EL DESPERTAR SAI
EL DESPERTAR SAI: SAI BABA, EL NUEVO AVATAR - N Kasturi y Peter Phipps SAI BABA, EL NUEVO AVATAR - N Kasturi y Peter Phipps - EL DESPERTAR SAI

PLATICAS DE SATHYA SAI BABA

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sábado, 5 de mayo de 2012

SAI BABA, EL NUEVO AVATAR - N Kasturi y Peter Phipps


 
 

01.Sathya Sai Baba
En 1926 en Puttaparti, al sur de la India, nacía Sathya Sai Baba, mostrando ya desde temprana edad extraordinarias cualidades. He venido para encender la lámpara del amor en sus corazones, declara como nuevo avatar, velando para que brille cada día con mayor luminosidad. No he venido para hablar en favor de una enseñanza, credo o causa alguna, ni tampoco con el fin de conseguir seguidores para ninguna doctrina. He venido para hablarles de esta fe unitaria, de este deber, de esta obligación de amar. A través de la Prashanti Nilayam (La Morada de la Paz Suprema) ha desarrollado un programa de transformación que debe realizarse, en sus propios términos, en el nivel humano y por medios humanos.

Baba ha dicho que son cuatro los tipos de hijos que nacen del hombre. La distinción reside en el impulso que haya motivado el nacimiento. En tres de ellos opera la ley del Karma. El primero es aquel en que uno ha incurrido en deudas durante vidas anteriores y ha dejado de pagarlas. El acreedor nacerá como hijo para exigir el pago y abandonará para siempre el hogar tan pronto haya obtenido el total de lo adeudado. Puede que se reviertan los papeles y que los padres representen a los acreedores que han dejado sus cuerpos carnales antes de haberse saldado la deuda. En este caso recibirán como hijo al que debe pagar, el cual partirá, libre de sus grilletes kármicos, tan pronto sea devuelta hasta la última gota de lo adeudado. La tercera categoría está representada por la progenie que nace únicamente como un don, por la Gracia de Dios.
Dios otorga un hijo y le confía a los padres la tarea de su cuidado y protección para el cumplimiento de su misión humana. El cuarto y primerísimo tipo de hijo, no obstante, es aquel que es un Avatar. En este caso, la Conciencia Cósmica decide un rol humano y elige el tiempo y el lugar, a las personas que han de ser consideradas como sus padres y el útero en el que va a iniciar su carrera como un feto conformado por su infinita potencia.
A los dos años de casada, Eswarama concibió, para gran alegría de su suegra. Su primer hijo fue un varón y, unos años más tarde, dio a luz una niña; luego siguió otra hija. Los Raju eran felices con la casa llena de risas, cantos y oraciones. Mas también los pesares hicieron su aparición. Eswarama tuvo una serie de embarazos que terminaron en abortos. Los mayores lo atribuyeron a magia negra. Se consultó a una serie de exorcistas y se echó mano a numerosos talismanes. Se arregló que se llevaran a cabo ceremonias propiciatorias en los templos locales y en lugares sagrados como Kadiri. Cuando Eswarama comenzó su octavo embarazo, su suegra prometió un número de ofrendas a Sathya-Narayana, para lograr ser bendecida con un nieto. ¡También Krishna fue el octavo hijo de sus padres!
Años más tarde, un día que Swami se encontraba sentado en medio de un círculo de devotos, se produjo una abrupta intervención. Un erudito muy versado en los sagrados Puranas (escrituras) sintió un súbito impulso por plantear la siguiente pregunta: Swami, ¿tu encarnación fue un milagro o una concepción? Personalmente no pude entender la importancia de la interrupción, que a todos los sobresaltó como para hacerles perder el ánimo festivo que reinaba hasta el momento en la conversación, pero Swami sabía la razón. Volviéndose hacia Eswarama, sentada al frente, le dijo: Cuéntale a Rama Sarma lo que sucedió aquel día cerca del pozo, después de que tu suegra te hubiera puesto sobre aviso.
La madre dijo: Ella había soñado con Sathyanarayana Deva y me advirtió que no me asustara si llegaba a sucederme algo por la voluntad de Dios. Esa mañana me dirigí al pozo y, cuando estaba junto a él sacando agua, una gran bola de luz azul vino rodando hacia mí y sentí que me desmayaba, cayendo al suelo. Luego sentí que se deslizaba dentro de mí. Swami se volvió hacia Rama Sarma con una sonrisa: ¡Ahí tienes la respuesta! No fui concebido. Fue un milagro, no una concepción…
Hay una muy antigua devota conocida como Shirdi Ma por el hecho de haberse encontrado en Shirdi cuando vivía Sai Baba. También se la llamaba Pedda Bottu, debido al gran punto de kumkum, polvo generalmente de color rojo, que llevaba marcado en el entrecejo. Entre sus recuerdos, cuenta que en todo momento urgía a Eswarama para que le relatara algunos de los milagros de Swami cuando era niño. La mayoría de las veces Eswarama eludía sus preguntas, diciendo que no había observado ninguno o que no los recordaba. Sin embargo, un día reveló una experiencia profundamente conmovedora que había mantenido en secreto por más de treinta años, debido a que se le había dicho que no hablara al respecto.
Swami tenía nueve meses entonces -dijo Eswarama-, puedo recordar claramente el incidente y lo tengo fresco en la memoria. Yo recién lo había bañado y vestido, y le puse un colirio refrescante en los ojos, luego le puse algo de vibhuti del templo de Shiva y un poco de kumkum del templo de Sathya Ma en el entrecejo. Lo acosté en la cuna y la impulsé para que se balanceara mientras me dirigía al fogón porque la leche había comenzado a hervir. De pronto lo oí llorar. Esto me sorprendió muchísimo, porque desde que naciera, no había llorado nunca por ninguna razón, ni de hambre, ni por sentirse incómodo, ni por algún dolor. Lo saqué de la cuna y lo puse en mi falda. Dejó de llorar. Entonces vi que lo rodeaba un halo de luz brillante, un círculo de luz que irradiaba de él. Pero esa luz no me lastimaba, era tan fresca, pese a su brillo y a su proximidad. Me quedé sentada allí, quieta, sumida en un maravilloso encanto.
La luz se mantuvo allí por largo tiempo, antes de ir desapareciendo poco a poco. Cerré los ojos y probablemente perdí la conciencia de todo lo que me rodeaba, hasta que llegó mi suegra y me hizo volver a la realidad. El niño estaba dormido, aparentemente. Ella me preguntó qué había sucedido y le conté lo del halo de luz que aún entonces podía ver claramente delineado. Mi suegra se llevó un dedo a los labios y me dijo: No le hables a nadie de esto, ya que no lo entenderán. Lo único que harían sería difundir toda clase de historias.
El Niño Divino
Bhagavan Sri Sathya Sai Baba nació el 23 de Noviembre de 1926 en Puttaparti, en una pequeña aldea del sur de la India. Desde pequeño mostró extraordinarias cualidades y aptitudes que claramente lo distinguían de los demás niños. Su compasión, benevolencia, sabiduría y generosidad hacia todos los seres vivientes produjeron en todos los que lo seguían, aún desde su juventud profundos cambios de carácter y conducta.
Luego de anunciar al mundo su realidad diciendo soy Sai Baba, los jueves se convirtieron en grandes acontecimientos en Uravakonda. Sathya asombró a todos cuando comenzó a materializar retratos de Sai Baba de Shirdi, retazos de la tela de gerua que llevaba este primer Sai, dátiles, que eran las ofrendas que se acostumbraban hacer en Shirdi, así como flores, frutas, trozos de azúcar blanca y ceniza (udi), sacados también de la nada y no de la hoguera, como lo hacía Baba de Shirdi.
Un buen día, los maestros de la escuela superior llegaron en grupo, decididos a probarlo con una serie de preguntas respecto del Vedanta, la disciplina espiritual, etcétera, que habían seleccionado y preparado con este propósito. Se las plantearon directamente, lanzándoselas desde todos los ángulos, sin orden ni concierto. Cuando terminaron, El les entregó las respuestas en el mismo orden en que le habían sido planteadas las preguntas, dirigiéndose en cada caso al profesor que la había hecho y pidiéndole que pusiera atención a la respuesta que le daría. Aparte de lo correcto y adecuado de las contestaciones que fue dando, su precisión al recordar a cada uno de sus interrogadores con sus respectivas preguntas, ya constituía una proeza intelectual.
Fue entonces que se recibió una invitación de algunos prohombres de Hospet, la cual le dio una idea a Seshama Raju. El asistente del inspector de escuelas, el oficial de salud, el ingeniero y algunos consejeros municipales y comerciantes deseaban que Sathyanarayana fuera a verlos. Hospet queda a algunos kilómetros de distancia de las ruinas de Hampi, la capital del antiguo imperio de Vijayanagara. El hermano pensó en aprovechar esa oportunidad para un paseo campestre que podía ayudar a mejorar las condiciones mentales del niño. La fecha era propicia, ya que coincidiría con el feriado de Dasara (festival que celebra la victoria del bien sobre el mal).
Hospital (Prashanti Nilayam).02 03.El Templo (Prashanti Nilayam)
Acamparon en medio de las ruinas. Se pasearon por las calles, alguna vez flanqueadas por tiendas de joyeros y floristas, recorridas por hombres y mujeres de todas las naciones de Oriente y por viajeros y comerciantes del Medio Oriente y el Mediterráneo. Visitaron los establos de los elefantes, el Palacio de las Reinas, el monte Vijayadasami, y luego se dirigieron al templo de Vittalanataswami. Miraron el cerro de piedra, el monolítico Narasimha y el gigantesco Ganapati. Finalmente, llegaron hasta el templo del Señor Virupaksha, el dios patrono de los emperadores Vijayanagara, quienes habían venerado y protegido la cultura hindú por casi tres siglos, desde 1336 hasta 1635.
Todos notaron que, durante la mañana, Sathya caminó entre las ruinas como si anduviera en un sueño. Un venerable sabio, que estaba sentado frente a uno de los templos, comentó sobre él: Créanme, este niño es divino. Cuando el grupo se dirigió al templo de Virupaksha, Sathya se unió a ellos, pero se mostró más interesado en la altura y majestuosidad del Gopuram que en participar en el culto en el altar, de modo que se quedó afuera y nadie insistió en que entrara con los demás.
En la ceremonia, luego de que balanceó la llama de alcanfor frente al altar del lingam (símbolo oval de la Creación), el sacerdote les indicó a los peregrinos que podían acercarse para mirar la imagen sagrada, ya que las llamas la iluminaban. ¡Para gran asombro de todos, vieron a Sathya dentro del altar! Estaba de pie en el lugar del lingam, inmóvil y sonriente, aceptando sus reverencias. Todo se estaba volviendo tan extraordinario e inesperado en torno del niño, que Seshama Raju fue en su busca para cerciorarse de que no se había escondido en el santuario sin que nadie se diera cuenta. De modo que salió rápidamente sólo para encontrar a Sathya afuera, apoyado en un muro y con la mirada perdida en el horizonte...
Ese día realizaron un ritual especial para Sathya, aunque no era jueves, porque sentían que se confirmaba el hecho de que era una manifestación divina. El relato de que Sathya había sido visto como Virupaksha ya había llegado hasta allá, antes de la llegada del grupo. Al día siguiente, un jueves, Sathya como Sai Baba, sanó a un tuberculoso crónico con un mero toque de su mano y lo hizo levantarse y caminar más de un kilómetro. Para los devotos, materializó una gran variedad de objetos, con lo cual el entusiasmo de la gente era desbordante. Los cantos devocionales se prolongaron hasta altas horas de la noche, ya que nadie mostraba ánimos de terminar.
La Declaración
El 8 de marzo de 1940, siendo aproximadamente las 7 de la tarde, Sathya saltó repentinamente, sujetando entre sus manos el pie derecho. En todo el pueblo se corrió la noticia de que un inmenso escorpión negro había picado a Sathya; no obstante ¡no se descubrió escorpión alguno!
Pero al día siguiente Sathya cayó en un estado de inconsciencia total que alarmó a su familia. Luego de que fuera revisado por un médico y cuando finalmente recobró el conocimiento, comenzó a manifestar una completa transformación de la personalidad que se evidenció en conductas tales como no contestar a las preguntas que le hacían, recitar largas estrofas en sánscrito sobre el más elevado Vedanta, predecir hechos que estaban por ocurrir y abandonar su cuerpo, mostrándose ausente. Estas conductas misteriosas angustiaron a sus padres, quienes comenzaron un penoso peregrinar por médicos, curanderos, hechiceros y hasta un sádico exorcista, para que lograran volver a Sathya a la normalidad, mas todo fracasó.
El 23 de mayo de 1940, Sathya se levantó como de costumbre, pero después de unos momentos llamó a todos los miembros de la familia, los reunió en torno suyo y les ofreció caramelos y flores sacados de la nada. Al poco rato comenzaron a llegar los vecinos, y a cada uno le dio una bola de arroz cocido en leche, dulces y flores, que materializaba con un mero movimiento de su mano. Sathya parecía estar de muy buen ánimo, y entonces alguien fue a llamar a Venkappa Raju para que fuera a ver a su hijo. Venkappa llegó y se abrió paso entre el gentío que se había reunido; muchos le indicaron que debía ir a lavar sus pies, manos y rostro antes de acercarse al Otorgador de Dones. Esto lo enojó. No se sentía en absoluto impresionado; pensó que se trataba de algún truco, que Sathya escondía los objetos y los hacía aparecer con un juego de manos...
Esto fue lo que me confesó al hablar sobre aquel día. Lo único que deseaba era concluir ese enojoso asunto antes de que terminara en alguna tragedia. Con una sonrisa de amargura enfrentó a su hijo y le dijo en voz alta, para que lo escucharan todos: ¡Esto ya ha ido demasiado lejos y le vamos a poner fin!. Tomando un palo, avanzó un paso hacia el niño y amenazó con golpearlo, gritándole al mismo tiempo: ¿Qué es lo que eres: un dios, un espíritu o un loco? ¡Dímelo!. La respuesta, el anuncio contenido por tanto tiempo, no se hizo esperar: Yo soy Sai Baba.
Ante esto, cualquier argumento se volvió imposible. Venkappa Raju quedó tan atónito que perdió el habla; el palo cayó de su mano. Se quedó allí, mirando fijamente a Sathya, tratando de comprender las implicaciones de este anuncio: Yo soy Sai Baba. Pero Sathya continuó: Pertenezco al linaje de Apasthamba; soy del clan de Bharadwaja; soy Sai Baba; he venido para protegerlos de todo problema; mantengan sus casas limpias y puras. Toda esa tarde repitió varias veces los nombres del linaje y del clan o grupo religioso. El hermano mayor, Seshama Raju, se le acercó y le preguntó: ¿Qué quieres decir con Sai Baba?. Sathya no le contestó, sólo le dijo: Venkavaduta elevó sus plegarias para que Yo naciera en su familia, y por eso he venido.
¿Quién era este Venkavaduta? Cuando le pregunté a Seshama sobre él, me informó que en la familia había una historia acerca de un gran sabio antepasado que se llamaba Venkavaduta, considerado como Gurú por cientos de aldeanos en kilómetros a la redonda, y que había terminado sus días en Huseinpura, en el estado de Mysore. El padre tuvo la idea de que Sai Baba era un musulmán que hablaba por la boca del niño, de modo que le preguntó: ¿Qué es lo que tenemos que hacer contigo?. La respuesta que recibió fue la siguiente: ¡Adórenme! ¿Cuándo? ¡Todos los jueves! ¡Mantengan puras sus mentes y sus casas!.
Los aldeanos oyeron con temor y extrañeza el nombre de Sai Baba. Cuando empezaron a indagar al respecto, dieron con un anacoreta que se decía ardiente devoto de un faquir llamado Sai Baba. Se propuso que Sathya fuera llevado ante él, pues era reconocido por saber todo lo concerniente a Sai Baba, y podía ser que descubriera el mal que sufría Sathya y sugiriera una solución.
El anciano condescendió en ver al niño, pero no se mostró de humor para examinar sus méritos. Dictaminó que se trataba de un caso claro de desorden mental y aconsejó que se lo internara en una institución apropiada. Sathya lo interrumpió diciendo: ¡Claro que es un desorden mental!, pero, ¿de quién? ¡No eres sino un sacerdote familiar y eres incapaz de reconocer al mismo Sai a quien estás adorando! Y mientras decía esto comenzó a sacar puñados de vibhuti (ceniza sagrada) de la nada y a esparcirlos en todas direcciones, en la habitación en que se encontraban.

El Museo (Prashanti Nilayam).04 05.Nuevo Museo (Prashanti Nilayam)

Un jueves después, alguien desafió a Sathyanarayana y le dijo en el mismo modo en que los campesinos se dirigían al sacerdote del templo del pueblo cuando bailaba en éxtasis al estar, aparentemente, poseído: Si eres Sai Baba, danos alguna prueba ahora. Baba le respondió: Sí, lo haré, y todos se acercaron más. El ordenó: Pongan en mis manos esas flores de jazmín. Así se hizo. Con un rápido ademán, las lanzó al suelo y dijo: Miren. ¡Todos vieron que al caer, las flores habían formado unas letras en idioma telegu que decían: Sai Baba!
Inicio de la Misión
A los 14 años, el 20 de Octubre de 1940, les comunicó a sus familiares y seguidores que desde ese momento sería conocido como Sai Baba y que su misión era promover la regeneración espiritual de la humanidad, demostrando y enseñando los elevados principios, como verdad, rectitud, paz, no violencia y amor divino.
Sathya partió hacia la escuela como era habitual. Sri Anjaneyulu, el inspector de impuestos del lugar, que quería mucho al pequeño Baba, lo acompaño hasta la puerta de la escuela y siguió su camino con cierto pesar. Le había parecido ver un maravilloso halo en torno del rostro de Sathya ese día y no podía apartar la mirada de aquel resplandor. A los pocos minutos, Baba volvió a su casa. Parado en la puerta de entrada, dejó caer los libros que traía y, levantando la voz, dijo: Ya no soy más Sathya, ¡soy Sai!.
Su cuñada salió de la cocina al escucharlo y quedó cegada por el resplandor del halo que vio en torno de la cabeza de Baba. Se cubrió los ojos y empezó a gritar. Baba se dirigió a ella y le dijo: Me voy. No les pertenezco; Maya (la ilusión) se ha ido. Mis devotos me llaman. Tengo que realizar mi labor. No puedo quedarme más. Y diciendo esto, giró sobre sus talones y se marchó, pese a las súplicas de ella.
Al saber lo sucedido, el hermano volvió de prisa a la casa. Lo encontró y éste le dijo: Renuncia a tus empeños por curarme. Yo soy Sai, no me considero emparentado contigo. Sri Narayana Shastri, uno de los vecinos, escuchó el alboroto y al oír lo que se decía, se dio cuenta de que era algo serio; de modo que entró corriendo, vio el resplandor del halo que rodeaba a Baba y cayó a sus pies. Fue uno de los que escuchó la histórica declaración: La ilusión ha desaparecido. Me voy. Mi labor me espera.
Seshama Raju quedó estupefacto, no sabía qué hacer para enfrentar esa nueva situación. Un muchachito de apenas catorce años, que hablaba de devotos, de trabajo, de ilusión y de la filosofía del pertenecer... Sólo pudo pensar en una cosa: Sathya le había sido confiado por sus padres y, por lo tanto, era su deber informarles; Sathya podría abandonar la casa únicamente después de que ellos vinieran a Uravakonda. Pero Sathya no quiso volver a entrar en la casa, sino que se fue al jardín del inspector de impuestos y se sentó sobre una roca en medio de los árboles.
De todas partes comenzó a llegar gente que llevaba flores y frutas; toda el área resonaba con las voces de cientos de seres que cantaban a coro las líneas que Sathya Sai les enseñaba. La primera oración que les enseñó aquel día, como muchos recuerdan aún, fue El llamado: Manasa Bhajare Gurucharanam Dusthara Bhava Sagara Tharanam. Medita en tu mente a los pies del Gurú, por que ellos te pueden llevar a través del tormentoso mar del mundo físico.
Sus compañeros de clase lloraron amargamente cuando supieron que Sathya ya no seguiría asistiendo al colegio, que estaría fuera de alcance y que de ahí en adelante, su compañía sería únicamente para aquellos sobre los que derramara Su Gracia. Muchos de ellos llegaron hasta el jardín con incienso y alcanfor para adorarlo. Algunos venían a expresar su comprensión condolida a la familia y otros a felicitarlos. Algunos venían a aprender, y otros, obviamente, a burlarse. Así pasaron tres días en aquel jardín: tres días de cantos devocionales y de ceremonias.
Vino un fotógrafo con su cámara. Mentalmente pidió a Baba que quitara una roca que había enfrente de él, pero Baba no respondió a su plegaria. De todos modos, apretó el disparador y, ¡he aquí que la roca se había transformado en una imagen de Sai Baba de Shirdi! Pero solo en la fotografía, no para todos los que estaban reunidos allí.
Una tarde, durante el transcurso de los cantos devocionales, Baba dijo repentinamente: ¡Oh, Maya (la ilusión) ha venido!, he indicó hacia Eswarama, su madre, que había llegado en esos momentos, en un apresurado viaje desde Puttaparthi.

Cuando sus padres se acercaron a El para rogarle que volviera a casa, contestó: ¿Quién le pertenece a quien? La madre lloraba y rogaba, pero no pudo cambiar la resolución del niño. El no hacia sino repetirle: ¡Todo es ilusión! Por último, le pidió que le sirviera comida. Cuando le sirvió algunos platos, El mezcló todo y luego procedió a amasarlo para formar algunos bollos. Su madre le dio tres de ellos y luego de ingerirlos, El dijo: Sí, ahora Maya se ha ido. Ya no hay necesidad de preocuparse, y retornó al jardín. Pocos días después, Baba abandonó Uravakonda. Sus padres lograron persuadirlo para que volviera a Puttaparthi, asegurándole que no lo importunarían más ni intervendrían en su actividad de reunirse con devotos.
Sri Anjaneyulu adoró sus pies. Sri Subama y Ramaraju de Kamalapur supervisaron todos los arreglos. Los aldeanos organizaron una procesión con música hasta los límites del pueblo y en muchos lugares se le ofreció el Arathi durante el recorrido. En Puttaparthi, Subama fue la primera persona en darle la bienvenida en su casa. Baba se quedó por algún tiempo en la casa de Pedda Venkappa Raju y más tarde se mudó a la residencia de Subaraju, el hermano de Eswarama. Sin embargo, muy pronto se cambió a la casa de Subama, quien lo atendía con amor y afecto, y recibía a todos los devotos en su espaciosa casa; no escatimaba ningún esfuerzo para hacer que su estadía fuese feliz y fructífera.
Mandir (Prashanti Nilayam).06 07.La Clase, Darshan de Sai Baba en Puttaparthi
El 23 de Noviembre de 1950 se inauguró el ashram que sus seguidores construyeron cerca de su pueblo natal. Es conocido como Prashanti Nilayam (La Morada de la Paz Suprema) y con el paso de los años se ha convertido en el sitio de reunión de millones de personas procedentes de todo el mundo, que buscan la elevación espiritual. Sathya Sai Baba habitualmente se mezcla con sus devotos, orientándolos, consolándolos y animándolos en sus vidas, problemas y aspiraciones. Sus poderes sin límites trascienden la experiencia mundana y científica, así que Sathya Sai Baba está más allá de la comprensión humana.
En la tradición antigua de la India, hay una palabra para describirlo: Avatar, que significa una manifestación directa de la Gracia Divina. La misión de Sai Baba no incluye la creación de una nueva religión, secta o culto; pretende estimular y motivar al individuo en la búsqueda de la autorrealización. Las personas que tienen su propia fe deben profundizar en ellas sin que se le perturbe. Su inspiración y guía han logrado la formación de miles de Centros Sai en todo el mundo, ha fundado colegios, escuelas técnicas, centros de educación en valores humanos, universidades y hospitales. El carácter universal de su misión está representado en el emblema que simbólicamente engloba los valores humanos.
Los miembros de los Centros Sai se hallan unidos trabajando en la transformación que debe realizarse en el nivel humano y por medios humanos. Con este fin Sai Baba ha trazado un programa de gran alcance; servicio desinteresado al prójimo, círculos de estudios, meditación, educación en valores humanos, etc. Sus miembros provienen de todas las clases sociales y de diversos credos y culturas.
La Misión
08.Sai Baba de Shirdi
La misión de Sathya Sai Baba comienza con nada menos que la reforma del carácter del Hombre. Es muy parecida a la misión de Jesús, salvo que el peligro del cual habrá de ser rescatado ahora el Hombre es mucho más grave y que la extensión del mal sobre la Tierra es mucho mayor.
Dice Baba: La pereza innata que les domina impide que realicen el ejercicio espiritual necesario para entender a Dios. Esta pereza debería desaparecer. Habrá de ser expulsada de la naturaleza del hombre, cualquiera que sea la forma en que se presente. Esta es Mi misión. Mi tarea no es meramente la de curar, consolar y eliminar la desdicha individual. Es algo muchísimo más importante. La eliminación de la desdicha y la angustia no es sino incidental en ella. Mi tarea principal es el restablecimiento de las Sagradas Escrituras y el revelarle a todas las gentes su conocimiento. Esta tarea tendrá éxito. No se verá limitada. No se verá frenada. Cuando el Señor decide y quiere, Su Divina Voluntad no puede ser obstaculizada.
La misión de Sathya Sai Baba es la de salvar a todo el género humano, restableciendo el Amor, la Verdad, la Paz y la Rectitud. La declaración de su misión parece ser el eco de la expresada en el Bhagavad Gita, la magna Escritura Sagrada de la India: Para la protección de los virtuosos, para la destrucción de los malvados y para establecer sobre una base firme la Rectitud, Yo encarno de era en era.
Ampliando estos conceptos, Baba dice: Cada vez que el Ashanti (discordia, inquietud) domina el mundo, el Señor encarnará en forma humana a fin de establecer los medios para alcanzar el Prashanti (paz suprema) y reeducar a la comunidad humana en las formas de la paz. En el momento actual, el conflicto y la discordia han despojado de paz y unidad a la familia, la escuela, la comunidad, la sociedad, las aldeas y al Estado. La llegada del Señor ha sido suplicada y ansiosamente aguardada por sabios y santos. Todos ellos han rogado y Yo he venido. Mis tareas principales son las de promover las Escrituras y el acrecentamiento de los devotos. Las virtudes de ustedes, su autocontrol, su fe y su constancia: estos son los signos por los cuales la gente puede leer Mi Gloria.
Pueden declarar ser Mis devotos sólo cuando se hayan puesto plena y completamente en Mis manos, sin traza alguna de ego. Pueden gozar de la dicha a través de la experiencia que confiere el Avatar. El Avatar se comporta de manera humana como para que el género humano pueda sentir afinidad con El, mas se eleva hasta alturas suprahumanas para que el género humano pueda aspirar a alcanzarlas y, a través de esa aspiración, realmente sea capaz de llegar hasta El.
El realizar al Señor dentro de ustedes como el motivador es la tarea para la cual El viene en forma humana. Avatares como Rama y Krishna tuvieron que matar a uno o más individuos que podían ser identificados como enemigos de la forma de vida dhármica (recta) para restablecer la práctica de la virtud. Ahora, sin embargo, no existe nadie completamente bueno. Entonces ¿quién merece la protección de Dios? Todos están manchados por la maldad, de modo que ¿quién sobreviviría si el Avatar decidiera desarraigar la maldad?
Uno de los más hermosos resúmenes de la misión de Sathya Sai Baba lo expresa El mismo en las siguientes palabras: He venido para encender la lámpara del amor en sus corazones, velar para que brille cada día con mayor luminosidad. No he venido para hablar en favor de una enseñanza en especial, como la hindú, por ejemplo. No he venido para ninguna misión de publicidad a favor de secta, credo o causa alguna; ni tampoco con el fin de conseguir seguidores para ninguna doctrina. No tengo planes para atraer discípulos o devotos a mi rebaño o a cualquier otro. He venido para hablarles de esta fe unitaria, este principio Atmico, esta senda del amor, este deber, esta obligación de amar.
En otros discursos, señala que el establecimiento de valores espirituales no marcaría sino el comienzo de Su misión. La raza humana ha alcanzado una etapa en su evolución en la cual muchas más personas están prontas para realizar su Divinidad y retornar a Dios en forma espiritual, del mismo modo en que lo hizo Jesús. Dice Juan, en 1:9-13: Aquella luz verdadera que ilumina a todo hombre venía a este mundo... Mas a todos los que la recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad para llegar a ser hijos de Dios, no nacidos de sangre, ni de voluntad de la carne, ni de la voluntad del hombre, sino de Dios.
Algunos estudiosos de la espiritualidad han señalado que después de la época de Jesús se produjo un incremento en el nivel de conciencia de la raza humana, junto a una mayor inteligencia y comprensión de las leyes de la naturaleza. Podemos esperar un desarrollo aun mayor en la conciencia humana, como resultado del Advenimiento de Sathya Sai Baba.

Nuestro destino es el de desarrollar la conciencia de Dios, completando así el ciclo evolutivo. Representa nada menos que un masivo salto en la evolución de la raza humana y es lo que ha venido a facilitar Sathya Sai Baba, consiguiendo nuestra ayuda para lograrlo. Estamos llamados a participar nada menos que en un magno avance en la evolución del Género Humano. ¡Esta es, en verdad, una idea grandiosa!


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