EL DESPERTAR SAI
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lunes, 6 de julio de 2026

CURSO INTENSIVO SOBRE EL BARDO

CURSO INTENSIVO SOBRE EL BARDO

Disertación del Dr. Benito Reyes.

Agosto de 1982

 

 

Inhalen profundamente... OM... Inhalen... OM... Inhalen... OM...

La primera parte nos entrega la necesaria preparación premortem y se expresan allí las cosas más importantes de las que hay que tomar conciencia.

Se declara aquí que la muerte no existe, que sólo hay vida: una vida sin fin, eterna. El término "muerte" es una denominación inapropiada y errónea para un proceso que no se ha percibido claramente y que, por lo mismo, no se ha entendido correctamente. El proceso es el eterno proceso de la vida en estado de evolución constante; un ininterrumpido desenvolvimiento en el que la materia energética pasa progresivamente de un punto a otro y durante el cual la conciencia del ser, que usa la forma, sufre una transformación paralela, en términos de estados de conciencia alterados, al pasar de una a otra dimensión de la realidad. En términos generales, el así llamado proceso de la "muerte" es, en realidad, el proceso de la vida atravesando las simultáneas actividades evolucionarías de la transformación energética de la forma y la alteración energética de la conciencia.

El ser humano que sufre estas acciones evolutivas cósmicas y que hasta ahora carece de la habilidad de poner bajo control cibernético las energías que estallan en el nacimiento, en la conciencia de la vida, en la muerte y en la transición o Bardo  que representa el intervalo entre la muerte y el encarnar naciendo nuevamente  puede considerar que todas estas energías se han descentrado. Esto viene a ser el resultado del hecho de que su percepción consciente se ha desenfocado del centro de su sistema energético, dirigiéndose hacia la periferia de éste. La periferia del sistema energético humano  llamada también, simplemente, la Psyche  es la superficie de la conciencia, en donde la percepción consciente es superficial, limitada y distorsionada. El ser humano puede estancarse en este punto durante todo un período de vida e incluso durante una vida tras otra si llega a quedarse fijo en este estado y a convertirse en adicto a su tipo de transacciones energéticas. Ello lo lleva a perder contacto con la profundidad de su ser, siendo que sólo de allí puede provenir la percepción consciente de su totalidad.

Al perder contacto con su ser interno y mantenerse enfocado principalmente en los márgenes de su campo de conciencia, pierde la noción de su verdadera naturaleza y de su origen. Se identifica con su cuerpo, que representa la periferia externa de su campo energético y llega así a involucrarse con su nacimiento, con sus cambios  como la enfermedad y la vejez  y con su muerte. Se olvida de su divinidad inherente; de hecho, llega a convertirse en una fracción de su verdadero ser, un pedazo fragmentado de conciencia y un trozo de protoplasma alienado que flota como una mota en el océano de la vida; una equivocada gota de conciencia filtrándose a través del cerebro y sus órganos sensoriales, lo que le da una imagen distorsionada del universo en el que vive y en el que muere... Vida tras vida, encarnación tras encarnación.

Pero hoy en día, en el mundo actual, existe un número creciente de personas que han llegado a darse cuenta del absoluto vacío, de la carencia de sentido y de la profunda tristeza que implica una vida separada del contexto más amplio de la totalidad de la existencia humana.

Cuando la vida física, terrenal, se vive en la ignorancia de la más amplia realidad espiritual, no sólo es vacía, carente de sentido y triste, sino también destructiva. Sólo lo total es bello y verdadero. Sólo lo total puede dar felicidad y paz. Y así la muerte, considerada desde el punto de vista de la totalidad de la realidad  incluyendo el nacimiento, la conciencia de la vida y el Bardodeja de ser una déstructiva obra de crueldad evolutiva y se convierte, en cambio, en parte de un grandioso impulso evolucionario cósmico hacia la liberación y hacia la perfección última de la humanidad.

La muerte es la puerta que franquea el paso hacia la liberación. La muerte representa la libertad de la decrepitud de la forma. La muerte es la mano que mitiga todos los sufrimientos que ha causado la ignorancia. De hecho, la muerte  si sabemos cómo experimentarla consciente y correctamente  es el grande y único proceso que puede ayudarnos a despertar la totalidad del estado de conciencia humano a la percepción consciente completa y continua; a integrar lo humano a la totalidad del ser, y a restituirle al ser humano el estado de perfección original de con

ciencia y el sentido de inmortalidad que le es inherente. 

Declaran los Sutras de la Inmortalidad: "Conozcan su verdadera naturaleza como hijos de Dios; divinos, así como divino es El; eternos, así como eterno es El; perfectos, así como perfecto es El".

El Buda le dijo a Subhuti: "Hay una diferencia entre un Buda y un no Buda, y ella es la siguiente: un Buda sabe que es un Buda y actúa como tal, en tanto que un no Buda no sabe que es un Buda y, por consiguiente, no se comporta como tal".

Baba dice: "Dije que soy Dios, pero también dije que ustedes son Dios. La diferencia reside en que Yo sé que soy Dios, en tanto que ustedes no saben que son Dios".

La Biblia dice: "... Y sean perfectos así como es perfecto vuestro Padre que está en los cielos".

Kempis dice que el amor del Cristo, que va más allá del conocimiento, le permite a uno llenarse con toda la plenitud de Dios y poder llegar a la unidad de la fe y al conocimiento del Hijo de Dios, y llegar a ser perfecto hasta la medida de la estatura y de la plenitud del Cristo.

Dios es nuestro Padre: "Padre nuestro que estás en el cielo... "

La Biblia dice que Dios creó al hombre a Su imagen y que, después de formar su cuerpo con el polvo del suelo, sopló en sus narices el aliento de la vida, y el hombre pasó a ser un Alma viviente.

 

Om Aham Brahmasmi... Om yo soy Brahman

Om Aham Ashmi Parabrahman... Om yo soy el Ilimitado

Om Aham Eva Parabrahman... Om yo soy en verdad Brahman So Hum o So Ham... Yo soy Dios, Yo soy El

Om Maní Padme Hum... Oh, el Dios dentro de mí La Illaha illa Allah... No hay nada fuera de Dios

 

Vuestra verdadera naturaleza es la naturaleza de Dios, en cuanto hijos de Dios, en cuanto partículas de la Llama Divina, en cuanto semillas de la Divinidad, en cuanto alimento de Dios; en cuanto mónadas espirituales no físicas, aunque estén habitando transitoriamente cuerpos físicos. En consecuencia, nunca se identifiquen con forma alguna, ya sea física o superfísica, identifíquense siempre con Dios.

Con la mente enfocada en la respiración  que es el espíritu de Dios dentro de nosotros  digan ahora, en este momento, con el mayor fervor:

 

Yo no soy este cuerpo que pertenece al mundo de las sombras. Yo no soy las emociones que agitan este cuerpo,

cada vez que las glándulas secretan.

No soy los pensamientos que llenan mi mente, ni soy la mente misma.

Yo soy el divino aliento, la divina llama dentro de mi corazón... Eterno, inmortal, remoto sin principio ni fin... Más radiante que el sol en toda su gloria de mediodía... más puro que la nieve... más sutil que el éter es el Aliento, el Yo, el Espíritu dentro de mi corazón...

Yo soy ese Espiritu, ese Espíritu soy Yo ...

 

Repitan este mantra tantas veces como les sea posible. No importa si lo hacen oral o mentalmente. En especial repitan la última declaración varias veces y con énfasis.

La así llamada "muerte", erróneamente interpretada como destrucción o aniquilamiento, o la disolución de algo en la nada, es algo que no es dable encontrar en la naturaleza o en parte alguna del Universo. Es, simplemente, una transición, una transformación o una alteración... el huevo dando paso a la oruga, la oruga a la pupa y la pupa a la mariposa... en tanto que la energía vital interna es la misma en todas estas fases y es la misma que pasa de una a la otra. Viene a ser lo mismo: el cigoto se transforma en embrión, el embrión pasa a ser feto y el feto llega a ser niño..., etc. Hay un cambio de forma de una etapa a la otra y, al percibir solamente la parte del cambio y no la totalidad, ésta se interpreta erróneamente como "muerte". De hecho, este cambió, esta mal llamada "muerte", es necesario para qué la vida continúe, para que siga adelante la evolución, para que se cumpla plenamente el plan de Dios y llegue a producir la perfección.

Lo que equivocadamente se ha denominado "muerte" es, en verdad, evolución. A un cierto nivel, la Biblia lo denomina "Metanoia": el giro de la mente.

Los antiguos tibetanos que nos legaran el Bardo Thodol, lo llamaban "pho ba": la extracción de la conciencia.

La física moderna lo denomina simplemente "transformación de la energía" y algunos psicólogos acuñaron el término "estados alterados de conciencia".

No obstante, la ignorancia humana, incapaz de percibirlo plenamente y de entenderlo por completo, inventó la palabra "muerte" para significar cesación, destrucción, aniquilamiento... nada de lo cual corresponde a la verdad.

Lo realmente cierto es que la vida es un proceso de movimiento que no cesa jamás. Un proceso de despliegue y de realización.

¿Cuál es, entonces, el gran descubrimiento que se produce cuando, finalmente, la vida es liberada de un cuerpo físico que ya no puede expresar sus numerosas energías? De hecho, lo que se descubre es la libertad, la inmortalidad, la conciencia sin fin de la vida, en toda su belleza y alegrías liberadas. Es por ello que Platón le decía a sus discípulos que "practicaran el morir", cuando le pidieron un breve resumen de sus enseñanzas.

Los antiguos tibetanos conocían el arte y lo denominaban "el arte de pho ba" o "el arte de extraer el principio consciente del cuerpo". En la psicología moderna de la conciencia esto se denomina "exomática" o "experiencia extracorporal", o (en inglés) OOBE que corresponde a "out of the body experience".

Este arte resulta más fácil de entender para alguien que esté libre de apegos terrenales. Por ello, deben practicar liberarse de apegos o vinculaciones a las cosas. Hay muchos tipos de apegos: a la propiedad física, apegos emocionales (como los que se pueden tener por alguna persona en particular), apegos intelectuales (como el apego a una teoría, a una creencia o a cualquier conjunto de ideas). No se sientan apegados a nada que no sea Dios. El apego Divino es el único que vale la pena tener... e incluso puede que éste también deba ser desechado al final, porque en realidad no hay nada a lo que haya que apegarse cuando el individuo llega a liberarse por completo.

"Bienaventurados los pobres de espíritu" dijo Jesús, y ello significa no estar apegado a la fortuna ni a ningún otro tipo de posesión. Cuando viajen, viajen livianos, no lleven consigo un equipaje excesivo, ya que no podrán gozar del viaje si van pesadamente cargados.

Practiquen el morir por medio del renunciar a las cosas, en lugar de adquirir cosas y acumularlas. Practiquen el morir por medio del entregarle todo a Dios, incluyendo la vida misma. Practiquen el morir por medio del desapego a todo tipo de formas o cuerpos, tales como el cuerpo físico propio. Ustedes no son el cuerpo físico, que no es más que el vehículo que están usando para la manifestación de vuestro ser consciente. Usenlo, pero no se identifiquen con él. No digan: "Estoy hambriento" o "estoy sediento", o "tengo veinte años de edad" o "estoy envejeciendo", o "estoy muriendo..." Ustedes no mueren nunca, sólo el cuerpo muere, ustedes no envejecen jamás, sólo el cuerpo se hace viejo; vuestra edad no se cuenta en años, porque no están sometidos al tiempo... son intemporales; son tan maduros como lo es vuestra sabiduría y tan jóvenes como vuestra inmortalidad. Tampoco les da verdaderamente hambre o sed, sólo vuestro cuerpo lo siente y ustedes no son el cuerpo. Por otra parte, vuestro cuerpo no necesariamente tiene que sentir hambre, ni tiene que enfermar ni envejecer y ni siquiera tiene que morir... a menos que ustedes estén de acuerdo en permitir que estas cosas pasen. Ustedes son un Alma inmortal cuya grandeza y esplendor no conoce límites, a menos que la limiten por sí mismos... Y siempre pueden hacer lo que quieran, porque son libres para actuar... son seres libres... libres incluso para llegar a perder su libertad, vale decir, para aprisionarse por sí mismos.

Cada ser humano es su propio y absoluto legislador, el dispensador de gloria o pesar para sí mismo, el único que decreta su propia vida, su recompensa o su castigo. Por ello, no se aferren a nada. Aférrense sólo a lo intangible, miren únicamente a lo invisible, escuchen exclusivamente lo inaudible... Esto intangible, esto invisible y esto inaudible es el espíritu dentro de ustedes que es el Dios interior, el verdadero Yo.

Este espíritu es el aliento que les respira. Aférrense a él, centren su atención en él y permitan que vuestra conciencia llegue a ser una con él. Conviertan en realidad la unicidad de conciencia y aliento mientras "les respira". Entonces, digan con fervor y amor:

 

Nunca este espíritu nació, el espíritu jamás cesará de ser, nunca hubo un tiempo en que no fuera: el fin y el comienzo son sueños... Sin nacimiento, sin muerte y sin cambio permanece el espíritu para siempre. La muerte no lo ha tocado en absoluto. La muerte, aunque pareciera ser nuestra morada, es como si uno descartara sus vestiduras gastadas y, tomando otras nuevas, se dijera. " ¡Esto llevaré hoy día!" Así, el espíritu ha dejado de lado innumerables ropajes de carne, pasando cada vez a heredar una nueva residencia... ¡Yo soy este espíritu, este espíritu soy yo! ¡Yo soy este espíritu, este espíritu soy yo! ¡Yo soy este espíritu, este espíritu soy yo! _

 

Repitan este mantra tantas veces como lo necesiten, en especial y con énfasis en la última frase.

En el proceso que equivocadamente se denomina "muerte"  que, de hecho, debería llamarse simplemente: el aspecto de transformación del proceso total del principio consciente de la vida  no existe ninguna destrucción, sino únicamente un cambio de forma; no hay ningún fin, sino más bien la continuidad de la vida, y no hay ningún aniquilamiento, sino principalmente una alteración del estado de conciencia. No hay destrucción, puesto que la energía no puede ser destruida, sino sólo puede ser transformada. No hay ningún término o final, porque en el proceso de transformación, el término de una forma de energía no significa, en realidad, sino el comienzo de otra forma. No hay ningún final que no sea al mismo tiempo un comienzo; todo, simplemente, sigue y sigue adelante, en diversas formas, siempre hacia diferentes niveles de la realidad, en otras dimensiones del ser. Y no existe el aniquilamiento, porque siendo el principio de conciencia una forma de energía como todas las demás, no puede ser ni creada ni destruida, sólo puede ser transformada. Exceptuando que en esta forma, única en su género, de la energía que se denomina "conciencia"  que siempre implica la presencia del ser o del Yo  la transformación de la energía se produce por la vía de la alteración del estado de conciencia. De modo que esto que se denomina "muerte" es un simple proceso de transformación de energía: un cambio del cuerpo somático de carne y hueso a un cuerpo parasomático superior de energía; una renovación del estado superior, y una alteración de la percepción de la conciencia hacia un nivel de conciencia más amplio, más rico y más pleno.

¿Qué es lo que se siente cuando uno comienza a percibirlo todo menos oscuro y más radiante, menos parcial y más totalmente, menos humana y más divinamente? Es que este grandioso proceso del principio de conciencia vital es una verdadera "Escalera de Jacob" de despliegue y de manifestación, que se extiende desde la Tierra oscura hacia el cielo radiante, hacia los niveles en que podemos observar ascender y descender a diversos órdenes de seres que incluyen a los humanos, a los ángeles y a los espíritus. Esta gran visión del plan divino, junto con el claro entendimiento que otorga del proceso total del nacer, de la vida, del principio de conciencia, de la muerte y del Bardo, puede llegar a producir y a despertar en nosotros una agradecida aceptación, una gran paz, la felicidad y, eventualmente, la liberación.

Lo que reviste aquí la mayor importancia es especialmente una cosa: la preservación de la totalidad y de la continuidad del principio de conciencia. Por ello, escuchen con atención: manténganse despiertos, mantengan una clara percepción consciente, no permitan que nada interrumpa la integridad y la continuidad de vuestro estado consciente; manténganse conscientemente despiertos ante todo el proceso de cambio, de transformación y de alteración. Manténganse, simplemente, despiertos, de manera serena y continua, claramente conscientes.

Para lograr esto, comiencen desde ya a hacer lo siguiente: centren la mente en la respiración  que es, en realidad, el espíritu, el cual, a su vez, es Dios . Unan su mente a la respiración, diciendo: "¡Yo soy esta respiración, esta respiración soy yo! ¡Yo soy este espíritu, este espíritu soy yo...!"

No odien nada, no teman nada, no alberguen jamás una duda. No dejen que nada de lo que vean, escuchen o perciban les infunda odio, temor, dudas o celos... Repitan mentalmente, en todo momento, con la mente fusionada con la respiración: Yo soy el espíritu, el espíritu soy yo... SO HAM... SO HAM... SO HAM... OM... OM... OM... DIOS... DIOS... DIOS...

No hay nada que temer, porque la muerte no es un final, no es una destrucción, no es aniquilamiento. No hay nada que perder tampoco, porque la muerte no es más que un renunciar a las transitorias sombras del vivir y un cosechar los eternos valores de la existencia. No perdemos a nuestros amigos ni a nuestros seres queridos, sino que nos unimos más a ellos a través de la muerte. En realidad, no hay nada que dudar, porque la duda no es más que una creación de la mente, la que no hace sino mirar a través de un cristal opaco, en tanto que la muerte es un mirar cara a cara, con la clara luz de la conciencia. Y no hay nada que deba odiarse, porque la vida es una, total y sagrada. Ustedes están en todo... ¿Cómo podrían odiar algo, sin dejar de odiarse a sí mismos?

Por lo tanto, el único camino es el camino del amor. No hay ninguna otra vía hacia la totalidad, no hay ninguna otra vía hacia la felicidad, no hay ninguna otra vía hacia la liberación, no existe más vía que la del amor... De modo que amen a todos y ámenlo todo. Este es el camino hacia la inmortalidad... OM... OM... OM... Dios... Dios... Dios...

Ahora mantengan la mente enfocada en la respiración... Manténganse calmos, quietos y en paz... Siéntanse llenos de gratitud y de amor hacia Dios, quien da la vida y la liberación de la muerte.

Sigan manteniendo la mente fundida, unida con la respiración... Reconozcan a la respiración como energía de Dios que está dentro de ustedes y que ahora está lista para sacarlos fuera del cuerpo hacia la libertad del espíritu... Repítanlo para si mismos: reconozcan la respiración en cuanto energía de Dios dentro de cada uno, pronta a sacarlos del cuerpo hacia la libertad del espíritu... Que cada uno de ustedes sea únicamente esa respiración que es el espíritu; que sea el espíritu que es la respiración; que sea el aliento espíritu que es su Yo. Observen con paz y entendimiento todas las energías que se están reuniendo en un solo foco... Obsérvenlas... Concéntrense en este foco... Miren cómo se integran entre el corazón y el cerebro, formando como una bola dorada de energía radiante. Esta bola de luz dorada ilumina la cabeza con una luminosidad más radiante que la luz del sol... Ahora, todas las energías están ascendiendo hacia el cerebro y se concentran allí con la intensidad lumínica de mil estrellas. Van tomando conciencia de esta luz, mientras ella extrae toda la fuerza de la vida y la reúne en un núcleo, para enviarla

luego como un rayo, desde la parte superior de la cabeza hacia el infinito...

Díganse internamente, con todo el fervor del amor y de la gratitud, llenos de paz y de alegría: "Yo soy esta luz, esta luz soy yo... Yo soy esta luz, esta luz soy yo... Mi origen es luz... Ahora vuelvo a la luz... Con el aliento vuelvo a la luz... El aliento y la luz son Uno... El aliento y la vida y la luz son Uno... El aliento y la vida y la luz y la conciencia son Uno... El aliento y la vida y la luz y la conciencia y Dios y yo somos Uno... El aliento y la vida y la luz y la conciencia y yo somos Uno en Dios... SO HAM... SO HAM... SO HAM... Yo soy Uno con Dios... Yo soy Uno con Dios... Yo soy Uno con Dios... Yo soy Dios... Yo soy Dios... Yo soy Dios... OM... OM... OM... RAM... RAM.... RAM...."

Con la última inhalación y la última exhalación, la conciencia del ser  que es una con el aliento  emerge hacia la luz... de la oscuridad emerge hacia el esplendor, de la mortalidad hacia la inmortalidad consciente... Desde la luz hacia más luz, más luz y cada vez más radiante... hasta la luz, la vida y el ser eternos... OM... OM... OM... SHANTI... SHANTI... SHANTI... PAZ... PAZ... PAZ...

Ahora están situados en el momento de morir. El morir es despertar. El morir es llegar a ser más consciente, más divino. Morir es liberarse. Esta es la manera de morir correctamente: estando plenamente consciente y en pleno control de todo el proceso.

En primer lugar sepan lo que significa morir: no es cesar de ser, no es ser destruido, no es ser aniquilado. En verdad, no cesan de ser, no son destruidos ni son aniquilados, pero sí experimentan ciertos cambios, transformaciones y alteraciones, todo lo cual constituye, en realidad, la naturaleza del proceso de la vida. Estas transformaciones son, principalmente, físicas, emocionales y mentales. Y, sobre todo, experimentarán transformaciones y modificaciones de su estado de conciencia. La calidad de esta experiencia estará determinada por el grado de control y de dominio que posean sobre todos estos cambios, transformaciones y alteraciones. Si el control es completo no se verán involucrados en ellos: simplemente los constatarán, los observarán y los entenderán todos. Serán el testigo y no un partícipe en ellos.

Si el control no es completo, puede que se involucren en estos procesos y es muy probable que se sientan confundid, se enojen, se rebelen y se atemoricen. Buscarán escapar y como no podrán escapar a estos cambios. porque estarán sometidos a ellos, buscarán soslayarlos tratando de desconectar la conciencia y hacerse así inconscientes. Pero esta inconsciencia puede desembocar en que se vean arrastrados por fuerzas kármicas, que los harán retroceder hacia la reencarnación y un nuevo nacimiento.

Hay varios grados en este implicarse en el proceso y hay muchas clases de nuevos nacimientos. Es por ello que es importante que sepan quiénes son y qué son realmente: es primordial esta percepción clara de nuestra verdadera naturaleza. No son el cuerpo físico ni los cambios ni las transformaciones que están sufriendo en el momento de la muerte. No son los sentimientos ni las emociones que están estallando dentro y en torno a ustedes y que puede que sean placenteras o desagradables, pero que no son ustedes. No son tampoco los pensamientos que cruzan su mente, que pueden ser falsos o verdaderos, pero que no son ustedes. Tampoco son la mente en sí. Todo esto no es más que cambios y transformaciones energéticas que se estarán produciendo dentro de vuestro campo de energía corporal, emocional y de pensamiento. Si vuestro control sobre ellos es total y completo, ellos no podrán afectarles y ustedes no serán más que los testigos de toda esta tormenta, que pasarán pacífica y alegremente hacia la liberación.

O también, en caso que lo elijan, pueden considerar una nueva encarnación, pero de manera voluntaria, consciente y plena de propósito. Serán ya seres liberados y pueden ser todo aquello que deseen.

Por otra pare, si vuestro control cibernético es defectuoso, si se centra en "continuar viviendo" y vuestra atención nunca se detuvo en el momento de la muerte, ni se preocuparon de realizar ninguna práctica espiritual, no podrán evitar involucrarse directamente con ellos y se sentirán terriblemente confundidos, atemorizados y desgraciados. Y, eventualmente, si no reciben ayuda, serán arrastrados hacia otro nacimiento por las fuerzas del Karma, sin que pueda intervenir vuestra voluntad.

Es por ello que las enseñanzas del Bardo pueden ayudarles a lograr este control cibernético de estos diferentes movimientos energéticos. Esto también hace que sea tan importante en el momento de morir, que mantengan la clara conciencia de quiénes y qué son realmente. Para lograrlo, pueden recurrir a repetir mentalmente todo el mantra que vimos hace un rato:

 

Yo no soy este cuerpo que pertenece al mundo de las sombras. No soy las emociones que lo agitan cuando funcionan las glándulas. No soy los pensamientos que llenan mi mente, ni soy la mente misma. Yo soy la llama divina, el aliento divino, el espíritu divino dentro de mi corazón, eterno, inmortal, remoto sin principio ni final... Más radiante que el sol en toda su gloria de mediodía... más puro que la nieve... más sutil que el éter es este espíritu, este aliento dentro de mi corazón. Yo soy este espíritu, este espíritu soy yo... Yo soy este espíritu, este espíritu soy yo... Yo soy este espíritu, este espíritu soy yo...

 

Si no pueden hacerlo por sí mismos, tomen la precaución de dejar dicho que alguien se preocupe de recitarlo en vuestro oído y ustedes lo siguen mentalmente, repitiendo, en especial, la declaración final para sí mismos: "Yo soy este espíritu, este espíritu soy yo... ". Luego háganse uno con la respiración... Esto es algo que no debe ser descuidado en ningún momento: lleguen a ser uno con la respiración, con el aliento.

Esta importante técnica es algo que todos pueden practicar, incluyendo a aquellos que no tienen ningún control sobre las variadas energías del cuerpo. Además, no es algo que deba emprenderse en el momento de morir, sino mucho antes. De hecho, la meditación en la respiración, mediante el proceso de enfocar la mente en ella, esto es, a través del respirar conscientemente para llegar a ser uno con la respiración, es uno de los procedimientos esenciales en la práctica del morir. La unión con la respiración es la unión con Dios. La comunión con la respiraci6n es la comunión con Dios. Cuando Dios respira en ustedes, nacen; cuando Dios inhala vuestro aliento, abandonan el cuerpo... Como es Dios quien nos ha dado el lapso de vida que nos corresponde, siempre somos Uno con Dios a través de la respiración que es Su Espíritu... algo de lo que, lamentablemente, no siempre estamos conscientes.

Esta falta del principio de conciencia de nuestra unicidad con Dios en la vida es lo que produce la carencia de poder en nosotros y ello tiene por resultado la inconsciencia en que caemos. La respiración y la vida son uno; la respiración y la vida y el principio de conciencia son uno; la respiración y la vida y el principio de conciencia y Dios son uno; la vida y el principio de conciencia y el Yo divino del ser humano y Dios son uno. Cuando enfocamos nuestra conciencia en la respiración en el momento de morir, no experimentamos la pérdida del conocimiento, no quedamos inconscientes en la muerte; no experimentamos falta de vida, no experimentamos pérdida de la identidad, sino, por el contrario, morimos conscientemente, salimos del cuerpo conscientemente, tenemos nuestra primera experiencia consciente de nuestra inmortalidad inherente, no ya como seres físicos, sino espirituales. Vivimos una experiencia exomática o una experiencia consciente fuera del cuerpo, y experimentamos una paz inefable, una alegría inexpresable, porque la conciencia que el cuerpo ya no obstaculiza es realmente una con Dios. De un momento al otro experimentamos el estar llenos de Dios, experimentamos la Gloria y el Poder. Esto representa el momento sin condicionamientos: el momento del Bardo; el intervalo intemporal entre dos estados de conciencia; el intervalo estático entre dos ideas o dos pensamientos; ésta es la quietud incondicionada entre el estado condicionado de la conciencia física y el estado condicionado del plano astral. Esta es la Clara Luz.

Sepan y declaren que son hijos de Dios, seres divinos, eternos inmortales, inmemoriales sin principio ni fin. Díganse a sí mismos repetidamente: "Yo soy la Llama dentro de mi corazón, soy el Aliento Divino, soy el Espíritu Eterno, el Yo Inmortal". Y entonces, serenamente, plenamente y con total seguridad, identifíquense con la respiración, tanto en el pensamiento como en el sentir, en el lenguaje y en la acción. Porque este Aliento es el Espíritu de Dios en el hombre. Al fusionar vuestra mente con El, acrecentarán vuestra percepción consciente de El y podrán salir con facilidad del cuerpo  una vez llegados al final del camino de manera consciente, deliberada y estando en total control del proceso.

Díganse: "Unido a la respiración  que es el Espíritu de Dios dentro de mí  saldré del cuerpo por la puerta hacia Dios en la parte alta de mi cabeza. Siendo uno con la respiración, que es el espíritu de Dios dentro de mí, Yo salgo del cuerpo por la puerta que conduce hacia El en la parte alta de mi cabeza. Estoy plenamente consciente, porque soy la conciencia misma. Soy la respiración, el Espíritu de Dios mismo. Soy la Conciencia Eterna misma. Soy Uno con Dios".

Ahora vamos a vivir una experiencia extracorporal consciente.

Durante este precioso momento de morir, lo más importante que debe saberse y hacerse es lo siguiente:

Sépanlo y luego declárenlo, ya sea mentalmente o  si aún están en posesión de la facultad de hablar  en voz alta, como para que ustedes mismos lo oigan, que no son el cuerpo físico que están por dejar atrás. Pronuncien, en un lenguaje que puedan escuchar y entender: "Yo no soy este cuerpo físico que pertenece al mundo de las formas pasajeras".

Sepan y declaren, también, que no son las emociones que están sufriendo, ni tampoco los pensamientos que pueden estar pensando. Díganlo: "No soy las emociones que estoy sintiendo, ni los pensamientos que cruzan mi mente en este momento, ellos no son más que creaciones y proyecciones de mi mente".

Luego declaren: "Yo soy el Yo inmortal, el Espíritu de Dios, el Aliento Inmortal, el Ser Eterno que, en este momento, abandona este cuerpo..." Y entonces, serenamente, fúndanse en Uno con la respiración y salgan calmadamente del cuerpo, diciendo para sus adentros: "Uno con la respiración que es el Espíritu de Dios dentro de mí, salgo ahora de mi cuerpo por la puerta que conduce a Dios, en lo alto de mi cabeza... Plenamente consciente, dándome cuenta de todo y manteniendo el control perfecto...".

Durante esta etapa particular, puede que experimenten los siguientes estímulos, ya sea de manera aislada o en diferentes combinaciones entre ellos:

Puede que vean su cuerpo que ahora queda atrás. Entréguenlo con gratitud y amor a Dios, porque ahora están en paz, ya no lo sentirán sufrir, ya están libres de todos sus dolores y ya no están atados por sus limitaciones.

Puede que vean y escuchen a la gente que les rodea, llorando. Bendíganlos, pero no se sientan ya vinculados a ellos, sean quienes fueren. Ya no se fijen en ellos, sino centren toda vuestra capacidad únicamente en Dios. Siéntanse seguros, confiados plenamente en que Dios se preocupa tanto de los vivos como de los muertos y, entre los vivos, también de aquéllos a quienes están dejando atrás. Sientan amor y simpatía por ellos, pero no dejen que el amor sea una atadura.

       Puede que ahora vean incluso a algunos parientes o amigos que hayan partido antes que ustedes. Puede que vengan a recibirles. Siéntanse felices porque los hayan venido a encontrar, que los hayan venido a buscar.

       Puede que en este momento, también vean como en una pantalla y proyectada por vuestra conciencia, una revista de vuestra pasada vida en la Tierra. Incluso es posible que vuestra mente y las células de vuestro cerebro moribundo proyecten, en este momento de morir, algunas de vuestras vidas anteriores a esta última. Obsérvenlas con calma, con generosidad y con simpatía. Extraigan de todas ellas la sabiduría de la experiencia. Perdónenlo todo, incluyéndose a si mismos. Bendigan a todos los seres y encomiéndense a Dios.

       Van a sentirse claramente trascendentes, no sólo por el hecho de estar viendo allí el cuerpo, sino trascendentes en lo que significa una percepción consciente e ilimitada de la vida en el Universo. En ello, lo más importante es la experiencia de Dios y de vuestra verdadera naturaleza como un algo único. Esta clara conciencia de Dios y de vuestra real naturaleza se presentará como una luz brillante: la experiencia del estado de conciencia pura que ciega a los que no están preparados, pero que resulta algo pleno de éxtasis y de paz para los puros de corazón. Esto es lo que la Biblia declara explícitamente en el Sermón de la Montaña: Bienaventurados son los puros de corazón, porque ellos verán a Dios.

Esta luz esplendente es Dios, esta luz son ustedes. ¡Dios es cada uno de ustedes! Nunca han estado realmente separados de Dios, salvo por el hecho de que vuestra mente ha permitido y admitido esta ilusión engañosa de la separación. Pero ahora, el momento de morir les está otorgando la experiencia de vuestra verdadera naturaleza y de Dios, que no es más que una sola cosa.

Estarán en el instante del estado de conciencia pura, y Dios y cada uno de ustedes serán uno nuevamente. Y esta clara percepción y conciencia de haber sido siempre Uno con Dios es lo que constituye ese estado de percepción y de conciencia pura.

No dejen que esta luz radiante les ciegue y desencadene en ustedes la pérdida de la conciencia, porque éste es vuestro momento de liberación. Libérense manteniéndose en esta claridad esplendorosa o estado de conciencia pura. Pueden hacerlo, diciéndose serenamente, pero con firmeza: "Yo soy la Clara Luz... la Clara Luz soy yo... Yo soy el Espíritu, el Espíritu soy yo... La Clara Luz es el estado de conciencia pura... La Clara Luz es el Espíritu... La Clara Luz es el Aliento... La Clara Luz es Dios... La Clara Luz es Liberación... Yo soy esta Clara Luz, este Espíritu, este Aliento, esta Liberación...". Y así, si lo quieren, siguen adelante hacia la Liberación.

El momento que precede inmediatamente a la muerte, así como el momento mismo de morir y el que sigue a la muerte, son momentos de insensibilidad al dolor. Las condiciones físicas podrían describirse como un estado de completa relajación. Se siente, simplemente, como el reflujo menguante de la marea hacia el océano. Desde el punto de vista de la conciencia, lo que se percibe es una especie de estado crepuscular, claro y sereno, como el de la noche que precede para dar paso al amanecer. En lugar de oscuridad, hay luz; en lugar de turbulencia, hay paz; en lugar de destrucción y aniquilamiento, hay emergencia y transfiguración. Emergencia hacia un mundo de luz deslumbrante y transfiguración de todo lo que uno percibe en belleza maravillosa. Lo que predomina, sin embargo, es la luz: una luz incomparable, más radiante que la luz de mil estrellas.

En vuestra percepción, ello puede comenzar como un punto de luz al final de un túnel. O puede que estalle en torno vuestro como una radiación cegadora. En todo caso, se verán inmersos, finalmente, en un océano de una suave luz indescriptible. Esta es la luz del Nirvana en el Budismo; ésta es la Clara Luz del primer Bardo del Tibet, el Chikhai; ésta es la luz del Cristo en el Cristianismo, " la verdadera luz que ilumina a todo hombre que llega al mundo". Cualquiera sea el nombre que uno quiere darle  no es algo que sea realmente importante  lo que sí importa es el saber y el darse cuenta de que esta luz es la luz del hombre y que representa su vida y su ser. Es la luz del principio de conciencia pura, libre ahora, finalmente, de la obstaculización que le impusieran las limitaciones del cuerpo físico y las limitaciones del cuerpo parasomático o astral. Es el estado de conciencia pura en el Bardo, que se sitúa entre los dos estados de conciencia limitada que representan lo físico y lo astral.

Entonces, durante un cierto período de tiempo, se encontrarán en la duración intemporal de vuestro principio de conciencia. En este momento experimentan lo que antes no había sido sino una idea, que son hijos de Dios plenamente realizados. Este presente "Yo Soy" ha sido posible gracias al proceso de retirada del mundo físico del Bardo.

Estarán situados ahora en lo intemporal, que se ubica entre dos tipos de tiempo; estarán en lo inespacial entre dos tipos de espacio: el espacio físico y el espacio astral. De hecho, estarán en lo eterno: son lo eterno... ¡Acepten su eternidad, sean eternos! Permanezcan en esta Clara Luz, aférrense a su claridad si sienten la necesidad de hacerlo; no dejen que les atemorice, no dejen que los deslumbre, ya que ésa es la luz de vuestro propio principio de conciencia pura. Miren esa luz con afecto, con ternura y déjense ser uno con ella, totalmente, absolutamente, ya que es cada uno de ustedes mismos. Es todo lo que llaman Dios, y ese Dios es cada uno de ustedes. Es Nirvana, es Dios, es Liberación No cierren los ojos, mírenla serenamente y siéntanse uno con ella; piensen como uno con ella y mantengan la conciencia de vuestra unicidad con ella, actúen como uno con ella: "Yo soy esta Unicidad Eterna, yo soy esta Luz Eterna, provengo de esta Luz y retorno a esta Luz. Este es mi origen: mi origen es Luz, mi destino es Luz, mi naturaleza es Luz... Yo soy esta Luz, esta Luz soy yo... OM... OM... OM... SHANTI... SHANTI... SHANTI... ALEGRIA... ALEGRIA... ALEGRIA... "

La duración de vuestra conciencia de la Clara Luz puede variar de acuerdo con el grado de control cibernético que una persona tiene sobre las diferentes energías de la conciencia, incluyendo la física, la emocional y la mental. A mayor control, mayor duración de la permanencia en la Clara Luz; a menor control, menor duración de la permanencia en ella; carencia de control, mínima permanencia en la Clara Luz. Lo que sucede en este último caso es una pérdida casi inmediata de la conciencia.

Esta permanencia varía también de acuerdo con la vida que ha llevado una persona durante su existencia física o encarnación. Si alguien ha conseguido un cierto nivel de éxito en la meditación y si, además, ha llevado una vida relativamente pura, llena de amor y de servicio a otros, este momento en la Clara Luz se podrá extender por varios días, durante los cuales podrá conseguir su liberación de la rueda de la vida y la muerte con mayor seguridad de lograr el éxito. En caso contrario, este momento en la Clara Luz puede durar una fracción de segundo y, entonces, de inmediato comienza el proceso de volver a nacer y la persona cae en espiral hacia un útero.

Para algunas personas, puede que este momento de la Clara Luz no se produzca en absoluto. Esto no les sucede no porque la Clara Luz no exista, sino porque caen casi de inmediato en un estado de inconsciencia. De hecho, podría decirse que prácticamente todo lo que sucede después del momento de la Clara Luz es una preparación para nacer nuevamente. Por ello, cuán enormemente importante es este momento y cuán vitalmente importante es la preparación para él, tanto antes como durante el proceso de morir.

Una vez que este precioso momento de la Clara Luz ha pasado y uno ha logrado la liberación, aún puede aspirar a nacer en un mundo superior o a escoger un nacimiento especial como ser humano. Esto se puede lograr pidiendo la asistencia o la guía durante la etapa siguiente: la etapa de la ilusión kárrnica. Es difícil atravesar esta etapa sin la ayuda de un maestro.

La liberación que se ha alcanzado durante el momento de la Clara Luz puede denominarse "el fruto del espíritu", porque representa el resultado de nuestros esfuerzos por purificar nuestra vida y por elevar nuestro estado de conciencia.

Por otra parte, la liberación que se alcanza después del momento de la Clara Luz podría llamarse también un "don del espiritu", ya que es el resultado de la guía servicial de algunos. maestros que, impulsados por su amor, dedican su tiempo y su energía a asistir a aquellos que piden ayuda. En todo caso, en estos niveles es prudente y práctico el tener a un maestro.

Cada persona debería apelar al maestro que corresponda a su propio credo. Aunque no es usual que los maestros atraviesen las barreras de los diferentes credos, todos son maestros, independientemente de sus sentimientos religiosos. Krishna, Cristo, Buda, Baba, Madre Kali, Virgen María... en realidad no importa a quién se llame ni quién sea el que clame por ellos. Los grandes maestros siempre acuden en ayuda de quien los llama, porque ellos aman a todos por igual.

Qué bella es la siguiente oración, porque es una oración universal... Escúchenla, ya que pertenece a todo el género humano: "Padre nuestro que estás en el cielo..." Dice, simple e indiscriminadamente: "Padre nuestro que estás en el cielo. Santificado sea el Tu nombre. Venga Tu reino. Hágase Tu voluntad en la tierra así como en el cielo. Nuestro pan de cada día, dánosle hoy, y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Aléjanos de la tentación y líbranos de todo mal. Porque Tuyo es el reino, el poder y la gloria eternamente... Amén".

¡Qué bella es esta oración tan simple, universal y directa! Su énfasis en el cumplimiento de la voluntad de Dios en nuestras vidas, al igual que el elemento del perdón, la convierte en la oración más apropiada cuando se trata de rogar por la ayuda de un maestro, de cualquier maestro...

Ahora que están entrando en la segunda etapa, después del momento de la Clara Luz, la etapa que también se llama "de la ilusión kármica"  como dijéramos, vuestra conciencia estará cediendo, o expandiéndose, y eliminando sus elementos previos de cuerpo, percepción, sentimiento, mente y tendencias; y resulta, entonces, sensato llamar al Maestro mientras todo esto se está produciendo. Oren por favor: "Padre nuestro que estás en el cielo... " y repítanlo tantas veces como sea necesario. Realicen su pleno significado. Dice "Padre nuestro", por ello todos ustedes son hijos de Dios; por ello todos son divinos, así como es divino nuestro Padre; por ello todos son eternos, así como El es eterno; por ello todos ustedes son perfectos, así como El es perfecto. Así es que no tienen nada que temer, nada que envidiar y nada que dudar: Dios es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos, de modo que somos tan divinos, perfectos y eternos como nuestro Progenitor... Díganlo. "Dios es mi Padre y, por ello, soy Su hijo, y soy divino, perfecto y eterno como El..."

La inmortalidad es vuestro derecho por linaje y herencia divinos. Pero, también debido a ello, deben llenar sus corazones con amor, así como Dios lo tiene lleno de amor por todos, para que merezcan este derecho de nacimiento. El amor es el único medio para remover el engañoso velo de la ilusión que nuestras mentes han creado. Por ello, ámenlo todo y perdónenlo todo y así quedarán libres de toda ligadura y de todo asunto inconcluso.

Durante esta etapa de la ilusión kármica, habiendo ya pasado el momento de la Clara Luz sin haber alcanzado la liberación, puede que lleguen a tomar conciencia de un nuevo mundo de existencia que implica una nueva modalidad de conciencia sobrepuesta: el mundo de la transición, el mundo parasomático astral, el mundo mental astral de la existencia humana. Aquí adquieren forma vuestros pensamientos, sentimientos, deseos y aspiraciones, tal como sucede en el mundo físico. Los pensamientos airados y perversos adquieren formas horribles que les harán infelices. Los pensamientos de amor y positivos asumen formas de belleza que les harán felices. Esto obedece a un principio supremo: la ley del principio de conciencia y su manifestación.

Aquí empezarán a observar toda una gama de fenómenos que, probablemente, podría comenzar por la visión de vuestro cuerpo llevado al crematorio o al sepulcro. No dejen que esto les perturbe o les preocupe. Tienen ahora un cuerpo nuevo que están ocupando: vuestro cuerpo astral parasomático. Siéntanse agradecidos por él y aprendan a usarlo con eficacia, ya que es un cuerpo muy eficiente.

Antes de esto, puede que hayan experimentado lo que se llama "la revista": una especie de película de vuestra vida que incluye todo lo que hayan pensado, sentido, dicho o hecho alguna vez. Lo importante ahora es que permanezcan calmos y serenos ante cada uno de estos momentos de sus vidas, que se concentren en mantener la integridad y la continuidad de su conciencia en tanto dure esta experiencia. Háganse los indiferentes, como se dice. No se dejen orientar hacia lo terrestre. Olvídense ahora, por lo que duren estos momentos, de todo lo relacionado con la vida en la Tierra y entréguenle todos sus recuerdos a Dios. Si llegaran a ver a algunas personas que aún viven en la Tierra y que son desdichadas, bendiganlas y encomiéndenlas a Dios. Toda vuestra actitud debe corresponder a lo que expresa la oración: "... y perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores".

Todo vuestro programa de existencia debe tener por resultado el conducirles hacia la liberación, hacia el maestro que ha de ayudarles  el que siempre responderá a vuestro llamado  o hacia una nueva encarnación que resulte conducente hacia la liberación.

Se encuentran en un mundo de transición en el que no se quedarán para siempre. Pasarán por él, pero lo abandonarán eventualmente, así como abandonaron la Tierra que también es un mundo de transición. Cuando viven en la Tierra, lo hacen temporalmente y también este mundo de ahora implica sólo una estadía temporal. De hecho, vuestro destino es la liberación, de modo que deben emprender sólo aquello que les conduzca a ella o que pueda ayudarles para alcanzarla.

Verán muchos colores, figuras, formas; seres de muchos tipos; escucharán sonidos, notas, voces, cantos y músicas de muchas clases; se encontrarán con personas de variados intereses, inclinaciones y conductas. Trátenlas reverentemente, no le teman a ninguna y respétenlas a todas. En todo momento, empero, mantengan la conciencia enfocada en Dios y en vuestra liberación. No se lleguen a vincular permanentemente con ninguna de estas personas, sólo vean a Dios en cada una de ellas, como en todo lo demás. Escuchen a Dios en cada sonido y adoren a Dios en cada forma, y amen a todos y a todo.

También aquí deben practicar la meditación sobre la unicidad de toda la vida. Díganse repetidamente y con genuina adoración: "¡No hay nada sino Dios! ¡No hay nada sino Dios! ¡No hay nada sino Dios! ¡Dios lo es todo! ¡Dios lo es todo! ¡Y Yo soy Uno con El!"

Si son personas interesadas en aprender, estudien... Hay grandes bibliotecas aquí y museos, también hay laboratorios, escuelas y universidades... y un gran número de maestros... Pero, elijan bien.:. Discriminen sabiamente... Entonen repetidamente los "tres refugios" como guía y seguridad:

OM BUDDHAM SARANAM GATCHAMI... DHARMAM SARANAM GATCHAMI... SANGAN SARANAM GATCHAMI... OM... Me refugio en la Iluminación... Me refugio en la ley de la justicia y el amor... Me refugio en la compañía de los seres liberados... OM... Repitan esto tres veces y este conjunto de tres veces, tantas veces como sea necesario.

¿Cuál es la diferencia entre este mundo de transición en el que estarán y este mundo terrestre en el que están ahora? Ninguna...Con la excepción de que en la Tierra ocupamos un cuerpo físico y en este mundo de paso empleamos un cuerpo parasomático denominado el "cuerpo astral" o de transición.

De hecho, ¿no es cierto que todo es transitorio? ¿Qué es lo que permanece? ¿Qué dura...? Todo muere, todas las cosas terminan, excepto Dios... Y esto es tan cierto para este mundo de existencia parasomática como lo es para el mundo de existencia somática llamado Tierra. Digan, por lo tanto, como el poeta Sufi:

 

Morí del mineral para llegar a ser planta... Morí de la planta para llegar a ser animal... Morí del animal para llegar a ser hombre... ¿Por qué he de temer entonces? ¿Cuándo me hizo decrecer la muerte...? Y también del hombre he de morir para desarrollar las alas de un ángel. Desde el ángel también he de seguir avanzando, hasta que todas las cosas perezcan ante Dios. Y una vez más extenderé mis alas por encima de los ángeles, para llegar a ser aquello que ni la imaginación ha penetrado... Aquello porque clamen las profundas fibras de mi corazón... ¡En verdad, es a Dios hacia donde retornamos!

 

Esta es la meta de la evolución: ¡Dios, Liberación en el estado de conciencia total!

Y no hace diferencia el que uno esté en la Tierra o en el plano de existencia posterior a la muerte: la única meta verdadera de todo es Dios. La tendencia de la búsqueda de Dios está en todo y el descubrir a Dios dentro de uno mismo constituye la mayor bendición. Ya sea que uno esté en la Tierra o esté pasando por los planos del Más Allá, Dios debe ser descubierto dentro de uno mismo. Y este descubrimiento es el que conduce a la Liberación, a la Paz y a la Felicidad... Dios llena todo el mundo, pero mora en el corazón del hombre... descúbranlo allí y no en otra parte... Repitan el mantra de la autorealización: OM MANI PADME HUM... ¡Oh, Dios dentro de mí...! Repitan esto de manera constante, ya sea que estén por entrar nuevamente en un útero, que estén clamando por la ayuda de un maestro o que estén buscando la Liberación: ¡Oh, Dios dentro de m¡...!

No dejen que vuestro estado de conciencia sea roto, fracturado o fragmentado por ninguna idea, ninguna experiencia, ninguna emoción... Y esto lo pueden lograr únicamente si mantienen la conciencia centrada de manera constante en el nombre y la forma de Dios. Es por ello que no dejo de repetirles que deben pedir ayuda, para que los grandes maestros que están allí puedan guiarles hacia la clara conciencia de Dios.

 

KYRIE ELEISON... CHRISTE ELEISON...

KYRIE ELEISON... CHRISTE ELEISON...

KYRIE ELEISON... CHRISTE ELEISON...

 

Dios, ten misericordia de mi Alma... Cristo, ten misericordia de mi Alma... Entonen esto cuanto quieran, como una letanía si es necesario.

Y, mejor aún, si tienen que volver a nacer, declaren su unidad con Dios: SO HAM... SO HAM... SO HAM... (Yo soy El) Yo soy Brahman... Yo soy Brahman... Yo soy Brahman... Yo y mi Padre somos Uno... Yo y mi Padre somos Uno... Yo y mi Padre somos Uno...

¿Por qué es que uno encarna o nace de nuevo? La respuesta es que uno se involucra con energías que pueden expresarse únicamente mediante el proceso de nacer de nuevo. Si estas energías se controlaran, no sería necesario reencarnar. Si las fuerzas no son generadas en dirección de un nuevo nacimiento, éste no se produce. El nacimiento, al igual que el principio de conciencia, la muerte y el Bardo, representan eslabones vitales en la cadena de la realidad humana. Cada uno conduce, inevitablemente, al próximo: allí donde se produce el nacimiento, hay conciencia; en donde hay conciencia, hay muerte, y en donde hay muerte hay Bardo y renacimiento, hasta que lleguemos a ser capaces de desenredarnos de esta rueda de nacer y morir por medio del proceso de la Liberación.

Psicológicamente, uno desea nacer de nuevo por causa de los asuntos inconclusos, alguna tarea incompleta que hay que llevar a cabo, alguna promesa que debe cumplirse. Sin embargo, no es tan simple como parece, principalmente porque existe el aspecto de la elección.

¿Es que uno posee la libertad de elegir? ¿Puede uno elegir la familia que desee, el país que prefiera, el tipo de cuerpo y herencia genética que le agradaría tener? En general, la respuesta debería ser "sí"... pero en el Universo opera el Karma. Las fuerzas generadas por pensamientos, sentimientos, palabras y actos deben ser objetivadas. Los deseos, las aspiraciones, las tendencias, el carácter, las relaciones, todas estas condiciones modifican y afectan la libertad de elección. La libertad completa de autodeterminación es posible únicamente cuando existe una plena sabiduría, y la plena sabiduría existe sólo para alguien que haya alcanzado la liberación. Por ello, hasta que no se logre la liberación, ya sea para bien o para mal, operará el Karma.

El ser liberado que desea nacer de nuevo, puede elegir cualquier tipo de nacimiento que desee, en donde quiera, cuando y como quiera, al igual que puede determinar el tipo de persona que será. Esto vale para el ser liberado, pero para uno que todavía tiene que alcanzar esta meta, la libertad de elección en el nuevo nacimiento estará limitada y condicionada por las circunstancias kármicas. No obstante, se abren para él, en especial, dos clases de un mejor nacimiento, y ellas son: el nacimiento a un mundo superior: el mundo de los dioses, el mundo de los seres liberados  si ello le resultara posible , y, en segundo término, un nacimiento humano cuyas circunstancias sean conducentes a la liberación. Todas las demás opciones deberían evitarse. Repito, que sólo dos tipos de nuevo nacimiento deben aceptarse: nacer al mundo de los Deva o nacer en una condición humana que haga posible la  liberación al término de ella.

Mientras permanezcan en el mundo de transición, manténganse siempre serenos y alegres, con la mente fija en Dios, recitando constantemente las tres joyas de la liberación: Budha o Iluminación, Dharma o Ley, y Sanga o Comunidad de los Seres Liberados: BUDDHAM SARANAM GATCHAMI... DHARMAN SARANAM GATCHAMI... SANGAM SARANAM GATCHAMI... Pueden decir también: Me refugio en mi naturaleza de Buda, me refugio en mi propia iluminación, me refugio en mi propia liberación, me refugio en la ley del amor y de la justicia, me refugio en la compañía de los maestros del Bardo, los seres liberados que aman a todos los seres... Este mantra es especialmente útil para lograr un nuevo nacimiento que reúna las condiciones conducentes a la liberación, porque la liberación del Buda es personificada.

Pueden también hacer uso de la variación cristiana de los "refugios". Me refugio en el Cristo, me refugio en la ley del amor, me refugio en la comunión de los santos... Un cristiano puede enunciarlo así, ya que el significado es el mismo.

El estado de conciencia crística es el de los seres liberados. El estado de conciencia de los seres liberados es, esencialmente, la conciencia del amor por todos. Si aman a todos  y pueden hacerlo  estarán liberados en ese preciso instante. Esta es la mayor bendición y la absoluta certeza de obtener aquel tipo de nacimiento humano que les abra la oportunidad de la liberación. ¡Amen a todos! Sean completamente inofensivos, den a todos, perdónenlo todo, sean humildes, no condenen a nadie, estén siempre tranquilos y serenos, purifíquense, sean universales, sean amigables, sean generosos, alaben a Dios, alaben en la gente todo lo que sea digno de alabanza, sean agradecidos, reverencien todo tipo de vida y, si es necesario, practiquen el sacrificarse. Este es el camino que lleva al amor, que también es el camino que lleva a la liberación.

El amor es la naturaleza del estado de conciencia crística. La conciencia crística otorga el tipo de nacimiento conducente a la liberación. Practiquen el código universal del amor en todo momento, en todo tipo de circunstancia, en cada pensamiento, en cada sentimiento, en cada palabra, en cada acto. Practiquen la inofensividad, practiquen la bondad, practiquen la amistad, practiquen la compasión, practiquen la serenidad y la paz, practiquen la preocupación por todos, practiquen el dar, practiquen el perdonar, practiquen el amor universal, practiquen la reverencia y el respeto, practiquen el altruismo, practiquen la humildad, practiquen la alabanza, practiquen hacer sólo el bien en todo, practiquen el no condenar, practiquen la pobreza de espíritu y el vacío de corazón, practiquen la purificación, practiquen amar al enemigo bendiciéndolo, orando por él y haciéndole el bien, practiquen sacrificarse, practiquen el rendirse y el entregarse, practiquen el desinterés... Estas veinte prácticas del amor espiritual son las que despiertan el estado de conciencia crística que se requiere para nacer de nuevo. Ellas mantienen la integridad y la continuidad de la conciencia que se requiere para nacer de nuevo. Mantienen incólume el hilo de la memoria consciente de una vida a la otra. Ellas terminan por liberarlo a uno de la rueda del nacer y el morir.

Cuando busquen entrar en un útero apropiado para un nacimiento conducente a la liberación, no sientan temor, desechen toda duda, expandan su amor por todo y pronuncien el mantra de liberación que hemos mencionado (ya sea en el momento en que buscan tomar contacto con el útero para acostumbrarse a él o en el momento en que entren): "Me refugio en la conciencia cristica, me refugio en la ley de la justicia y el amor, me refugio . en la comunión de los santos... Paz... Paz... Paz..."

Si se presentaran circunstancias que trataran de llevarlos a aceptar una encarnación que no deseen, no se alarmen, pidan ayuda y, entretanto, usen los poderes de su mente  sin perder la calma  para cerrar este útero no deseado. Cuando tengan que enfrentarse  posiblemente por efecto de la ley kánnica  a un posible nacimiento que no desean y conservan aún la integridad de la conciencia como para saber distinguir entre lo que es una buena o una mala encarnación, tienen dos alternativas: pidan ayuda para que los asista el maestro del Bardo o, con absoluta calma, usen los poderes de su propia mente para cerrar ese útero que rechazan.

Cuando estén en el Bardo se darán cuenta de que sus poderes son vastos e ilimitados. En general, estos poderes están adormecidos en las personas durante toda su vida física en la Tierra; no obstante, en el estado no físico en que se encontrarán, estos poderes estarán plenamente despiertos. Pero les sucede a algunos que no saben cómo emplearlos, o ni siquiera se dan de cuenta de que disponen de ellos.

Tomen conciencia y empleen con nobleza sus poderes: visión suprahumana, oído supranormal, comunicación por medio del pensamiento, leer los pensamientos de los demás, psicoquinesis o poder de la mente sobre la materia, materializar y desmaterializar, recordar existencias pasadas, gobierno de diversas formas de energía (así como el poder del pensamiento, la energía emocional y otros) que pueden usar separadamente o que pueden combinar. Por ello les digo que con esos poderes serán capaces de cerrar cualquier útero que no deseen. Lo más importante es mantenerse sereno, no dejarse confundir ni invadir por el temor. Porque si llegaran a atemorizarse o a confundirse, se verán incapacitados para hacer uso de estos poderes supranormales que les son inherentes. Y es precisamente debido a que vuestra conciencia está dotada de estos poderes, que podrán llevar a cabo sin problemas todo lo que este libro de instrucciones del Bardo les indica que hagan... siempre que estén dispuestos a hacerlo.

De modo que, incluso aunque no lleguen a lograr la liberación en el momento de la Clara Luz, pueden recurrir a estos poderes para cerrar los úteros a los que no deseen entrar, como para que, al menos, puedan llegar a encontrar un útero humano que pueda ofrecerles las circunstancias de vida que más adelante puedan llevarlos a lograr la liberación. De modo que muestren buena voluntad y humildad y llenen su conciencia con el sentimiento de la gratitud. Tengan plena seguridad de que poseen el poder para elegir el tipo de encarnación que deseen, en el entendido que hayan logrado mantener una calma total y el pleno control sobre vuestra conciencia.

Hay muchos mundos posibles y diferentes en los que pueden renacer, y ellos se manifestarán en vuestra percepción consciente en términos de colores. Los colores aquí son las manifestaciones energéticas que vinculan a una persona a un tipo particular de útero. Ante todo, no cedan ante cualquier color que los hipnotice hacia un nuevo nacimiento. No se dejen entusiasmar por ningún color, porque cualquier cosa con color conduce hacia alguna clase de nuevo nacimiento, porque se refieren a ciertos tipos de transformación de energía. Más bien entréguense a Cristo, a Buda, a Dios, a Baba, a vuestro maestro del Bardo, y digan con amor y plena confianza: "Deseo renacer allí donde la liberación sea lo más fácil posible para mí y donde pueda ser del mayor servicio para todos los seres". Díganle esto a Dios, no se dejen hipnotizar por ninguna seducción o atracción de color o de forma. Díganse siempre: "¡Esto no, sólo Dios!" Para ello, no deseen nada, entréguense a Dios. Entonen con fervor: "Me refugio en la conciencia crística, me refugio en la bondad del amor, me refugio en la compañía de los santos".

¡Ustedes merecen alcanzar la liberación! Todos los seres la merecen... pero sepan el motivo por el que la merecen... La liberación les corresponde porque conocen su verdadera naturaleza, su verdadero origen y su real destino. El destino final del hombre es Dios y, por ello, merece la liberación. Es este movimiento ascendente, original en cada uno, tan inherente como el ser perfecto, lo que constituye la esencia de la Liberación. Reconozcan con convicción que son, de manera inherente, innata y originalmente seres perfectos... que en realidad lo son. Y esta clara conciencia, esta convicción, este conocimiento es lo que les permite pertenecer de inmediato al mundo de los seres liberados.

A continuación se señalan los métodos para lograr la liberación, incluso en el instante mismo de entrar a un nuevo nacimiento:

El primer método es decirse a sí mismos: "Todos los objetos, todas las cosas, todo lo que sucede... todos son objetos del Principio de Conciencia Eterna, y yo soy este Principio de Conciencia Eterna contemplando todas estas cosas, todos estos colores, todas estas formas y todo lo que sucede en el mundo... Yo soy el Shakti, yo soy el Testigo... Este Principio de Conciencia es realidad innegable, es el Ser Eterno, es el Testigo... Yo soy esta Conciencia, yo soy este Testigo, y todo esto que sucede no es sino los objetos de Mi Conciencia". Este es uno de los caminos.

El segundo método. Díganse: "No hay nada sino Dios... No hay nada sino Dios... No hay nada sino Dios... Si no hay nada sino Dios, todas estas cosas no existen realmente y, si no existen, no tienen poder... No existe sino Uno y ese es Dios... Y el poder de Dios es el Amor y Dios lo es Todo. Únicamente Dios... Y el poder de Dios es el Amor y Dios lo es Todo. Únicamente Dios es real; lo irreal no tiene existencia. Lo real jamás deja de existir, por lo tanto no existe el nacer, no existe el morir, no existe tampoco el nacer de nuevo... No hay sino una vida eterna, continua para siempre... una conciencia eterna... Yo soy esa conciencia... esa conciencia soy yo..."

En tercer lugar: "Nada me atrae y nada me repele, porque yo estoy en Dios y Dios está en mí y Dios lo es todo... ¿Qué podría atraerme? Yo lo soy todo... Yo soy uno con Dios y Dios está en mi... ¿Qué podría repelerme? No hay nada fuera de mí... No hay sino Uno y ése es Dios, y ese Uno y yo somos Uno".

En cuarto lugar, considérenlo todo como Divino: "Eso es Divino, ese color es Divino, esa persona es Dios, ese objeto es Dios, esa Luz es Dios, esa mesa es Dios, esa imagen es Dios... Todo es perfecto. No existe el nacer, no existe el morir, no existe el renacer... Todo es Dios... No hay principio ni fin, no hay nacer, no hay morir y, por lo tanto, no hay un nacer de nuevo... Todo es perfecto... Perfecto en el principio, perfecto en la continuidad y perfecto en el final..."

Con esto, el útero ante el que se encuentren se cerrará y habrán logrado la liberación... Incluso en el instante en que estén por entrar a una nueva encarnación, cualesquiera de estos métodos pueden revertir el proceso y poner la liberación a vuestro alcance.

Si se siguen las instrucciones de este libro guía, todo el que se encuentre en esta etapa transitoria puede alcanzar la meta suprema: la Liberación.

Coronemos ahora este logro, al terminar con esta visión del libro guía, con estas palabras triunfantes del Buda, al ejemplificar el objetivo de la Liberación:

 

Son muchas las mansiones de la vida que lo han albergado; en su constante búsqueda de Aquél que rompió con el dolor de esta prisión de los sentidos. Ahora, al fin, conoce lo que fuera su incesante empeño... ¡Oh constructor de este tabernáculo, nunca configurarás de nuevo estas bóvedas del dolor, ni levantarás su estructura para hundirla, humillada, en la tierra! Rota está tú morada y agrietado el engaño de la pasión. Y, en tanto danza hacia la libertad, ya se siente a salvo. Alguien así no tiene necesidad de aquello que ustedes llaman la vida, y que empezó en él cuando iniciaba su fin. Aunque, en verdad, haya atraído el nacimiento de aquello que lo hizo hombre, ya jamás lo torturarán las ansias ni lo tocarán las cosas terrenales, ni el dolor de alegrías y pesares, porque está a salvo en medio de la paz eterna. Ya no se suceden para él las muertes y las vidas. Se dirige hacia el Nirvana... Es uno con la vida, aunque no vive... Es bienaventurado al cesar de existir...

 

OM MANI PADME HUM...

 

El Buda duerme en el océano radiante...

 

         OM... OM... OM... SHANTI... SHANTI... SHANTI... PAZ...

PAZ... PAZ

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