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viernes, 6 de noviembre de 2015

En busca de la Fuente de la Eterna Juventud

En busca de la Fuente de la Eterna Juventud –


A través de la historia, los seres humanos hemos tenido el deseo de alargar la vida. Esa ansia humana ha creado el concepto de inmortalidad y constituye la principal razón de ser de las distintas religiones. En este artículo, y otros que lo complementarán, intentaremos explicar lo que hay detrás de este concepto universal.  En estos artículos de la serie "En busca de la Fuente de la Eterna Juventud", además del tema de la Inmortalidad, se exponen otros, como los posibles viajes a un mundo subterráneo y al espacio,  que plantean múltiples reflexiones. 

Cuentan las antiguas escrituras que hubo una época en que la inmortalidad estaba al alcance de la humanidad. Era una edad de oro, en que el hombre vivía con su Creador en el Jardín del Edén. Yahvé hizo crecer toda clase de árboles hermosos de ver y con frutos buenos de comer, entre los que se distinguían el Árbol de la Vida, en medio del jardín,  y el Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Un río nacía en el Edén y, después de regar el jardín, se dividía formando cuatro brazos: El primero se llamaba Fison; el segundo río se llamaba Geon; el tercer río se llamaba Tigris; y el cuarto río era el Eufrates.

Adán y Eva tenían permiso para comer los frutos de todos los árboles, con excepción del fruto del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal. Cuando, tentados por la serpiente, desobedecieron la orden, Yahvé se quedó preocupado por el tema de la inmortalidad. Y Yahvé dijo: "Si el hombre ya es como uno de nosotros (notar el uso del plural), versado en el bien y en el mal, que ahora él no extienda la mano y coseche también del Árbol de la Vida, y coma y viva para siempre".  Y Yahvé los expulsó del Jardín del Edén y colocó, delante del Jardín del Edén, unos querubines con una espada flameante, para guardar el camino del Árbol de la Vida. De esta manera el hombre fue expulsado del lugar en donde podía gozar de la vida eterna.

Y, aunque expulsado del Edén, jamás cesó de recordar, ansiar e intentar alcanzar la perdida inmortalidad. Desde la expulsión del paraíso, los héroes mitológicos no han cesado de viajar hasta los confines de la Tierra en su búsqueda de la inmortalidad. A algunos pocos elegidos les fue permitido encontrarla; otros simplemente afirmaron haberla conseguido por casualidad. Y con el transcurrir de los tiempos, la búsqueda del paraíso fue algo que quedó como un anhelo en el subconsciente de cada persona. Sin embargo, durante la época del "descubrimiento" de América,  esta búsqueda se convirtió en una campaña oficial organizada por  reinos poderosos.

Según la Historia oficial, el Nuevo Mundo fue descubierto cuando los exploradores buscaban oficialmente una nueva ruta marítima para llegar a la India en búsqueda de riquezas. Eso es verdad, pero sólo parcialmente, puesto que lo que Fernando e Isabel, los reyes de España en aquella época, realmente buscaban era la Fuente de la Eterna Juventud, una fuente de poderes mágicos, que brotaba de un pozo del paraíso, y cuyas aguas rejuvenecían a los viejos y mantenían a las personas eternamente jóvenes. Cuando  Colon  y sus hombres desembarcaron en las llamadas "Indias Occidentales", su objetivo no era solo la explotación de las nuevas tierras, sino también la búsqueda de la legendaria fuente,  cuyas aguas "hacían a los viejos nuevamente jóvenes". Los españoles interrogaron y torturaron a los nativos capturados para que les revelaran la secreta  localización de la mítica fuente. Y quién más destacó en esas investigaciones fue Juan Ponce de León,

La Historia nos explica que  Juan Ponce de León fue el conquistador español de Puerto Rico y descubridor de Florida. De ascendencia noble, fue paje en la corte de Fernando el Católico y combatió en la conquista del reino de Granada. Se duda si su primer viaje a América lo hizo con Cristóbal Colón en 1493, o con Ovando en 1502. En todo caso, colaboró con éste en la conquista de La Española y recibió de él el encargo de conquistar la cercana isla de San Juan Bautista o Borinquén (Puerto Rico) en 1508.

A pesar de la oposición de Diego Colón, gracias a su buena relación con el rey Fernando, consiguió ser nombrado gobernador en 1510. La isla se sometió sin dificultad, merced a la conversión del cacique Agüeybaná; Ponce de León pudo dedicarse a la fundación de ciudades y a la explotación de oro. Pero, tras la muerte del cacique, los amerindios se sublevaron contra la dominación castellana y el régimen de encomiendas durante el que se les había sometido a trabajos forzados. Tras una dura lucha, Ponce de León se impuso a los nativos y tomó sangrientas represalias. Más tarde descubrió una zona al norte a la que llamó La Florida, ya que fue descubierta el día de Domingo de Resurrección, llamado en España «Pascua Florida», por tocar siempre en el principio de la primavera. Se pasó el resto de su vida buscando la fuente de la eterna juventud, que según una leyenda se encontraba en ese lugar.

En 1511, Ponce de León asistió al interrogatorio de algunos indios prisioneros. Al describir la isla que habitaban, los nativos hablaron de sus perlas y otras riquezas, y enaltecieron las maravillosas virtudes de sus aguas. Contaron que existía una fuente donde un isleño "gravemente oprimido por la vejez" fue a beber. Después de hacerlo "él recuperó su fuerza varonil y practicaba todos los desempeños viriles, habiendo nuevamente tomado una esposa y generado hijos". Oyendo este relato con creciente entusiasmo, Ponce de León, que tenía más de 50 años, se convenció de que los indios describían la mítica fuente de las aguas rejuvenecedoras.

La observación de los nativos, relacionando el agua de la fuente con temas vinculados con relaciones sexuales y amorosas,  le pareció la parte más notable del relato, pues en la corte de España, así como en toda Europa,  abundaban los cuadros pintados por los mejores artistas, en que se mostraban escenas de amor o alegorías sexuales, y en los que se incluía una fuente en el escenario. Unos de los más famosos cuadros es "el Amor Sagrado y el Amor Profano", de Ticiano, en el que se insinúa que las aguas de una fuente hacían posibles "todos los desempeños viriles" en un estado de  eterna juventud.

El informe de Ponce de León al rey Fernando aparece en los registros mantenidos por el historiador oficial de la corte, Pietro Martire di Anghiera, de origen italiano. Relata en su obra "Décadas del Nuevo Mundo", que los indios procedentes de las islas Lucaias (Bahamas), revelaron que "hay una isla donde existe una fuente perenne de agua corriente de tal excelsa virtud que ingerida, quien sabe si acompañada de alguna dieta, hace a los viejos nuevamente jóvenes". Hay otras obras, como "la Fuente de la Juventud de Ponce de León: Historia de un Mito Geográfico", de Leonardo Olschki, en que se explica que "la Fuente de la Juventud era la más popular y característica expresión de las emociones y expectativas que agitaron a los onquistadores del Nuevo Mundo".

Parece seguro que el rey Fernando era uno de los que esperaban ansiosamente la confirmación del hallazgo de la fuente maravillosa. Por esta razón, cuando llegó la carta de Ponce de León, el rey no perdió tiempo y concedió de inmediato, a 23 de febrero de 1512, a Ponce una autorización real especial para la organización de una expedición desde la isla de Española en dirección al Norte. Las autoridades españolas en el continente americano recibieron la orden de auxiliar a Ponce de León y darle las mejores embarcaciones y marineros, con los cuales tal vez descubriría sin tardanza la isla de Bimini, a la que nos referimos en otro artículo en relación a las ruinas de la Atlántida. El rey dejó bien explícita su instrucción: "Después de que hayas alcanzado la isla y que sepas lo que existe en ella, tú me mandarás un informe".

En marzo de 1513, Ponce de León partió hacia el norte con el objetivo de encontrar la isla de Bimini. La razón oficial del viaje era que se trataba de una expedición para "buscar oro y otros metales". Pero la verdadera razón era encontrar la Fuente de la Eterna Juventud. Sin embargo, no encontraron sólo una isla, sino centenares de ellas: las Bahamas. Al desembarcar en una tras otra, los marineros recibieron instrucciones de que no buscaran oro, sino una fuente de agua.  Se probaron aguas de distintos riachuelos sin aparentes efectos. Y el Domingo de Pascua fue avistado un largo litoral al que Ponce de León llamó la isla de Florida. Navegaron a lo largo de la costa y desembarcaron en distintos lugares, explorando las florestas y bebiendo el agua de innumerables fuentes. Sin embargo, ninguna de ellas produjo el anhelado milagro.

No obstante, el fracaso de la misión no consiguió desacreditar la convicción de que existía dicha fuente en el Nuevo Mundo. Sólo se necesitaba descubrirla y para ello fueron interrogados más nativos. Y se observó que algunos aparentaban mucha menos edad de la que realmente afirmaban que tenían, mientras que otros repitieron leyendas que confirmaban la existencia de la fuente milagrosa. En "los Mitos de la Creación de la América Primitiva", de J. Curtin, se relata  que cuando Olelbis, "aquel que está sentado en lo alto", estaba a punto de crear la humanidad, mandó dos emisarios a la Tierra para que construyeran una escalera que conectara el Cielo y la Tierra. A medio camino deberían instalar un lugar para el reposo, en donde habría una laguna con la más pura agua potable. Y en la cima de la escalera se crearían dos fuentes, una para beber y la otra para bañarse.

Olelbis era el dios de la creación en la mitología Wintun,  que es el nombre dado generalmente a un grupo de las tribus americanas nativas que vivieron en el norte de California. Incluía las tribus Wintu, Nomlaki y Patwin. Y su ubicación estaba localizada entre el lago Shasta hasta la  Bahía de San Francisco, a lo largo del lado occidental del Río de Sacramento. Cada uno de estas tribus hablaba uno de los conocidos como  idiomas de Wintuan. Y Curtin  sigue explicando que Olelbis dijo: "Cuando un hombre o una mujer envejezcan, déjenlo subir a esa cumbre, beber y bañarse. Con eso, su juventud será restaurada".

Era tan fuerte la convicción de que existía  dicha  fuente en algún lugar de aquellas islas  que, un año después de la expedición de Ponce de León,  Pietro Martire escribió (según se indica en su segunda Década) al papa León X informándole se que: "a una distancia de 325 leguas de La Española, dicen, existe una isla llamada Boyuca, de hecho Ananeo, que, según aquellos que exploraron su interior, posee urna fuente extraordinaria, cuyas aguas rejuvenecen a los viejos. Que Su Santidad no piense que eso esté siendo dicho liviana o irreflexivamente, pues ese hecho es considerado verdadero en la corte, y de una manera tan formal, que todos, aún aquellos cuya sabiduría o fortuna los distinguen de las personas comunes, lo aceptan como verdad".

Ponce de León dedujo, después de varias investigaciones, que debería buscarse una fuente conectada a algún río, posiblemente a través de un túnel subterráneo. Entonces, si la fuente estaba en una isla, su manantial probablemente provendría de un río en Florida. En 1521, la Corona española ordenó a Ponce de León que organizara urna nueva expedición, esta vez concentrando la búsqueda en Florida. No existen dudas sobre el verdadero propósito de esa misión, ya que el historiador español Antonio de Herrera y Tordesillas afirmó en su "Historia General de las Indias" que: "Ponce de León salió en búsqueda de aquella fuente sagrada, tan afamada entre los indios, y del río cuyas aguas rejuvenecían a los viejos".

El objetivo de la expedición era descubrir la fuente en la isla de Bimini y el río en la Florida, donde, según afirmaban los indios, "los viejos que en él se bañaban se hacían jóvenes de nuevo". Pero, desgraciadamente, Ponce de León encontró la muerte en lugar a la eterna juventud al ser alcanzado por una flecha de los indios caraibes. De esta manera finalizó oficialmente la búsqueda organizada, bajo el patrocinio real. Pero, ¿fue inútil esta búsqueda? Los reyes Fernando e Isabel, Ponce de León y todos los que navegaron y murieron buscando la Fuente de la Eterna Juventud, ¿eran sólo unos ingenuos que creían en cuentos de hadas? Todos ellos entendían que las Sagradas Escrituras, así como leyendas  y  relatos de exploradores, indicaban que realmente existía un lugar cuya agua (o tal vez el néctar de unos frutos) podía otorgar la inmortalidad, manteniendo a las personas eternamente jóvenes.

Antiguas leyendas hablan de un lugar secreto, una fuente secreta, un fruto o planta secreta que salvaría a sus descubridores de la muerte. Y estas historias eran comunes en la península Ibérica, como un legado de los celtas que habitaron la región en un pasado remoto. Corrían historias sobre la diosa Idunn, que vivía junto a un riachuelo sagrado y guardaba manzanas mágicas en un baúl. Idunn (cuyo significado es "siempre joven") es una de las Ásynjur (diosas) de la mitología nórdica. Idunn sólo aparece en la Edda poética, compilada en el siglo XIII de antiguas fuentes tradicionales, y en la Edda prosaica, escrita en el mismo siglo por Snorri Sturluson. En ambas fuentes, se la describe como la esposa del dios escáldico Bragi, y en la Edda poética se le da también el rol de guardiana de las manzanas que dan a los dioses eterna juventud. Varias teorías rodean su figura, y uno de los montes de Venus, Idunn Mons, fue nombrado así en su honor. Cuando los dioses envejecían, iban a buscarla para comer las frutas y hacerse nuevamente jóvenes. Por esta razón a estas manzanas se las llamaba el "elixir de los dioses".

¿Son estas historias un eco de la leyenda de Hércules y sus doce trabajos? Una sacerdotisa del dios Apolo, le dijo al héroe: "Cuando tú los completes, te harás uno de los inmortales". El penúltimo trabajo de Hércules consistía en coger y traer las divinas manzanas de oro del Jardín de las Hespérides. En la mitología griega las Hespérides  eran las ninfas que cuidaban un maravilloso jardín en un lejano rincón del occidente, situado según diversas fuentes cerca de la cordillera del Atlas en Marruecos, o en una distante isla del borde del océano. Y dice la mitología que al casarse Hera, Zeus le dio unas manzanos con frutos de oro que fueron plantados en el jardín de las Hespérides bajo la protección del dragón Ladón. La Discordia se valió de una de esas manzanas para separar a los dioses.

En la mitología griega, una ninfa es un miembro de un gran grupo mitológico de espíritus femeninos de la naturaleza, a veces unidos a un lugar u orografía particular. Las ninfas solían acompañar a varios dioses y diosas, y eran con frecuencia el objetivo de sátiros lujuriosos. Las ninfas son las personificaciones de las actividades creativas y alentadoras de la naturaleza. El hogar de las ninfas está en las montañas y arboledas, en los manantiales y ríos, en los valles y las frías grutas. Con frecuencia son el séquito de divinidades superiores: de Artemisa, la cazadora, de Apolo, de Dioniso, de Pan y de Hermes.

Cerca de la ciudad de Tánger hay una colina que domina la bahía con sus seiscientos metros de altura y que lleva el nombre de Charf. Al este de la colina, una pequeña prominencia lleva el nombre de Tanya-Balya, «Tánger la Vieja».  Cuentan las leyendas que en tiempos remotos en la cima del Charf estaba la tumba de Anteo, el gigante, enterrado en el mismo lugar en que Hércules lo estranguló entre sus brazos. Y dicen también las leyendas que Anteo fundó una ciudad que llevaba el nombre de su mujer, Tingis, hija de Atlas, donde se levantaría Tánger la Vieja, Tanya-Balya. Al oeste de Tánger, a algunos kilómetros, sobre la costa atlántica, un promontorio rocoso lleva el nombre de «Grutas de Hércules». Y refiere también la leyenda que, cuando vino Hércules, en los tiempos mitológicos, desde su lejana Argólida, a medir sus fuerzas con el gigante Anteo, hizo de aquellas grutas su morada antes y después del combate.

Los relatos de este combate legendario nos dicen que: "Habiéndose enfrentado los dos adversarios, el campeón de los griegos y el gigante, el griego fue el más fuerte y derribó al gigante; pero cuando Anteo tocó el suelo, como era «hijo de la Tierra», recobró nuevas fuerzas al contacto con ésta y reanudó el combate. Tres veces fue derribado Anteo, y otras tantas la tierra volvió a darle nuevos arrestos, que le permitieron proseguir la pelea. Entonces Hércules lo separó de la tierra y, levantándolo en vilo, lo estranguló entre sus brazos".

Según los relatos mitológicos, este combate se habría originado porque Anteo le cerraba a Hércules el paso al «Jardín de las Hespérides», adonde se le encargó que fuera a robar las manzanas de oro. Las Hespérides, como Tingis, eran hijas de Atlas y poseían, en el extremo occidental, un jardín en que los árboles producían manzanas de oro. Ahora bien, la tradición sitúa el «Jardín de las Hespérides» cerca de la antigua Lixus, en el lugar ocupado actualmente por la pequeña ciudad de Larache, que denomina a su parque municipal Jardín de las Hespérides.

Hércules robó las «manzanas de oro», y al volver de realizar aquella proeza, la onceava en la serie de sus trabajos y la última en la Tierra, separó el promontorio de Calpe del de Abila, aislando Europa de África y dando origen al estrecho de Gibraltar. Esto es lo que nos relata la leyenda, que se ajusta asombrosamente a los nombres y a la topografía, aun cuando se supone que es una leyenda griega, en un tiempo en que se supone que los griegos no habían estado en este lugar de Occidente. Los griegos y los romanos nos legaron muchas otras leyendas sobre hombres inmortales. Apolo ungió el cuerpo de Sarpédon, el primero de los hijos que tuvo el dios Zeus con la humana Europa,  y vivió varias generaciones. Afrodita regaló a Faon, el barquero que llevó a la diosa en su barca, sin saberlo y sin pedir nada a cambio,  con una poción mágica. Al ungirse con ella, Faon se transformó en un bello joven "que despertó amor en el corazón de todas las mujeres de Lesbos".

Mientras buscaba a su hija Perséfone, la diosa Deméter llegó a Eleusis disfrazada como una anciana. Allí conoció a las hijas de Céleo, contándoles que se hacía llamar Doso y que era una cretense que había sido raptada por piratas, y que podía realizar cualquier tarea doméstica que le diesen. Así conoció a Metanira, quien le pidió que cuidase de su hijo Demofonte ('matador de hombres'), hermano de Triptólemo. Deméter se encariñó con el niño y, queriendo hacerlo inmortal, por el día lo ungía con ambrosía como si fuese un dios y por la noche lo acostaba desnudo sobre carbones al rojo vivo quitándole su carne mortal. Como Demofonte crecía más de lo normal, Praxitea, una mujer eleusina, vigiló a Deméter y terminó por sorprenderla mientras ponía al niño en el fuego. Entonces gritó, y el niño fue consumido por las llamas. Según otras fuentes, fue la propia Metanira quien vigilaba a Deméter y quien la sorprendió. Cuando la oyó lamentarse, Deméter quitó al niño del fuego y lo arrojó al suelo diciendo: "Insensatos sois los mortales … Pues habría hecho inmortal a tu hijo y no habría envejecido en su vida, pero ahora no puede escapar en modo alguno de la muerte …".

Había también la historia de Tántalo, que era hijo de Zeus y la oceánide Pluto, además de rey de Frigia o del monte Sípilo, en Lidia (Asia Menor). Se convirtió en uno de los habitantes del Tártaro, la parte más profunda del Inframundo, reservada al castigo de los malvados.  Fue hecho inmortal al alimentarse de néctar y ambrosía, que había robado de la mesa de los dioses.  En la mitología griega, la ambrosía  es unas veces la comida y otras la bebida de los dioses. La palabra se deriva del griego ἀ- (a-, 'no') y μβροτος (mbrotos, 'mortal'), por lo que significa la comida o bebida de los inmortales. Cuando Tántalo mató a su propio hijo para servir su carne a los dioses, éstos lo castigaron expulsándolo a una tierra en donde abundaban el agua y los frutos, pero que permanecían eternamente fuera de su alcance.  Y el dios Hermes resucitó al joven asesinado.

Ulises, a quién la ninfa Calipso ofreció la inmortalidad si aceptaba quedarse en su compañía para siempre, prefirió arriesgarse y volver a su hogar, en donde le esperaba su esposa. También tenemos la historia de Glauco, un simple pescador que se transformó en un dios del mar.  Un día observó que un pez que había pescado, al entrar en contacto con una determinada hierba, resucitaba y saltaba de nuevo al agua. Comiendo la misma hierba, Glauco buceó siguiéndole y, a consecuencia de ello, los dioses Océano y Tétis lo admitieron en su círculo y lo transformaron en una deidad.

1492, el año en que Colón zarpó de España, fue también el año en que terminó la ocupación musulmana de la península Ibérica, con la rendición de los moros en Granada. A lo largo de los casi ocho siglos de contienda entre musulmanes y cristianos hubo una intensa interrelación entre ambas culturas. Las historias del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, que también hablaban sobre el pez y la fuente de la vida, eran conocidas tanto por los musulmanes como por los cristianos. El hecho de que contenga una historia casi idéntica a la leyenda griega de Glauco, el pescador, se consideró como una confirmación de su autenticidad. Ello también colaboró a motivar la búsqueda de la legendaria fuente.

La parte del Corán que contiene la historia del pez es la 18ª sura, que habla de los viajes de Moisés, el héroe bíblico del Éxodo de Egipto. Como parte de los preparativos para cumplir su destino como mensajero de Dios, Moises tendría que recibir los conocimientos, que aún no poseía, de un misterioso siervo de Dios. Acompañado de sólo un criado, Moisés debería buscar este enigmático maestro con la ayuda de una única pista: llevaría consigo un pez seco y, en el lugar donde el pez saltara y desapareciera, encontraría al siervo de Dios. Después de una larga caminata, el criado sugirió que desistieran de la búsqueda. Pero Moisés insistió en continuar, diciendo que no pararía hasta alcanzar "la unión de los dos ríos". Y fueron hacia  allí, sin que se percataran de que el milagro aconteció: "Pero, cuando ellos llegaron a la unión, se olvidaron del pez, que buceó en el río, como si entrara en un túnel". Después de mucho caminar, Moisés dijo al criado: "Toma nuestra comida matinal", pero el criado respondió que el pez había desaparecido: "Cuando llegamos a la piedra, ¿no viste lo que aconteció? De hecho me olvidé del pez. Satã me hizo olvidar de contaros. Él buceó en el río de una forma maravillosa". Y Moisés dijo:"Era eso lo que buscábamos".

La historia del Corán sobre el pez seco que resucitó y volvió al mar a través de un túnel, iba más allá que la leyenda griega similar porque hablaba no de un modesto pescador, sino del venerable Moisés.  Y tampoco se presentaba el incidente como un hecho casual, sino como un hecho previsto por Dios, que conocía exactamente la localización del agua de la vida, que podría ser identificada por la resurrección del pez. Como devotos católicos, el rey y la reina de España deben haber aceptado literalmente lo que se relata en el Apocalipsis: "Me mostró después un río de Agua de la Vida, brillante como cristal, que salía del trono de Dios (…) En medio de la plaza, de un lado y del otro del río, hay árboles de la vida que fructifican doce veces (…)"

Por la misma razón debieron considerar como verdaderas las sentencias biblicas: "A quien tiene sed daré la fuente de agua viva" y "le concederé comer del Árbol de la Vida que está en el paraíso de Dios". También debían conocer este salmo bíblico: "Tú les das de beber de tu río de la eternidad; Pues contigo está la fuente de la vida". Por lo tanto, tenían que creer en la existencia de la fuente de la vida y del río de la eternidad, pues era lo que decían las Sagradas Escrituras, pero no había información de donde estaban ni de como encontrarlos. La 18ª sura del Corán ofrece algunas pistas importantes. Relata las tres paradojas de la vida presentadas a Moisés después de que encontró al siervo de Dios. Enseguida el Corán pasa a describir tres episodios: una visita a una tierra donde el sol se pone, después una tierra donde el sol se levanta, o sea, el Este, y finalmente una más distante, donde los míticos pueblos de Gog y Magog, los contendientes bíblicos del fin de los tiempos,  estaban causando grandes daños.

El héroe de la historia, llamado Du-al'Karnain ("Poseedor de dos Cuernos"),  cerró el desfiladero entre dos montañas con bloques de hierro y enseguida derramó sobre ellos plomo derretido, construyendo una barrera tan impresionante que hasta los poderosos Gog y Magog no fueron capaces de escalarla. Así separados, los dos ya no pudieron causar perjuicios a la Tierra. La palabra Karnain, en árabe o hebraico, significa tanto "dobles cuernos" como "dobles rayos". Los tres episodios adicionales, que vienen inmediatamente después de los Misterios de Moisés, parecen mantener como personaje principal el héroe bíblico, que bien podría haber recibido el apodo de Du-al'Karnain porque su rostro "tenía rayos" ya que,  después de que descendió del monte Sinaí, donde se encontró cara a cara con Dios, su rostro irradiaba.

Los cristianos medievales, sin embargo, atribuían el viaje a las tres tierras a Alejandro el Grande, rey de Macedonia, que en el siglo IV a.C. conquistó la mayor parte del mundo entonces conocido, llegando hasta la India. Esa creencia popular, de intercambiar los personajes de Moisés y Alejandro, se originó en las tradiciones relacionadas con las conquistas y aventuras del rey de Macedonia, que incluían no sólo lo relacionado con las tierras de Gog y Magog,  sino también con un episodio sobre un pez seco que resucitó cuando Alejandro y su criado encontraron la fuente de la vida.

Los relatos sobre Alejandro que corrían por toda Europa y Oriente Medio durante la época medieval,  se basaban en los escritos del historiador griego Calístenes, sobrino de Aristóteles. Designado por el rey para registrar sus hechos, triunfos y aventuras durante su expedición asiática, murió en la prisión por haber criticado al soberano por adoptar costumbres Orientales y sus escritos desaparecieron misteriosamente. Siglos después, comenzó la circular en Europa un texto en latín que era una traducción de las crónicas originales de Calístenes. Y durante mucho tiempo se creyó que las muchas versiones de las hazañas de Alejandro que circulaban por Europa y Oriente Medio se originaron en estas traducciones  de Calístenes. Sin embargo, más tarde se descubrió que existían textos similares en muchos otros idiomas, incluyendo el  hebreo, persa y  etíope.

Estos textos, muchos originados en Alejandría durante el siglo II a.C., divergen en algunos puntos. Pero sus impresionantes similitudes indican claramente una fuente común. Tal vez las crónicas de Calístenes o, tal vez, copias de las cartas de Alejandro a su madre, Olimpia, y a su maestro, Aristóteles. Las aventuras que nos interesan empezaron después que Alejandro terminó la conquista de Egipto. Los textos no esclarecen a donde se dirigió el rey, ni hay certeza de que los episodios siguen un orden cronológico o geográfico. Sin embargo, una de las primeras historias puede explicar la confusión entre Alejandro y Moisés. Aparentemente,  el rey de Macedonia intentó salir de Egipto como Moises, separando las aguas del mar Rojo y haciendo que sus seguidores lo atravesaran a pie.

Al alcanzar el mar, Alejandro decidió dividir las aguas,  construyendo en medio una muralla de hierro y plomo derretido. Y sus albañiles "continuaron derramando plomo y otros materiales derretidos en el agua hasta que la estructura llegó por encima de la superficie". Enseguida, el rey hizo que sus hombres erigieran una torre y un pilar  sobre la muralla, donde mandó esculpir su propia figura, con un tocado con  dos cuernos. Entonces escribió en el monumento: "Que aquel que llegase a este lugar y navegase sobre el mar sepa que yo lo cerré". Habiendo contenido las aguas, Alejandro y sus hombres comenzaron a atravesar el mar. Pero, como medida de precaución, enviaron primero algunos prisioneros. Cuando estos alcanzaron la torre en medio del mar, "las olas se derramaron sobre ellos, el mar los engulló y todos perecieron.  Cuando el emperador vio lo acontecido, sintió un poderoso miedo del mar" y desistió de la idea de imitar Moisés.

Pero ansioso por descubrir "las tinieblas" al otro lado del mar, Alejandro recorrió varios itinerarios en  los que visitó las fuentes de los ríos Eufrates y Tigris. Y allí estudió "los secretos del cielo, de las estrellas y de los planetas". Dejando sus tropas atrás, Alejandro volvió hacia el País de las Tinieblas (se supone que cavernas subterráneas), alcanzando una montaña en los bordes de un desierto llamado Mushas. Después de varios días de viaje, avistó un "camino recto, sin muros, donde no había ni altos ni bajos". En ese punto el rey dejó a sus fieles compañeros y prosiguió solo. Después de una caminata de doce días y doce noches, "percibió el esplendor de un ángel". Sin embargo, al aproximarse, vio que el ángel era realmente "una hoguera flameante". Alejandro entonces se convenció de que había llegado a la "montaña de la cual todo el mundo es cercado.".

El supuesto ángel envuelto en llamas se sorprendió tanto como Alejandro. "¿Quién eres tú y por qué estás aquí; oh, mortal?", preguntó, sorprendido por como aquel hombre había conseguido "penetrar en esta oscuridad, donde ningún otro fue capaz de entrar." Alejandro respondió que el propio Dios lo había guiado y le había dado fuerzas para "llegar a este lugar, que es el paraíso". En este punto, para convencer al lector de que el paraíso, y no el infierno, era accesible a través de pasajes subterráneos, el autor del antiguo texto relata un largo diálogo entre Alejandro y el ángel sobre temas relacionados con Dios y el hombre.

Terminada la conversación, el ángel mandó a Alejandro volver junto de sus amigos, pero el rey insistió en tener respuestas para los misterios del Cielo y de la Tierra, de Dios y del hombre. Al final dijo que sólo partiría se recibía algo que ningún otro hombre hubiera obtenido antes. El ángel aceptó y dijo: "Yo te contaré algo que hará que tú vivas y no mueras". Alejandro le instó a continuar y el ángel explicó: "En el país de Arabia, Dios colocó la negrura de la oscuridad total, donde está escondido el tesoro de ese conocimiento. Allá también se queda la fuente que es la llamada de "Agua de la Vida". Aquel que beber de ella, aunque sea una única gota, jamás morirá".

El ángel atribuyó otros poderes mágicos a esa Agua de la Vida, tal como conceder a un hombre el don de volar por el cielo como los ángeles. No necesitando de mayores incentivos, Alejandro preguntó, ansioso: "¿En que región de la Tierra está situada esa fuente?" La enigmática respuesta del ángel fue: "Pregunta a los hombres de allá que son herederos del conocimiento".Entonces dio a Alejandro un racimo de uvas para que con ellas alimentara a sus tropas. Volviendo junto a sus compañeros, Alejandro les contó la aventura y dio a cada uno una uva. Pero, "a medida que arrancaba una, otra crecía en su lugar". Así, un único racimo sirvió para alimentar a todos los soldados y sus monturas. Algo así como la bíblica multiplicación de los panes y peces.

El joven rey comenzó entonces a investigar sobre los sabios que podría encontrar para que le ayudasen en su búsqueda. Preguntaba a cada uno: "¿dónde está el lugar de tinieblas dondeestá oculto el conocimiento y la fuente de la vida?" Las versiones griegas dicen que Alejandro fue hasta los Confines de la Tierra para encontrar al sabio. Y los etíopes sugieren que el sabio estaba entre su tropa. Se llamaba Matun y conocía las antiguas escrituras. El lugar, dijo el sabio, "yace muy cerca del sol cuando se levanta del lado derecho". Aún con poca información ante tantos enigmas, Alejandro se puso en manos de su guía. Nuevamente fueron a un lugar de tinieblas. Después de mucho caminar, el rey se cansó y ordenó a Matun proseguir solo para encontrar el camino correcto.

Para ayudarle a ver en la oscuridad, le dio una piedra que le había llegado en circunstancias milagrosas, como un presente de un antiguo rey que ahora vivía entre los dioses. Era una piedra que Adán trajo del paraíso, más pesada que cualquiera otra sustancia de la Tierra. Matun, a pesar de todas sus precauciones, acabó perdiéndose. Entonces, sacó la piedra mágica del bolsillo y la colocó en el suelo. Así que tocó el suelo, comenzó a emitir luz y Matun pudo ver un pozo. Pero aún no era consciente de que había encontrado la fuente de la vida. La versión etíope describe lo que siguió: "el hombre tenía consigo un pez seco y, estando muyhambriento, fue hasta el agua para lavarlo y prepararlo para cocinar… Pero, así que el pez tocó el agua, salió nadando".

Cuando Matun vio esto, se desnudó y entró en el agua tras el pez, encontrándolo vivo. Comprendiendo que aquel era "el pozo del Agua de la Vida", se bañó y bebió. Al salir del pozo, ya no sentía hambre ni preocupaciones, pues se había vuelto El-Khidr, "el siempre verde",  aquel que sería eternamente joven. Al volver hacia el campamento, Matun no contó nada sobre su descubrimiento a Alejandro. El rey volvió a reemprender la búsqueda, tanteando en la oscuridad en busca del camino correcto. De pronto avistó la piedra abandonada por Matun "brillando en las tinieblas y ella ahora tenía dos ojos, que lanzaban rayos de luz". Entendiendo que había encontrado el camino, Alejandro avanzó corriendo, pero fue detenido repentinamente  por una voz que lo censuró por sus crecientes ambiciones y profetizó que en vez de encontrar la vida eterna encontraría pronto la muerte. Aterrado, Alejandro volvió junto a sus compañeros, desistiendo de la búsqueda. Según algunas versiones, fue un pájaro con forma humana el que le habló y le hizo retornar cuando "llegó a un lugar lleno de zafiros, esmeraldas y jacintos". En la supuesta carta del rey a su madre, le explica que fueron dos hombres-pájaros los que le impidieron proseguir.

En la versión griega fue André, el cocinero de Alejandro, que cogió el pez seco para lavarlo en una fuente "cuyas aguas relampagueaban". Cuando el pez tocó el agua, revivió y escapó de las manos del cocinero. Percibiendo lo que había encontrado, el hombre bebió el agua y después guardó un poco en un tazón de plata, pero no contó a nadie sobre su descubrimiento. Cuando Alejandro, prosiguiendo su búsqueda, llegó a un lugar que brillaba, aunque allá no se viera el sol, ni la luna y las estrellas, encontró el camino bloqueado por dos pájaros con formas humanas."Vuelve", ordenó uno de ellos, "porque el lugar en que estás pisando pertenece solamente Dios. Vuelve, maldito, pues en la Tierra de los Bendecidos tú no puedes poner los pies".

Aterrorizados, Alejandro y sus hombres se marcharon. Pero, antes de dejar el lugar, cogieron algunas piedras como recuerdo. Después de varios días de marcha salieron del país de la noche eterna y, cuando volvieron a estar a la luz del día, vieron que las piedras que habían recogido eran en realidad perlas, piedras preciosas y pepitas de oro. Entonces el cocinero explicó a  Alejandro lo del pez resucitado, pero no dijo nada sobre el hecho de que hubiese bebido el agua milagrosa. El rey se puso furioso y lo expulsó del campamento. El cocinero, sin embargo, se negó a partir solo, pues se había enamorado de una hija de Alejandro. Por esta razón el cocinero le reveló a ella  el secreto y le hizo beber algo del agua que había guardado. Cuando Alejandro descubrió lo acontecido, también expulsó a su hija, diciendo: "Tú te transformaste en un ser divino, pues te hiciste inmortal. Por lo tanto, ya no puedes vivir entre los hombres. Vayan hacia la Tierra de los Bendecidos". En cuanto al cocinero, el rey lo tiró al mar con una piedra atada al cuello. Pero, en vez de ahogarse, el cocinero se transformó en Andrêntico, el demonio del mar.

Para los consejeros de los reyes medievales, las distintas versiones sobre la misma historia servía para confirmar tanto la antigüedad como la autenticidad de la leyenda de Alejandro y de lafuente de la vida. Pero, ¿donde estaban esas aguas mágicas?  Mientras los eruditos se esforzaban por descifrar este enigma, se publicaron nuevas obras que se inclinaban por situar lafuente de la vida en la India. Según se dice, Alejandro navegó por el río Ganges, que en realidad era el río Fison del paraíso, y habría alcanzado las puertas del paraíso. En 1145, el obispo alemán Otto de Freising registró en su obra "Chronicon" un relato sobre una Epístola papal, en que se explicaba que el Papa había recibido una carta de un misterioso gobernante cristiano de la India. Ese gobernante afirmaba que el río del paraíso estaba en sus dominios.

El obispo Otto daba el nombre del obispo Hugo, de Gebal, ciudad costera en Siria, cómo el intermediario que habría llevado la carta al papa. El autor de la carta se llamaba Juan, que por ser un sacerdote de la Iglesia Católica recibía el nombre de Preste Juan, y afirmaba ser descendiente directo de uno de los Reyes Magos que habían visitado a Jesús en su nacimiento. El Preste Juan había derrotado a los reyes musulmanes de Persia y había establecido un floreciente reino cristiano en la región de los Confines de la Tierra, o sea la India.  Cincuenta años antes el mundo cristiano había lanzado la Primera Cruzada contra el dominio musulmán en el Oriente Medio, especialmente en Tierra Santa, y hacía poco, en 1.144, había sufrido una dolorosa derrota en la ciudad de Edessa.

Mientras tanto, en los Confines de la Tierra, los gobernantes mongoles habían comenzado a penetrar en el imperio musulmán y habían derrotado el sultán Sanjar en 1.141. Cuando la noticia llegó a las ciudades costeras del Mediterráneo, fue enviada al papa suficientemente distorsionada para que apareciera un rey cristiano levantándose para derrotar a los infieles por la retaguardia. Si la búsqueda de la Fuente de la Eterna Juventud no estaba entre los motivos para la Primera Cruzada, en 1.095, si que fue un objetivo en las siguientes cruzadas,, pues inmediatamente que el obispo Otto supo de la existencia del Preste Juan y del río del paraíso en sus dominios, el Papa emitió una proclama para el reinicio de las cruzadas.

En 1.147, el emperador Conrado de Alemania, acompañado de muchos nobles, partió para la Segunda Cruzada. Mientras la suerte de los cruzados era discontinua, Europa fue de nuevo impresionada por las noticias del Preste Juan y sus promesas de ayuda. Según los cronistas de la época, en 1.165 envió una carta al emperador de Bizancio, al emperador romano y a otros reyes, donde declaraba su intención de ir a Tierra Santa con sus ejércitos. Además volvía a describir su reino en términos entusiastas, como correspondía al lugar donde estaba situado no sólo el río del paraíso, sino también las puertas del paraíso. Pero la ayuda prometida jamás llegó y el camino desde Europa hacia la India no se despejó.

A finales del siglo XIII  las cruzadas habían terminando con una derrota final ante los musulmanes. Sin embargo, mientras estaban aún en vigor las cruzadas, seguía creciendo la creencia de que en la India se hallaban las aguas del paraíso. Antes del final del siglo XII, comenzó a extenderse una nueva y popular versión de las hazañas de Alejandro el Grande, llamada "Romance de Alejandro".  La habían escrito dos franceses que basaron ese poético y entusiástico relato en la versión latina de la obra de Calístenes, así como en otras biografías del rey de Macedonia. Lo importante era que él creaba, en un lenguaje que conseguía entender el pueblo, un interesante relato de las aventuras de Alejandro en tierras extrañas.

En esta obra se narraba el cuento de las tres fuentes maravillosas. Una rejuvenecía a los viejos, la segunda garantizaba la inmortalidad y la tercera resucitaba los muertos. Las tres fuentes estaban  situadas en países diferentes,  ya que procedían de los ríos Tigris y Eufrates, en Asia oriental, del Nilo, en Egipto, y del Ganges, en la India. Estos eran los cuatro ríos del paraíso y a pesar de que fluían por distintas y distantes regiones, se decía que todos ellos procedían de una única fuente: el Jardín del Edén, exactamente como decía la Biblia. En este tema pienso que pueden haber otras opciones: que los 4 ríos estaban ubicados  en la antigua Mesopotamia o que correspondían a ríos de la Atlántida.

A pesar de la gran distancia entre los nacimientos de estos ríos, hay que tener en cuenta que  los ríos nacen en manantiales, a partir de aguas subterráneas que salen a la superficie o en lugares en los que se funden los glaciares. Hoy se sabe que es agua procedente de la lluvia.  Y las aguas subterráneas forman grandes depósitos que en muchos lugares constituyen la única fuente de agua potable disponible. A veces, cuando circulan bajo tierra, forman grandes sistemas de cuevas y galerías. En algunos lugares regresan a la superficie, brotando de la tierra en forma de fuentes o manantiales.

La diferencia entre la cantidad de precipitación y la cantidad de agua arrastrada por los ríos se filtra bajo el suelo y forma los acuíferos. La filtración depende de las características físicas de las rocas. La porosidad no es sinónimo de permeabilidad, pues determinadas rocas como las arcillosas, aunque tienen una gran porosidad, son prácticamente impermeables ya que no disponen de conductos que se comuniquen. Si la capa impermeable forma una depresión, puede aparecer un lago subterráneo. En cambio, si la capa impermeable está inclinada se puede formar un río subterráneo, que puede recorrer miles de kilómetros.

Cuando una capa permeable está dispuesta entre dos capas impermeable, forma lo que se denomina acuífero cautivo o confinado. En estas condiciones el agua está sujeta a una presión considerable. Si por cualquier circunstancia se crea una fisura en la capa impermeable, entonces el agua asciende rápidamente hasta el nivel freático para equilibrar las diferencias de presión. Y un manantial es un flujo natural de agua que surge del interior de la tierra desde un solo punto o por un área pequeña. Pueden aparecer directamente en tierra firme, servir como nacimiento de un río, o para crear lagunas y lagos. Los manantiales pueden ser permanentes o intermitentes, y tener su origen en el agua de lluvia que se filtra o tener un origen ígneo, dando lugar a manantiales de agua caliente.

El "Romance de Alejandro" también contaba que Alejandro y sus hombres habían encontrado laFuente de la Eterna Juventud  y afirmaba que 56 compañeros ancianos del rey "recuperaron un cutis de 30 años  después de que bebieran de la Fuente de la Juventud". Pero, ¿como llegar a la fuente, si la ruta hacia la India estaba bloqueada por los musulmanes? Periódicamente  los papas intentaban comunicarse con el enigmático Preste Juan, al que llamaban  "el ilustre y magnífico rey de las Indias e hijo amado de Cristo". En 1.245, el papa Inocencio IV envió a fray Giovanni de la Pian del Carpini, a través de Rusia meridional, con instrucciones de entrar en contacto con el Khan mongol, en la creencia de que los mongoles eran nestorianos, una rama de la iglesia ortodoxa,  y también con instrucciones para contactar con el propio Preste Juan.

En 1.254, el rey Haithon, de Armenia, viajó de incógnito por el este de Turquía hasta alcanzar el campamento de un jefe mongol en el sur de Rusia. Los registros de ese viaje están llenos de aventuras y explicaban que la ruta lo había llevado a un pasaje angosto, cerca del mar Caspio, que era llamado  "los Portones de Hierro". La descripción de ese camino era muy parecida al del recorrido por Alejandro, en que había derramado hierro derretido para cerrar un desfiladero, y sirvió para alimentar la idea de que podían alcanzarse las puertas del paraíso, en los Confines de la Tierra. A los emisarios de los papas y reyes, que buscaban el misterioso reino de Preste Juan, inmediatamente se les unieron aventureros, como Nicolo Polo y su hijo Marco Polo (1.260-1.295).

Mientras esos relatos atraían el interés de la Iglesia y de las cortes europeas, una obra de literatura popular despertó el entusiasmo de las masas. Su autor se presentaba cómo: "Yo, John Maundeville, Caballero, nacido en la ciudad de St. Albans, en Inglaterra, que me hice a la mar el año de Nuestro Señor Jesús de 1.322". Juan de Mandeville  era originario de Lieja  y fue un escritor, autor de una obra titulada Libro de las maravillas del mundo (o Viajes) en el cual relata los viajes, presuntamente realizados por él a lo largo de treinta y cuatro años por Egipto, y diferentes partes de Asia y China. Su título evoca el famoso Libro de las maravillas de Marco Polo, y que fue dictado por el veneciano a su compañero de prisión. Juan de Mandeville afirmaba ser un caballero inglés y se autoimpuso el nombre de John Maundeville.

Juan de Mandeville partió hacia Egipto el día de San Miguel de 1322. Afirma, a su regreso, que fue un mercenario al servicio del sultán, entonces en lucha con los beduinos. De Egipto fue a Palestina, siguió la ruta de la seda y visitó la India, el interior de Asia y China. Dijo haber servido durante quince años en el ejército del gran jan. Después de una ausencia de 34 años, regresó en 1356, años posteriores a la terrible peste negra del siglo XIV, que implicó una sangría demográfica en Europa durante los años 1347-1350.

El relato de sus viajes es considerado normalmente como una impostura, aunque no en lo referente al viaje de Egipto, en razón del tono empleado y de los relatos de otros exploradores anteriores. Según algunos críticos, a su presunto regreso, decidió, con la ayuda de un médico de Lieja, escribir las aventuras que había vivido. Su relato se convirtió en una de las obras más célebres de la Edad Media, y probablemente más que las de sus contemporáneos Cristina de Pizán o Juan sin Miedo, duque de Borgoña.

Describe el mundo conocido en su época, de forma notable el extremo oriental de Asia, que era entonces poco conocido de los occidentales, ya que sólo los franciscanos y los dominicos, así como Marco Polo, se atrevieron a aventurarse en regiones tan lejanas. El relato de los primeros misioneros, entre los que destaca Guillermo de Rubrouck, o de exploradores como Marco Polo habían tenido poca difusión en Occidente durante aquella época. Juan de Mandeville se refirió a las posibilidades teóricas de la "circunnavegación" del mundo y se dice que influyó en el joven Cristóbal Colón. Juan de Mandeville también describía sus itinerarios, insertaba historias y leyendas fabulosas en un relato de variadas referencias bíblicas y consideraciones religiosas.

Al regresar de sus viajes explicó: "me dirigí para la Tierra Santa y Jerusalén, y también para la tierra del Grande Khan y del Preste Juan, para la India y diversos otros países, así como para las muchas y extrañas maravillas que allá existen". En el libro "Las Navegaciones y Viajes de Sir John Maundeville, Caballero",  puede leerse lo siguiente: "Ese emperador, Preste Juan, posee un territorio muy extenso y tiene muchas buenas y nobles ciudades en sus dominios, y muchas grandes islas, pues todo el país de la India es dividido en islas a causa de las grandes inundaciones que vienen del paraíso… Y esa tierra es muy buena y rica… En las tierras del Preste Juan existen cosas muy varias y muchas piedras preciosas, tan enormes que los hombres con ellas hacen traviesas, platos y tazas".

Y después Juan de Mandeville  describe el río del paraíso: "En ese país el mar es llamado de mar de Gravelly… a tres días de distancia de él quedan grandes montañas, de las cuales procede un gran río que viene del paraíso, y él es de piedras preciosas, sin ninguna gota de agua. Él corre por el desierto y va a formar el mar de Gravelly cuando alcanza su punto final". Sigue explicando que además del río del paraíso había una gran isla alargada, llamada Milsterak, que era el paraíso en la Tierra. En ella se encontraba "el más bello jardín que se puede imaginar; y dentro de él hay árboles dando todos los tipos de frutos, toda especie de hierbas virtuosas y perfumadas". Ese paraíso, afirma Juan de Mandeville, tenía maravillosos pabellones,  que pertenecían a un hombre rico y demoníaco, cuyo propósito era ofrecer "los más variados placeres sexuales".

Después de encender la imaginación de sus lectores con relatos sobre piedras preciosas y otras riquezas, el autor explica que el lugar estaba lleno "de las más graciosas doncellas que se puede encontrar y jóvenes, todos ricamente vestidos con ropas bordadas a oro. El hombre me dijo que ellos eran ángeles". Y ese hombre demoníaco "mandó construir tres bellos y nobles pozos, cercados de piedras de jaspe y cristal, labrados con oro e incrustados de piedras preciosas y grandes perlas del Oriente. Hizo instalar un caño bajo la tierra, de modo que los tres pozos, a su antojo, pueden verter uno de ellos leche, el otro vino y el otro, aún, miel. Ese lugar él llamó de paraíso".

Ese poderoso hombre atraía a su isla "buenos caballeros, robustos y nobles" y, después de hospedarlos, los convencía para matar a los enemigos de su reino, diciéndoles que no deberían temer la muerte pues, si perecieran, serían resucitados y rejuvenecidos. "Después de la muerte ellos volverían a ese paraíso, pasarían a tener la edad de las doncellas y podrían juguetear con ellas. Posteriormente serían mandados hacia un paraíso aún más bello, donde verían al dios de la naturaleza cara a cara, en toda su majestad y bienaventuranza". Sin embargo, según  Juan de Mandeville, ese no era el verdadero paraíso de la Biblia.

Según afirmaba, este paraíso bíblico estaba mucho más lejos que hasta donde alcanzaban las tierras recorridas por Alejandro. La ruta para alcanzarlo seguía rumbo Este, en la dirección de dos islas ricas en minas de oro y plata, "donde el mar Rojo se separa del océano". "Y además de esas islas y tierras, y de los desiertos del reino del Preste Juan, yendo directo para el este, los hombres no encuentran nada sino montañas y grandes rocas; y allá queda la región de las tinieblas, donde nadie consigue entrever, ni de día ni de noche… Y ese desierto y ese lugar de oscuridad van de la costa hasta el paraíso terrestre donde Adán, nuestro primer padre, y Eva fueron colocados".

Era de allí que fluían las aguas del paraíso:" Y al punto más alto del paraíso, exactamente en medio de él, hay un pozo del cual salen cuatro ríos que atraviesan diversas regiones, de los cuales uno es el Fison o Emtak, o Ganges, que corre a través de la India y posee muchas piedras preciosas y mucha arena de oro. Y el otro río es el llamado Nilo, o Geon, que corre por Etiopía y después por Egipto. Y el otro es llamado Tigris, y corre por la Asiria y por Armenia. Y el otro es llamado Eufrates y corre por la Media, Armenia y Persia". Juan de Mandeville confesó que él aún no había encontrado el Jardín del Edén bíblico, ya que afirmaba: "Ningún mortal puede aproximarse a ese lugar sin una gracia especial de Dios; por eso, de ese lugar no puedo hablar más". A pesar de esa confesión, hay versiones que afirman que dijo: "Yo, John Maundeville, pude ver la fuente y, por tres veces, junto con mi compañero, bebí de sus aguas y desde entonces me siento muy bien".  Actualmente los estudiosos de la época creen que Juan de Mandeville puede haber sido un médico francés que jamás viajó, pero supo sintetizar  los relatos de aventureros que efectuaron viajes hacia lugares tan distantes.

Angel Rosenblat, en su obra "La Primera Visión de América y Otros Estudios", escribió  sobre las visiones que motivaron el descubrimiento de América, y dijo: "La creencia en un paraíso terrestre estaba asociada a un antojo de naturaleza mesiánica: encontrar la Fuente de la Eterna Juventud. Toda la Edad Media soñó con ella. En las nuevas imágenes del paraíso perdido, el Árbol de la Vida se había transformado en la fuente de la vida y después en un río o Fuente de la Juventud". Según explica, la verdadera motivación fue la certeza de que "la Fuente de la Juventud quedaba en la India… una fuente que curaba todos los males y garantizaba la inmortalidad. El fantástico John Maundeville la hubo encontrado en su viaje a la India… en el reino cristiano del Preste Juan". Llegar a la India y a las aguas que procedían del paraíso se hizo un "símbolo del deseo humano por encontrar el placer, la juventud y la felicidad".

Con las rutas terrestres cerradas por los musulmanes, los reyes cristianos de Europa comenzaron a buscar una ruta marítima alternativa para llegar la India. Y a mediados del siglo XV, el rey portugués Enrique el Navegante, convirtió su país en la principal potencia en la carrera para alcanzar Oriente bordeando la costa de África. En 1445, el navegador portugués Dinis Días llegó a la desembocadura del río Senegal y escribió: "Dicen que él viene del Nilo, siendo uno de los más gloriosos ríos de la Tierra, pues procede del Jardín del Edén y del paraíso terrestre". Otros exploradores lo siguieron, avanzando cada vez más en dirección a la punta sur del continente africano.

Finalmente, en 1499, Vasco de la Gama y su flota dieron la vuelta en torno a África y alcanzaron por fin la meta anhelada: la India. Sin embargo, los portugueses, que habían sido los iniciadores de la época de los descubrimientos, vieron como otros se les anticipaban. Cristóbal Colón, navegante italiano, estudiando mapas antiguos y los relatos de los que habían viajado al Oriente, llegó a la conclusión de que, partiendo hacia el oeste, conseguiría llegar a la India por una ruta mucho más corta que la lograda por los portugueses.

En su búsqueda de alguien que patrocinase el viaje, Colón contactó con la corte de Fernando e Isabel,  llevando consigo una versión del libro de Marco Polo. Y para defender sus ideas, se refirió también a los textos de Juan de Mandeville, que  siglo y medio antes había explicado que "viajando hacia el lejano Oriente se llegaba al Occidente debido a la esfericidad de la Tierra… pues Nuestro Señor hizo la Tierra redonda". En enero de 1492, Fernando e Isabel derrotaron los musulmanes y los expulsaron de la península Ibérica. Consideraron que aquello podía ser una señal divina, indicando que donde los cruzados habían fracasado el reino de España conseguiría el éxito.

El 3 de agosto del mismo año, Colón zarpó bajo la bandera española con el objetivo de encontrar una ruta marítima occidental hacia la India. El 12 de octubre avistó tierra y hasta su muerte, en 1506, Colón, aunque sabía que realmente había llegado al continente americano,  creía que había descubierto las islas que constituían parte del legendario reino del Preste Juan. Veinte años después, el rey Fernando envió a Ponce de León a encontrar la Fuente de la Eterna Juventud. Los españoles pensaban que estaban siguiendo los pasos de Alejandro el Grande, pero ignoraban que en realidad seguían los pasos de fuentes mucho más antiguas.


En busca de la Fuente de la Eterna Juventud – Alejandro el Grande y el patriarca Enoc



En este nuevo artículo de la serie "En busca de la Fuente de la Eterna Juventud", además del tema de la Inmortalidad, se exponen otros como los posibles viajes a un mundo subterráneo y al espacio,  que plantean múltiples reflexiones.   Hijo de la reina Olimpia y (supuestamente) de su marido, el rey Filipo II, Alejandro tuvo como maestro a Aristóteles, que le enseñó todo lo que necesitaba conocer de la antigua sabiduría. Después de una serie de disputas conyugales, Olimpia huyó de la corte con su hijo. Más tarde llegó  la reconciliación, pero al cabo de poco tiempo Filipo fue asesinado y ello llevó a la coronación de Alejandro,  a sus 20 años de edad. A pesar de su corta existencia,  ya que murió a los 33 años,  Alejandro el Grande tuvo una vida llena de conquistas y aventuras, así como una firme voluntad por alcanzar los llamados Confines de la Tierra y desvelar los misterios divinos.

 

Las primeras expediciones militares del joven rey le llevaron hasta Delfos, sede del famoso oráculo, donde escuchó una profecía presagiándole la fama, pero una corta vida. Sin dejarse afectar por esta profecía, Alejandro partió, tal como harían los españoles 1.800 años más tarde. en busca del Agua de la Vida y de la Eterna Juventud. Para conseguirlo dirigió sus pasos hacia el Este, que era de donde habían venido los dioses, tales como Zeus, que salió de Tiro, atravesó el Mediterráneo a nado y llegó a la isla de Creta; Afrodita, que también llegó a la isla desde el mar; Poseidón, que vino desde Asia Menor, trayendo consigo el caballo; o Atenea, que trajo a Grecia el olivo originario de Asia occidental.

Y según los historiadores griegos, que habían influido mucho en Alejandro, las Aguas de la Eterna Juventud  se hallaban en Asia. Entre las obras que había leído figuraba la que se refería a la historia de Cambises, el hijo del rey Ciro, de Persia, que atravesó Siria, Palestina y el desierto de Sinaí para atacar Egipto. Y después de derrotar a los egipcios, Cambises los trató con gran crueldad y profanó el templo del dios Amón. A continuación se dirigió hacia el Sur y atacó a los etíopes. Al describir esos eventos, el famosos historiador Herodoto escribió un siglo antes de Alejandro: "Los espías de Cambises partieron para Etiopía bajo el pretexto de que llevan presentes para el rey, pero su verdadera misión era anotar todo lo que veían y que especialmente observaran si existía en aquel país aquello que es llamado como la Mesa del Sol".Los emisarios persas interrogaron al rey etiope sobre la longevidad de su pueblo. Y confirmando los rumores:" El rey los llevó a una fuente donde, después de que se lavaron, notaron que andaban con la piel blanda y lustrosa, como si hubieran tomado un baño de óleo. Y de la fuente emanaba un perfume como de violetas". Cuando regresaron, los emisarios ledijeron a Cambises que el agua era tan tenue que nada conseguía flotar en ella, ni madera u otras substancias ligeras; en ella todo se hundía. Y Herodoto concluyó: "Si el relato sobre esa fuente es verdadero, entonces sería el uso del agua que de ella vierte que los hace (a los etíopes) tan longevos".

La leyenda de la Fuente de la Juventud en Etiopía y la profanación del templo de Amón por parte de Cambises influyeron mucho en las aventuras de Alejandro. La importancia de la profanación del templo de Amón estaba relacionada con los crecientes rumores de que el joven rey no era hijo de Filipo, sino fruto de una unión entre su madre, Olimpia, y el dios egipcio Amón. Las tensas relaciones entre Filipo y Olimpia contribuían a reforzar esta sospecha. Y según los relatos en las obras de Calístenes, un faraón egipcio llamado Nectanebo por los griegos, visitó la corte de Filipo. Se dice que era un mago y adivino, y que secretamente sedujo a la reina Olimpia. Y se dice que fue el dios Amón que la visitó disfrazado de Nectanebo. Por esta razón ella habría dado a luz un semidios, hijo del dios cuyo templo Cambises había profanado. Después de derrotar a los persas en Asia Menor, Alejandro se dirigió hacia Egipto. Esperando fuerte oposición de los gobernantes persas en Egipto, se sorprendió al verlo caer en sus manos sin resistencia. Entendió que era un buen presagio y, sin perder tiempo, Alejandro se dirigió a la sede del oráculo de Amón. Según las leyendas, el mismo dios Amón confirmó su parentesco con el joven rey. Al saberlo, los sacerdotes egipcios honraron a Alejandro como su faraón. A partir de entonces en las monedas de su reino se le presentó como Zeus-Amón, ostentando un tocado con dos cuernos. En su calidad de semidios, Alejandro pasó a considerar su deseo de escapar del destino de los mortales como un derecho.

Posteriormente Alejandro dirigió sus pasos hacia Karnak, centro religioso del dios Amón. Desde el 3.000 a.C., Karnak era un gran centro religioso, con templos, santuarios y monumentos dedicados a Amón. Una de las más impresionantes edificaciones era el templo mandado construir por la reina  Hatshepsut, que vivió unos mil años antes de la época de Alejandro. Esta soberana se decía que era hija de Amón, habiendo nacido de una reina a la que el dios visitó escondido también bajo un disfraz. No se sabe que ocurrió en Karnak, pero en vez de conducir sus tropas en dirección al centro del Imperio Persa, Alejandro escogió una pequeña escolta para que lo acompañaran en una expedición hacia el sur. Todo  el mundo creyó que el rey iba a efectuar un viaje de recreo, buscando los placeres del amor. Y los historiadores de la época intentaron explicar su extraño viaje describiendo a la mujer que se suponía era su objeto del deseo. Una mujer "cuya belleza ningún hombre vivo conseguiría elogiar de manera suficiente". Se llamaba Candace y era la reina de un país al sur de Egipto, el actual Sudán. Al igual que la historia de Salomón y la reina de Saba, esta vez fue el rey el que viajó hacia la tierra de la reina. Pero en realidad el principal objetivo de Alejandro no era la búsqueda del amor, sino conocer el secreto de la inmortalidad.

Después de una agradable estancia, la reina Candace quiso hacerle un presente de despedida y reveló a Alejandro el secreto de la localización de una "maravillosa caverna donde los dioses se congregan". Siguiendo sus indicaciones, Alejandro encontró el lugar sagrado: "Él entró con algunos pocos soldados y vio una niebla azulada. Los techos brillaban como iluminados por estrellas. Las formas externas de los dioses estaban físicamente manifestadas; una multitud los servía en silencio. De inicio, él (Alejandro) se quedó sorprendido y asustado, pero permaneció allí para ver lo que acontecía, pues avistó algunas figuras reclinadas cuyos ojos brillaron como rayos de luz". La visión de las  enigmáticas figuras reclinadas contuvo Alejandro, ya que no sabía si eran dioses o mortales deificados. Entonces una voz, procedente de una de las figuras,  le hizo estremecer: "Saludos, Alejandro, ¿sabes quién soy?".  Alejandro, asustado, respondió: "No, mi señor". Y la voz añadió: "Soy Sesonchusis, el rey conquistador del mundo, que se unió a las filas de los dioses". Se supone que Sesonchusis era el Faraón Senusert, también conocido comoSesostris I, que reinó en el Siglo XX a.C. Sorprendentemente, Alejandro había encontrado a la persona que buscaba. Pero a pesar de que Alejandro estaba muy sorprendido, los habitantes de la caverna no parecían impresionados. Era como si hubiesen esperado su llegada. Entonces Alejandro  fue invitado a entrar para conocer al "Creador y Supervisor de todo el Universo". Entró y "vio una niebla brillante como fuego y, sentado en un trono, el dios que una vez había visto siendo adorado por los hombres de Rokôtide, el Señor Serapis".  

Serapis, para los egipcios User-Hep,  era una deidad sincrética greco-egipcia a la que el faraón Ptolomeo I declaró patrón de Alejandría y dios oficial de Egipto y Grecia, con el propósito de vincular culturalmente a los dos pueblos. Según un texto de Tácito, Sarapis fue el dios de la cercana población de Racotis (Rokôtide) antes de que formara parte de Alejandría. Alejandro potenció el culto de Amón, pero éste gozaba de escaso afecto entre muchos egipcios, pues era el dios de Kush y de los tebanos, que eran antagonistas del Delta del Nilo. Por otra parte, Osiris, Isis y Horus eran venerados y populares en todas partes. Y mientras Ptah, el artesano, dios de la gran capital nativa de Egipto, no resultaba atractivo, el buey Apis, considerado una encarnación de Ptah, había relegado al propio Ptah. La más antigua mención de Sarapis se encuentra en la narración de la muerte de Alejandro, Según ella, Sarapis tenía un templo en Babilonia y era de tal importancia que sólo lo nombra a él al ser consultado el rey agonizante. Por otra parte, el principal dios de Babilonia era Zeus Belus (Baal Marduk), que podría haber sido asimilado a Serapis en esta ocasión. Sin embargo, se sabe que el dios sumerio Ea (ENKI) también era llamado Sarapsi, el dios del océano profundo, del aprendizaje y de la magia, y tenía un templo en la ciudad. Independientemente de si el nombre egipcio de Sarapis proviene realmente del Sarapsi babilónico, la importancia que éste tuvo en los últimos días de Alejandro podría haber determinado la elección del dios egipcio Osiris-Apis para aportar el nombre y las principales características al dios de Alejandría.

Alejandro aprovechó la oportunidad para hablar del asunto de su longevidad: "Señor, ¿cuantos años viviré?" No hubo respuesta y Sesonchusis intentó consolar Alejandro, pues el silencio del dios era suficientemente elocuente. Sesonchusis le contó que, a pesar de haberse unido a las filas de los dioses, "no tuve tanta suerte como tú, ya que nadie se acuerda de mi nombre aunque haya conquistado el mundo entero y subyugado tantos pueblos. Pero tú  poseerás gran fama y tendrás un nombre inmortal aún después de la muerte". Y terminó confortando a Alejandro con las siguientes palabras: "vivirás al morir, y así no morirás", queriendo decir que sería inmortalizado en la Historia. Alejandro abandonó las cavernas deprimido y continuó su viaje para buscar consejos de otros sabios en busca de la consecución de su objetivo de escapar al destino de un mortal y de podir seguir los pasos de otros que, antes que él, habían tenido éxito al unirse a los dioses inmortales. Entre aquellos que Alejandro buscaba, y que finalmente encontró, estaba  Enoc, el patriarca bíblico de los tiempos anteriores al Diluvio y bisabuelo de Noé. El encuentro se produjo en un lugar montañoso "donde está situado el Paraíso, la Tierra de los Vivos", el lugar "en donde viven los santos". En lo alto de una montaña vio una estructura brillante, de la que  se elevaba hacia el cielo una inmensa escalera construida con 2.500 losas de oro.

En una enorme caverna, Alejandro encontró  estatuas de oro, cada una en su propio nicho, un altar de oro y dos inmensos recipientes de oro, de unos 20 metros de altura. "Sobre un diván próximo se veía la forma reclinada de un hombre envuelto en una colcha bordada con oro y piedras preciosas y,  por encima de él, estaban las ramas de una vid hecha de oro, cuyos racimos de uva estaban formados por joyas". Allí había un hombre, que se identificó como Enoc, y que le dijo: "No sondees los misterios de Dios". Atendiendo al aviso, Alejandro se marchó para juntarse con sus tropas, pero no antes de recibir como presente de despedida un racimo de uvas que, milagrosamente, alimentó a todo su ejército. En otra versión de la misma historia, Alejandro encontró a dos personajes: El patriarca Enoc y el profeta Elías, que, según las tradiciones bíblicas, jamás murieron. Este acontecimiento ocurrió cuando el rey atravesaba un desierto. Súbitamente su caballo y él fueron tomados por un "espíritu" (¿??)  que los transportó a un centelleante tabernáculo (caseta o santuario), donde Alejandro vio a dos hombres. Sus rostros brillaban, sus dientes eran más blancos que leche y sus ojos tenían el fulgor de la estrella matutina. Tenían "gran estatura y buena apariencia ". Después de identificarse, le dijeron que "Dios los escondió de la muerte". También le explicaron que aquel lugar era la "Ciudad del Granero de la Vida", de donde brotaba la "cristalina Agua de la Vida". Pero, antes de que Alejandro descubriera más o consiguiera beber el agua, un "carro de fuego" lo arrebató de allí y se encontró de nuevo entre sus tropas. Según la tradición musulmana, mil años después, también el profeta Mahoma fue llevado hacia el cielo montado en su caballo blanco.

¿Debemos considerar el episodio de la caverna de los dioses y otras de las historias sobre Alejandro como pura ficción o estarían basados en hechos históricos? ¿Existió realmente una reina Candace, una ciudad real llamada Shamar o un conquistador como Sesonchusis? Hasta muy recientemente esos nombres eran prácticamente desconocidos para los arqueólogos e historiadores.  No se sabía si habían formado parte de la  realeza egipcia o de una mítica región de África. Los jeroglíficos, en un principio indescifrables, sólo confirmaban la existencia de enigmas que tal vez no pudiesen ser desvelados. Y los relatos de la Antigüedad, transmitidos por griegos y romanos, se convirtieron en oscuras leyendas. Pero en 1798, cuando Napoleón conquistó Egipto, en Europa se comenzó a redescubrir aquella región. Y junto con las tropas de Napoleón llegaron investigadores que removieron la arena del desierto y levantaron el velo del enigma. Y entonces se produjo un hecho crucial: cerca de la población de Rosetta se encontró una placa de piedra con el mismo texto en tres lenguas. Allí estaba la clave para descifrar los jeroglíficos  del antiguo Egipto y los registros de los faraones. En 1820 unos exploradores europeos llegaron hasta Sudán y reportaron la existencia de antiguos monumentos, incluyendo pirámides, en un punto del Nilo llamado Méroe. Y una expedición real de Prusia descubrió impresionantes ruinas en excavaciones realizadas entre 1842 y 1844.

Entre 1912 y 1914, otros arqueólogos encontraron lugares sagrados. Los jeroglíficos indicaron que uno de ellos era llamado Templo del Sol, – tal vez el lugar donde los espías de Cambises habían visto "La Mesa del Sol". Posteriores excavaciones,  sumadas a datos ya conocidos y la continua traducción de los jeroglíficos, llevaron a  la conclusión  de que el primer milenio a.C existió en aquella región un reino nubio, que era la bíblica tierra de Cuch. Y existió realmente una reina Candace. Las inscripciones revelaron que en sus inicios, el reino nubio era gobernado por una sabia y benevolente reina llamada Candace. Desde entonces, cada vez que una mujer ascendía al trono adoptaba su nombre como símbolo de grandeza. Y también, al sur de Méroe y dentro del territorio de ese reino, había una ciudad llamada Sennar, probablemente la Shamar mencionada en las leyendas de Alejandro. Y en lo que respecta a Sesonchusis, la versión etíope del Calístenes dice que cuando Alejandro viajó a Egipto, él y sus hombres pasaron por un lago lleno de cocodrilos. Allí, un antiguo gobernante había ordenado construir un puente para atravesar el lago. "Había una edificación en el margen del lago y sobre esa edificación quedaba un altar pagano en el cual se leía: 'Soy Coch, rey del mundo, el conquistador que atravesó este lago'." ¿Sería ese conquistador un soberano que había reinado sobre Cuch o Nubia? En la versión griega de esa leyenda, el hombre que había hecho el monumento para marcar la travesía del lago, descrito como parte de las aguas del mar Rojo, se llamaba Sesonchusis. De esta manera, Sesonchusis y Coch serían una única persona: un faraón que reinó sobre Egipto y Nubia.

Los monumentos nubios muestran un gobernante recibiendo el Fruto de la Vida, bajo la forma de datileras, de las manos de un "Dios Brillante". Los registros egipcios hablan de un gran faraón que, a inicios del segundo milenio a.C., fue un gran conquistador. Su nombre era Senusret y veneraba al dios Amón. Los historiadores griegos le atribuyen la conquista de Libia, Arabia, Etiopía, las islas del mar Rojo y grandes partes de Asia, penetrando más al Este de lo que posteriormente hicieron los persas. Él también habría invadido Europa a partir de Asia Menor. Herodoto describió los grandes hechos de ese faraón, a quien llama Sesóstris, indicando que erigía pilares conmemorativos en todos los lugares por los que pasaba: "los pilares que él erigió aún son visibles". Cuando Alejandro vio el pilar junto al lago, tuvo la confirmación de lo que el historiador griego había registrado la historia de Sesonchusis. Su nombre egipcio significa "Aquellos cuyos nacimientos viven". Y, por ser un faraón de Egipto, tenía todo el derecho de ir a reunirse con los dioses y vivir para siempre. En la búsqueda del Agua de la Vida era importante tener la seguridad de que la exploración no sería en vano, como les había sucedido a otros en el pasado. Además, si el agua procedía de un paraíso perdido, si encontraba a los que habían estado en él sería un medio para descubrir cómo llegar hasta él.  Por esta razón  Alejandro intentó encontrar a los Antepasados Inmortales. Si realmente los encontró no es lo más relevante. Lo importante es que en los siglos que precedieron a la era cristiana, Alejandro y sus historiadores creían que esos Antepasados Inmortales realmente existían y que en tiempos remotos los hombres podían hacerse inmortales si los dioses lo permitían. Los historiadores de Alejandro cuentan varios relatos en que el joven rey se encontró con Sesonchusis, Elías y Enoc.

No se ha encontrado ninguna descripción de cómo Sesonchusis se volvió inmortal. Lo mismo es válido para Elías, el compañero de Enoc en el Templo Brillante, según una de las versiones de la leyenda de Alejandro. Elías es el profeta bíblico que vivió en Israel el siglo IX a.C., durante el reinado de Acab y Ocozias. Como indica el nombre que adoptó (Eliyah – "Mi Dios es Yahvé"), era un seguidor del dios hebreo, cuyos fieles estaban sufriendo persecución por parte de los seguidores del dios cananeo Baal. Después de retirarse a  un lugar secreto cerca del río Jordán, donde fue instruido por el Señor, Elías recibió "un manto tejido de vellos" y pudo hacer milagros. Cerca de la ciudad fenicia de Sidon, el primer milagro que realizó fue hacer que un poco de aceite y una cuchara de harina alimentasen toda su vida a una viuda que le había dado refugio. Poco después, necesitó pedir a Dios que resucitase al hijo de esa mujer, que acababa de fallecer victima de una grave enfermedad. Elías también podía convocar el Fuego de Dios, que servía para castigar a los que sucumbieron a las tentaciones paganas. Las escrituras dicen que Elías no murió en la Tierra, pues "subió al cielo en un torbellino". Según las tradiciones judaicas, Elías continúa siendo inmortal y se le invita a visitar los hogares judíos en la víspera de la Pascua. Su ascenso al cielo está descrito en gran detalle en el Antiguo Testamento.

Tal como es contado en Reyes, no fue un acontecimiento inesperado. Al contrario, se trató de una operación perfectamente planeada, cuyo lugar y hora fueron comunicados a Elías con antelación. El lugar elegido quedaba en el valle del Jordán, en el margen izquierdo del río, probablemente  en la misma zona donde Elías fue ordenado como "Hombre de Dios". Cuando en su último viaje partió de Gilgal, Elías encontró dificultad en librarse de su discípulo Eliseo. Durante el camino, los dos profetas fueron repetidamente interpelados por discípulos menores, "los hijos de los profetas", que preguntaban si era verdad que aquel día Dios se llevaría a Elías al cielo. El narrador bíblico explica: "He ahí lo que aconteció cuando Dios arrebató Elías al cielo en un torbellino: Elías y Eliseo partieron de Gilgal. Y Elías dijo a Eliseo: 'Te quedas aquí, pues Yahvé me envió sólo hasta Betel'; Pero Eliseo respondió:'Tan cierto como que Yahvé vive y tú vives, no te dejaré! 'Y descendieron a Betel. Los hijos de los profetas que vivían en Betel salieron al encuentro de Eliseo y le dijeron:'¿Sabes que hoy Yahvé va a llevar el maestro por sobre tu cabeza?'. Él respondió:' Sé, pero callaos". Elías admitió que su destino era Jericó, a los márgenes del río Jordán, y pidió a su compañero se quedara ahí y lo dejara seguir solo. Nuevamente Eliseo rechazó su propuesta e insistió en ir con el profeta. "Y ellos fueron la Jericó. Los hijos de los profetas que vivían en Jericó se aproximaron a Eliseo y le dijeron:'¿Sabes que hoy Yahvé va a llevar a tu maestro por sobre tu cabeza?'.  Él respondió:'Sé, pero callaos". Contrariado en su deseo de proseguir solo, Elías pidió a Eliseo que se quedara en Jericó y lo dejara ir solo hasta el margen del río. Sin embargo, Eliseo rechazó separarse de su maestro. Animados, "cincuenta hombres de los hijos de los profetas fueron también, pero se quedaron parados a la distancia mientras los dos (Elías y Eliseo) se detenían al borde del Jordán". Entonces Elías tomó su manto, lo enrolló y batió con él en las aguas, que se dividieron de un lado y de otro, de modo que ambos pasaron a pie enjuto.

Después que pasaron al otro margen, Eliseo pidió a Elías que le fuera dado el espíritu santo, pero antes que pudiera oír una respuesta: "Y aconteció que mientras andaban y conversabanhe ahí que un carro de fuego y caballos de fuego los separaron uno del otro y Elías subió al cielo en el torbellino. Eliseo miraba y gritaba: '!Mi padre! ¡Mi padre! ! El carro y la caballería de Israel! Después no más lo vio…". Atolondrado, Eliseo se quedó inmóvil por algunos instantes. Después vio el manto que Elías había dejado atrás. Eliseo cogió el manto y volvió al margen del río. Invocando el nombre de Yahvé, batió con él en las aguas y he ahí "que las aguas se dividieron de un lado y de otro y Eliseo atravesó el río". Y los hijos de los profetas, los discípulos que habían quedado en el margen izquierdo del río, en la llanura de Jericó, "lo vieron a la distancia y dijeron: 'El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo!'; vinieron a su encuentro y se postraron delante de él". Incrédulos, a pesar de que lo habían visto con sus propios ojos, los cincuenta discípulos no creyeron que Elías hubiese sido llevado al cielo para siempre. El torbellino del Señor podía haberlo arrebatado y lanzado en algún valle o montaña. A despecho de las objeciones de Eliseo, ellos lo buscaron por tres días. Eliseo entonces habló: "¿No había dicho yo que no fuerais?" Ahora, él sabía muy bien cual era la verdad: El Dios de Israel había llevado a Elías al cielo en un carro de fuego. El relato del encuentro de Alejandro con Enoc introdujo en la búsqueda por la inmortalidad a un "antepasado inmortal", mencionado tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, está en leyendas muy anteriores a la Biblia y ya se conocían cuando ésta fue escrita. Según la Biblia, Enoc fue el séptimo patriarca prediluviano del linaje de Adán a través de Set, para distinguirlo del linaje maldito de Caín. Él era el bisabuelo de Noé, el héroe del diluvio.

El quinto capítulo del Génesis da la lista de las genealogías de esos patriarcas, las edades en que tuvieron a sus primogénitos y la edad en que murieron. Sin embargo, Enoc es una excepción. No existe ninguna mención sobre su muerte. Explicando que él "anduvo con Dios", el Génesis afirma que, a la edad de 365 años, curiosamente el número de días del año solar, Enoc "desapareció" de la Tierra, "pues Dios lo arrebató". Los comentaristas judíos frecuentemente citaron fuentes más antiguas que parecían describir el real ascenso al cielo de Enoc, donde fue transformado en Metatrón, el "Príncipe del Semblante" de Dios, y que se quedaba postrado atrás de Su trono. Según esas leyendas, cuando Enoc fue llamado a la casa del Señor, un caballo de fuego vino a recogerlo. En aquella época, el patriarca predicaba virtud al pueblo. Cuando el pueblo vio el caballo flamante descendiendo del cielo, pidió una explicación a Enoc, que les dijo: "Sepan que llegó la hora de dejarlos y subir a los cielos". Pero, cuando montó el caballo, el pueblo intentó evitar su partida y lo siguieron durante una semana. "Entonces, el séptimo día, un coche de fuego tirado por ángeles y caballos flamantes descendió y arrebató Enoc".  Mientras el patriarca subía, los ángeles se quejaron al Señor: "¿Como puede un hombre nacido de mujer ascender a los cielos?". Dios destacó la piedad y devoción de Enoc y abrió para él las Puertas de la Vida y de la Sabiduría, y lo vistió con una ropa magnífica y una corona luminosa. Como en otros casos, las referencias más críticas en las escrituras muchas veces sugieren que el antiguo redactor partía de la hipótesis de que el lector conocía otros textos más detallados sobre el tema en cuestión. Existen menciones explicitas a esos escritos, tales como el "Libro de la Virtud" o "El Libro de las Guerras de Yahvé", por lo  que se supone deben haber existido realmente, pero seguramente se han perdido.

En el caso de Enoc, el Nuevo Testamento amplía la información, diciendo que el patriarca fue "llevado por Dios a fin de escapar de la muerte" y mencionando el propio testimonio de Enoc, dictado por él antes de ser "arrebatado" para la inmortalidad. La Epístola de San Judas, hablando de las profecías de Enoc, hace referencias a textos escritos por el patriarca. Asimismo, varios escritos cristianos también contienen referencias similares. De hecho, circulan desde el siglo II a.C. diferentes versiones del Libro de Enoc. Cuando durante el siglo XIX fueron analizados los manuscritos, los expertos concluyeron que provenían básicamente de dos fuentes. La primera, llamada Libro Etíope de Enoc, es la traducción al griego de un original en hebreo. La otra, llamada II Enoc, es una traducción de un original griego cuyo título era El Libro de los Secretos de Enoc. Escrito en primera persona, El Libro de los Secretos de Enoc parece explicar claramente la visita a algún tipo de gran nave espacial con distintos compartimentos y comienza en una fecha precisa y en un lugar determinado: "El primer día del primer mes del año 365 yo estaba sólo en mi casa, reposando en mi lecho, y adormecí… Entonces surgieron delante de mí dos hombres muy altos, como yo jamás viera en la Tierra. Tenían el rostro brillante como el sol, los ojos eran como candelas y fuego salía de sus labios. Las ropas que usaban parecían de penas, los pies eran morados. Sus alas era más brillantes que el oro y las manos más blancas que la nieve. Ellos estaban junto a la cabecera y me llamaron por el nombre". Como Enoc dormía cuando esos extraños seres llegaron, él insiste en decir que se despertó: "Vi claramente esoshombres parados delante de mí".

El patriarca los saludó, asustado, pero los dos seres lo tranquilizaron: "Alégrate, Enoc, no te asustes. El Dios Eterno nos mandó aquí y hoy tú ascenderás con nosotros al cielo". Los dos dijeron entonces a Enoc que despertara a su familia y los criados, dándoles órdenes para no buscarlo. El patriarca obedeció, aprovechando la oportunidad para instruir sus hijos sobre el camino de la virtud. Entonces llegó la hora de la partida:"Cuando terminé de hablar con mis hijos, los dos hombres me llamaron, me tomaron en sus alas y me colocaron en las nubes; he ahí que las nubes se movieron… Subiendo más, vi el aire y, más alto aún, el espacio celeste. Inicialmente ellos me pusieron en el Primer Cielo y me mostraron un mar inmenso mayor que el terrestre". Ascendiendo al cielo en "nubes que se movían", Enoc fue transportado al el Primer Cielo, donde "doscientos ángeles gobiernan las estrellas", y enseguida fueron al sombrío Segundo Cielo. De ahí él fue para el Tercero, donde le mostraron: "Un jardín agradable a la vista, bellos y perfumados árboles y frutos. En medio de él queda un Árbol de la Vida – en el lugar donde Dios reposa cuando viene al paraíso". Impresionado con la magnificencia del árbol, Enoc intenta describir el Árbol de la Vida con las siguientes palabras: "El es más bello que cualquier cosa ya creada; en todos sus lados parece hecho de oro y carmesí, y es transparente como el fuego". De las raíces salían cuatro ríos que vertían miel, leche, vino y aceite, y ellos descendían de ese paraíso celeste para el Jardín del Edén haciendo una vuelta en torno a la Tierra. Ese Tercer Cielo y su Árbol de la Vida eran guardados por trescientos ángeles "muy gloriosos" y era allí que quedaba situado el Lugar de los Justos y el Lugar Terrible, donde los malos sufrían torturas.

Subiendo al Cuarto Cielo, Enoc pudo ver luces y varias criaturas formidables, además de la "hueste" del Señor. En el Quinto Cielo, más "huestes"; en el Sexto, "grupos de ángeles que estudian la evolución de las estrellas". Alcanzando el Séptimo Cielo, donde los mayores ángelesandaban apresuradamente de un lado para el otro, Enoc vio a Dios de lejos, sentado en su trono. Los dos hombres alados y su nube móvil colocaron al patriarca en la frontera del Séptimo Cielo y partieron. Entonces el Señor mandó al ángel Gabriel que fuera a recibirlo y lo trajera a su presencia. Durante 33 días Enoc fue instruido sobre todo el conocimiento y los acontecimientos del pasado y del futuro. Después de ese periodo, un ángel "con fisonomía muy fría" lo devolvió a la Tierra. En total Enoc se ausentó sesenta días de la Tierra. Y este retorno se le permitió para poder enseñar a sus hijos las leyes y mandamientos. Treinta días después, el patriarca fue llevado nuevamente al cielo,  esta vez para siempre. Escrito como testamento personal y como reseña histórica, el "Libro Etíope de Enoc", cuyo título original probablemente era "las Palabras de Enoc", describe no sólo los viajes al cielo sino también un viaje por los cuatro confines de la Tierra. Mientras viajaba a los confines Norte de la Tierra, el patriarca avistó "un grande y glorioso artefacto", cuya naturaleza no es descrita. Y en ese lugar, así como en los confines Este de la Tierra, vio "tres puertas del cielo dentro del cielo", a través de los cuáles se veía granizo y nieve."De ahí fui para los confines sur de la Tierra y allá, por los portales del cielo, salían el rocío y la lluvia". Enseguida, Enoc fue a ver las puertas occidentales, a través de los cuales pasaban las estrellas siguiendo su curso.

Sin embargo, los principales misterios y secretos del pasado y del futuro sólo fueron revelados la Enoc cuando llegó "por la mitad de la Tierra" y al Este y Oeste de ese punto. El "medio de la Tierra" u ombligo del mundo era el lugar del futuro Templo Sagrado de Jerusalén. En su viaje al Este de ese lugar, Enoc llegó al Árbol del Conocimiento y, hacia el Oeste (¿Atlántida?), le fue mostrado el Árbol de la Vida. En el viaje hacia el Este, Enoc pasó por montañas y desiertos, vio cursos de agua saliendo de picos rocosos cubiertos de nieve y hielo ("agua que no corre") y árboles perfumados. Siguiendo cada vez más hacia el Este, se encontró en las montañas que rodean el mar de Eritrea (mar Rojo y el mar de Arabia) y entonces Zotrel, el ángel que guardaba la entrada al paraíso, le permitió entrar en el Jardín de la Virtud. En este jardín, entre magníficos árboles, avistó el Árbol del Conocimiento. Era tan alto como un pino, con hojas parecidas a la de la algarrobo y frutos como los racimos de una vid. Es curiosa la similitud de esta descripción con la del muérdago, la planta sagrada de los druidas. El ángel que acompañaba a Enoc le explicó que aquél era exactamente el árbol cuyo fruto Adán y Eva habían comido antes de que fueran expulsos del Jardín del Edén. En su viaje hacia el Oeste, Enoc llegó la "una cadena de montañas de fuego, que ardían día y noche" (se supone que era una zona volcánica activa, lo cual puede coincidir con algunas descripciones de la Atlántida). Mas adelante llegó a un valle rodeado por seis montañas separadas por profundas y angostas quebradas. Una séptima montaña se elevaba entre ellas "pareciendo un trono, toda cercada de árboles aromáticos; entre ellas había uno cuyo perfume yo jamás hube sentido… y sus frutos eran como los dátiles de una palmera". ¿Podría ser una pirámide o zigurat?

El ángel que acompañaba  a Enoc le explicó que la montaña del medio era el trono "donde el Gran Santo, el Señor de la Gloria, el Rey Eterno irá a sentarse cuando viniera a la Tierra". Y con respecto al árbol, cuyos frutos parecían dátiles, dijo: "Cuanto al árbol perfumado, ningún mortal tiene permiso de tocarlo hasta el Gran Juicio…Sus frutos serán alimento para los electos… Su aroma estará en sus huesos. Y ellos tendrán vida larga en la Tierra". Fue durante esos viajes que Enoc vio "que los ángeles recibían largos cordones, que cogían sus alas y que partían hacia el Norte". Cuando preguntó lo que estaba aconteciendo, el ángel acompañante le dijoó: "Ellos partieron para medir… traerán las medidas de los justos para los justos y las cuerdas de los justos para los justos… todas esas medidas revelarán los secretos de la Tierra". Terminado su viaje por todos los lugares secretos de la Tierra, llegó la hora de Enoc para partir hacia el cielo. Y fue llevado a una "montaña cuya cumbre alcanzaba el cielo" y para un País de las Tinieblas(¿cavernas?). Y ellos (los ángeles) me llevaron a un lugar donde los que allá estaban eran como fuego flamante y, cuando deseaban, aparecían como hombres. Y ellos me llevaron hacia un lugar de tinieblas y para una montaña cuyo pico llegaba al cielo. Y yo vi la cámara de los luminares, los tesoros de las estrellas y del trueno en las grandes profundidades, donde había un arco y flechas flamantes con su aljaba, una espada flamante y todos los rayos".

En el caso de Alejandro, la inmortalidad escapó de sus manos porque él fue a buscarla en contra de su destino. Sin embargo, Enoc, como después los faraones, viajaba bajo la bendición divina. Por esta razón fue considerado digno de proseguir y por eso "ellos me llevaron al Agua de la Vida". Continuando adelante, el patriarca llegó a la Casa de Fuego: "Entré hasta aproximarme a una pared hecha de cristales y cercada de lenguas de fuego, lo que me causó miedo. Avancé por entre las llamaradas y llegué cerca de una gran casa hecha de cristales. Las paredes y el suelo eran un mosaico de cristal. El techo parecía el camino de las estrellas y de los rayos, y entre ellos se veían flamantes querubines y su cielo era como agua. Un fuego resplandeciente cercaba las paredes y los portales ardían con fuego. Entré en esa casa y ella era caliente como el fuego y fría como el hielo…Miré hacia dentro de ella y vi un imponente trono. Parecía de cristal y sus ruedas eran como el sol brillante, y hubo la aparición de querubines. Y, por abajo del trono salían ríos de fuego, de modo que no pude mirar atrás de él".¿Podría tratarse de la descripción de una gran y espectacular nave espacial?

 

Después de alcanzar el "Río de Fuego", Enoc fue llevado hacia el cielo. Entonces pudo ver toda la Tierra – "las desembocaduras de todos los ríos de la Tierra… todos los marcos de frontera de la Tierra… y los vientos cargando las nubes".  Una perfecta descripción de la Tierra por parte de alguien que viaja al espacio. Subiendo más, se quedó "donde los vientos que estiran las bóvedas de la Tierra y tienen su estación entre el cielo y la Tierra". "Vi los vientos del cielo que giran y traen la circunferencia del Sol y de todas las estrellas". Siguiendo "los caminos de los ángeles", Enoc llegó a un punto del "firmamento del cielo arriba", desde el cuál pudo ver "el fin de la Tierra". Se supone que debía estar a una gran distancia de la Tierra. De ese lugar, consiguió avistar la expansión de los cielos (¿?) y "siete estrellas como grandes montañas centelleantes", "siete montañas de magníficas piedras". Del punto donde observaba esos cuerpos celestiales, "tres quedaban para el Este, en la región del fuego celeste", y fue allí que el patriarca vio "columnas de fuego" subiendo y bajando, erupciones "además de cualquier medida, tanto en anchura como largura". En el otro lado, los tres cuerpos celestiales estaban "para el Sur" y allí Enoc vio "un abismo, un lugar sin firmamento del cielo sobre él y ninguna tierra firme debajo… un vacío, un lugar preocupante" (¿?). Cuando pidió una explicación al ángel que lo transportaba, oyó: "Allá los cielos fueron completados… es el fin del cielo y de la Tierra, una prisión para las estrellas y huestes del cielo". (¿Un agujero negro?).  La estrella del medio "llegaba al cielo como el trono de Dios(¿una galaxia?). Daba la impresión de ser de alabastro "y la cúpula del trono parecía hecha de zafiro". La estrella era como "un fuego flamante".

Continuando el relato sobre su sorprendente viaje a los cielos, Enoc dice: "Proseguí hasta donde las cosas eran caóticas y allá vi algo terrible". Lo que lo impresionó fueron "estrellas del cielo amarradas unas a las otras". Realmente parece que esté describiendo los bordes de un agujero negro en una galaxia, en donde efectivamente las estrellas se concentran. El ángel explicó: "Son las estrellas del cielo que transgredieron el mandamiento del Señor y están presas aquí hasta que pasen 10 mil años". El patriarca entonces finaliza su increible historia: "Y yo, Enoc, solo vi la visión, el fin de todas las cosas, y ningún hombre los verá como yo". Después de recibir todo tipo de conocimientos en el reino celestial, fue devuelto a la Tierra para transmitir esas enseñanzas a los otros hombres. Por un periodo de tiempo no conocido, "Enoc permaneció escondido y ningún hijo de hombre sabía donde él vivía o lo que había sido de él". Sin embargo, cuando el diluvio se aproximaba, Enoc escribió sus enseñanzas y aconsejó a su bisnieto Noé ser virtuoso y digno de salvación. Cumplida esa obligación, el patriarca una vez más "fue elevado de entre aquellos que habitaban la Tierra. Él fue llevado para lo alto en la Carroza de los Espíritus y desapareció entre ellos".


FUENTE: https://oldcivilizations.wordpress.com/2010/10/21/en-busca-de-la-fuente-de-la-eterna-juventud-%E2%80%93-alejandro-el-grande-y-el-patriarca-enoc/



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