierra. De otro modo, ¿cómo te van a aceptar a ti como el más importante? Ellos están en el mismo via­je. No te van a aceptar a ti como el más grande porque entonces ¿qué les pasará a ellos? Si tú eres el más importante, ¿quiénes son ellos? Nadie quiere ser otra cosa.

 Sucedió una vez. Un amigo de Mulla Nasruddin le estaba ha­blando. Se habían encontrado después de muchos años. Ambos eran rivales acérrimos... ambos eran poetas. Ambos empezaron a jactarse sobre los progresos que habían hecho en sus carreras.

-No  tienes idea,  Nasruddin,  de  cuánta  gente lee  ahora mi po­esía
-fanfarroneó el amigo-. Mis lectores se han doblado.
-¡Dios mío, Dios mío! -gritó Nasruddin-. ¡No tenía ni idea de que te habías casado!

 Todo el mundo está en el mismo viaje. Si quieres que la gente te acepte como el hombre más grande de la tierra, haz tuya esta regla: todo lo que quieras que los demás hagan por ti, hazlo por ellos. Pero éste es el problema. El ego quiere que seas el hombre más impor­tante de la tierra y nadie más. Entonces te sentirás herido, porque to­dos están en el mismo viaje. ¿Puedes entender algo tan simple? Es­tán esperando que tú también les aceptes como los grandes hombres.

 Escuché a Mulla Nasruddin una vez. Estaba dando un discur­so político.
Dijo: «Me dirijo con una gran turbación a una audiencia de gente más inteligente que yo; esto es, si hacemos la suma de to­dos ellos».


 Todos están tratando de estar en la cima del mundo; luego es­tás compitiendo con el mundo entero; Recuerda, vas a ser derro­tado. Un solo hombre luchando contra todo del mundo, ésa es la situación.
Si lo entiendes, hay dos maneras. Una, olvida este viaje, sé normal, sencillo, quienquiera que seas. No hay necesidad de ser especil, lo único necesario es ser real. Ser el más grand, es una meta errónea. Ser real..           
                                                                     
 Me he encontrado un eslogan hippy: «Sé realista, planea un milagro». Sí, así es. Si eres realmente realista, comienzas a vivir el milagro. Y el milagro es, si eres real, no quieres que te moles­ten con la competición, con la comparación. ¿A quién le impor­ta? Disfrutas comiendo, disfrutas repirando, disfrutas de la luz del sol, disfrutas de las estrellas, disfrutas de la vida, disfrutas de estar vivo: estás perfectamente sintonizado, en armonía con la to­talidad. ¿Qué sentido tiene ser un gran hombre? El gran hombre, los llamados grandes hombres, son casi siempre falsos. Tienen que serlo. No pueden ser personas reales. Son de plástico. Porque han escogido una meta equivocada. Ser grande es una meta del ego, ser real es existencia!

 Si quieres ser el más grande, estarás continuamente en con­flicto.Y por supuesto todo el mundo te perjudicará. No es que todo el mundo esté intentando perjudicarte, ellos están en su propio viaje; tú te estás cruzando en su camino innecesaria­mente.

 Abandona esa carrera de ratas. Siéntate debajo de un árbol al lado del camino. Es tremendamente hermoso y silencioso. De otra manera prepárate a que te hagan daño.

 Un político solía venir a verme. En una ocasión fue el presi­dente del Congreso Nacional indio, un gran hombre en la India.
Y me dijo:
-Soy un hombre muy sencillo. ¿Por qué la gente va difun­diendo cosas desagradables sobre mí? ¿Por qué la gente quiere perjudicarme?
Le respondí:                      
-Nadie quiere perjudicarte. Estás cruzándote en su camino sin necesidad. Ellos también quieren ser presidentes de grandes par­tidos. Estás obstaculizando su camino. Tienen que quitarte de en medio. Le dije: «Sólo recuerda lo que le hiciste al presidente an­terior. Lo mismo están tratando de hacer contigo, te están toman­do el pelo».

 Una vez que estás en un puesto de poder te empujan y tiran de ti. Tiene que ser así.      
Ramakrishna solía contar una bonita historia:

 Un pájaro volaba con un ratón muerto y veinte o treinta pája­ros le iban persiguiendo. El pájaro estaba muy preocupado. «¿Por qué? No les estoy haciendo nada, sólo esto llevando mi ratón muerto. ¿Porqué todos me persiguen?».
Y le pegaron fuerte, y en el conflicto, en la lucha, el pájaro abrió la boca y el ratón cayó. Inmediatamente todos volaron ha­cia el ratón, todos se olvidaron de él.    
Entonces se sentó en un árbol y meditó entristecido.

 No estaban en su contra, estaban también en el mismo viaje: querían el ratón.
Si la gente te está haciendo daño, abre la boca. ¡Debes de es­tar llevando un ratón muerto! ¡Suéltalo! y siéntate, si puedes, siéntate en el árbol o debajo del árbol y medita tristemente. Y de repente verás que se han olvidado de ti. No les interesas. Nunca les interesaste. El ego es un ratón muerto.

 La hija mayor de Jones acababa de dar a luz a un hermoso bebé y Jones estaba siendo felicitado. Parecía de todos modos abatido y un amigo le dijo: «¿Cuál es el problema, Jones? ¿No te gusta la idea de ser abuelo?». Jones dejó escapar un enorme sus­piro. «No -dijo-. No, eso no me molesta tanto. Pero es tan humi­llante tener que meterte en la cama con una abuela».

 Observa tu mente, cómo crea problemas. La mujer sigue sien­do la misma, pero ahora que se ha convertido en abuela uno se siente humillado.

 Son tus ideas las que están creando tu humillación. Si estás real­mente preocupado en tu propio bienestar entonces nadie te está ha­ciendo daño: son sólo tus propias ideas. Déjalas caer.
O, si te sientes bien con ellas, no te preocupes de las heridas. Carga con ellas. Pero toma una decisión en tu interior: si escoges el viaje del ego, si quieres ser el hombre más grande del mundo, todos te van a demostrar que eres el peor hombre del mundo. En ese caso ten el coraje y el corazón para sufrir todo esto. Es inútil, pero si escoges este camino, es tu elección. Si realmente quieres tu bienestar, tu calma interior, silencio y felicidad, entonces estas heridas son indicativas: dentro de ti estás cargando con algunas ideas erróneas.

Abandónalas.

La última pregunta...


No tengo preguntas,sólo un sentimiento de desesperación.No puedo creerme mis preguntas. Tengo lasensación de que vienen de algo frágil e irreal.


 «No tengo preguntas, sólo un sentimiento de desespera­ción...». ¿Cómo surge la desesperación? Debes de estar esperan­do demasiado. Surge por tener demasiadas esperanzas.
Si no esperas, desaparece toda desesperación. Si esperas demasiado, la frustración está garantizada. Si estás tratando de te­ner éxito, estás destinado a fracasar. Con todo lo que intentas con demasiado empeño, sucede justamente lo contrario.

 Debes de haber estado intentando realizar con demasiado em­peño alguna esperanza, por eso llega la desesperación. Si real­mente quieres liberarte de la desesperación -y todo el mundo lo quiere-, entonces libérate de la esperanza. Abandona toda espe­ranza y de repente verás que, al desaparecer la esperanza, desa­parece la desesperación. Entonces uno llega a una tranquilidad interna donde no existe ni esperanza, ni desesperación. Uno está simplemente calmado, tranquilo y recogido, como una gran re­serva de energía, una fuente de energía, imperturbable.

 Pero para esto tienes que sacrificar la esperanza. La pregunta muestra que todavía estás esperando. Vete un poco más al fondo y más lejos: si estás realmente desesperado, la desesperación de­saparecerá...

 Déjame que te lo explique de otra manera. Siempre que una persona dice que está desesperada está diciendo que todavía está aferrada a esa misma esperanza que se ha demostrado vana, o de la que no hay indicación de que se vaya a realizar en absoluto. Pero todavía sigue manteniéndola, esperando a pesar de todo. La desesperación continua.

 No esperes nada. No hay necesidad, porque todo lo que pue­des esperar ya ha sido dado. ¿Qué más puedes esperar?

 Estás aquí, todo está aquí: el ser lo es todo. Pero tú no lo aprecias, estás pidiendo un ratón muerto, un viaje de poder, un viaje del ego, un éxito a los ojos del mundo. Éstos no se van a realizar; incluso Alejandro Magno fracasó. Incluso Alejandro Magno mu­rió como un hombre pobre, un mendigo, porque todo aquello que acumulas te es arrebatado, te vas con las manos vacías. Con las manos vacías llegas, con las manos vacías te vas.

 Entonces, ¿por qué preocuparte del éxito, las riquezas, el po­der, ya sea material o espiritual? Simplemente sé... Y ser es el milagro más grande. Vuélvete hacia tu interior -lo que el Buda llama paravritti-. Da un giro completo, un giro total y de repen­te estás tan lleno de alegría que no necesitas nada más. De hecho tienes tanto que te gustaría derramarlo sobre los demás.
Pero las cosas siguen oscilando de un extremo al otro. Si espe­ras, entonces poco a poco el péndulo se desplaza hacia la deses­peración. Si estás demasiado enamorado de la vida, poco a poco vas hacia el suicidio. Si eres demasiado religioso, poco a poco te vas moviendo y te vuelves antirreligioso. El péndulo sigue mo­viéndose hacia el opuesto. En algún lugar en el medio uno tiene que parar.

 Y si te paras en el medio, el tiempo se detiene contigo. Y cuando el tiempo se detiene, toda esperanza, todos los deseos se han detenido. Comienzas a vivir. Ahora es el único momento y aquí es el único espacio.            
                                                            
 Déjame que te cuente una historia. Es una anécdota judía muy hermosa.

 El joven Sammy Moskowitz se acababa de comprar un scoo­ter; pero había sido educado de un modo ortodoxo y no estaba muy seguro de si estaría bien que un judío ortodoxo fuera en sco­oter. Pensó que la mejor manera de arreglarlo era que su venera­do rabino le enseñe una barucha, una oración tradicional de bendiciones, para cantársela a su scooter antes de conducirlo. Se­guro que esto lo purificaría y podría usarlo.

 Así pues, se dirigió a su rabino y dijo:
-Rabino, he comprado un scooter y desearía saber si puedes enseñarme una barucha para decírsela cada mañana.

 El rabino dijo:                            
 ¿Qué es un scooter?
Sammy se lo explicó, y el rabino agitó la cabeza.
Por lo que yo sé, no hay ninguna barucha apropiadá para la ocasión y tengo grandes sospechas de que conducir un scooter es pecado. Te prohíbo que lo uses.

 Sammy se deprimió mucho, pues desde lo más profundo de su alma quería conducir ese scooter, que además le había costado una suma considerable. Se le ocurrió una idea. ¿Por qué no bus­car una segunda opinión, quizás más liberal, de un rabino que no fuera ortodoxo sino simplemente conservador?

 Encontró a un rabino conservador que, a diferencia del rabino ortodoxo consultado con anterioridad, no llevaba en absoluto el tradicional abrigo largo sino que vestía un traje oscuro de ejecu­tivo. El rabino conservador dijo:
-¿Qué es un seooter?
Sammy se lo explicó. El rabino pensó por un momento y en­tonces dijo:
-Supongo que no hay nada malo en conducir un scooter, pero de todos modos no conozco ninguna barucha apropiada, y si tie­nes mala consciencia, es mejor que no lo conduzcas.
Viajó a los suburbios y se encontró con el rabino Richmond Ellis, en pantalón corto, y a punto de irse a jugar a golf en su scooter.

 Sammy se puso nerviosísimo:
-¿Es correcto para un judío conducir su scooter? -le dijo- Tengo uno pero no estoy seguro de que esté bien que lo utilice. Claro chaval -dijo el rabino-. No hay nada malo en un scoo­ter. Condúcelo con cuidado.  
-Entonces dame una barucha para el scooter.
El rabino reformado quedó pensativo y luego dijo:
-¿Qué es una barucha?

 ¡Las cosas van de un extremo al otro! El ortodoxo no sabe qué es un scooter y el progresista no sabe qué es una barucha. Por culpa de la religión, de demasiada religión dogmática, la gente se vuelve demasiado irreligiosa. Cuando dejan la iglesia, se van con la prostituta.  
En alguna parte se necesita un profundo equilibrio. Justamen­te entre los dos, exactamente entre los dos, está la trascendencia.

 Tú has vivido con esperanza: ahora la esperanza ha fallado y estás viviendo en la desesperación. Ahora deja que la desespera­ción también fracase; deja caer la esperanza y la desesperación a la vez. Simplemente trasciende esa actitud que vive en el futuro.

¡Vive aquí y ahora! Vivir en la esperanza es vivir en el futuro, que es en realidad posponer la vida. No es una forma de vivir, sino una forma de suicidio. No se necesita ninguna esperanza: y no es necesario sentirse desesperado. Vive aquí y ahora. La vida es tre­mendamente maravillosa, está colmándote aquí y tú estás miran­do hacia otro lugar. Está justo delante de tus ojos, pero tus ojos se han ido muy lejos, están mirando al horizonte. Está dentro de ti, pero tú no estás ahí.      
 No estoy a favor de la esperanza, no estoy a favor de la de­sesperación. Estoy en contra de todo extremismo. Todo exceso es inútil.

 Buda solía decir: «Mi camino es el camino de en medio».
majjhima pratipada. Ése es el camino de la trascendencia.

Basta por hoy.

Osho Zen
Osho Zen


Fuente: www.oshogulaab.com


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