Fue en estos momentos que la madrina de Nicolás, Rocío Díaz, sugirió un bautizo para Mercedes. Por la mente de Cristina habían estado cruzando los mismos sentimientos y le hablaron a Daniel sobre la idea, a lo que éste respondió bien.
Acordaron bautizar a Mercedes en la pequeña capilla anexa al hospital. Atendía a todas las denominaciones y, puesto que sus antecedentes eran católicos, le pidieron a la Hermana Diana que llevara a cabo la ceremonia.
Las vidas de Daniel y Cristina estaban adelantando con velocidad y Daniel tenía la punzante sensación de que era tiempo de encontrarse oficialmente con Dios. Nunca se había preocupado mucho de las iglesias, aunque podía apreciar las palabras de un sacerdote, cuando aquel hablaba desde el corazón.
La formación religiosa recibida en la escuela mantenía a Daniel en contacto con Dios, mas se trataba de un Dios relacionado con una profesión y un ritual, y no con el corazón. Sabía con certeza que había algo más que Angeles de la Guarda y que, tal vez, los estaba utilizando como excusa para evitarse el tener que confrontar a Dios mismo. Además, en su vida habían pasado demasiadas cosas que se ubicaban más allá de cualquier razón o explicación lógicas. Siempre creía que había “algo allá afuera” cuidando de él, pero nunca había querido explorar con mayor profundidad la idea.
Daniel creía en la consistencia de la verdad y sentía que la secuencia lógica debía ser que, si Dios también era verdadero, esa verdad habría de ser igualmente consistente dentro del todo. Entonces, Dios
no podía ser modificado por el tiempo, el espacio o los atributos. Debía ser el mismo por siempre, sin que nada lo afectase o hiciese cambiar: sólo eso sería verdadero. Creía ahora que era su deber investigar la verdad: sea lo que fuera que esa verdad pudiera ser.
Muchas veces había cuestionado la realidad de Dios. En puntos muy bajos de su vida, se preguntaba en su corazón si Dios podía existir realmente. Daniel había escuchado opiniones de sacerdotes, expertos y legos por igual, mas tanto quienes afirman que Dios existe como aquellos que lo niegan, son igualmente incompetentes en cuanto a decir algo sobre Dios, si nada saben sobre Su naturaleza. Estas personas parecían conocer una imagen de Dios, no a un Dios omnipresente. Hablaban de Dios en base a lo que habían leído y a las enseñanzas provenientes de las opiniones de otros, no de lo que estaba en sus corazones. Otros argüían acerca de Su existencia por intermedio de una justificación científica basada en el conocimiento libresco. Pero nadie parecía entender la verdadera naturaleza de Dios.
El aseverar la existencia de aquello que no existe es ignorancia. Negar la existencia de aquello que existe es insensatez. Daniel sentía que para que Dios fuera verdad, debía ser omnipresente. Si era omnipresente, entonces parecía ser una necesidad el intentar buscarlo en cualquier parte. Todo, entonces, debía ser una manifestación de Dios. En cualquier lugar en que estuviera Daniel, debía estar también Dios. Si ésto era verdad, entonces no podía haber insensatez mayor que negar la existencia de Dios, cuando todo el cosmos era testimonio de la obra de Sus manos.
Mientras enfrentaba el muy real prospecto de que su pequeña hija pudiese morir, se hacía igualmente real la necesidad de conocer a Dios. Daniel y Cristina hicieron apresurados arreglos para el bautizo y la Hermana Diana les hizo sentirse conectados con la Unicidad de su unidad familiar y con Dios.
El 30 de julio de 1996, Mercedes fue bautizada en una muy simple y sencilla ceremonia. La Hermana Diana se sentía conmovida espiritualmente por la familia y las circunstancias que la habían traído hasta ella. Creía que Mercedes iba a morir, como lo creían casi todos, salvo Daniel y Cristina.
La Hermana Diana era preocupada y compasiva y quería que Daniel y Cristina sintieran el amor de Dios en la pequeña ceremonia que estaba preparando. Era minuciosa en cada detalle. Cada aspecto de la ceremonia recibió la misma atención, desde los puntos más importantes hasta los aparentemente triviales. La Hermana Diana incluso se dió el trabajo de imprimir pequeñas tarjetas de bautismo. Era una persona genuina, alguien a quien Daniel podía respetar, dado que practicaba lo que predicaba.
Es interesante notar que ni Daniel ni Cristina recuerdan muchas de las palabras que pronunciara la Hermana Diana durante la ceremonia, recuerdan únicamente el sentimiento tras de ellas: aquellos sentimientos que recuerdan eran los del amor y de la presencia de Dios.
Cristina lloró durante toda la ceremonia y sintió la tentación de creer en las dudas que manifestaban ante ellos individuos bien intencionados. La intensidad de sus sentimientos maternales surgían de su sentido del vínculo maternal, su amor por Mercedes provenía de las profundidades de su corazón y su alma. Su fe estaba fija en Dios.
La privacidad de esta pequeña capilla proveía un lugar de soledad espiritual en el que Daniel y Cristina podían bajar sus barreras emocionales, para desnudar la totalidad de sus almas ante la presencia de Dios. Temporalmente al menos, se liberaron de las miradas curiosas, de las insinuaciones críticas y de las opiniones calumniosas. Dentro de la relativa tranquilidad de esos cuatro muros se pudieron permitir ser vulnerables a la verdad: a Dios. Dios puede dar consuelo y reparar nuestros corazones rotos, sólo con que Le entreguemos todos los pedazos.
Daniel aún no estaba seguro de qué era Dios, pero había madurado como para saber que podía recurrir a El y confiar incondicionalmente en El. Durante la ceremonia, Dios se mantuvo como un sentimiento: un sentimiento muy cálido, consolador y seguro. Mentalmente, revisó todos los momentos de su vida en que reconociera este mismo sentimiento y supo ahora que este consistente sentir era el de la
verdad. Dios había estado con él toda su vida, a través de todos los tiempos difíciles: pero él, simplemente, no había conectado la energía de la seguridad y el amor con Dios Mismo.
Cuando realizó esta verdad, sintió un desplazamiento de su conciencia y una oleada de amor invadió cada célula de su cuerpo. Esto le cargó de esperanza y de valor, y la existencia de cualquier duda se disolvió junto al engaño de la contradicción. Se sintió invencible: sabía que Mercedes no iba a morir.
Esa noche, después de la ceremonia del bautizo, Daniel comenzó a encender velas para sus seres queridos que habían muerto: su abuelo, doña Dominga, el padre de Cristina y Luis (su hermano). Sus concepciones estaban sufriendo una transformación radical. Los católicos encienden ritualísticamente velas: Daniel sentía que, tal vez, podían echar algo de luz en sus momentos de obscuridad.
Pese a que Daniel aún creía en ángeles, sus roles cambiaron en su mente. Asumieron papeles de mensajeros de Dios en lugar de representar la fuente de la divinidad. Ahora sentía que le podían rezar directamente a Dios y permitir que los ángeles fueran simplemente Sus emisarios. Dios era accesible ahora.
Daniel continuó encendiedo velas y en ciertas ocasiones (por ejemplo el aniversario de la muerte de alguien querido), solía encender una vela especial. Su pequeño ritual puede haber tenido su foco físico, mas como sucede con todos los rituales sirvió el propósito de hacerlo más consciente del Dios omnipresente. El amor constituye una cualidad esencial para propiciar a la Divinidad y Daniel conducía con sinceridad y un corazón puro sus ritualísticas ceremonias de encender velas. Mientras más velas encendía, más iluminaba la llama de amor en su corazón, y más brillante se volvía la llama de la presencia de Dios dentro de él. Una vez que se dió cuenta de la presencia de Dios morando dentro de su propio corazón, el acto ritual del encendido de velas pareció empequeñecerse en comparación. Dejó de hacerlo y, en cambio, mantuvo viva con amor la luz de Dios en su corazón.
Dios era ahora un foco en su vida. En sus momentos más desesperados, clamaba a Dios como reacción automática que surgía desde los profundos recodos de su alma. Estaba aprendiendo a ser un testigo de su propia conducta y reconocía que mientras su cabeza le decía una cosa, su corazón le decía otra. Su cabeza le indicaba intelectualizar a Dios y comenzó a leer muchos libros relativos a Dios. Eligió un material de lectura objetivo: historias verdaderas, obras filosóficas y autobiografías; y mientras más leía, más intelectual se volvía. Mientras más intelectual se ponía, más intelectualmente impedido estaba. Comenzó a perder contacto con sus sentimientos.
Daniel reconocía la necesidad de discriminar entre la acción cuerda y la insensata, y ello requería del entendimiento de la diferencia entre sabiduría y conocimiento libresco. Cualquiera que desee experimentar directamente a Dios deberá desarrollar sabiduría. Para desarrollar sabiduría, uno deberá desarrollar también las cualidades espirituales de paciencia, determinación, pureza de cuerpo y de mente, amor desinteresado y una conciencia y anhelo siempre presentes del Señor. Daniel llevaba una ventaja inicial con ellas y percibía como las experiencias de su vida habían sido instrumentales para el desarrollo de su conciencia y sabiduría espirituales, sin ayuda de ningún conocimiento intelectual. Estaba abriendo su mente hacia espirales en permanente expansión de iluminación.
Aquí viene una pequeña historia que relatara Sathya Sai Baba para ilustrar este punto.
“Hasta cuando están durmiendo o cuando tienen los ojos cerrados, sigue habiendo un inconfundible fulgor brillando en su conciencia. Por lo tanto, pueden concluir que incluso más radiante que los ojos es la sabiduría.
Había dos personas, un hombre ciego y uno lisiado. Se habían hecho amigos e iban juntos, mendigando, de aldea en aldea. El ciego tenía buenas las piernas y el inválido tenía buena vista. Así podían viajar ayudándose mutuamente. Una vez, llegaron a un bello campo junto al camino, sembrado de pepinos. El inválido le dijo al ciego: ‘Hermano, hay unos muy buenos pepinos en este campo, vamos allá y comamos algunos; después podemos descansar y seguir adelante.’ El ciego le dijo: ‘Hermano, ten cuidado. Puede que haya un guardia vigilando el campo.’ El inválido respondió: ‘No, no hay nadie.’ El
ciego continuó: ‘Por favor, dime si hay algún cerco o valla.’ El inválido anunció: ‘No, no hay cerco ni valla. ¡Podemos pasar y comer algo!’ El ciego dijo de inmediato: ‘Hermano, estos pepinos deben ser muy amargos, si no fuera así, ¿por qué no hay un vigilante, ni cerco, ni valla para protegerlos?’
Una persona puede no tener ojos para ver, mas si usa su sabiduría, será superior a la que ve con sus ojos. Por lo tanto, es realmente la sabiduría la que le presta la cualidad luminosa a los ojos. La sabiduría es radiante debido al Dios que mora en el interior: debido a este Dios interno es iluminada la sabiduría. Vemos que la fuente última que lo ilumina todo es el Dios interno. Representa el interruptor principal. Por ello, es este Dios que mora dentro al que deben adorar.”
La mayor parte de su vida, Daniel se había sentido incómodo usando la palabra ‘Dios’. El problema surgía de las creencias, rituales y dogmas de la iglesia. Los sacerdotes enseñaban que los clérigos eran representantes de Dios en la tierra. Con su infantil inocencia, sentía que representaban a la iglesia, ni siquiera a la religión y, muy probablemente, sólo a una interpretación de la verdad, más que a la verdad misma. Daniel, ahora, sólo quería la verdad en su vida y no una interpretación. Además, sentía que para que Dios fuera verdadero, debía ser absoluto; un Dios ‘por horas’ no le resultaba ya aceptable. El viaje hacia Dios tendría que ser completo y debía ser personal.
El bautismo había representado la llave para abrir la mente de Daniel y sabía ahora que en donde haya una mente abierta, Dios entrará con la luz de la verdad y se convertirá en un invitado regular.
La condición de Mercedes empeoraba y surgía la necesidad de concertar otra reunión con los médicos del hospital. Se les llevó con la Dra. Agni que estaba de turno esta vez. La Dra. Agni que formaba parte del equipo asignado a Mercedes, era joven, pero detentaba una posición de alto rango. Por naturaleza era respetuosa para con la gente, aunque algo reservada y formal. Según percepción de Daniel, le daba la impresión de ser médico, porque era su destino, más que por su elección.
La Dra. Agni comenzó diciendo: “Su hija tiene una enfermedad misteriosa... hasta aquí llega la ciencia.” Articuló sucintamente su diagnóstico y su enfoque clínoco fue brutal.
“En términos simples” --dijo con una cruda insensibilidad-- “pensamos que va a morir muy pronto.”
“¿Qué quiere decir?”, dijo Daniel.
“Que va a morir...”
“Y bien... ¿Cómo lo sabe?”, preguntó Daniel.
“¿Qué?” --dijo la Dra. Agni, a quien la pregunta cogió desprevenida-- “Bueno... es que tiene esta enfermedad...”
“¿Qué enfermedad?” , preguntó Daniel.
“No lo sabemos”, replicó la Dra. Agni de manera cortante y algo avergonzada, aparentemente.
“Si no sabe lo que tiene... ¿entonces, cómo sabe que va a morir?”, dijo Daniel con un tono de voz muy franco.
Daniel tenía la capacidad de permanecer calmo en momentos de crisis. La Dra. Agni no estaba acostumbrada a que se le hablara de este modo y, en especial, por un padre al que recién le había dicho que su hija iba a morir.
Daniel había sostenido muchas conversaciones con el personal médico y, a menudo, sentía que los problemas de comunicación que existían eran el resultado de su temor a ser responsables por cualquier cosa relacionada con este caso. Daniel creía que una actitud así les dificultaría ser efectivos con el diagnóstico y el tratamiento. Daniel se mantenía desapegado.
“¿Qué es lo que pasa con usted?”, preguntó la Dra. Agni de manera burlona y cínica.
“¿Qué quiere decir?”, respondió Daniel.
“Bueno... está siendo tan amable... Recién le he dicho que su hija va a morir...”
“Puede que usted lo vea así, pero yo no lo creo. ¿Qué quiere que haga? ¿Cómo quiere que reaccione?” Daniel, simplemente, no vivía con los mismos sistemas de creencias de los médicos del hospital. Ellos creían en sus limitaciones científicas y racionales y sentían apego a los temores que protegían a esas creencias restrictivas. Daniel creía en la ecuanimidad y el desapego. Puede que uno perciba una actitud clínica como desapego, mas el verdadero desapego se expresa como amor incondicional: en tanto que el apego es afín con un análisis lógico e intelectual y tiene la expectativa de un desenlace.
Incidentalmente, la Dra. Agni había sido médico que, en los primeros meses de los problemas de Mercedes, había ido aumentando la dosis de ‘Epilim’, sin consultar a sus colegas. La prescripción de drogas y el aumento de la dosis eran cosas que a Daniel se le habían quedado atravesadas en la garganta. Eran como una llaga abierta que no sanaba. Daniel podía haber tenido la capacidad de perdonar, pero aún se aferraba firmemente a sus recuerdos y no olvidaba. La Dra. Agni representaba algó así como un “talón de Aquiles” para Daniel.
Así también permanecía fresca en la mente de Daniel otra ocasión en que los médicos querían aumentar la dosis de ‘Epilim’ y él quería que la redujeran. El siempre había insistido en que no quería que Mercedes recibiera esa droga, pero los médicos, en ese momento, insitían en que era la mejor droga disponible para ella y que continuarían usándola. Ahora bien, “el sistema” dice, extraoficialmente, que si uno no sigue el consejo de los médicos y no hace lo que sugieren, le marginarán del hospital.
Este es uno de los aspectos que pacientes y padres enfrentan en el sistema hospitalario. El personal profesional no se detuvo a escuchar sinceramente a Daniel o a Cristina, o a considerar seriamente ninguna de sus opiniones. Los doctores, ya sea del hospital o en la práctica privada, le dicen frecuentemente a los padres que conocen mejor a los niños; mas los facultativos son a menudo inconsistentes en cuanto a proseguir con la realidad de sus declaraciones. “Ustedes los ven a diario --reiteran-- nosotros sólo los vemos cuando están enfermos.” En teoría, los facultativos reconocen que los padres pueden percibir los cambios más sutiles en un niño, por estar con él todo el tiempo; pero no siempre quieren aceptar las opiniones de los padres, cuando las expresan. Daniel sentía que había un espacio para la cooperación: un compromiso.
Daniel nunca estuvo de acuerdo con el uso de drogas con Mercedes y había expresado consistentemente su opinión al personal hospitalario. Los modos profesionales de la Dra. Agni no le agradaban, pero ella formaba parte del equipo que estaba atendiendo a su hija y que estaba haciendo lo que creían era en el mejor interés de la pequeña. Al igual que los demás médicos, la Dra. Agni simplemente desempeñaba el papel que le correspondía en la obra en que todos eran actores.
Daniel le dijo a la Dra. Agni que se iba a llevar a casa a Mercedes. Extraoficialmente, esta era una decisión que tanto los médicos como el hospital aceptaron de buen grado. Cuando dieran de alta a Mercedes, también se liberarían de Daniel y de sus opiniones... y de su responsabilidad frente al caso.
Usualmente, el papeleo para dar de alta a un paciente toma bastante tiempo. En el caso de Mercedes fue inmediato. Las palabras de despedida de la Dra. Agni fueron: “No creo que vaya a morir hoy o mañana, pero sí creo que morirá antes de tres meses.”
Daniel pensaba que tales declaraciones por parte de facultativos eran irresponsables y carecían de sabiduría. Podían encontrar una base en la lógica intelectual, mas la ciencia se detiene allí donde empieza la espiritualidad: tal como lo había expresado tan claramente la doctora: “Hasta aquí llega la ciencia.” Los médicos estudian ciencia y muchos creen en su infalibilidad. Existe el riesgo de perder el contacto con los sentimientos de uno cuando la confianza se apoya únicamente en la lógica y la capacidad de razonar.
Existe un área de aprendizaje, de verdad, más allá de la ciencia. Daniel se había cansado de oir decir a los profesionales médicos “hasta aquí llega la ciencia”. Si la ciencia se podía detener en alguna coyuntura... ¿qué es lo que seguía después de ese punto? Creía que a las personas había que darles consejos positivos, como “no se rinda”. Si alguien no llega a morir, ello se deberá a que, a nivel del alma, no es aún el momento de irse.
Daniel y Cristina se llevaron a Mercedes a casa.
Cuando la Dra. Agni estaba dando de alta a Mercedes, mostró su preocupación profesional y, quizás, una compasión personal por las necesidades de la familia González. Les habló de una organización que se especializaba en ayudar a familia con necesidades como las que ellos tenían con su hija. La Dra. Agni les indicó que podían asistirles de varias maneras, además de la rehabilitación física y emocional. Les sugirió que le telefonearan al asistente social de la organización y solicitaran ayuda. Daniel y Cristina se sintieron agradecidos por esta información y, lo que era más importante, por su expresión de compasión.
Pasaron unos días y Daniel y Cristina fijaron una entrevista con una consejera de esta organización. No obstante, el día en que debían concurrir a ella, Mercedes sufrió otro ataque y hubo de ser llevada al hospital. Daniel le telefoneó a la asistente social para cancelar la cita y ella expresó sorpresa ante su muestra de consideración.
La asistente social le dijo a Daniel: “es muy raro que los padres llamen y cancelen sus citas cuando sus hijos son hospitalizados... Es algo que las personas, simplemente, no piensan cuando están en medio de una crisis.”
Daniel había aprendido desde siempre a no perder el control. Conservaba la sangre fría en momentos de crisis. Se mantenía desapegado. Esto era lo que la Dra. Agni no podía comprender. La academia no enseña desapego, éste viene gracias al desarrollo de la devoción por Dios. La academia representa saber intelectual que debe ser aprendido. La sabiduría, en cambio, es verdad, proviene de lo íntimo y no puede ser aprendida en los libros. El desapego es el resultado del desarrollo de la devoción y de la sabiduría.
Mercedes volvió a casa nuevamente, después de tres días y la familia González recibió una serie de visitas de los asistentes sociales. A ellos se les hizo evidente que Daniel y Cristina eran competentes en cuanto a sus rutinas para cuidar a su hija. De hecho, tuvieron la sensación de que su presencia interfería con la eficiencia demostrada por ellos. Desde el punto de vista de Daniel y Cristina, las visitas de los asistentes sociales , aunque bienintencionadas y a menudo de ayuda, se convertían en un evento social y en una excusa para un descanso y para beber refrescos. Ellos, en cambio, estaban centrados en las prioridades y necesidades familiares, y un interludio social carecía de importancia, a su entender, innecesario en estas circunstancias. Se acordó mutuamente descontinuar las visitas, de modo que sus leales amigos continuaron siendo un vigoroso apoyo y una influencia estabilizadora.
Varias semanas después del bautizo de Mercedes, aparecieron en el hogar de los González dos amigos con sendas fotos: una era de la Virgen María y la otra de Sathya Sai Baba. Ellos las aceptaron gustosamente y pusieron la de la Virgen María en la cuna de Mercedes. A los dos les intrigó la foto de Sathya Sai Baba, el que no tenía nungún significado para ellos. Su foto fue dejada de lado en otra parte de la habitación. Cristina se sintió algo incómoda por colocar una foto de un guru indio junto a una imagen de la Virgen María. De todos modos, sabían que había sido entregada con amor y fue recibida con amor.
Una mañana, poco después del regalo de las fotos, la madrina de Nicolás, Rocío, le telefoneó a Cristina. Quería contarle acerca de una prima, Marta Dos Santos, cuya hija, Estela, había sido operada con resultados muy inusuales. Rocío tenía la esperanza de poder conversar más al respecto con ambos. Cristina sintió que los someros detalles que estaba oyendo parecían salirse de los límites de sus creencias religiosas. Le incomodaba discutir el asunto con Rocío o con Daniel, de modo que no se mostró muy entusiasta al transmitirle la sugerencia a éste. Mas, como no se ocultaban nunca nada, Cristina le habló de manera muy objetiva a su marido sobre la conversación. No podía dar muchos detalles de la historia y le
dejó a Daniel la decisión de llamar o no. Cuando Cristina le estaba relatando lo que sabía, Daniel sintió una extraña sensación que su corazón recibió como cálida y hermosa.
Sathya Sai Baba... Sathya Sai Baba... Sathya Sai Baba... repitió mentalmente varias veces y, cada vez que lo pensaba, se iba sintiendo más y más exaltado. Le pareció muy raro tener una reacción así con el nombre de un santón indio.
Daniel le telefoneó a Marta y escuchó atentamente el relato de una historia fascinante. Marta tenía una hija llamada Estela, la cual, por muchos años, había sufrido de recurrentes dolores de cabeza. Estas cefaleas eran tan violentas que, a veces, había tenido que quedarse en cama todo el día. Los médicos, en ese entonces, nunca fueron capaces de encontrar una causa para el problema. Estela se casó y, cuando quería quedar embarazada, los dolores se hicieron más frecuentes e insoportables. Exámenes posteriores determinaron que tenía un tumor cerebral. La situación era tan grave, que Estela requería de una intervención quirúrgica lo antes posible y fue admitida de inmediato en el hospital
Entretanto, una de las amigas de Estela estaba en la India, en el Ashram de Sathya Sai Baba. Silvia no sabía de los problemas de salud de su amiga Estela, ni tampoco que estaba hospitalizada. Estando en el Darshan (*), Sai Baba se acercó a ella y le dió un paquete grande de Vibhuti (**), indicándole que era para su amiga que estaba enferma y, continuó hablándole sobre la manera en que había de ser administrado. Sai Baba le dijo también que su amiga necesitaría de una operación y que El estaba cuidando de ella. Sai Baba siguió caminando a lo largo de las filas de anhelantes devotas, sin que Silvia tuviera la opoertunidad de hacer alguna pregunta. Silvia se sentía un poco perpleja y frustrada.
Sai Baba le había impuesto la tremenda responsabilidad de ayudar a una amiga. No tenía idea cuál amiga estaba enferma, dónde encontrarla o cuán urgente era el problema. ¿Era justa la responsabilidad que Sai Baba le había confiado? Afortunadamente, Silvia tenía fe en que Dios la guiaría hacia la amiga necesitada... en el momento que El dispusiera, y no en el que ella pensara.
Silvia regresó a Australia poco después de este incidente. Se encontraba en una reunión social y vió a Marta, la madre de Estela. “¿Cómo está Estela?”, preguntó Silvia con entusiasmo. “Nada de bien. Está en el hospital, esperando una intervención quirúrgica...”
“Tengo algo para usted”, dijo Silvia muy excitada. En su corazón supo que el Vibhuti era para Estela. Le contó a Marta toda la historia y le comunicó las instrucciónes de Sai Baba respecto a cómo debía Estela tomar el Vibhuti. Marta tomó bien la historia. Silvia era sincera en sus motivaciones y Marta se sintió cómoda dándole a su hija los polvos de este hombre santo.
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(*) Darshan: Una experiencia y visión personal directa del Señor.
(**) Vibhuti: “Lo que materializo es una manifestación de Divinidad con un poderoso significado y, asimismo, una simbolización. Es simbólico de la naturaleza cósmica, inmortal e infinita de todas las formas de Dios, el Atman o el Espíritu: aquello que queda cuando todo lo mundano, transitorio y cambiante se ha calcinado. En primer lugar, es simbólico del ciclo vida-muerte en el que todo es, últimamente, reducido a ceniza. ‘Porque polvo eres y en polvo te convertirás’. La ceniza o el polvo es la condición final de las cosas. Ya no puede sufrir cambio alguno. En el contexto espiritual, constituye una advertencia para el receptor en cuanto a renunciar al deseo, a quemar todas las pasiones, apegos y tentaciones en los fuegos de la adoración que lo vuelven a uno puro en pensamiento, palabra y acción. Con el objeto de grabar esta lección, materializo ceniza para aquellos que llegan hasta Mí con amor y devoción. Como las demás materializaciones, también actúa como un talismán, sanando a los enfermos y dándo protección a quienes la necesitan. Es el símbolo de la Divinidad, algo muy distinto de los trucos de un mago.” ... Sathya Sai Baba
Siguiendo las indicaciones, Marta le dió a tomar a su hija, en la mañana, antes de la operación, un vaso de agua en el que había disuelto algo de Vibhuti. A las 19:00 horas, unas diez horas después, Estela estaba sentada en la cama, conversando con su madre. No le dolía la cabeza. Antes de la operación, su visión había estado parcialmente bloqueada: ahora podía ver perfectamente. La familia de Marta estaba jubilosa ante el milagro que había tenido lugar: el reconocimiento a Sathya Sai Baba se ofreció por medio de agradecidas oraciones.
Después que Daniel y Cristina supieron de este milagro sucedido a Estela un par de años antes, no les llegaron más detalles. En ese momento, la conversación se produjo al pasar, entre otros temas. Marta siempre llamaba “El Baba” a Sathya Sai Baba, debido a su procedencia latina y es probable que por eso, Daniel no había conectado la historia de la que había sabido, con el nombre.
Marta se mostró muy entusiasta respecto a compartir informaciones con Daniel y ofreció prestarle algunos libros y videos. Daniel se sentía cómodo con toda esta idea y en su corazón tenía la sensación que este sería el próximo paso que él y Cristina debían dar por Mercedes.
Daniel le dijo a Marta que estaría encantado de ver algunos videos más adelante, lo más importante ahora, era que querían darle algo de Vibhuti a Mercedes. Marta le decía “polvito”: era una persona muy simple y se sentía más a gusto con su terminología en castellano. Así también, en una de las caras del paquete aparecía la palabra “Paramartha”. Ella entendió literalmente el significado del término en castellano, como que Sathya Sai Baba se lo dedicaba específicamente para su uso personal, de modo que protegía celosamente su preciado tesoro. El término “Paramartha” en sánscrito, significa “la meta suprema más allá de las ganancias” y forma parte de un Mantra que entonan los devotos al compartir el Vibhuti.
Daniel había conocido a Marta por 30 años y estaba ansioso de saber por qué, después de tantos años, ella no había hablado sobre Sai Baba con ellos.
“¡Estaba demasiado avergonzada!”, dijo ella. Marta había establecido firmemente a Sai Baba en su vida, pero estaba aún apegada a su imagen, a lo que otros dirían de ella. Daniel no tenía estas inhibiciones.
Los médicos estaban usando drogas que perjudicaban a Mercedes... ahora, tal vez era el momento para hacer uso de algunas “drogas” no ortodoxas.
Cuando Daniel terminó de hablar con Marta, sintió la necesidad de confirmar sus impresiones con su hermano Marcelo en Nueva Jersey. Daniel y Marcelo siempre habían tenido una estrecha conexión. Cuando uno estaba en problemas, el otro lo sabía. Cuando uno pensaba en el otro, ambos sabían. Daniel sabía que la reacción que mostrara Marcelo le confirmaría lo que debía hacer. Ni siquiera se detuvo a pensar qué hora sería en la costa este de los Estados Unidos. Marcó el número y Marcelo respondió de inmediato.
“Estoy atrasado para irme al trabajo” --comenzó-- “Esperaba tu llamada y me quedé... ¿Qué pasa?”
“Sai Baba”, dijo abruptamente Daniel.
“¡Oh sí! Todo luz y amor. Normalmente, cuando despierto en la mañana, no puedo pensar claramente. Esta mañana fue diferente. Todo lo que podía pensar era en Sathya Sai Baba y supe que lo primero sería que recibiría una llamada relativa a El.”
Daniel tenía ya su confirmación y acortaron el llamado con rápidas despedidas y afectuosos deseos fraternales. Daniel le contó a Cristina que Marcelo había confirmado sus sensaciones: sabía que Sai Baba era aquel que podía ayudarle a Mercedes.
Daniel fue a casa de Marta esa noche y recogió algunos videos, un poster y algunas fotos pequeñas. Al día siguiente, llegó Marta a casa de ellos con algo de Vibhuti para Mercedes. La pequeña
estaba en un estado de coma profundo en esos momentos. Le aplicaron Vibhuti sobre la frente y oraron sinceramente a Sathya Sai Baba y a Dios. Dos días después, Mercedes comenzó a reaccionar y a realizar leves movimientos. Para alguien que se muestre normalmente activo, esto puede que no parezca nada extraordinario, sin embargo, para alguien en coma a quien se ha declarado incurable y a punto de morir, resultaba emocionante. Marta regresó varias veces y repetían el ritual de aplicarle Vibhuti a la pequeña y de orar. Cada vez, la pequeña mostraba algunos signos de cambio.
Cuando Sathya Sai Baba abre la puerta para mostrar Su presencia, la vida de uno ya no podrá nunca más ser la misma. Uno podrá tratar de seguir llevando un tipo “normal” de existencia, pero es igual que nadar contra la corriente. Cuando uno llega a desechar la necesidad de luchar con la conciencia y se deja llevar por la corriente de la verdad, su vida se hace fácil: paz y felicidad son la recompensa.
Sathya Sai Baba dice: “No intenten conocerme con sus ojos físicos. Cuando van a la iglesia y rezan ante una imagen de Dios, cierran los ojos... ¿no es así? ¿Por qué? Porque sienten que únicamente el ojo interno de la sabiduría les revelará a Dios. Nunca les abandonaré. Por lo tanto, por medio de la indagación interior debieran tratar de descubrir y reconocer esta Divinidad interna e invariable que constituye vuestra verdadera realidad. Yo les protegeré y guiaré desde dentro de ustedes y permaneceré siempre con ustedes.”
La misma semana, llamó a Daniel Michael, el marido de Marta. Narró la misma historia acerca de una persona llamada Richard Warman, a quien había conocido dos años antes. Se encontraron, porque Michael era enlosador y tenía un contrato para ejecutar un trabajo para Richard. La casa de Richard tenía fotos de Sathya Sai Baba por todas partes. No había sido intención de Richard el hablar del tema con Michael, mas, cuando estaba por irse, sintió un impulso que lo urgía a prestarle algunos videos. Michael los aceptó de buen grado. Ese fue el comienzo de una nueva vida para Michael y Marta.
Fue ahora, dos años después, septiembre de 1996, que Michael sintió la extraña necesidad de contactar a Richard y no sabía por qué... era sólo uno de esos impulsos internos. Michael pensaba no con el corazón, sino teniendo su negocio ‘in mente’, e imaginó que Richard querría tal vez que le pulieran los pisos. En todo caso, siguió su primer impulso y fue a casa de Richard. No había nadie en casa, pero esperó en su auto por más de una hora. Lamentablemente, Richard trabajó hasta tarde esa noche y no se encontraron. Mas, como Michael dejara una tarjeta de visita bajo la puerta, Richard le telefoneó más tarde esa noche. Michael le contó que muchas cosas maravillosas habían sucedido desde que habían visto los videos de Sathya Sai Baba dos años antes. Por algún tiempo estuvieron disfrutando de recuerdos.
Michael le contó a Richard de sus amigos Daniel y Cristina y de las dificultades que estaban viviendo con su hijita Mercedes. Contó todo tan precisamente como podía y preguntó si era posible llevarle a Daniel para presentárselo. Richard era un verdadero ser humano, considerado, franco y siempre servicial, y se mostró dispuesto a conocer a Daniel. Daniel, por su parte, se sintió impulsado a conocer a este señor y no quiso cuestionar esta compulsión. Sabía que Sathya Sai Baba estaba abriendo nuevas oportunidades para Mercedes y sintió que, de algún modo, Richard estaba involucrado.
Daniel llevó a Nicolás consigo y Michael llegó con Marta. Richard poseía un carisma que atraía de inmediato. Tenía como 55 años y se distinguía por sus cabellos gris-plateado. Había nacido en Inglaterra y sus modales eran refinadamente británicos. Era, simplemente, un amable ser humano que irradiaba calidez y bonhomía y que, de algún modo, parecía estar fuera de lugar con su fornido cuerpo. Había sido jugador de football y, cuando le dió la mano a Daniel, demostró que no había perdido la fuerza de su adolescencia.
Daniel recuerda haber pensado: “¡Qué hombre tan agradable! ¡Realmente agradable!” Se sentó en el suelo con Richard, en tanto que los demás se sentaron en los sillones. Daniel se sentía más cómodo así y, aparentemente, también Richard. Entre ambos se estableció un nexo instantáneo.
Richard y Daniel hablaron y parecía que no hubiera habido nadie más en la habitación fuera de ellos. Hablaban tan francamente que era difícil imaginar que recién se habían conocido. La conversación
no tomó por rumbos sociales... comenzaron a hablar directamente de Sathya Sai Baba y de Dios, de dieta y salud.
Richard se consideraba a sí mismo como un fanático de la salud. No es que fuera fanático, sino más bien le gustaba el humor que encerraba la expresión. Esta descripción provenía de la percepción que otras personas tenían de él. Pensaban que quizás era algo riguroso respecto de su dieta, pero él se atenía a las enseñanzas de Swami en materia de alimentación y su régimen era normal para él.
La conversación oscilaba entre la dieta y Sathya Sai Baba y Richard parecía arreglárselas para combinarlos en Uno. Los dos hombres se entendían tan bien que podían haber seguido hablando por horas y hasta por días. Sin embargo, debían mostrar algo de consideración por los demás y suspendieron momentáneamente su diálogo. Richard le ofreció a Daniel algunos libros sobre Sai Baba y un folleto sobre dieta. “Este folleto es para tu hija” --dijo-- “Puedes quedarte con él. Leelo.”
Puede que nunca se revelen por sí mismas las razones por las que nos encontramos con ciertos individuos y, en realidad, no es importante ni relevante. En el drama de la vida, una vez más, sólo interpretamos nuestros roles de acuerdo al libreto que nos proporciona el Director. Richard sabía que continuaría el contacto, mas por ahora no había nada más que necesitara decir. Se despidió cordialmente de todos y dijo que esperaba ver de nuevo a Daniel y a su familia en algún momento.
Richard era una buena persona. Expresaba una actitud genuina y no trató de hacer creer a Daniel que era un mensajero de Dios que estaba aquí para sanar a su hija. Esto resultaba alentador. Daniel y Cristina habían conocido a muchas personas bienintencionadas, cuya motivación se originaba más en sus egos que en la pureza del amor y la devoción. Los motivos de Richard eran puros. Daniel lo sintió sin sombra de dudas, su apoyo provenía de una fuente superior a él mismo o su ego. Ambos se mantuvieron en contacto telefónico y Richard sabía que sería sólo cuestión de tiempo antes que Daniel y Cristina viajaran a la India para conocer a Sathya Sai Baba mismo.
Daniel leyó acuciosamente el folleto sobre dieta... contenía puntos sobre productos lácteos que él había cuestionado seriamente con respecto a su hija. El librito exponía guías acerca de la dieta y el estilo de vida para un enfoque holístico de la salud, y había sido recopilado por un profesional con motivos fundamentados moralmente. Explicaba sobre alimentos a los que las personas son alérgicas y, en particular, mencionaba los lácteos. Daniel sintió que se le ponía la carne de gallina... Siempre había presentido que Mercedes era alérgica a los productos lácteos y había querido que se le retiraran de la dieta. Cada vez que lo había sugerido, el personal médico había reaccionado muy negativamente y amenazaba con rechazarla del hospital y de su atención, si él tomaba lo que ellos consideraban una medida irresponsable. Daniel se sintió impotente una vez más... Los “expertos” le decían una cosa y sus sentimientos le decían otra.
Daniel y Cristina comenzaron a repasar los copiosos detalles de las notas que habían tomado con respecto a Mercedes. Cada respuesta, cada evacuación de vientre, se encontraban registrados con pormenores precisos. Al examinar así sus notas, comenzó a emerger un sólido patrón.
Cada vez que Mercedes iba al hospital se debía a un ataque o a un “conglomerado” de ataques. Estando en el hospital, usualmente se alimentaba por gotas y rara vez le daban leche. Cuando llegaba a casa se le administraban las drogas y los productos lácteos. Solía presentar más ataques y era llevada de vuelta al hospital para continuar el tratamiento y descansar de los productos lácteos... Daniel y Cristina creyeron haber descubierto una conexión y que, tal vez, parte del continuado problema podía haber tenido una relación con estos productos y no la epilepsia. Todo lo que decía el folleto mostraba ser relevante respecto de los problemas de su hija. Dejaron de inmediato de darle leche y la substituyeron por una fórmula de leche de soja. La pequeña dejó de tener ataques por varias semanas, aunque se mantuvo en lo que ellos creían era un coma inducido por drogas.
Marta siguió llegando con Vibhuti y ellos mantenían con ella la rutina de la oración. Daniel y Cristina veían videos de Sai Baba y leían libros acerca de Sus milagros, Sus actividades humanitarias, Sus enseñanzas y Su extraordinaria capacidad para amar. En su corazón, Daniel sabía que Sathya Sai Baba
no era un ser humano común. Sentía que debía tener conexiones Divinas... mas, con su mente humana podía racionalizar una respuesta satisfactoria. Podía sentir un anhelo por desarrollar una fe en este extraño hombre santo de la India.
Se trataba de un escenario que producía perplejidad. ¿Cómo era posible que un hombre santo en la India pudiera aparecérsele a gentes en todo el mundo, simultáneamente, en sueños, visiones o a través de sus sentimientos, y dirigir sus vidas para ayudar a otros? ¿Poseía este ser humano poderes omnipotentes, omniscientes y omnipresentes... y, si así fuera, era realmente humano? Mientras más interrogantes se planteaba para entender, más crecía en su corazón su amor por Dios. De manera bastante involuntaria le estaba entregando su vida y creencias a un algo ignoto. Si este algo desconocido era Dios, ello quizás explicaría la paz y el amor que empezaban a invadirlo.
La limitada formación cristiana de Daniel le había enseñado acerca de la paz que rebasa todo entendimiento. Hasta ese momento no era más que una teoría intelectual, pero ahora, el sólo oir el nombre Sathya Sai Baba instilaba en él una paz que no podía entender. El nombre mismo bastaba para producir el cambio. Un poder tan abstracto y poderoso como ese, era en verdad algo que él necesitaba cuestionar. Las experiencia había sido siempre la mejor maestra de Daniel y esta experiencia le estaba enseñando una lección de importancia mayor. Quería saber más. Cristina estaba aceptando algo de Sathya Sai Baba, pero tenía problemas para cruzar los límites de su ética cristiana. Para Daniel era más fácil, puesto que el dogma religioso nunca le había aprisionado con sus enseñanzas de temor.
Daniel necesitaba y quería saber más. Después de haber visto algunos videos y leído algunos libros, el apetito de había vuelto insaciable. Tomó el listado telefónico para ver si aparecía Sathya Sai: tal vez habría una organización. Había dos: aparecía un Centro Sathya Sai y otro Centro de Recursos. Daniel llamó al primero y habló con una mujer llamada Trish. Se mostró muy servicial y dijo que había mucho que le gustaría compartir con él, pero que en veinte minutos más partía hacia la India para ver a Sai Baba. Trish le indicó que llamara al Centro de Recursos, ya que ellos le ayudarían con todas sus preguntas.
Daniel no necesitaba ya que lo convencieran de nada. Le dió las gracias a Trish, le deseó lo mejor para su viaje y llamó de inmediato al Centro de Recursos Sai Baba. Este Centro celebraba reuniones regulares para neófitos, visitantes, devotos recientes y para simples curiosos. Estas reuniones servían como medio para entregar información más que como ejercicio devocional específico. Durante esta conversación, se le extendió a Daniel una invitación para visitarlos el jueves siguiente a las 19:30 horas.
Daniel supo que debía asistir a esta reunión mensual, mas se le presentaba un conflicto con su agenda. Mercedes tenía una cita con el médico del hospital, para una revisión general, el mismo día a las 18:30 horas. El lugar de la reunión se encontraba a cuarenta minutos de viaje del hospital, de modo que, en verdad estarían retando al destino con el tiempo. Daniel y Cristina discutieron la logística del llegar tarde al Centro o no ir. Pensando en ésto, Daniel escuchó claramente una voz interior que decía: “¡No! ¡No vas a hacer eso! Vas a ir esa noche...”
Por experiencia, Daniel había aprendido que era un error el ignorar a su voz interior y que siempre le acarreaba problemas. Irían al Centro, aunque llegaran atrasados... y atrasados llegaron.
El Centro estaba en una tienda a nivel de la calle. Se trataba de un edificio de dos pisos con muchas habitaciones disponibles para diferentes funciones. Daniel y Cristina se dirigieron a una habitación donde había gente sentada. Había unos veinticuatro asistentes, todos quietos y atentos a lo que se exponía. Muchas fotos de Sai Baba colgaban de los muros, incluyendo una de tamaño natural en el centro del cuarto.
Cuando entraron, les pareció haber puesto los pies en un templo de paz: habían ingresado a un ‘sanctum’. Se sentía allí la misma calidez y una intimidad como la que habían experimentado en la capilla el día del bautizo de su hija. Daniel reconoció la atmósfera de la Divinidad.
Mercedes se encontraba aún en estado de coma y, naturalmente, siempre estaba quieta. Cuando entraron a la habitación y se sentaron frente a los retratos de Sathya Sai Baba, comenzó a llorar y a gritar. Daniel y Cristina no podían creer lo que estaba sucediendo... también ellos hubieran querido llorar y gritar de alegría. Esta era la primera reacción que habían observado en ella desde que cayera en coma. No sabían qué hacer: por una parte, en sus mentes bullían fuertes emociones y, por otra, se sentían avergonzados. Estaban claramente interrumpiendo las actividades de estas personas. La pequeña no cesaba de llorar y de gritar, y una reacción obvia podría haber sido la de creer que la estaban exponiendo a una influencia negativa. Esto habría significado una reacción supersticiosa y cobarde... mas Daniel se estaba volviendo temerario.
Con este flujo de pensamientos surgió la inspiración de la voz interior de Daniel. Le repetía las seguridades de las palabras de su hermano Marcelo: “Sathya Sai Baba... amor y luz”. Ambos aceptaron que la reacción de Mercedes era positiva y que ésta era la influencia que ella quería. Le estaba gritando a Dios, clamando por la ayuda de Sathya Sai Baba.
Las gentes del Centro eran individuos cálidos y preocupados. No se molestaron con la distracción, pero sugirieron que llevaran a Mercedes a una habitación contigua, en donde podían estar cómodos y podían calmarla en privado. A esta habitación llegaba una escalera desde la planta alta y, de pronto, apareció una mujer que se apoyó en la barandilla. Era baja y delgada, con una voluminosa masa de cabellos castaños, y pareció deslizarse escaleras abajo.
“¡Hola! Mi nombre es Caroline... Vivo arriba con mi marido Mark. ¿Qué tiene su hijita?” preguntó compasivamente.
“¿Cómo sabe que tenemos un niño con nosotros?”, preguntó Daniel a la defensiva. Desde donde estaba Caroline no le era posible ver a Mercedes.
“He escuchado su llanto y me preguntaba si podía ayudar en algo... ¿Qué le pasa?” Caroline parecía muy sincera y algo pensativa.
“Mercedes está en coma. Nunca llora. Esta es la primera reacción que observamos en ella”.
“Esperen aquí”, dijo Caroline. “Regreso enseguida”.
Daniel y Cristina se sintieron extrañamente atraídos hacia esta amable mujer. Una risa o una risita ahogada seguía a cada palabra que pronunciaba y, positivamente, cambiaba la energía en el cuarto. Era burbujeante y efervescente.
Caroline apareció unos minutos después con varios presentes. Entre ellos se incluían algunos paquetes de Vibhuti, una cassette de audio del Mantra de Gayathri y una foto de Sai Baba con un Lingam de oro en Su mano. Se sentó junto a Mercedes y empezó a entonar el Gayathri Mantra y el Om Sai Ram. Daniel se sintió muy conforme con lo que ella estaba haciendo y se unió a su canto para Mercedes. Le aplicaron Vibhuti y la pequeña comenzó a responder. La respuesta misma era asombrosa: Mercedes estaba tratando de sentarse y hacía fuerza sobre las manos de Daniel para que la ayudara. Daniel la sujetó por los deditos y Mercedes, con esa ayuda, se sentó y, luego, desde esa posición... se paró... Era una niñita que había llegado en estado de coma... Las emociones y el amor de Daniel lo dominaron, y lloró, lloró, lloró.
“¿Qué pasa?” preguntó Caroline con sincero interés.
“Mercedes está en coma profundo y esta reacción es técnicamente imposible”, respondió Daniel sin dejar de llorar.
Caroline mostró asombro y compasión. Temporalmente al menos, no encontró palabras.
Comenzó a hablar de Sathya Sai Baba. Hablaba rápidamente y con entusiasmo. Parecía que era mucha la información que entregar y muy poco el tiempo para hacerlo. Daba la impresión de tener una relación personal con Sathya Sai Baba, pero que se sentía feliz de poderlo compartir con todos.
Daniel levantó la vista hacia la foto de Sai Baba que estaba en la pared sobre Mercedes y sus ojos se encontraron con los Suyos. Daniel supo que El era Aquel que estaba actuando en Mercedes. El era el Hombre de los Milagros. Incluso, puede que sea Dios, pensó Daniel. Quienquiera que fuera, Daniel quería saber más, porque, después de este incidente, El se merecía su fe y su confianza.
Después de terminada la reunión, todos hablaban de esta asombrosa recuperación. Nadie se había dado cuenta, en el momento, que la hermosa pequeña que yacía en su coche, estaba en coma. El oirla gritar y llorar frente a una foto de Sai Baba y luego sentarse y pararse, representaba, ciertamente, un milagro que ni la ciencia ni los médicos podrían explicar.
Mercedes siguió mostrando un patrón de recuperación y Daniel y Cristina continuaron dándole Vibhuti y tocándole el Gayathri Mantra.
Esto sucedía con la familia González y parecía que los días sumaban semanas con mayor rapidez que lo habitual. Se estaba produciendo una aceleración en sus vidas y todo lo que existía en ellas. Sus vidas habían encontrado ahora un foco que no estaba puesto en los médicos y el hospital. Este foco era Sathya Sai Baba. Hablaban de El, leían libros sobre El y comenzaron a frecuentar el Centro Sathya Sai.
Este nuevo foco cambió para mejor sus vidas.
“Dios no desciende como Avatar para aliviar de sus problemas y sus pesares a los individuos. Los problemas y las dificultades aparecen en el curso natural de las cosas, como consecuencia de acciones pretéritas. Lo Divino viene como Avatar únicamente para enseñarle al género humano la verdad acerca del amor.... Son el amor y el sacrificio los que hacen Divino al hombre”, dice Sathya Sai Baba.
CAPITULO DIEZ
“El tipo de sensación que tiene un elefante cuando se le posa un mos -
quito en el lomo, representa exactamente lo que significan para Mí los milagros.
Estos milagros ocupan un sitio insignificante en Mi totalidad. A veces siento
ganas de reirme de la ignorancia de las gentes cuando le atribuye importancia
a Mis milagros. Es absurdo que las gentes piensen que soy un hombre de mi-
lagros y nada más. Las personas hablan sólo de estas pequeñeces y se olvi -
dan del aspecto mucho mayor en Mí.”
... Sathya Sai Baba
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Las conversaciones de Daniel y Cristina progresaban con la aceleración de sus vidas. El foco de Sathya Sai Baba en sus vidas estaba produciendo cambios hasta en su propio hogar. Estaban experimentando sus propios milagros del hombre santo de la bata naranja, Sai Baba, que se encontraba a 12.000 kilómetros de distancia.
Mercedes estaba en casa y seguía en coma. Resultaba fácil sentirse satisfecho con el sentido de responsabilidad y la confiabilidad de Cristina. Nunca se quejaba o levantaba la voz, y era un firme y humilde apoyo para la familia.
Cristina se enfermaba raramente o, si se sentía mal, no se lo decía a nadie. Un día, Cristina no estaba bien, sentía un dolor en un costado. Esto era muy inusual. Tal vez lo más inusual fue el hecho de que admitió su malestar. Daniel supo de inmediato que algo debía andar muy mal e insistió que se quedara en cama y descansara por un tiempo. También insistió en que viera a un médico, pero no pudieron conseguir una cita hasta más tarde ese mismo día. Cristina quería que Daniel dejara de preocuparse por ella e insistía que estaba bien... que en realidad no necesitaba ver al médico. Daniel se mantuvo inflexible: debía ir. El se quedó con Nicolás y Mercedes, mientras ella iba a la consulta médica a las 17:00 horas.
Daniel no estaba preparado para oir el diagnóstico del doctor sobre el que Cristina le informó, obligadamente. El médico indicó que era imperativo que se hospitalizara de inmediato: era esencial que se la interviniera esa misma tarde. La personalidad normalmente calma y reflexiva de Daniel se sintió maltratada y magullada. Cristina siempre había tenido buena salud... y ahora debía ser operada. Sumado a todo lo demás, esto era inquietante.
Al mismo tiempo y como si fuera una reacción a la noticia, Mercedes sufrió un ataque y comenzó a mostrar signos de problemas. Daniel supo que debía llevarla al hospital. Este era un momento para discriminación y cordura. El derrumbe de las rutinas que ya eran una parte de sus vidas, se aceleraba más de lo que Daniel podía abarcar. Iba a salir adelante de todos modos... siempre se las arreglaba.
Daniel le telefoneó a algunos amigos que seguían fielmente formando parte del confiable equipo de colaboradores. Para ellos nada era nunca un problema y actuaban rápidamente cada vez que la familia
González requería de ayuda. Representaban un grupo de apoyo práctico, físico y emocional que ayudaba a mantener a flote a la familia. Daniel llevó a Mercedes al hospital habitual, en tanto que un amigo llevó a Cristina a otro. Un segundo amigo pasó a buscar a Nicolás para llevarlo a su hogar. No hubo problemas y todo funcionó como un mecanismo de relojería.
Cristina fue operada esa noche y los médicos informaron que había sido una intervención difícil: tenía un caso avanzado de inflamación que había pasado a peritonitis.
“Fue una suerte que viniera anoche” -- le dijo el médico al día siguiente-- “Si se hubiera quedado en casa y no hubiera venido al hospital, habría muerto... ¡Así de seria era su condición!”
Cristina se mostró sorprendida ante la seriedad de la situación, pero también feliz y aliviada de que todo hubiera terminado sin un real drama. Dios los había protegido una vez más a ella y a la familia.
Entretanto, Mercedes estaba enfrentando su propio conjunto de traumas.
Daniel corría entre ambos hospitales para ver a las dos mujeres favoritas en su vida. No alcanzaba a llegar a la casa de su amigo para visitar a Nicolás y estaba muy inquieto por él. El amor de Daniel por su familia estaba lleno de devoción. También era un amor con apegos y sufría emocionalmente por no alcanzar a ver a Nicolás. Con su extremado sentido de la responsabilidad, quería estar con todos a la vez, lo que, ahora por supuesto, no era posible.
Daniel, virtualmente, no durmió por cuatro días... sencillamante, no tenía tiempo. Sin embargo, Daniel y Cristina se habían acostumbrado a vivir sin dormir. Las rutinas con Mercedes no permitían llevar un régimen normal y se habían habituado a dormitar durante el día, cada vez que les era posible.
Hacia el cuarto día comenzaron a aparecer quiebres en la concentración de Daniel. Después de visitar a Cristina en el hospital, estaba sacando su vieja station-wagon Volvo del estacionamiento... frente a él apareció, de la nada, un Hyundai último modelo. La voz interior de Daniel gritó fuerte: “¡Pisa el freno!” Esta vez, la voz fue clara y audible y su respuesta automática fue frenar instantáneamente. El coche se detuvo y Daniel se salvó de lo que podría haber sido una colisión seria... En cambio, no hubo más que rasguños superficiales en una rueda del Hyundai.
La conductora, una enfermera del hospital, recién salía de su turno... Su apariencia daba la impresión de estar cansada y tensa. Se puso histérica y le exigió a Daniel los datos del seguro.
“No tengo seguro”, dijo Daniel, también conmocionado por la experiencia.
“¡Usted ha destruído mi vida!” le gritó ella.
“Señora, ¿quiere saber algo de mi vida?” le respondió Daniel, frustrado por su reacción.
La enfermera se desconcertó algo ante la enfática respuesta de Daniel y se calmó un poco. Su coche no tenía daños, sólo estaba dañado su apego por las cosas materiales. Daniel le señaló varias veces que el coche no había sufrido daños. No obstante, la mujer seguía despotricando y rabiando sobre algún posible daño interior que no podían ver. Daniel sintió lástima por ella. Podía ver que todo estaba bajo control y que el auto no tenía nada, por fuera o por dentro. Le dijo que, si fuera el caso, le telefoneara y que, de alguna manera, encontraría el dinero para las reparaciones.
Daniel volvió a subir a su coche y le dijo a Dios: “Mi familia está en el hospital, muriendo. Te lo entrego todo a Tí...” Esta fue la primera vez que Daniel había empleado la palabra “entrega” y la sentía desde el corazón. A él le gustaba tomar el control, resultaba sorprendente el que cediera tan fácil y espontáneamente las riendas. Era testigo de sus propias actitudes y, por un tiempo, reflexionó acerca de la nueva pauta que se había abierto camino para entretejerse en su vida. Daniel nunca volvió a saber algo de la mujer y Cristina y Mercedes se recuperaron con rapidez. Dios se hizo cargo de todo allí donde Daniel sólo podía responder prácticamente.
En los doce meses anteriores a ésto, había sido necesario admitir 23 veces a Mercedes en el hospital. Esta era la rutina familiar, la que difería considerablemente de la de las familias de sus amigos. Estos experimentaban una normalidad que Daniel y Cristina habían olvidado hacía mucho y que, en algunos casos, nunca conocieran. Se trataba de un estilo de vida disociador para todos, incluyendo a los amigos que los sostenían desinteresada e incondicionalmente.
En su fuero interno, Daniel sabía que nada sucede por accidente y que nada sucede sin la voluntad de Dios. Dios constituía una fuerza omnipresente en su vida y siempre lo había sido. El reconocer ésto le devolvió algo de “normalidad” a su vida. El saber que no era el “hacedor”, le permitía rendir todo ante Dios y relajarse, sencillamente, en Su voluntad y Su amor.
Sathya Sai Baba le contó a Sus devotos una historia que ilustra la necesidad de entregarle todo a Dios, si uno quiere conocer la alegría y la paz perfectas.
“Una vez que se hayan entregado a Dios, ofrezcan todo a los Pies de Loto. Una vez que hayan entregado todo lo que haya que hacer, cuando haya de ser hecho y como haya de ser hecho, entonces El se encargará por completo de todo. Para lograr este nivel de rendición no deberá quedar ni una traza de ego, no deberá quedar ningún sentido de uno mismo. Lakshmana, en el Ramayana, ha demostrado ésto de manera particularmente clara. Tomemos la historia desde el momento en que Rama, Sita y Lakshmana alcanzaron el área montañosa de Chitrakuta.
Y bien, el Señor siempre estará siguiendo algún Leela, alguna jugarreta: El es el actor perfecto. El nunca siente pesar o dolor alguno, aunque algunas veces actuará como si los sintiera. Cada vez que Dios desciende en forma humana, actúa de esta manera para comportarse de modo completamente natural como hombre. El asume la forma humana para poderle ser fácilmente accesible a las gentes.
Ese día en particular, Rama actuó como si hubiera estado muy cansado. Se secaba el sudor de la frente, mientras le decía a Lakshmana: ‘Lakshmana, estoy muy cansado... no creo que pueda ir más allá. Por favor, arma una choza por aquí para que podamos descansar un poco.’ Lakshmana le preguntó: ‘Hermano, ¿dónde la levanto?’ Rama dice: ‘Puedes decidir por tí mismo cual sería el lugar más apropiado y luego, levantarla’. Lakshmana responde: ‘¡Rama, Rama! ¿Qué he hecho? ¿Dónde está mi error? ¿Qué pecados he cometido para oir estas palabras? ¡Por favor, dime por qué me has hablado así!’
Cierto, Rama conocía la mente de Lakshmana y, así, también por qué decía eso. No obstante, con el objeto de ayudarle a Sita a entender el grado de la entrega de Lakshmana, dijo: ‘Lakshmana, dime, por favor, qué te molesta. ¿Qué he dicho que te haya hecho sentir tanto dolor?’ Lakshmana replicó: ‘He renunciado a todo. He renunciado a mujer, madre, padre, reino, todo. Te he seguido, sintiendo que Tu eres el padre, que Sita es la madre y que, en dondequiera que Tu Te encuentres, está nuestra hermosa capital de Ayodhya. He venido tan sólo a implementar Tu voluntad. He renunciado a mi propia voluntad individual y ahora me pides levantar una choza y elegir el lugar donde construirla. Tus órdenes son mi único pensamiento... no tengo otros pensamientos que esos. Todo lo que sea Tu voluntad, yo lo haré. Mi único deber es obedecerte. Mi única meta, en verdad todo lo que soy, eres Tu, Tu mismo.’
Sita se dió cuenta de la profundidad de la devoción y la entrega de Lakshmana y le pidió a Rama que aliviara su angustia, indicando El mismo el lugar para levantar el refugio.
La lección básica de esta historia es que el hombre no debiera albergar deseos de ningún tipo. Todo le pertenece a Dios, sólo a El. La entrega o rendición significa seguir implícitamente los mandatos que Dios le de a uno. Esto es lo que se significa con la declaración: ‘ven y siéntate en Mi tren y Yo cuidaré de tí. Libérate de tu sentido de ego y de tus deseos. No cargues sobre la cabeza tu equipaje, para sufrir.’ En este contexto, el Señor enseñó que la entrega representa la etapa más alta y más importante de la devoción.
Una vez que se hayan entregado totalmente al Señor, ganarán Su Gracia. Dondequiera que estén, ya sea una ciudad, una aldea, una floresta o en el cielo, Yo seré vuestro refugio. ¡Vengan y
entréguense a Mí! Ese es el mandamiento del Señor y también Su promesa. Una vez que son Suyos, El les cobijará y protegerá de todo daño. Hagan todos los esfuerzos para descubrir la forma correcta de entregarse y, así santificar sus vidas y alcanzar la meta.”
El escenario del mundo está lleno de personajes y el Señor que es el Director, le ha asignado a cada uno un rol separado. Debemos aprender a desempeñar nuestro papel a la perfección y eso puede hacerse solamente si le obedecemos al Director en cada una y todas las instrucciones que da.
Debemos aprender a dedicarle todos nuestros pensamientos y aspiraciones a Dios y entregarnos a la Voluntad de lo Divino. Esta entrega puede parecer difícil, pero no es así. Es como guardar dinero en un banco, de donde podemos retirar cantidades cada vez que lo requiramos. De manera similar, cuando le hemos confiado todos nuestros asuntos a Dios, podemos girar de El todo lo que necesitemos. ¿Qué es lo que se interpone en el camino de esta entrega? Es nuestro ego y nuestra posesividad. No tenemos la suficiente confianza en el Señor. Nos aferramos desesperadamente a nuestras posesiones, diciendo “mi casa, mi dinero etc.” Nos olvidamos que cuando nos rendimos ante lo Divino adquirimos Su gracia. La riqueza es transitoria y en uno u otro momento se irá. Mas una vez que hayamos ganado la Gracia de Dios, nos podemos sentir seguros y satisfechos.
Daniel estaba encontrando su seguridad y paz mental en la entrega. En un sentido, siempre había existido una medida de resignación y de desapego en su vida... pero la verdadera felicidad reside en la entrega total.
Dios no solamente proveía para ellos de manera práctica, sino que vigilando sus rutinas domésticas. Toda la familia comenzaba a sentir la presencia de Sai Baba.
Las experiencias de Daniel cuando niño con su hermano Luis, le habían llevado a estar agudamente consciente de la seguridad en la casa. Daniel y Cristina cuidaban hasta de los más mínimos detalles para proteger a sus hijos de cualquier daño. En la cocina tenían una cajita con lápices y tijeras que Nicolás podía usar, pero que no podía alcanzar sin su ayuda. Nicolás tendría que subirse a una silla para poder llegar a ella o pedirle a sus padres que se la pasaran.
Una tarde, Daniel estaba cocinando y Nicolás le pidió las tijeras. Daniel no podía dejar de lado lo que estaba haciendo y le pidió a Nicolás que esperara unos minutos y, entonces, le ayudaría. Daniel estaba revolviendo algo líquido sobre la estufa y debía prestarle toda su atención. Nicolás era un chico bueno y obediente a los deseos de su padre... no le importaba esperar.
Daniel sabía que Nicolás escuchaba a sus padres y respetaba sus deseos. De modo que le sorprendió cuando, con el rabillo del ojo, lo vió alcanzando las tijeras. Todavía no lo podía mirar directamente y supuso que había empujado una silla para tomarlas por sí mismo. No tenía sentido enojarse con él, ya que podía caerse y lastimarse... hablaría con él unos minutos después.
Cuando Daniel pudo dejar la estufa, preguntó a su hijo acerca de su desobediencia.
“¿Qué pensabas, Nicolás?”, lo reprendió Daniel. “Te dije que te pasaría las tijeras. Sólo quería que esperaras unos minutos hasta que terminara con lo que estaba haciendo. ¿Cómo alcanzaste las tijeras? No te oí arrastrar una silla...”
Nicolás no estaba en absoluto perturbado. “Swami me ayudó”.
“¡¿Quién?!”, preguntó Daniel.
“¡Swami! El puso sus manos bajo mis asentaderas y me levantó para que pudiera alcanzar las tijeras...”
Daniel se quedó estupefacto... No había visto a Sai Baba, pero era claro que Nicolás sí. Con el rabillo del ojo, Daniel sólo había visto a Nicolás en el aire, pero su mente lógica había querido explicar con
una respuesta lógica lo que estaba viendo. Nicolás era muy objetivo acerca de lo sucedido y no encontraba nada inusual en el incidente. Estaba contento de seguir con sus actividades y dejó a su padre rascándose la cabeza...
Daniel y Cristina no habían hablado con Nicolás de Sathya Sai Baba, porque esperaban establecerlo primero en sus corazones y, entonces, dejar que su hijo decidiera por sí mismo. Aún no sabían qué rol desempeñaría Swami en sus propias vidas... ¡cómo podían esperar que Nicolás entendiera quién era! Tal vez, Nicolás estaba más cerca de la aceptación que ellos mismos. El chico había visto algunas partes de los videos, en general escenas de Darshan. No había visto milagros de Swami ni sabía de Su ayuda en asuntos simples, por lo que no estaba familiarizado con ellos.
Este fue un milagro importante en casa de los González. Fue importante, tanto para Nicolás, quien, sencillamente, aceptó la experiencia como algo natural , como para sus padres que fueron testigos de la inocencia y sabiduría de un niño tan chico.
Daniel sintió el impulso de involucrarse más con personas cercanas tanto en cuanto a conciencia como a entendimiento de Sathya Sai Baba. Comenzó por ofrecerse como voluntario para el servicio en el Centrode Recursos Sathya Sai todos los lunes en la mañana. Fue una experiencia significativa para él. Estaba ahora entre personas cuyo punto central era Dios y que albergaban un deseo genuino de mejorar sus vidas a través del actuar con rectitud. Esto no sugiere que uno pueda encontrar devotos de Dios solamente en la Organización Sai, sino que, simplemente, Daniel había encontrado a un grupo de personas que llevaban sus vidas de manera distinta de lo que lo hacían sus asociaciones del pasado. Desde su óptica, las actitudes de estas personas tenían la particularidad de ser genuinas. Su punto focal no era un capricho o una fantasía: habían llegado a un momento en sus vidas en donde deseaban verdad y la interpretación ya no les resultaba satisfactoria. Daniel se dió cuenta que en ésto radicaba la diferencia que reconocía y disfrutaba.
Daniel percibía que el interés que las gentes mostraban por la religión y las teologías “New Age” (Nueva Era), no era más que algo transitorio y temporal. Abrazaban lo que, a su juicio, eran sistemas interpretativos de creencia y, por ende, siempre sentían la necesidad de seguir avanzando hacia otra cosa. Se trataba de una búsqueda intelectualmente nómade de la verdad.
Percibió, en cambio, que las personas que estaban en los Centros Sai Baba estaban más contentas: habían encontrado la verdad y no una interpretación de ella. Evolucionaban a partir de esa verdad, sin la necesidad de revolotear de una a otra interpretación, como las abejas que requieren volar de una a otra flor en busca del néctar. Sathya Sai Baba representaba, obviamente, el néctar de la Organización Sai: un devoto Suyo es como la abeja que se cierne sobre la flor, se posa en ella y bebe el néctar. Mientras absorbe la dulce y embriagadora miel, se mantiene en silencio constante, concentrada, sin pensar en nada más. Los seguidores de la verdad se comportan de esta manera cuando se encuentran en la presencia de Dios. Los devotos de Sathya Sai Baba aún tenían sus egos y cometían errores, pero se mantenían constantemente enfocados en Dios, en la verdad. La medida de su desapego era mayor de lo que Daniel había podido observar en otros grupos, instituciones u organizaciones.
Sai Baba enseñaba una verdad consistente. Su vida era un ejemplo de verdad. El alimento que le daba a Sus devotos era amor incondicional. Nunca se producía desviación alguna en cuanto a ningún aspecto de Sus palabras o acciones. Estas eran las cosas que atraían a los dedicados buscadores de la verdad: una infinita consistencia. Daniel descubrió una armonía con estas personas como no la había encontrado nunca antes en su vida. Le encantaba estar entre ellas, aprendiendo acerca de Sai Baba y sirviendo en el Centro.
Una mañana, había una mujer curioseando en la tienda. “¿Necesita alguna ayuda?”, le preguntó Daniel.
“No... vine a verte.”
“Bueno... aquí estoy...”, dijo Daniel en tono algo jocoso.
“¡No!... En serio. Había querido venir el viernes y no pude. Hoy es el único día en que he podido llegar hasta acá.”
“Que curioso, el lunes por la mañana es el único día que trabajo aquí.” Esta persona le agradó de inmediato a Daniel.
Se presentaron formalmente, aunque no había mucha necesidad de llegar a conocerse: era como si ya se conocieran. Geraldine dijo más tarde que desde el primer encuentro con Daniel, lo sintió como un hermano y que a ambos les había resultado fácil descubrir esta afinidad.
Fue una mañana tranquila en el Centro de Recursos y ello les dió mucho tiempo para conversar. Geraldine parecía ser una persona interesante que llevaba un estilo de vida poco ortodoxo: arrendaba un piso que estaba “desamoblado con gusto” y conducía un BMW. No se decía devota de Sai, sino que seguía más bien las enseñanzas de Sri Aurobindo. Agregó que “se conectaba” con Sai Baba y reconocía que era un gran maestro.
Cuando Geraldine hablaba de Sathya Sai Baba, hacía un distingo entre Dios y Swami: no los trataba como a Uno. Siguiendo este breve encuentro, Daniel quedó impresionado por el enfoque espiritual de Geraldine y por su naturaleza amable.
Geraldine le pidió su número de teléfono e indicó que lo llamaría más adelante. Daniel se lo dió y se despidieron. El se quedó reflexionando acerca de todo lo que ella había dicho y sentía que la conversación le había significado una influencia constructiva. Esperaba poder pasar más tiempo con ella... Pero habrían de pasar todavía algunas semanas antes de que se volvieran a encontrar.
Daniel y Cristina estaban comenzando a sentir la urgencia de ir a la India e incluso discutieron la idea. Era algo fantasioso, porque no tenían dinero y sí una cantidad de deudas. Ello no era una buena combinación para planear un viaje al extranjero. Sin embargo, lo interesante era que les proporcionaba mucho placer y exaltación el simplemente hablar de Sathya Sai Baba y hacerse la ilusión de viajar a la India. Mientras más hablaban de El, más felices se sentían.
Durante una conversación con Michael Dos Santos, volvió a surgir el tópico de la India y Michael dijo: “¿Por qué no vamos todos juntos a ver a Sai Baba?”
“Michael, Mercedes ha estado en el hospital por los últimos seis meses y no tenemos dinero, sólo un montón de deudas”, dijo Daniel con un dejo de enojo y desilusión.
“Está bien, puedo darles mis tarjetas de crédito y pueden comprar los pasajes con ellas” --le respondió Michael con énfasis-- “El dinero me lo devuelven cuando puedan.”
“¿Podrá ser realmente posible esta clase de generosidad?”, pensó Daniel. “¿Hablaba Michael realmente en serio?.... Mas, desde un punto de vista práctico, la idea parecía irrisoria.”
No obstante, Daniel y Cristina discutieron entre ellos la idea, y Michael les aseguró, que, por otra parte, nadie podía ir a ver a Sai Baba si El no lo llamaba. No es que El tome el teléfono y haga una llamada de larga distancia (aunque se ha sabido que sí lo ha hecho...): escribe una invitación en el corazón de uno. Daniel y Cristina habían escuchado, en verdad, el llamado para ir, mas estaban limitando su propio potencial al limitar su creencia en una fuente ilimitada de energía Divina. ... Decidieron ir a la India. Si Sai Baba les estaba llamando y si verdaderamente debían ir, todo se acomodaría para ellos. Si encontraban obstáculos, cancelarían los planes.
Sai Baba dice: “Muchos de ustedes llegan a Mí con problemas que necesitan de ayuda y preocupaciones mentales de uno u otro tipo. Estos no son más que meros señuelos gracias a los cuales han sido atraídos hasta aquí, aunque el propósito principal es que puedan tener la Gracia y puedan fortalecer su fe en lo Divino. Los problemas y las preocupaciones deben, en verdad, ser agradecidos, puesto que les enseñan la lección de humildad y reverencia.”
Habían tomado la decisión de hacer una peregrinación hasta Sai Baba: ahora tenían que decidir quién iba. Ambos siempre habían hecho todo como familia, pero quizás ahora la familia debía ser práctica. Sacaron la cuenta sobre lo que iban a necesitar: A$ 2.000.- para un adulto y un niño.
Cristina dijo: “Tu vas con Mercedes y yo me quedo aquí con Nicolás.” No se sentía aún segura respecto de Sai Baba. Sabía que era un individuo especial, muy importante, un hombre santo capaz de realizar milagros, pero se centraba aún en la forma.
Sathya Sai Baba dice: “Todo el Cosmos está constituído por dos componentes: uno es el nombre y el otro, la forma. Nada puede ser percibido sin un nombre o una forma. Desde la forma han de progresar hacia lo sin forma.
Hacia dondequiera que miren, lo sin atributos ha asumido atributos. Dios está presente en todas partes, mas sin la ayuda de nombre y forma ustedes no pueden comprender lo sin forma y sin atributos. Dios está en todas partes, mas antes que puedan llegar a esa realización, deben desarrollar su amor y su devoción por el Señor con forma. Por eso, en un comienzo, entran a la senda de la devoción en rangos inferiores y adoran al Señor con nombre y forma. Entonces, con constancia, paso a paso, ascienden a una etapa superior. Retiran su mente del mundo exterior y adoran a lo sin forma, hasta que realizan, finalmente, su propia realidad. Eso es autorrealización.
Dios no puede ser percibido por los que son espiritualmente ciegos, del mismo modo en que un ciego no podría entender qué se quiere decir con la blancura de la leche. Dios es dicha infinita. Carece de forma, pero puede asumir a voluntad, cualquier forma. ¿Cómo puede alguien intentar describir la naturaleza de Dios? Contemplen lo Divino con un corazón puro: no hay mayor ejercicio espiritual. Pero mientras los hombres estén apegados a objetos mundanos no podrán hacer progresos en el campo espiritual.”
Daniel aún no estaba seguro de quién era o qué representaba Sathya Sai Baba. Sabía que era importante, se le describía como Avatar y, probablemente, Divino, mas, como el concepto era demasiado nuevo para él, también contenía muchas interrogantes. Daniel actuaba ahora con completa fe en Dios. ¿Y qué si Sathya Sai Baba resultaba ser Dios Mismo en forma humana? ¿Qué si era el Mesías que todas las religiones habían predicho que vendría de nuevo? ¿Qué si todo eso era verdad y él no hacía el viaje con Mercedes? Daniel tenía ahora toda una nueva serie de “y qué si” que contemplar.
En su corazón, Daniel sabía que tenía que ir y sabía que Dios proveería los medios. Su determinación por ver a Mercedes sana, constituía también el catalizador para desarrollar su fe en Dios.
Daniel y Cristina comenzaron a buscar formas para reunir dinero para el pago de sus deudas y poder viajar a la India. En un momento, incluso participaron en un concurso de un programa de televisión. El intento no dió resultados, pero disfrutaron la diversión al tomar parte en él.
No vivían en un vecindario muy bueno. La casa contigua había estado desocupada por seis meses, cosa que invitaba a la clase de gente equivocada al área. Drogadictos, ebrios, vagos, todos rondaban por ahí y la policía frecuentaba la zona en busca de uno u otro tipo de antisocial. Daniel pensaba que si la casa volviera a ser habitada, podrían viajar a la India. En cambio, si se fueran mientras siguiera vacía, incluso la de ellos podría llegar a ser ocupada ilegalmente, despojada y “convertida en basura”. Le rezaron a Sathya Sai Baba y a Dios. Le decían que si El quería que fueran a la India, alguien arrendaría la casa vecina y alguien les proporcionaría el dinero para que pudieran hacer realidad el viaje. Se rieron de la oración que acababan de pronunciar, y se desligaron de toda expectativa, pensamientos y deseos respecto del viaje.
Sorprendentemente, a los pocos días, la casa se había arrendado... todos estaban asombrados. Pero habían aún más sorpresas guardadas para Daniel y Cristina.
Richard Warman había oído decir que Daniel y Cristina planeaban ir a la India en octubre y les telefoneó preguntando si podía pasar a visitarles. Cualquier momento era bueno para ver a Richard y le dieron una cálida bienvenida.
Era viernes en la tarde y Richard conversó con Daniel, mientras éste pintaba unos azulejos. Le preguntó si era cierto que la familia pensaba ir a la India. Daniel le explicó que Michael Dos Santos les iba a prestar dinero como para que él pudiera llevar a Mercedes. Cristina se quedaría en Australia cuidando de Nicolás. No habían podido reunir los fondos suficientes como para viajar en familia.
“¡No! ... Deben ir como familia...” insistió Richard. “Yo les ayudaré con el dinero para Cristina y Nicolás.”
Daniel se sintió avergonzado. A su orgullo no le gustaba recibir o pedir dinero prestado de nadie, en ningún momento. Empezó a plantear razones acerca de por qué no podía recibir más dinero en préstamo. Estaba ya demasiado endeudado y, aunque se trataba de una oferta muy amable, se veía obligado a declinarla.
“¡No!... Escucha.... Este es dinero de Swami...”
“Si... claro...” dijo Daniel escépticamente.
“Simplemente, toma el dinero... me llegó de manera muy extraña. Te llevaré de inmediato donde el agente de viajes y haremos las reservas.” Richard fue perentorio.
Daniel sabía que Cristina se iba a poner furiosa si llegaba a ceptar otro préstamo. Pero estaba equivocado.
“Acepta el dinero, Daniel. Llevaremos todos juntos a Mercedes a la India... como una familia.” Cristina estaba tan sorprendida como Daniel al escuchar las palabras que salían de su boca... no había tenido un pensamiento siquiera antes de pronunciarlas. ¿Era éste uno más de los pequeños milagros de Dios?
Daniel dijo: “No puedo permitirme el tomar el dinero, porque no puedo darme el lujo de tener más deudas. No podemos permitirnos pensar siquiera en ir a alguna parte.” Los papeles de Daniel y Cristina parecían haberse intercambiado.
“No entienden..., terció Richard. “Este es un préstamo incondicional. Es un regalo de Swami. Si alguna vez lo pueden devolver, está bien... si no, también será aceptable. No está atado a condiciones.”
Daniel miró a Cristina que era toda sonrisas. ¿Qué le había pasado? Ella siempre había sido práctica y manejaba los asuntos financieros de la familia con mano de hierro. Ahora se había salido de su personaje... Daniel sabía que sentía lo mismo que él. Ambos sabían que tenían que ir por el bien de Mercedes. ¿Sabían que el viaje también era para ellos?
Richard llevó a Daniel a la agencia de viajes y pagó por los pasajes y el seguro de vuelo. Esta maravillosa persona había desembolsado mucho dinero... y estaba extática. Daniel y Cristina eran los que recibían el regalo... ellos eran los que debían estar extáticos (... y lo estaban). ¿Era este regalo para Daniel y Cristina, en sí mismo uno para Richard? Richard pasó aún algunos días riéndose para sí mismo con la experiencia. Se sentía terriblemente feliz...
Había muchas preguntas para las que Daniel y Cristina necesitaban respuestas, pero por el momento, simplemente querían gozar de todo lo que Dios quería darles. Habiendo cubierto las cuestiones más importantes, Daniel se lanzó a cubrir las incidentales. Sin embargo, estaba aprendiendo a confiar en que Dios era el hacedor y, por ende, que también proveería para cubrir lo incidental.
El pasaporte de Cristina requería ser renovado y no tenían ropa apropiada que vestir. De los videos que habían visto, parecía que todos vestían saris y tenidas indias... otra cosa adjetiva más.
En esos momentos, telefoneó Caroline y les dijo que tenía alguna ropa que podía usar Cristina, y Richard le ofreció sus trajes indios a Daniel. Los problemas se fueron solucionando muy rápidamente.
Daniel no tenía más que un par de zapatos, los que, además, eran botas ... lo menos apropiado para la India. Le telefoneó a su amigo Nelson Bica, quien era un excelente artesano en cuero, y le preguntó si podía hacerle un par de sandalias. Nelson era muy servicial y quería ayudar a su amigo. Sin embargo, dos días antes de la fecha en que debían viajar, no había podido terminarlas y se sentía avergonzado por no poder cumplir un compromiso con su amigo. Llamó a Daniel y le explicó lo sucedido.
Dijo que había estado arrendándole una habitación a una mujer del Uruguay que ahora recién había regresado a casa. Le indicó que había dejado unas finísimas sandalias con él: estaban casi nuevas y pensaba que tal vez Daniel las pudiera usar. Daniel fue a casa de Nelson y se las probó... le calzaron perfectamente. Dios estaba proveyendo para cada una de sus necesidades.
Mercedes recién había cumplido dos años, estaba aún muy enferma y la familia planeaba un extraordinario viaje a la India. Para muchas personas, sonaba como una proposición ridícula. No obstante, la fe es algo que no puede explicarse a través del pensamiento, la palabra o la acción... Para ser comprendida deberá ser experimentada.
Aparte de esta fe en desarrollo por este nuevo foco Divino, Daniel era práctico. Deseaba cubrir todas las cuestiones que pudieran surgir con respecto a la salud de su hija., y se dirigió al hospital para reunirse con el Dr. Ash. Hasta este momento, Daniel no le había avisado, como tampoco al hospital, de sus aventurados planes. No obstante, cuando el médico pidió que Mercedes fuera traída al hospital, dos semanas más tarde, para nuevas revisiones, Daniel sintió la necesidad de explicar el por qué no le sería posible cumplir con la cita.
El Dr. Ash se mostró muy sorprendido. Miró fijamente a Daniel, mas lo conocía lo bastante para ahora como para darse cuenta, con sólo mirarlo, que no podría hacerle cambiar de idea. Cuando Daniel había decidido hacer algo, era como algo inamovible. Sus palabras y actitud escondían la fuerza de su carácter que no admitía argumentaciones. Durante los dos últimos años, el Dr. Ash se había dado cuenta de lo devoto que le era Daniel a su familia, sus creencias y su Dios. Por ende, la sorpresa se vió un tanto superada por la admiración frente a la consistencia de la devoción de Daniel. El Dr. Ash sabía también que cualquier opinión que expresara, no lo haría cambiar de idea, por lo que le ofreció consejos profesionales y amigables.
Profesionalmente, le aconsejó a Daniel reducir la sosis de ‘Tegretol’ de 10 a 8 ml. y hacer que, llegando a la India, la niña fuera revisada de inmediato médicamente. De hombre a hombre, le deseó lo mejor para el viaje y le expresó que esperaba verles de nuevo a su regreso a Australia.
La familia González voló hasta Bangalore, en donde encontraron a un señor australiano que también viajaba a Puttaparthi para ver a Sai Baba. Acordaron compartir los costos de un taxi y emprendieron el largo, cansador y polvoriento trayecto de tres horas.
Llegando a Puttaparthi, Daniel fue iniciado en las tácticas de los negociantes inescrupulosos. Antes dejar Bangalore se había acordado una tarifa con el conductor, pero ahora, al llegar, éste exigía un pago adicional. Daniel se sentía cansado y necesitado de una ducha y de reposo. La exigencias malintencionadas del conductor eran, a su entender, una afrenta. El fiero temperamento de Daniel se inflamó: tuvo un altercado con el chofer y se negó a pagar la diferencia.
Para la primera noche, Daniel y Cristina se registraron en un hotel en la aldea. Eran inocentes y novatos frente a las costumbres y protocolos de las gentes y en cuanto a los procedimientos para registrarse en el Ashram. Daniel se sentía cansado, enojado y frustrado... sólo ansiaba la paz y la soledad de una habitación de hotel, en donde creía que podría cerrarle la puerta al mundo de afuera. Estaba cansado de pelear con la gente... estaba cansado de pelear con los demonios del pasado... estaba cansado de pelear con Dios.
Mientras Daniel cerraba la puerta de su cuarto de hotel, Dios abría otra: Mercedes comenzó a sufrir un ataque. Daniel buscó de inmediato la ayuda del personal del hotel. Este, a su vez, llamó a un
voluntario de Seva del Ashram, el que llevó a la familia al hospital local que estaba a poca distancia. La familia González fue llevada a la sala de emergencias y los recibió una doctora. Esta amable mujer de suave voz, les hizo todas las preguntas apropiadas y Daniel le resumió el historial médico de la condición de Mercedes.
“Esperen aquí, por favor... Regresaré en un minuto”, les dijo cortésmente.
Regresó unos minutos después con una caja con Vibhuti que le entregó a Daniel y, luego, volvió a abandonar la habitación. Unos veinte minutos después entró otra doctora que hizo las mismas preguntas y recibió las mismas respuestas e historia que le habían dado a la profesional anterior. Luego también salió del cuarto. Esperaron otros veinte minutos y llegó un médico de cierta edad. Hizo las mismas preguntas y también recibió las mismas respuestas y la historia que se le relatara a las doctoras anteriores.
¡La furia de Daniel comenzaba a mostrar sus garras! Se sentía frustrado y confuso por lo que, según su percepción, era un enfoque muy informal de su problema. Su tolerancia era poca y empezaba a despertar un menosprecio por los estilos de la profesión médica, aunque, a estas alturas, no le había dado todavía una oportunidad de explayarse a los médicos indios.
“Señor, necesitamos aumentar el medicamento que se le está dando a Mercedes”, dijo el médico de edad en un tono bondadoso, pero profesional.
“¡No!”, dijo enfáticamente Daniel. “Nuestro médico australiano nos indicó reducir la droga ‘Tegretol’ de 10 a 8 ml. ... ¿Y usted quiere que la aumentemos a 15 ml?
“No, usted no entiende...”
El señor abandonó la habitación y Daniel comenzó a pasear de un lado al otro, tratando de calmar su ira y reencontrar un poco de compostura.
Una de las doctoras regresó acompañando al médico de edad y dijo: “Señor, ¿entiende quién es éste doctor?”
“¡No!”, espetó Daniel... “Y él no entiende lo que estoy diciendo...”
“Este doctor es el médico personal de Swami. Swami, personalmente, lo ha puesto aquí en el hospital. Si él dice que usted debe hacer algo, usted debiera hacer como él dice. Deberá considerar que es Swami el que está hablando a través de él...”
Daniel se estaba enfrentando a una faceta nueva de la profesión médica. Usualmente había confrontado y discutido sólo con la parte humana de los doctores... Ahora se le estaba pidiendo que viera a Sathya Sai Baba a través de este médico. Se trataba de una secuencia para la que no estaba preparado y que no lo hacía sentirse cómodo. Sus pensamientos volaban raudos. Estaba en la India, suplicando por un milagro de Sathya Sai Baba y se le estaba diciendo que creyera que Sai Baba estaba hablando a través de un doctor. Se estaba enfrentando a un nuevo abismo de confusión.
“¡Bien!”, le dijo Daniel al médico. “Pero más le vale tener cuidado con lo que hace, porque Swami está observando desde esa foto detrás de usted.”
La velada amenaza de Daniel era desvergonzada y tonta. Sin embargo, no se hallaba sino en los umbrales de la percepción consciente y Swami estaba por abrir muchas puertas nuevas hacia el entendimiento y el esclarecimiento.
“Seguiremos, entonces, las instrucciones del doctor”, dijo la doctora. “Le administraremos 15 ml del medicamento a su hija.”
Daniel movió la cabeza, asintiendo forzadamente.
Después de darle la droga, el ataque de Mercedes cesó de inmediato. Daniel se sintió confundido, pero aliviado. Este fue su primer atisbo de lo que creía era el poder omnisciente, omnipresente y omnipotente de Sathya Sai Baba. Obviamente, no era apropiado disminuir, en estos momentos, la dosis de la droga... y Swami lo sabía.
A estas alturas, todos los miembros de la familia González estaban exhaustos y Daniel decidió que debía dejarse descansar a Mercedes por el resto del día, sin más perturbaciones. Iban a privarse del Darshan de la tarde y atender a sus necesidades prácticas.
Al día siguiente, Daniel sugirió que Cristina fuese sola a Darshan y que él iría con los niños.
Cabe hacer notar aquí, que la mayor parte de las actividades en el Ashram son segregadas para hombres y mujeres. Swami dice que venir al Ashram representa un encuentro espiritual y debiera experimentarse con el menor número posible de distracciones. El separar a los hombres de las mujeres, elimina algunas de las distracciones. Por lo tanto, Daniel y Cristina no podían asistir juntos, como una familia, a Darshan: ella habría de sentarse entre las mujeres y Daniel con los niños, en la sección de los hombres.
Hacía calor, y Daniel quería evitar que su hija sufriera con la temperatura. La llevó al Mandir (templo) vestida sólo con pañales. A la entrada, un voluntario del Seva Dal se le acercó y dijo que no estaba permitido llevar a la niña al templo sin estar apropiadamente vestida. Daniel trató de explicar la situación, mas sabiendo que en realidad no tenía opciones, aceptó la necesidad de la modestia y el respeto al protocolo Divino. Un amable hombre indio con una posición administrativa en el Ashram, observó el predicamento de Daniel y le pidió que esperara unos minutos junto a la reja. El caballero volvió, momentos después, con una pequeña toalla, con la que envolvió amorosamente a Mercedes. Luego, muy gentilmente, escoltó a Daniel dentro del Mandir. Este fue su primer Darshan.
Desde la perspectiva de Daniel, parecía que no sucedía nada notable. Habían llegado con expectativas.... muchas expectativas. Había llegado a saber algo de Sathya Sai Baba en los meses previos, además, en su fuero interno, lo consideraban ser un amigo personal. Y, como amigo personal, esperaban ser saludados cordialmente por El.
Swami ni siquiera miró a Daniel durante su primer Darshan, y Daniel ni siquiera sintió que la forma irradiara Divinidad y amor. Había esperado verse abrumado por la dicha en la presencia de esta Divina encarnación de Dios... y su confusión iba en aumento.
Daniel había esperado que Baba lo reconociera... mas se encontró sentado a muchas filas de distancia del pasillo por el que El caminaba. Había esperado que Swami sanara a Mercedes... y esperaba que, tal vez, lo hiciera frente a la multitud. Sus expectativas no se estaban cumpliendo. Daniel estaba siendo obligado a confrontar muchas cosas en muy corto tiempo, y se sentía muy desorientado y dubitativo. Sentía que nada de lo que habían oído o leído los había preparado realmente para este primer Darshan y esta primera visita a la India.
Sentía que era posible llegar a ahogarse en la marejada de emociones y dudas que llenaban su mente... pero se aferraba firmemente a la fe que le había llevado hasta este punto de su vida. Razonaba también que tenía una inversión emocional y financiera en este viaje, a la que había que darle una oportunidad de fructificar. Decidió suspender todo juicio y expectativa futuros, hasta no haberle dado amplia oportunidad a la experiencia. Comenzaron a vivir en el presente, sin esperar nada del futuro y sin penas por los sucesos del pasado.
Mercedes fue capaz de sentarse bastante cómodamente en una sillita de paseo y, durante las horas entre los Darshan, la familia exploró el Ashram y la aldea. Durante esos momentos, muchos indios saludaban entusiastamente a Mercedes y le besaban los pies. En las primeras ocasiones, Daniel y Cristina encontraban divertida esta acción, pero les comenzó a irritar y enojar cuando se fue produciendo casi contínuamente los días siguientes.
Una vez más, fue el bondadoso anciano del Ashram que había proporcionado una toalla para Mercedes, el que fue testigo de que las gentes besaban los pies de la pequeña y de como la irritación de Daniel iba en aumento. Se acercó a hablarles y les explicó que no habían de enojarse: de hecho, les estaban haciendo un cumplido. Siguió explicando que los indios sentían que Mercedes se parecía a Krishna cuando bebé y le ofrecían su reverencia Divina. Daniel cambió de actitud después de ésto y aceptó mejor y como bienintencionados los gestos de estas buenas gentes.
Al segundo día fueron despertados por los sonidos del despertar de Puttaparthi. Las gentes entonaban sus oraciones matutinas, sonaba la música, ladraban los perros y resonaban las voces en torno a los carros en que se servía té y café.
Se vistieron para Darshan y se unieron a los varios miles de devotos en el Mandir, esperando poder ver al Señor. La mente de Daniel estaba activa y se permitía constantemente ser distraído por los monos que saltaban de arriba a abajo en los edificios y por el chillido de los pájaros que revoloteaban alrededor del Mandir. Los encontró muy irritantes.... Repentínamente, los monos se quedaron quietos y los pájaros dejaron de revolotear y de chillar. Se produjo un silencio sobrecogedor... una quietud indescriptible. Entonces, comenzó dejarse oir una música y Sai Baba inició Su recorrido hacia el Mandir desde el Poornachandra.
Las expectativas de Daniel se cumplieron... Sintió la Divinidad de Sai Baba. Buscó seguir atentamente Su forma mientras se deslizaba entre la masa de devotos, pero todo lo que pudo ver fue una cegadora luz blanca. Daniel sintió la dicha y comenzó a llorar como un niño que fuera separado de sus padres y les ve de nuevo por primera vez. Un amor puro e incondicional lo sobrecogió y comenzó a envolver su entendimiento.
Swami no le prestó ninguna atención visible durante el Darshan, pero escribió Su mensaje de amor en su corazón. Desde ese punto, cambió la vida de Daniel. La preocupación por el ruido y las jugarretas de pájaros y monos representó un ejercicio de importancia para Daniel. Swami nos dice que la naturaleza es la mejor maestra y aquí, ella le estaba enseñando lo finamente sintonizada que se encuentra con la Divinidad. Pudo observar como monos y pájaros reconocían la presencia y energía Divinas de Dios, se que quedaban quietos y silenciosos ante El. Esta simple experiencia produjo un profundo impacto en Daniel.
De ahí en adelante, se relajó un poco y se contentó con vivenciar y con que se le mostrara la voluntad Divina, en lugar de mantener expectativas y percepciones egoístas de lo que él creía que debía ser la voluntad Divina.
La familia González estableció nuevas rutinas y se adaptó a las condiciones de un estilo de vida que les era ajeno. Pudieron hallar alojamiento en el Ashram y encontraron una medida de paz y contento dentro de los límites físicos y espirituales de una forma de vida devocional.
Conocieron también a un grupo de devotos uruguayos y pasaron muchas horas compartiendo tiempo e historias con ellos. Parecía que todos los devotos tenían una historia que contar y un milagro que compartir. Lo que también resultaba notorio, era que todo aquel con quien hablaban sobre Sai Baba, parecía entenderle de manera diferente. Diferentemente según su personal percepción de Dios y su apego por las cosas del mundo.. No obstante, las diferencias existían únicamente en la medida de su apego, lo consistente era su devoción. Todos estaban dedicados a la indagación en sí mismos, a la verdad, al amar y al servir a todos lo mejor que podían: a Dios.
En esos momentos, Daniel sintió que estaba en la India, en el Ashram de la Divina encarnación de Dios, en beneficio de Mercedes, no del suyo. Había venido para ver curada a Mercedes, no en busca de Dios. Era un interesante escenario. Se había acercado cada vez más a Dios, especialmente debido a la crisis que enfrentaban con su hija, más aún cuando veía a ésta como el foco, no a sí mismo o a Cristina.
Muchos de los grupos ansiaban tener una entrevista con Swami y estaban tratando de presionar a Daniel y a Cristina para que pusieran algo de energía de su parte para conseguirla. “No buscamos una entrevista”, les dijo Daniel. “Sólo queremos que sane a Mercedes.”
Eran momentos difíciles y confundentes para ambos.
Pasaban los días y lo más cerca que había estado Daniel de Sai Baba, era la 5ª o la 7ª fila. Swami no le prestaba atención alguna. Finalmente, Daniel le preguntó a un Sevak si le podía dar permiso para sentarse en la fila de adelante con su hija enferma. “Tiene que hablar en la Oficina de Administración. Si le otorgan el permiso, le darán una nota y podemos guardarle un lugar. Ese es el protocolo. No podemos ayudarle de otro modo.” El Sevak era amable y cortés. Era obvio que le habría gustado acceder a la petición de Daniel, pero tenía que acatar las normas y reglamentaciones, del mismo modo en que Daniel debía ceñirse a la corrección dentro del Ashram.
Daniel siguió los procedimientos y se le otorgó un vale para la segunda fila. Quedó emocionado: finalmente podría estar cerca de Sai Baba y, tal vez, pedirle que sanara a Mercedes.
Cuando Swami se encaminó hacia el sector de los hombres, subió la cantidad de adrenalina en Daniel ante la expectación de la atención del Señor. Swami pasó de largo frente a Daniel sin siquiera darle una mirada de reojo. En una fracción de segundo, Daniel se desplomó desde las alturas de la excitación al abismo del dolor y el pesar. De pronto, Swami giró sobre Sí Mismo y miró fijamente a los ojos de Daniel. Su amor se derramó en cada poro y célula de su cuerpo y Daniel pudo sentir la transformación de su cuerpo, su mente y su alma.
En el momento mismo en que Swami le miraba fijamente a los ojos, el reloj de Daniel se detuvo ; eran las 07:03 horas. No lo pudo hacer andar de nuevo y no ha funcionado desde entonces. No era un reloj barato. Era uno de buena calidad y confiable. Nada es coincidencia, nada es accidental. Todo lo que viene de Dios es una manifestación de Su amor. ¿Qué mensaje le estaba dando a Daniel?
Swami ha dicho: “El mundo entero se encuentra inexplicablemente ligado con el tiempo. No es posible luchar en contra de este elemento del tiempo. El tiempo no espera a nadie. El hombre ha de seguir al tiempo, el tiempo no sigue al hombre. El tiempo puede ser comparado con un gran caudal. Todos los hombres y todos los seres vivientes son barridos por esta corriente del tiempo. Una persona que es arrastrada por una corriente no podrá encontrar protección o refugio en algo que también está siendo arrastrado. Tanto el hombre como también los objetos en los que se haya refugiado son arrastrados todos por la avalancha del tiempo. Si buscaran protección en algo que está siendo arrastrado con ustedes, ello vendría a ser como el ciego que sigue a otro ciego: al final, ambos se pierden. Mas si fueran ayudados por alguien que esté firmemente parado en la ribera, es seguro que se salvarían. Aqwuel que está en la ribera y que no ha sido alcanzado por la corriente del tiempo, es Dios. Cualquiera que se refugie en Dios será capaz de liberarse de todas las dificultades y problemas asociados al principio del tiempo. Dios ha proclamado el principio de la entrega a El y ha enfatizado su importancia, diciéndole al hombre: ‘¡Oh hombre, estás siendo barrido por la corriente del tiempo! El único que te puede proteger soy Yo. Busca refugio en Mí y te salvaré.’ Cuando el hombre acata este Divino mandamiento y se ofrece a sí mismo, sus riquezas, sus propiedades, su familia entera a los Pies de Loto, y se entrega por completo a Dios, es seguro que será salvado. Respecto de este principio de la entrega, hay un gran telón que se levanta entre el hombre y Dios. Debido a él, el hombre se encuentra en un estado de duda y de confusión, y él mismo se encuentra incapaz de entregarse por completo. Este telón es la ilusión.”
Daniel y Cristina disfrutaron su corta estadía en el Ashram, mas habían llegado con grandes esperanzas para Mercedes y, en su opinión, éstas no se habían cumplido. Cristina no veía a Sai Baba como una encarnación Divina y se sentía asustada y confusa. Respetaba a Sai Baba como un hombre santo, tal vez, hasta uno muy especial, pero no le veía como Dios encarnado. Había querido ver sana a Mercedes y ambos, ella y Daniel, habían visto a Sai Baba como su última esperanza. Había una cierta desesperación en la mente de ambos... ¿A dónde irían desde aquí?
A estas alturas, ni Cristina ni Daniel habían ampliado su visión para observar el rol que estaba jugando su hija. Su enfermedad les había traído a todos hasta los Pies de Loto del Señor. El tiempo también estaba desempeñando a la perfección su papel. Quizás si la riada del tiempo estaba barriendo con muchas de las añejas creencias que compartían, limpiando, de paso, para ellos el camino para la entrega a Dios.
Daniel y Cristina percibían ambos que sus vidas habían cambiado. Se habían producido cambios internos y ambos esperarían con fe que el Señor los reconociera y entendiera. Enfrentarían sus confusiones y sus dudas como mejor pudieran: con fe, ahora, y sin incertidumbres. Cristina tenía una fe firme en Dios: a su debido tiempo vería la Divinidad en Sai Baba. Daniel reconocía la Divinidad de Sai Baba, pero aún no entendía la profundidad de esa conciencia. El tiempo le ayudaría a esa corriente de conciencia.
La familia González volvió a casa en Australia, dspués de su corta estadía en la India, mucho más sabia con la experiencia. No obstante necesitaban tiempo para rumiarla y entender la profundidad de lo que habían compartido. Sus amigos se reunieron en torno a ellos para escucharlo todo acerca del viaje y para continuar con su apoyo, tanto emocional como físicamente.
Richard se mantuvo en contacto regular con Daniel y Cristina dspués de su regreso y anudó una buena y firme amistad. El 15 de diciembre de 1996, le tocó a Richard el turno de viajar a la India y ver a Swami, y Daniel se encargó de cuidar de su casa y su jardín.
CAPITULO ONCE
“El placer se alcanza a través del dolor. La obscuridad nos permite
apreciar la luz. La muerte nos enseña a amar la vida. Las enfermedades
que atormentan al hombre son muchas en número, entre ellas el odio, la en-
vidia y el egotismo son las peores. Ni siquiera los médicos pueden curarlas,
porque la mayoría de ellos las sufre. Uno debiera desarrollar la ecuanimi-
dad y la serenidad, si uno desea quedar libre de estas dolencias.”
... Sathya Sai Baba
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A su regreso de la India, había un mensaje para ellos en el servicio contestador. Era de Geraldine, la señora que Daniel había conocido brevemente en el Centro de Recursos Sai. Daniel le devolvió el llamado. Hablaron algo sobre el viaje y Geraldine preguntó sobre la condición de Mercedes.
“Mercedes aún no está bien”, dijo Daniel algo abatido.
“¿Puedo ir a visitarla, por favor?”, dijo Geraldine compasivamente. Era obvia su empatía por sus sentimientos y necesidades.
Daniel había disfrutado de su primer encuentro en el Centro y se sintió feliz de pasar más tiempo con ella. Esta visita, después de su regreso de la India, fue la primera de muchas y comenzó a desarrollarse, al pasar de las semanas, una solícita amistad.
Una mañana, cuando Geraldine llegó a verles, quedó impresionada por el deterioro en el estado de Mercedes. “¿Qué le están dando? ¿Qué están haciendo? ¿A qué medico están viendo?” No estaba mostrando mucho tacto, pero, en su opinión, la condición de la niña necesitaba respuestas.
Daniel y Cristina quedaron algo desconcertados ante su arranque y no sabían cómo reaccionar frente a sus preguntas. Sabían que no les estaba acusando a ellos ni a nadie más, estaba simplemente enojada por el deterioro del pequeño cuerpo.
“Son las drogas las que le están haciendo ésto a su hijita”. Geraldine hablaba por sus años de experiencia en la práctica de salud natural. Respetaba y sentía admiración por la profesión médica, pero había visto con demasiada frecuencia los resultados del excesivo uso de drogas. Estaba tratando de no involucrarse, mas veía el dolor en la mirada de los padres y el debilitado físico de la pequeña que ya no podía hablar por sí misma. Estaba furiosa.
Mercedes estaba perdiendo hasta el poco uso que le restaba de su cuerpo. Sus pequeñas manos habían empezado a cerrarse, había perdido la movilidad de sus miembros y su aspecto estaba muy desmejorado.
“¡Esto es escandaloso!”, concluyó. “Deben entregársela a Swami... Ella le pertenece a Swami.”
Cristina entendió esta declaración como que Mercedes iba a morir, y comenzó a llorar. Los meses de tensión y el dolor de su corazón escapaban en un mar de lágrimas. ¡Pobre Cristina! Ella había representado una sólida roca para todos en la familia: ahora necesitaba una roca así para apoyarse. Dios era su fuerza y su consuelo, pero aún no le había transferido esa fe a Sai Baba.
“Quiero decir” --dijo Geraldine, dándose cuenta que Cristina había malinterpretado lo que había expresado-- “que se la entreguen por completo en manos de Sai Baba. El es el único que les puede ayudar ahora. Orenle pidiendo ayuda.”
Cristina entendió, pero aún necesitaba airear los meses de emociones reprimidas. Geraldine la abrazó y se sentó junto a ella, mientras ella trataba de resolver y de entender las pasiones que la mantenían como involuntaria prisionera de su pasado. Geraldine era una buena mujer y una amiga bienintencionada y compasiva.
Un lunes de mañana, no mucho después de la visita de Geraldine, Mercedes empezó a luchar por respirar. El calor del verano era incómodo y opresivo, condiciones que, aparentemente, no eran propicias para el bienestar de la pequeña. Todavía se le administraban drogas, pero ya no tomaba leche. Daniel se preocupó mucho cuando se le hizo difícil la respiración y partió rápidamente con ella al hospital.
La recibieron en ‘Accidentes’, pero el médico dijo que no podía encontrar nada en ella: no había ningún problema que pudiera detectar. Le indicó a Daniel que volviera a casa y que “viera qué pasaba”...
Para el miércoles el tiempo se había hecho más caluroso, las temperaturas eran muy altas. En opinión de Daniel, el estado de Mercedes estaba empeorando muy rápidamente. La llevó de vuelta al hospital, en donde se le dijo, nuevamente, que no se detectaba nada anormal. Una vez más regresó con ella a casa, siguiendo las instrucciones del médico. A veces se preguntaba quén estaría sufriendo más: Mercedes, Cristina, él o Nicolás.
Ver a Mercedes pasar por tántas cosas hacía sufrir a Daniel y le rezaba a diario a Swami para que lo dejara sufrir a él y liberara a su hija. El amor y la devoción de Daniel y Cristina jamás vacilaron, sólo se fortalecieron, apoyados en el amor y la fe en Dios.
La condición de Mercedes no mejoró, sólo empeoró. La tolerancia de Daniel para con los médicos se desvanecía y decidió que llevaría a su hija al hospital únicamente en una situación extrema. Mas la situación desesperada se presentó antes de lo que había esperado. Mercedes comenzó a tener serios problemas para respirar y, en un par de ocasiones, dejó de respirar por completo, sólo para recomenzar a hacerlo por sí misma.
Daniel le telefoneó a Geraldine, le contó lo que había estado sucediendo y le pidió consejo.
“Escucha a tu corazón, Daniel, no a tu cabeza”, dijo.
“Llama una ambulancia”, le imploró Cristina.
Mercedes había estado perdiendo peso y no quería comer ni beber nada. Pensaron que iba a morir. El pobre pequeño Nicolás que, por los últimos dos años, había sido el permanente testigo de la lucha de su hermana por sobrevivir, estaba allí, observando impotente el drama que se desarrollaba frente a él.
Daniel y Cristina telefonearon al número de emergencia para pedir una ambulancia y nuevamente tropezaron con el problema de la telefonista que perdía un tiempo precioso haciendo preguntas pedantes. Finalmente, Daniel le dijo: “¡Mire, envíe la ambulancia, entonces responderé a todas sus preguntas! ¡Mi hija se está muriendo!...” La recepcionista accedió... ¡y envió dos ambulancias!
Cuando los paramédicos vieron a Mercedes, la llevaron raudos al hospital del área, porque pensaron que no sobreviviría el trayecto hasta el hospital central de la ciudad. Daniel le rezó durante todo
el viaje en ambulancia a Swami, rogándole que le ayudara a Mercedes. Cada latido de su corazón le recordaba su conexión con Dios; cada respiración le `permitía clamar a Dios por ayuda. Durante todo el trayecto, Daniel le rezaba a Swami o Dios, sabiendo ahora que eran Uno y el Mismo. Su fe no se tambaleaba, se fortalecía.
Le telefoneó a Cristina desde el hospital y dijo: “No te preocupes... Dios está en todas partes. El está con Mercedes y cuidando de ella.” Daniel había cambiado considerablemente desde el comienzo de los problemas con su hija hasta el momento actual. Cristina, empero, aún no abrazaba a Sathya Sai Baba del mismo modo que Daniel, aunque también se había robustecido su fe en Dios. Le suplicó a Dios que salvara a su pequeña niña.
Mercedes fue transferida a otra ambulancia y llevada a la Unidad de Cuidados Intensivos en el hospital central., algunas horas más tarde. El hospital del área carecía de los equipos necesarios para enfrentar esta emergencia. Mercedes estaba muy, pero muy enferma. El personal del hospital la conectó a diversas máquinas y monitorearon su progreso. En varias ocasiones dejó de respirar, para continuar haciéndolo de nuevo.
Cristina necesitaba estar con Daniel y Mercedes, y sus amigos, siempre bien dispuestos, cuidaron de Nicolás. Mientras Daniel y Cristina estaban con los médicos a unos tres metros de distancia, había dos enfermeras paradas junto a Mercedes, obviamente discutiendo su condición. Una de ellas le hizo muecas a la otra y luego hizo el gesto de inclinar el pulgar hacia abajo con la mano empuñada, manifestando un resultado negativio para la pequeña. Daniel, al ver el gesto, encontró espantoso que la enfermera mostrara una conducta tan imprudente e inapropiada. No podía creer que una enfermera se comportara de manera tan poco profesional, frente a los padres y a otros que estaban en la misma habitación. Debía saber que ellos eran los padres, puesto que nadie más tenía permiso para estar en el cuerto. La otra enfermera no respondió a la poco digna conducta de su colega. Esta actitud fue la primera señal de que las cosas no andaban bien para Mercedes.
Daniel y Cristina se movieron junto a su hija. Le tomaron la mano y acariciaron su frente, mientras le susurraban palabras de amor y de ánimo. Podía ser que Mercedes caminara de la mano de Dios junto a las puertas de la muerte, mas no disminuía el divino resplandor de sus rasgos de querubín. Era como si se diera cuenta de su divinidad y del papel que desempeñaba. Su separación de Dios no era aparente más que para los ojos del observador: era y sería siempre Una con El.
Cuando terminaba el día, Cristina se fue del hospital para ir a cuidar de Nicolás. Daniel se quedó con su hija. Los médicos estaban preocupados. Por cierto que lo estaban por Mercedes, pero también sentían una genuina inquietud por Daniel. “¿Estás bien, Daniel?”, preguntaron. Su interés era sincero y lleno de compasión. Daniel apreció su consideración.
“¡Por supuesto! Estoy perfectamente. Preocúpense sólo por Mercedes, por favor...”
Mercedes fue conectada a un respirador por algunos días y, milagrosamente, su condición mejoró. Daniel pensó que Dios podía haberse cansado ya de Su juego y que cambiaría la trama en favor de ellos ahora. Tres días después, Mercedes fue trasladada a Neurología, en el 6º piso.
Los médicos le seguían reiterando a Daniel y a Cristina que no estaban optimistas respecto a las chances que Mercedes tenía ahora: era un caso difícil. Le hicieron un “scanning”, mas, al igual que con todos los exámenes anteriores, esta exploración no mostró nada. En opinión de Daniel, estaban buscando algo que no existía.
“¿Qué es lo que quieren encontrar?”, preguntó Daniel, frustrado por todos estos procedimientos.
“Algo que podamos intervenir quirúrgicamente”, fue la respuesta. Creían que si encontraban algo que pudieran operar, sabrían como tratar el problema.
“No hay nada de malo en ella que requiera de una operación. No está enferma... Se le administraron drogas equivocadas. El cuerpo puede aceptar algunas drogas, mas cuando le comienzan a administrar todo un cocktail de ellas, lo maltratan.” Daniel expresó lo que tenía que decir.
No se trataba únicamente del hecho que Mercedes hubiera sido puesta bajo drogas para la epilepsia a los tres meses de edad, también estaba el hecho que Daniel había sido testigo de una grave equivocación de una enfermera al administrárselas.
Es importante hacer notar aquí que el Dr. Ash y Daniel habían solucionado sus diferencias y llevaban ahora una sólida relación de trabajo. Daniel reconocía que había sido el Dr. Ash quien volviera a poner la asociación entre ellos sobre un buen pie. De hecho, le había tomado afecto al médico y reconocía que era un buen hombre. Era consciente y un ser humano muy cálido. Había sido necesario que Daniel fuera más allá de su ego y sus pasados errores y que practicara lo que predicaba. Tuvo que ver la bondad en el Dr. Ash, en lugar de tratar de encontrarle faltas. Tuvo que perdonar y olvidar el pasado. Se dió cuenta que debía aprender a ponerse en la situación de la otra persona y a juzgar sus acciones contraponiéndolas a esa posición. Así no cometería errores.
Daniel y Cristina se habían vuelto muy atentos a todas las drogas que se le administraban a Mercedes, después que se les tildara de incompetentes. La pequeña tomaba una droga “rosada” para la epilepsia. Ellos le daban también esta misma droga en casa y estaban muy familiarizados con los procedimientos asociados a su uso.
El Dr. Ash le había dicho una vez a otros padres: “Daniel puede reconocer los signos neurológicos mejor que yo. Si quieren saber acerca de la epilepsia de Mercedes, vayan a hablar con él. Daniel sería un muy buen médico, porque es dedicado.”
Un día llegó a la habitación la enfermera de turno para darle su droga a Mercedes. Leyó la planilla --en realidad, la leyó erróneamente-- y volvió con la droga correcta, pero en una concentración equivocada. La droga que estaba por administrarle a Mercedes era de color naranja... ¡no ‘rosado’!
De inmediato, Daniel la detuvo... “¿Qué le va a dar a Mercedes?... ¡Le va a dar una droga equivocada!”, le dijo.
“No, no lo estoy haciendo” --contestó la enfermera en un tono irónico-- “Acabo de leer la planilla y sé lo que tiene que tomar: ésto es lo que debe tomar...”
“¡No lo es!” --dijo Daniel con decisión-- “La potencia es la equivocada”.
Después de un voleo de desacuerdo entre Daniel y la enfermera, ésta accedió a revisar las planillas. Daniel estaba en lo cierto... La droga que había estado por administrarle a Mercedes era tres veces más potente que la recetada por el médico (y en esa receta, la droga llevaba la indicación de “no dar a niños menores de 12 años”). Daniel estaba más que furioso... Ardía de ira. No sólo por el cuasi error de la enfermera sino, porque en dos ocasiones previas había visto que se le había administrado a Mercedes esta dosis equivocada. ¿Se la habrían dado también en otras oportunidades, cuando él no había estado allí para descubrir el error? Así se lo expresó al Dr. Ash.
“¿Ha visto alguna vez, antes que se le administrara así a Mercedes?”, preguntó éste.
“Dos veces”, respondió Daniel.
“Eso explica el por qué los niveles de la droga suben y bajan en ella todo el tiempo”.
Daniel le explicó al Dr. Ash que, como artista, poseía un muy acendrado sentido del color. Cuando la enfermera entrara con la droga de color naranja, supo al instante y desde una distancia, que no era la correcta. Su atención en cuanto al color y al detalle también le permitía recordar qué otras drogas había recibido la niña en el pasado.
A su juicio, la gente comete errores, por lo que los padres no debían dar por sentado que no era así en los hospitales. Necesitan vigilar y darse cuenta de lo que están administrando los médicos y enfermeras. Las enfermeras pueden estar sometidas a mucha tensión y, por ende, cometer equivocaciones, como de hecho las cometen. En un hospital, debido a lo complejo de su estructura, puede suceder cualquier cosa.
Un par de días después, Mercedes mejoró levemente y respiraba mejor sin el respirador. Para entonces.... ¡ Daniel estaba exhausto! Su preocupación por su hija actuaba demasiado sobre su mente y era incapaz de descansar, si es que llegaba a intentarlo.
Una de las enfermeras observó lo extenuado que estaba y le preguntó si deseaba que pusieran una cama junto a la de Mercedes, para que pudiera dormir algo. Daniel aún le tenía cierto apego a su imagen de “tipo duro” y rehusó cortésmente el ofrecimiento. La enfermera no se mostró impresionada por los arrestos de Daniel de hacerse el héroe y repitió su oferta, haciéndola valer. Daniel sintió la presión de su naturaleza genuina y empática, y se rindió, avergonzado, a su bondad. Era una noche tranquila, había varias camas desocupadas y Daniel no estorbaría a nadie.
No alcanzó a poner la cabeza sobre la almohada, cuando ya estaba dormido. Según le pareció, no había alcanzado a dormirse, cuando le despertó el sonido de las alarmas y el ruido de apresurados pasos de médicos y enfermeras. Todo apuntaba a una emergencia. Tomó su japamala (rosario de 108 cuentas usado para orar o para el culto), y comenzó a rezarle a Dios: sus oraciones eran desesperadas.
“¡Dios, por favor, ayúdale... no dejes que se muera!”
Mercedes fue trasladada de inmediato a Cuidados Intensivos y las máquinas que estaban a mano para casos de crisis comenzaron a operar de inmediato. Los médicos tenían todo preparado para revivirla: incluso el equipo para darle un tratamiento de shock, si era necesario. Daniel le aplicó Vibhuti en la frente y se apartó para dejar que los médicos hicieran su trabajo. Había muchas personas reunidas en torno a Mercedes, todas con una sola prioridad: salvar una vida humana. La concentración era intensa.
De pronto, las máquinas dejaron de registrar su respiración: oficialmente, Mercedes había muerto. Daniel oyó el tono uniforme del monitor y vió la delgada línea verde moverse sin variaciones a lo ancho de la pantalla. Una parte suya también murió, mientras observaba como la ciencia registraba la desaparición de una creación de Dios.
Daniel no podía ver a Mercedes. Las enfermeras y médicos no se habían movido y su concentración permanecía invariable.
Se aferraba a su fe y seguía rogando por un milagro: “¡Dios, ayúdale! ¡Dios ayúdale! ¡Dios ayúdale!” Sin necesidad de pensar, Daniel expresaba amor incondicional mientras le suplicaba a Dios que tuviera compasión. Su anhelo era intenso y puro: se fundió en el amor. Daniel se convirtió en Uno con el amor que era el Dios omnipresente en esa habitación. Por un instante en el tiempo, no experimentó sino puro amor. Se daba cuenta del amor que motivaba al personal médico, del amor de Mercedes y de su propio amor. Este amor estaba desvinculado de necesidades físicas: era pura energía Divina. Reconoció su propia realidad que estaba en Unicidad con Dios.
Mientras Daniel se entregaba al amor Divino, Dios le entregaba a Daniel el milagro por el que rogaba. Los monitores comenzaron a registrar de nuevo los sonidos de vida y Mercedes comenzó a respirar una vez más. Sintió un abrumador sentido de alivio y no cesó de agradecer a Dios hasta que pudo ver a su hijita y tomar su mano... Cuando la miró a los ojos, vió los ojos de Dios que lo miraban también con amor.
La experiencia tocó las vidas de todos los que estaban en esa sala. Dos de las enfermeras requirieron ser asistidas: la emergencia las había conmocionado profundamente. No podían enfrentar aún, sin involucrarse, la muerte de un niño. Tal vez tampoco estaban habituadas a ser puestas, conscientemente, cara a cara con Dios, con la presencia de un amor omnipresente.
Daniel le telefoneó a Cristina, le contó el drama del que había sido testigo y la tranquilizó en cuanto a que Mercedes estaba con vida y era constantemente monitoreada. Ambos se habían acostumbrado a vivir al borde del precipicio de la vida con Mercedes y, una vez más, se sentían aliviados y le agradecían a Dios el resultado.
Daniel pasó todo el día siguiente en el hospital. Al segundo día, después que una de las enfermeras le asegurara que Mercedes estaría bien, accedió irse a casa para darse una ducha y dormir un poco. Cristina llegó para reemplazarlo: Daniel estaba agotado, pero ansioso de pasar algún tiempo con Nicolás.
Para cuando llegó a casa, estaba cansado, sudoroso y hambriento, aunque lleno de alegría por que su hija hubiera tenido la fortaleza como para vencer una emergencia más. Estaba por entrar a la ducha, cuando llamó Cristina.
“¿Puedes volver al hospital... rápido?”, dijo llorando.
“¿Qué anda mal?”
“No lo sé... Un médico acaba de hablar conmigo... y no me siento bien. Fue tan descortés y dijo que Mercedes iba a morir... Fue tan brutal... ¡Por favor, ven!”
Daniel regresó al hospital, hablándole a Swami durante el trayecto en el auto. Esta vez, Daniel estaba hablando con Swami su amigo, más que rezándole a Dios. Su presencia se sentía real; Su amistad se sentía íntima y real; El era real. Cualquiera que lo hubiera visto hablando solo en el auto, habría creído que estaba loco. Si Daniel hubiera decidido analizar la situación, podría haber cuestionado su propio comportamiento. No obstante, no hacía más que desarrollar su relación con Dios.
Sai Baba nos dice: “¿A quién alaban? Cuando quieren ganarse a alguien como nuevo amigo y viene a visitarles, se comportarán de manera de hacerlo sentirse a gusto y agradado con ustedes. Serán muy respetuosos y le dirán cortésmente: ‘Pase, señor; por favor, póngase cómodo.’ Y lo atenderán todo el tiempo. Es muy diferente cuando reciben a un viejo amigo. No habrá necesidad de ahogarse con expresiones retóricas ni con actitudes convencionales. Cada palabra que le dirijan mostrará su intimidad y su amor. Así es como deben dirigirse a Dios: El es vuestro amigo más cercano e íntimo. No se dejen llevar por expresiones serviles hacia el Señor. Considérenlo como su mejor amigo. Le darán una inmensa alegría si Lo tratan como a su alma gemela, y permiten que sus sentimientos de amor y de calidez fluyan libremente, en lugar de dirigirse a El con expresiones pretensiosas y afectadas.”
Llegando al hospital, Daniel corrió a la Unidad de Tratamiento Intensivo. Fue directamente donde Cristina y, cuando sintió que estaba lista para hablar, repasó con ella la conversación que había sostenido con el médico. El ardiente temperamento de Daniel estaba a punto de estallar. Le dijo a un miembro del personal que quería hablar de inmediato con el doctor con el que había conversado su mujer. Daniel podía percibir el potencial para una situación explosiva y comenzó a repetir mentalmente el nombre de Dios, para no reaccionar con furia ante el facultativo. El médico no tenía conciencia de haber hecho nada erróneo, de modo que no estaba preparado para el tipo de preguntas de Daniel.
“¿Me puede explicar, por favor, qué le dijo a mi mujer?” , preguntó Daniel.
Aún inconsciente de su falta de tacto, el doctor dijo: “¡Ah, sí! Estamos muy pesimistas respecto a Mercedes. Ella no va a lograrlo.”
“¿Por qué sintió la necesidad de decirle eso a mi mujer?”, inquirió Daniel, repitiendo todavía el nombre de Dios en su cabeza.
“Soy médico y debo ser honesto.”
“Está confundiendo aquí dos términos”, dijo Daniel. “¡Honestidad y brutalidad! Usted puede ser honesto sin ser brutal.”
“Pero es que tengo que decirlo para que ustedes puedan entender la situación.”
“Usted necesita ser amable con los padres. Si le hablara de ese modo a alguno de ellos, podrían romperle el cuello. Podía haber dicho algo como: ‘Hablemos de su hija. Deberemos reevaluarla y considerar que no está mejorando. Traten de pensarlo de esta manera: no es lo suficientemente fuerte como para luchar por mucho tiempo más.’ Usted no nos puede hacer un milagro... Dios sí puede”, concluyó Daniel.
No tenía nada más que decirle al doctor. Daniel sabía que Dios los estaba manteniendo en calma a ambos, para poder comunicarse de buen modo, en lugar de hacerlo airados. Volvió junto a Cristina y a su hija.
“También los médicos --dice Sai Baba-- deben tratar a los pacientes con dulzura y suavidad, y considerar que su profesión es una que exige dedicación a los congéneres. La mejor manera de conservar la salud reside en los buenos pensamientos y las buenas acciones.”
Daniel decidió pernoctar en el hospital y hacerle saber a los médicos que le estaban pidiendo un milagro a Dios.
Al día siguiente llegó el Dr. Ash a hablar con él. Le indicó que el hospital debía hacerle cinco exámenes a Mercedes. Fue muy amable respecto al estado de la pequeña y expresó una preocupación y comprensión genuinas.
“Estamos esperando que se produzca un milagro en cualquier momento...” , le dijo Daniel.
“Si, pero... Daniel, es necesario que sepa... debo decirle que tal vez debamos desconectar el respirador. Debemos llevar a cabo todos los exámenes necesarios: hígado etc., y tomar muestras.”
“¿Qué conseguirá con esas muestras?”
“Información para otro infante...”, respondió el Dr. Ash.
“Tenemos dos niños, no queremos otro.” Daniel sabía que el doctor se estaba refiriendo a una donación para trasplante de los órganos de Mercedes, pero estaba cansado de hacer de padre obsecuente. El Dr. Ash percibió el sarcasmo.
“Daniel, ...debe ser realista...”
“¡Estoy siendo realista! Si ella no se va a beneficiar en nada con estos exámenes... Si llegara el momento en que otro niño pueda aprovechar los órganos de Mercedes, nos sentiremos felices de ayudar. Pero no creemos que haya llegado ese momento y puede que no llegue nunca. Lo siento, Dr. Ash... ¿lo puede entender desde nuestro punto de vista? En segundo lugar, si Mercedes va a morir, lo hará en paz, rodeada de amor, con nosotros, en nuestro hogar.”
“¡Perfecto! Todo el equipo siente lo mismo...” dijo el Dr. Ash con un dejo de frustración.
“Volveremos en dos años, con Mercedes caminando. Usted sabe que cumplo mis promesas. ...Entretanto, nos la llevamos a casa, con nosotros.”
Un incidente de interés se produjo antes que fuera dada de alta. Había sido sacada de la Unidad de Tratamiento Intensivo y desconectada del respirador. Daniel necesitaba ducharse y había regresado a casa. Después de asearse, llamó a Caroline al Centro de Recursos, para contarle acerca del milagro de
que Mercedes estaba aún viva. Caroline se mostró feliz y le dijo que iría al cuarto de meditación y pondría una foto de Mercedes sobre la bata de Swami (una bata que Sai Baba le había regalado al Centro).
Tres días después, Caroline telefoneó y le pidió a Daniel que pasara por el Centro camino del hospital. Cuando Daniel pasó, Caroline no estaba. Daniel se dirigió a la sala de meditación: como lo había dicho, Caroline había puesto una foto de Mercedes sobre la bata de Swami, mas la foto estaba cubierta de Vibhuti... Daniel se quedó atónito, por decir lo menos. No sabía siquiera si alguien había salpicado Vibhuti sobre ella o si Sai Baba lo había materializado. La forma en que estaba esparcido el Vibhuti sobre la foto no era natural... no natural, porque cuando Swami lo materializa, parece como si creciera sobre los objetos de manera muy parecida al moho, y no como si se le hubiera salpicado o puesto encima. Sobre la foto de Mercedes, el Vibhuti parecía estar creciendo desde ella. Caroline confirmó que, varios meses antes, lo mismo había sucedido con la foto de otro niño.
Daniel estaba aún en el hospital y bastante desesperado respecto de la salud y bienestar de su hija. Por un lado estaban los médicos diciéndole que no sobreviviría y, por el otro, los dictados de su conciencia lo instaban a mantener su fe. Fueron momentos desgarradores para la familia.
Daniel se había habituado a hablarle a Swami como a un amigo y a rezarle a Dios, mas ahora sentía que necesitaba hablarle directamente: de hombre a Dios. ¡Decidió llamarlo por teléfono! Ni siquiera consideró la logística de la idea: Daniel quería una comunicación persona a persona con el Hombre Santo mismo.
Llamó tranquilamente al operador internacional y preguntó por el número telefónico de Sathya Sai Baba en la India. El operador australiano fue conectado con un operador en Madras, el cual supo de inmediato de quien se trataba y ofreció un número correspondiente al Ashram.
Daniel llamó a ese número y una cortés y amable voz india respondió.
“Necesito hablar con Sathya Sai Baba”, dijo Daniel cortésmente.
“¡No! Sathya Sai Baba no está aquí...”
Las pocas palabras intercambiadas durante la breve comunicación representaron la llave para abrir otro espacio en la percepción consciente de Daniel. Le dió las gracias a este señor por su amabilidad y, simplemente, colgó. Sabía que el telefonearle a Dios lo ponía en un escenario ridículo: Dios era omnipresente, omnipotente y omnisciente... El hacerle un llamado telefónico constituía una contradicción de su creencia en la Unicidad.
La voz interna de Daniel le estaba hablando con claridad... La voz interior era la voz de Dios. No requería del teléfono para hablar con Dios y, por primera vez en su vida, Daniel era Uno con la realidad de la omnipresencia, omnipotencia y omnisciencia de Dios. Hasta ese momento había sido una teoría, un credo. Ahora él estaba siendo verdad: era uno con la Verdad. Era una línea muy fina, aunque el cruzarla era muy importante.
Daniel se dió cuenta que, de una u otra manera, se estaba comunicando con Sai Baba las veinticuatro horas del día. Sólo tenía que mantenerse en silencio y prestar oídos. “Uno de los primeros principios del vivir rectamente lo constituye la práctica del silencio, --dice Sai Baba-- porque la voz de Dios puede oirse en la región del corazón sólo cuando se acalla la lengua. Conserven el sonido, puesto que representa el tesoro del elemento Akasha, una emanación de Dios Mismo. El silencio es el lenguaje del buscador espiritual. Un lenguaje suave y dulce es la expresión del amor genuino. El amor entona arrullos... calma... es como un bálsamo.”
Daniel entendió que era fácil comprender la discriminación entre el escuchar a la voz interior de su conciencia, de Dios, y la de su ego e imaginación. Podía sentir la positiva afirmación del Señor en las comunicaciones y siempre sentía el amor.
Mientras continuaba deteriorándose el estado de Mercedes, se fue volviendo extrema la necesidad de Daniel de una intervención de Dios. Se paró frente a la foto de Sai Baba que colgaba en su hogar y suplicó sinceramente la ayuda de Dios.
“¡Ven a la India! ¡Ven aquí! ¡Ven ahora!”
Las palabras del Señor eran claras como el cristal. Daniel no estaba imaginando nada. El Señor le hablaba con amor a su corazón y las palabras resultaban claramente audibles y se entendían con amor.
“¿Cómo podría llegar allá, Swami? No tengo dinero...”
“Llama a Christine en la Credit Union”, fue la respuesta.
Esa respuesta no la podía haber proyectado ni siquiera la imaginación de Daniel. Ni siquiera había pensado en ello: estaba sin trabajo, sin ingresos, sin dinero y sin medios para pagar un préstamo... ¿Cómo podría, entonces, una institución bancaria acordarle un préstamo?... No obstante, había hablado la voz de Dios.
Daniel fue a ver a Christine a la Credit Union el mismo día. Hasta el momento, ambos habían compartido una relación amistosa y profesional. El y su mujer habían solicitado préstamos en el pasado, los que habían sido pagados sin problemas, mantenían referencias crediticias confiables y una reputación de honestidad. De hecho, la Credit Union les había otorgado préstamos sin aval, sólo en base a la confianza, algo muy raro en una institución financiera. Tal vez habría que preguntarse si, debido a que los clientes eran tratados con respeto y confianza, respondían con integridad y responsabilidad.
Daniel y Cristina nunca habían hablado de Swami o de sus creencias con los cajeros, de modo que su estilo de vida e historial bancario eran referencia suficiente. Pese a los muchos años de trato con la pequeña institución financiera del área, nada sabían del credo de Christine ni de cómo respondería. Todo lo que debiera haber tenido algo de importancia, parecía inconsistente y trivial. Ahora, Daniel sabía lo que era real y que esta existencia era sólo una representación ilusoria... no la realidad.
“Christine, tengo una historia que contarte...” dijo Daniel. Y, con innegable inocencia, le relató una historia de verdad. Sucintamente, le narró los problemas de Mercedes y le confió que su única esperanza de sobrevivir estaba puesta en Sathya Sai Baba. Esto significaba un oneroso viaje a la India, para el cual carecían de dinero o de medios inmediatos para cualquier pago.
“Christine, te estamos pidiendo un préstamo para poder realizar esta peregrinación a la India, donde nuestro Guru Sathya Sai Baba... ¿Nos querrías ayudar?”
Christine respondió al instante: “Sí, Daniel. Te ayudaremos.”
“No puedo pagar cuotas hasta no regresar y no podemos indicarte una fecha exacta de regreso”, dijo Daniel honestamente.
“Está bien. Vengan juntos a firmar los papeles, y nosotros nos ocuparemos de nuestra parte del problema”, dijo Christine.
Otra vez, Daniel y Cristina podían ver la mano de Sathya Sai Baba actuando en sus vidas. Todos y cada cual eran actores, títeres, en la trama que Dios dirigía perfectamente.
Mercedes estaba muy enferma. Aún estaba en coma, pero fue dada de alta en el hospital. Daniel y Cristina la llevaron a casa, para ser amada y atesorada en la presencia de Dios.
CAPITULO DOCE
“Son testigos hoy de la presencia aquí en Prasanthi Nilayam, de miles
y miles de personas. ¿Qué es lo que las ha atraído acá? ¿Les fueron envia-
das invitaciones? ¿Apareció alguna publicidad en los medios para hacerles
venir? La única razón que las ha traído es la atracción del Amor Divino. Se
debe a que está aquí la manifestación de esa gema de amor que satisface de-
seos (chintamani) que han venido estas miles de personas desde todas par-
tes del mundo. Sea lo que fuere que uno pueda decir, ¿puede alguien seña-
lar a una persona que pueda atraer a tantos miles? En otras partes, aunque
se acarreen gentes en camiones, la mayoría se va. Aquí, en cambio, aunque
tratemos de disuadir a las gentes de venir, por falta de una acomodación apro-
piada que ofrecerles, los devotos no desisten de venir, aunque tengan que
quedarse bajo los árboles o a cielo abierto. Este es un amor que fluye de co-
razón a corazón. Para venir, no existe compulsión para nadie. Es el lazo del
amor el que los ata. Ese es el poder de lo Divino. Puede que algunos digan
que Swami está haciendo demostración de éste o aquel poder. A ustedes les
podrá parecer una ‘demostración’. Para Mí es una simple manifestación.
Esto es natural para Mí. Hago lo que es innato en Mí. Es la manifestación
del amor Divino. Esto no es algo que todos puedan hacer. Ni todos los
Shastras y Sutras pueden capacitar a alguien para actuar de esta manera.
Unicamente aquellos que hayan experimentado el poder del amor, podrán en-
tender este fenómeno. El amor no es algo que se pueda comprar. Es algo
que les es inherente. Cuando traten de experimentarlo de manera natural, lo
realizarán.”
... Sathya Sai Baba
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¿Otro viaje a la India tan pronto? Y con una niñita en un estado de salud tan frágil... ¿Estaban locos? A muchos les gustaría pensar así. No obstante, la fe en Dios nos permite hacer muchas cosas que no son comprendidas. A menudo no es necesario entender, simplemente debemos “actuar”.
La Credit Union les había resuelto de la carga financiera más pesada y Geraldine y Richard, una vez más, ofrecieron algo de dinero para ayudar con gastos incidentales. Estos eran dos amigos sólidos como rocas. Hasta la abuela de 84 años de Geraldine les dió $ 50.- para solventar algunos gastos de
último minuto. Una semana después, la familia González iba camino a obtener el Darshan de Sathya Sai Baba.
El vuelo hasta Madras fue, en sí mismo, un primer milagro de Swami en esta aventura de los González. Mercedes estaba en coma y era alimentada, gota a gota, mediante un tubo naso-gástrico. Daniel y Cristina nada sabían acerca de las restricciones que imponen las líneas aéreas respecto de pacientes inválidos. Ni los agentes de viaje ni el personal del aeropuerto, como tampoco el de cabina en el avión mismo, les plantearon el tema. Durante todo el vuelo, fue como si hubieran sido invisibles para todos. Alimentaron por gotas a Mercedes, con su leche y drogas, y nadie mostró alguna extrañeza o signo de interés por su condición. Era como si su presencia hubiera sido evidente únicamente para Dios.
No fue sino hasta que estuvieron en el Ashram en Puttaparthi que un devoto que era funcionario de una importante línea aérea, les hizo ver que era ilegal que cualquier persona en las condicines de Mercedes volara en un vuelo comercial. Desde una perspectiva práctica, no pudieron entender cómo se les había permitido hacer todo el trayecto desde Australia, incluyendo una escala en Singapur, hasta la India, sin que nadie interpusiera objeciones. En sus corazones supieron, una vez más que la mano de Dios actuaba con ellos.
El avión llegó a Madras a medianoche y la familia González, junto a varias otras personas provenientes de Australia, se fueron a un hotel para descansar el resto de la noche. A la mañana siguiente, el personal del hotel, notando que eran ingenuos respecto de los usos y costumbres de la India, se aprovechó de la situación y sugirió que viajarían más cómodos a Puttaparthi en un taxi. Además, les cobraron Rp. 250.- por cuatro emparedados, 60.- dólares australianos por la habitación y otros 200.- por el taxi. Sabían que Daniel tenía poco dinero y se aseguraron que gastara la mayor parte de él antes de dejar el hotel. No quisieron aceptar rupias para el pago del hotel y del taxi e insistieron en los dólares australianos.
La familia llegó a Puttaparthi el 8 de febrero de 1997 con suficiente dinero sólo para una muy corta estadía. Suspiraron aliviados por haber llegado, finalmente, al “hogar”. Se sentían más seguros que nunca antes y envueltos en una atmósfera de gran paz.
Llegando al Ashram es necesario registrarse y fue aquí que estalló la burbuja de amor ciego y de exaltación: Daniel fue traído de golpe de regreso a la tierra. Daniel le explicó al señor que los atendió que traían a una niñita muy enferma y pidió permiso para que la pudiera ver un médico en el hospital. Fue reconvenido de inmediato por traer a una criatura tan enferma al Ashram y se le sugirió que retornaran de inmediato a Australia. Daniel quedó atónito...
Esta actitud representaba una grotesca contradicción con el amor Divino que había sentido al llegar. No le resultaba aceptable. Le dijo al señor que él y su familia habían venido a ver a Sathya Sai Baba y que se irían cuando El le indicara regresar. Condescendientemente, el señor les acordó una comodación por cuatro días (en lugar de los 10 habituales) y le dijo que se llevara a Mercedes al alojamiento. Daniel le reguntó también acerca de la posibilidad de llevar a su hija al hospital para una evaluación, a lo que se le respondió, de manera perentoria, que necesitaría permiso de Sai Baba.
“¿Cómo obtengo ese permiso?”, preguntó cortésmente Daniel.
“¡Envíele un telegrama!”
Esto no evidenciaba una bienvenida amistosa, pero el señor no hacía sino representar su papel que le correspondía, según el libreto.
Swami dijo en un Discurso, en junio de 1997: “Swami propaga el amor. De la cabeza a los pies, Swami está lleno de amor y sólo amor. El habla amor, comparte amor y enseña amor. Lamentablemente, parece que nadie ha desarrollado ni un ápice de esta cualidad. ¿Cuántos han experimentado realmente este amor?
Los residentes del Ashram que se dedican a diversas actividades en la librería, la recepción, la oficina de informaciones y varios otros sectores, han estado aquí por muchos años. Vienen para todos los discursos, se sientan en primera fila, pelean por un sitio en el recinto de Bhajans, mas... ¿cuánto han absorbido de esta cualidad del amor? Nadie habla dulce o suavemente cuando se les acercan extranjeros que no conocen el lugar. Ya sea sienten que no es su deber resolver el problema, pretenden que están muy atareados o que su posición es demasiado importante para hacer un favor. ¿Por qué no pueden responderle a alguien siendo que conocen las respuestas? Con ello están matando al amor que hay en sus corazones y los están llenando de odio.
Son tantos los devotos que resienten el que los traten como a perros y que los echen constantemente de un lugar a otro. Si ven el hospital y observan trabajar a los médicos, enfermeras y el resto del personal, pareciera que están allí solamente para expulsar a los pacientes del lugar. Nadie les habla apropiadamente o les explica algo. Y no es eso solamente, usan un lenguaje muy poco grato. Esto no es correcto. Al menos a partir de mañana, debieran corregir este comportamiento y llenar sus corazones con amor.
Son tantos los que se lamentan que Swami no les ha dado una entrevista, al menos en el cuarto de entrevistas estarían en paz. ¡Cómo podría darle una entrevista a todos! Aquí donde estamos, es una gran entrevista. Mi amor es como un chubasco con truenos, vuestros corazones son como jarras de boca angosta... ¿Cómo podrían recoger algo substancial? Además, mantienen estas jarras invertidas, de modo que no recogen nada de amor. ¡No! Cada uno de ustedes debiera examinar su corazón e intentar, por lo menos, hablar con cortesía.
Cómo se sentirían de bien los recién llegados si cada uno de ustedes (los de Prasanthi Nilayam) se convirtiera en un anfitrión y les diera la bienvenida. En el caso que no sepan algo, siempre lo podán decir de manera amable. Frecuentemente he dicho ‘no siempre es posible complacer a todos, mas siempre pueden hablar complacientemente’.
¿Cómo podrían complacer a Dios si hacen llorar a Su Creación? Van al templo y le rezan a una estatua de piedra de un toro (Nandi). Sin embargo, afuera, le dan de latigazos a un toro vivo. El amor de Swami es por todo. Debieran cultivar, al menos, un poco de él.”
Mientras Daniel sostenía este altercado con el señor de la recepción, había una señora australiana que observaba y escuchaba. Al igual que otros que se encontraban allí en esos momentos, se sentía desilusionada frente al insensible trato que estaba recibiendo la familia González.
Cuando Daniel terminó de hablar con el funcionario, esta señora, Gil Lapworth, se le acercó y preguntó si habían estado en el vuelo desde Australia la noche antes. Daniel le señaló que habían venido por su cuenta, pero que había notado a un numeroso grupos de australianos en el mismo vuelo. Gil le dijo que había oído algo acerca de su historia con Mercedes y le confió que había muchos que rezaban por la familia.
Gil era una mujer de gran corazón y de mucha energía. No perdió tiempo y ayudó a los González con algunas de sus necesidades básicas e indispensables. Además, como había escuchado lo que el funcionario había dicho acerca de enviar un telegrama, insistió en que, a lo mejor, Daniel debía seguir la sugerencia: Gil sentía que Daniel y Cristina debían atraer la atención de Sai Baba sobre la condición de su hija.
Aún novatos en cuanto a la confianza en sí mismos y su percepción, decidieron seguir el consejo. Fue enviado el telegrama y se desvincularon del resultado. Antes, durante y después del telegrama, Daniel se sintió incómodo. En su corazón, no le parecía que era lo correcto, pero lo hizo más por complacer a Gil. Swami nos dice: “¡Oh mente! Nunca olvides, nunca pidas... mientras más pides, más es ignorado. En un momento apropiado, en el lugar preciso, Dios mismo extenderá Su gracia.”
Gil vió a Daniel más tarde el mismo día, junto al resto de la familia. Mercedes era conducida en un coche-cuna, con el equipo de goteo naso-gástrico puesto. No lucía en absoluto bien.
“¿Tienen todo lo que necesitan?”, les preguntó Gil.
“Sí, en cierto modo...” --dijo Daniel-- “Nos arreglaremos”.
Gil los acompañó hasta su cuarto y pudo observar que no tenían nada. Mercedes dormía sobre una toalla en el suelo de piedra; el resto de la familia no contaba con el lujo de la toalla. Gil se puso de inmediato en campaña con los devotos, para proveer a la familia de algunas cosas básicas.
A menudo, los devotos que se van, dejan las colchonetas, las que les son asignadas a otros devotos. No era este el caso en este día en particular: el día anterior había llegado una delegación numerosa y había ocupado todo lo disponible. Gil se fue a la aldea para ver qué podía obtener. Allí se encontró con una amiga: Rita Dold. Intercambiaron saludos y Gil le relató lo que sabía de la historia de los González y le indicó que necesitaban cosas fundamentales. Rita, muy generosamente, le ofreció dos colchonetas nuevas, un balde y un calentador de agua eléctrico. Dijo que los cargaría en un ‘rickshaw’ y los enviaría a la habitación de Daniel.
Gil continuó con su cruzada. Habló con muchos devotos australianos y les explicó la situación. En pocas horas, comenzaron a llegar a la habitación de los González almohadas, cojines, artículos para el baño y alimentos. De ahí en adelante, una contínua corriente de entusiastas y generosos devotos les fue trayendo artículos que les ayudaron a instalarse. Otros, que retornaban a sus hogares, les dejaban a Daniel y a Cristina sábanas, toallas, alimentos y otras cosas que no necesitaban ya o que no querían cargar de vuelta en sus maletas. La compasiva cruzada de Gil se había convertido en una avalancha y los hacía sentirse abrumados.
Los australianos tienen una reputación internacional de ser muy generosos cuando se trata de actos caritativos y la comprobaron al abrir sus corazones cuando se trató de ayudar a Daniel y a Cristina. Sin embargo, a Daniel no le agradaba estar al lado receptor de la generosidad de la gente, aunque le resultara fácil el darle a otros. Estaba comenzando muy rápidamente con sus lecciones en Puttaparthi.
Mercedes yacía sobre la nueva colchoneta de algodón, aparentemente ajena a las idas y venidas de los devotos del Ashram. Seguía en coma y sus ataques eran regulares. Por ende, Daniel y Cristina no dormían mucho de noche y durante el día quedaba muy poco tiempo para descansar.
Mercedes parecía inánime, aunque su nuevo ambiente era vivificante. Yacía rodeada de fotos de Sai Baba y de pequeños dijes regalados por amigos y seres queridos. En su muñeca se había atado un pequeño retazo del hábito usado por la Hermana Mary McKillop. Se trataba de una monja que había vivido en Australia allá por el 1800 que está siendo considerada actualmente para ser canonizada por la iglesia católica. Un amigo le había traído este regalo cuando cayera en coma.
Daniel y Cristina habían pedido prestada una pequeña grabadora y, por muchas horas al día, Mercedes escuchaba la cassette del Gayathri Mantra, tocada cerca de su oído. Cuando se tocaba, parecía estar más tranquila y los ataques eran menos convulsivos y violentos.
Se había ido corriendo rápidamente la voz por el Ashram sobre la pequeña niña que yacía en coma, y la angustia de sus padres y hermano. Daniel y Cristina vivían, literalmente, sumidos en su fe en la voluntad de Dios: no tenían otra opción. Desde el punto de vista práctico, habían llegado con muy poco al Ashram y dependían, ahora, esencialmente de la generosidad de los residentes en él. Desde un punto de vista espiritual, Swami ha dicho que Dios es el único que tiene libre albedrío, de modo que, en el fondo, Daniel y Cristina de ninguna manera tenían donde elegir. Esta era la obra de Dios y ellos eran meramente actores interpretando sus roles. La acción que parecía obvia era rendirse a la voluntad de Dios.
Rendición o entrega eran términos sueltos que usaban muy liberalmente, mas cada día se daban cuenta que eran términos relativos. Mientras más se entregaban, más aspectos de sus egos que requerían
de mayor rendición les mostraba Sai Baba. Le estaban entregando a Dios sus temores y realizando el amor incondicional.
Cada día, su amor por Dios se expandía algo más que el anterior y Mercedes se iba haciendo cada vez menos una posesión de la familia. Con la expansión del amor, surgía la ecuanimidad. Con la ecuanimidad, la paz que rebasa el entendimiento. Eso resultaba más efectivo y eficaz que sus cuidados para Mercedes y Nicolás.
Daniel y Cristina seguían casi sin dormir de noche, pero sabían que Dios les daba la energía para sobrevivir cada día. Ya no era importante. Habían aprendido a vivir con un par de horas de sueño al día, mas ahora era su fe lo que les fortalecía.
Era realmente asombroso observar a esta familia. Cristina nunca mostraba signos de ‘stress’ o de tensión. Llevaba a cabo sus rutinas con un aire de serenidad total. Rara vez decía algo, pero su actitud hablaba por tomos. Tenía la capacidad para atender a Mercedes, alimentar a Nicolás, ser hospitalaria con los visitantes, todo al mismo tiempo, sin cambio de estado de ánimo o de actitud. Sin que importara la tarea que estuviera llevando a cabo, Cristina llevaba una sonrisa de serenidad. Esta compostura de Cristina, calmaba a todos.
Nicolás era un niñito feliz que compartía las tranquilas actitudes de la familia. Obedecía a los deseos de sus padres y atendía a las necesidades de su hermana, cuando le era posible, con un desbordante amor fraternal. Cuando Mercedes sufría un ataque y Nicolás estaba cerca... cogía un abanico y le abanicaba la carita para ayudarle a respirar. Solía susurrarle palabras de cariño, de ánimo y abrazarla con todo su afecto de hermano. La unidad familiar estaba obviamente ligada por lazos de amor.
Cada día que pasaba, veía a Nicolás desarrollando su amor, su devoción y su comprensión de Dios. Estaba aprendiendo a hablar más abiertamente de Sai Baba, en tanto que su inocencia seguía intacta. Un día, Nicolás le escribió una carta a Swami: era una nota secreta entre Sathya Sai Baba y él. No quiso hablar de su contenido con nadie, pero se la dió a su padre para que se la entregara a Swami. Durante el Darshan de ese día, Swami tomó la carta y le sonrió dulcemente a Nicolás. Este estaba muy emocionado y le confió a sus padres que le había pedido a Swami que sanara a su hermana.
Devotos de todas partes del mundo encontraban la forma de llegar hasta el alojamiento de la familia González. Cada persona venía por sus propias razones y cada una traía su propia ofrenda de amor. Era raro que algún devoto llegara con las manos vacías hasta la puerta. Todos los que llegaban a saber de la familia, también sabían de su precaria situación financiera, de modo que se les proporcionaban alimentos y artículos esenciales a medida que los requerían. Daniel y Cristina nunca le pedían nada a nadie, mas Dios sabía de sus necesidades y las satisfacía. Puede que no siempre tuvieran todo lo que deseaban, pero siempre tenían todo lo que precisaban. Los devotos, incluso les proveían del lujo de saborear una ocasional pizza el día en que se horneaban. En otras ocasiones, había devotos que llevaban consigo a Nicolás para almorzar en la cantina. De esta manera, se le aseguraba una comida nutritiva y Daniel y Cristina tenían la oportunidad de tomarse un breve descanso, si Mercedes no sufría de uno de sus ataques.
Daniel y Cristina no estaban nunca solos. Estuvieran o no los devotos ofreciendo el uno o el otro tipo de servicio, Dios era su compañero constante y vigilante. Lo supervisaba todo y le hacía saber a Daniel en el Darshan que estaba en control de la situación.
Gil, por su parte, no era de las que esperaban cuando percibía una crisis ad portas. Según lo que sabía, nada había sucedido respecto del telegrama que Le habían enviado a Swami, de manera que cambió sus planes. Conocía a uno de los médicos que, entonces, trabajaban en el Hospital de Superespecialidades y tomó contacto con él para saber si podía brindarle alguna asistencia a la familia González. El médico sintió que debía consultarlo antes con Swami.
Una mañana, después del Darshan, el doctor se quedó en el atrio y le habló a Swami acerca de la familia australiana que tenía a una niñita muy enferma, en estado de coma. Swami llevó al Doctor a la
salita de entrevistas y le dió siete paquetitos de Vibhuti. Swami dijo: “estos son para la niña. Dile a los padres que estoy cuidando de ella y que estará bien.”
Cuando conducía en dirección del hospital, saliendo del Ashram, el médico en cuestión vió a Gil. Detuvo el coche y le dijo de entregar el mensaje y el Vibhuti a la familia González.
Daniel y Cristina se sintieron insignificantes ante el amor de Swami y el saber que estaba a cargo y cuidando de Mercedes. Lo habían sabido en sus corazones, pero estas palabras pronunciadas por el Señor del Universo eran puro néctar. Estas palabras y la atención de la Divinidad misma, ayudaron a su humanidad a ajustarse a un nuevo entorno. Fueron el bálsamo que sirvió para calmar y para eliminar toda aprensión, y que disolvió también todas las palabras crueles del pasado que quedaban en sus memorias.
Le pusieron algo del Vibhuti en la frente y en la boca de Mercedes y, cerca de una hora después de esta primera dosis de medicina Divina, Mercedes comenzó a mostrar signos de recuperación. Continuaron con esta rutina cada día.
Mercedes comenzó a manifestar señales de conciencia. Continuaron aplicándole el Vibhuti en la frente y ponían algo de él sobre su lengua. De un coma profundo pasó a entreabrir algo los ojos y a evidenciar una leve respuesta a las voces de los visitantes: se daba cuenta cuando alguien entraba al cuarto y volvía los ojos hacia el lugar de donde provenía el sonido de voces. Era obvio que reconocía la presencia y las voces de sus padres, pero también se hacía evidente que estaba aprendiendo a diferenciar entre ellas y las de su familia Sai.
Un matrimonio de médicos alemanes había oído hablar de los problemas de salud de Mercedes y llegaron una mañana para ofrecer su ayuda. Thomas y Barbara eran una hermosa y preocupada pareja que ejemplificaba las enseñanzas de servicio de Sathya Sai Baba. Les conmovían las circunstancias de la familia González y estuvieron siempre a disposición para brindar ayuda cuando se requería. Debido a que Mercedes había experimentado antes problemas con líquido en los pulmones, en Australia, Thomas y Barbara la examinaban regularmente para asegurarse que estaba en buena salud.
Daniel y Cristina empezaban a realizar su relación personal con Sathya Sai Baba. Era algo similar a los lazos con los padres y Swami era la madre y el padre Divinos del universo. En sus pensamientos, palabras y acciones, Sai Baba estaba representando cada vez menos una forma externa: se convirtió en el residente interno de sus corazones. Estaban aprendiendo a reconocer su relación con Dios, en lugar de mantener una creencia en una interpretación externa Suya. Una les dejaba con una conciencia omnipresente y constante de la verdad; la otra les dejaba con la necesidad de buscar la verdad. Swami dice: “Así como el quemar es la naturaleza del fuego, así como el frío es la naturaleza del hielo, así como la fragancia es la naturaleza de una flor abierta, así como la dulzura es la naturaleza del azúcar, del mismo modo, la veracidad es la naturaleza del ser humano.” Daniel y Cristina estaban realizando, simplemente, su verdadera naturaleza y convirtiéndose en Uno con esa verdad que era Dios.
Cada día traía cambios en los patrones de conducta de Mercedes. Se hacía evidente que reconocía las voces y que intentaba volverse hacia el lugar de donde provenía el sonido. Se daba cuenta cuando entraba una persona a la habitación y parecía reconocer a los visitantes regulares.
Hasta este momento, los párpados de Mercedes estaban siempre entrecerrados. Daba la sensación que no tenía fuerza como para abrirlos. Se veía siempre como soñolienta, como alguien que sale del sueño profundo y es incapaz de despertar. No obstante, después de comenzar a tomar el Vibhuti, los párpados comenzaron a abrirse, como una cortina que se levanta suavemente para dejar entrar la luz, y sus movimientos oculares eran rápidos y deliberados. Cada día se hacía más obvia su creciente percepción.
Daniel y Cristina continuaban dándole las drogas, de acuerdo a las instrucciones médicas, pero ansiaban desesperadamente desecharlas. Continuaba no siendo capaz de alimentarse naturalmente y, hasta el momento, se seguía con el goteo a través del tubo que iba desde su nariz hasta el estómago. También la administración de las drogas se hacía por este conducto. Antes de dejar Australia, les habían
enseñado en detalle a Daniel y a Cristina, en el hospital, el apropiado uso del tubo naso-gástrico. Eran tan meticulosos con este procedimiento como con todo lo demás que concerniera a Mercedes.
Daniel y Cristina habían establecido firmemente su fe en Dios y no iban a descartar las drogas hasta tanto Swami no les indicara expresamente que lo hicieran. Se encontraron con la oposición de bienintencionados devotos que trataron de convencerles que, si su fe estaba realmente puesta en Dios, no sentirían la necesidad de continuar con las drogas. Los argumentos eran genuinos, pero Dios tiene un momento para todo. Ellos sabían que si Dios le quería retirar las drogas a su hija, se lo comunicaría a ellos de alguna manera.
Un amigo sugirió que Daniel quizás podría escribirle una nota a Swami para llamar Su atención sobre las necesidades del momento. Sin embargo, el escribir suponía un ejercicio mayor para Daniel: simplemente no le escribía cartas a nadie. Cristina le recordó que la única vez que podía acordarse de una carta suya, había sido cuando ella se fuera de vacaciones, antes de que se casaran. Se había sentido sorprendida entonces de que en verdad le hubiera escrito, pero no le sorprendía el que nunca más lo hubiera hecho. Escribir cartas no era algo que Daniel disfrutara.
Sin embargo, Daniel sintió también que no era una mala idea este método de comunicarse con Swami. Aceptó el consejo del amigo e ideó una rutina acorde a sus necesidades. Cuando necesitara una decisión, una confirmación, una respuesta de Sai Baba, Le rezaría y luego escribiría una carta. Le pedía a Sai Baba de colocarle en primera fila, como para tener la oportunidad de entregarle la carta. En ella Le decía que sólo quería que Swami tomara la carta como confirmación de la pregunta que le hiciera. Daniel redactaba la carta muy específicamente, para que no hubiera confusiones con la respuesta. Puso toda su fe en Dios y en este método de comunicación, y Swami nunca lo decepcionó.
Cada vez que Daniel y Cristina tenían una pregunta importante que hacerle a Swami, Le rezaban y escribían una carta; Daniel se encontraba, entonces, en primera fila durante el Darshan. Swami se le acercaba y actuaba obviamente en cuanto a que recibiría la carta o que no la recibiría. Nunca hubo dudas en la mente de Daniel en cuanto a que se tratara de suerte o de coincidencia el que estuviera en primera fila o el que Swami tomara o no su carta. Con ello Swami mostraba claramente que le estaba respondiendo la pregunta que le plantearan.
La permanencia en el Ashram les brindaba a Daniel y a Cristina una oportunidad de primera mano para tomar conciencia del amor, la gracia y la omnipotencia de Dios. Cuando se hacían muy difíciles las experiencias en sus vidas, Swami alivianaba su peso de manera muy amorosa y bella. Un día, Mercedes pasó una difícil noche con ataques y, a la mañana siguiente, Daniel se encontró en la primera fila para el Darshan. Swami se paró frente a él y le dió padnamaskar. Luego miró profundamente a los ojos de Daniel y Su amor diluyó los temores, la tensión y cualquier duda que pudiera existir consciente o inconscientemente. Daniel se sintió más liberado que en cualquier otro momento de su vida. Había experimentado en verdad el amor de Dios, y su vida ya no volvería a ser la misma.
En una segunda ocasión, Daniel volvió a obtener padnamaskar cuando se acumulaban las tensiones debido a la falta de sueño y los momentos difíciles con Mercedes. En una tercera ocasión, después de algunos ataques serios, Swami le lanzó Su pañuelo a Daniel y éste envolvió con él el pequeño cuerpo de su hija.
Cristina nunca sintió celos frente a la atención que recibía Daniel de Swami: ella y Daniel eran Uno y ella, en verdad, sentía la atención como propia. No obstante, siempre había alguien ignorante de la profundidad del amor de Dios y que trataba de sembrar semillas de celos en Cristina. Le hacían ridículas preguntas como:
“¿No te sientes mal por el hecho que Daniel reciba toda esta atención y tu no?”
“¿Por qué no se comunica Swami igualmente contigo; por qué es siempre con Daniel?”
“¿No te sientes molesta con Swami, por no darte la misma atención?”
Eran preguntas y declaraciones que provenían de aquellos que necesitaban sobreponerse a sus propios grados de celos y de ignorancia. Cristina se sentía muy segura en su relación con Daniel y con Swami y sabía que lo que fuera que se le diera a Daniel, también era para su propio beneficio. La fe y el amor de ambos crecía y se desarrollaba cada día. Daniel sabía que Dios no los podía abandonar como lo había hecho su familia; Dios era omnipotente, omnipresente y omnisciente. Dios era amor puro e incondicional.
Swami le ha dicho a los dubitativos Tomases de este mundo y a aquellos que sienten celos de la atención entregada a otros devotos: “Las gentes de hoy hablan de que Dios las ha olvidado. Eso no es verdad. Dios nunca podría abandonar al devoto... Es el devoto el que abandona a Dios. Dios nunca podría olvidar al devoto... Es el devoto el que se olvida de Dios. Dios no está nunca lejos de ustedes. Sólo el devoto se aleja de Dios. Ustedes piensan que Dios se está alejando de ustedes. En absoluto. Se olvidan de Dios y declaran que Dios les ha olvidado. Son sus propios sentimientos los que se reflejan en sus dichos.”
Sin embargo, por cada individuo negativo que visitaba su cuarto, había diez que venían a entregar únicamente amor incondicional.
Paully era una dama así. Provenía de Tasmania y consideraba el servicio como su deber para con Dios. Paully no le tenía apego a ningún resultado de sus buenas acciones y no quería sino servir a Dios de cualquier manera que El eligiera utilizarla. Solía pasar cada noche para ver si podía ayudar en alguna forma con los requerimientos básicos de la familia. Si no había nada que hacer, se iba. Paully estaba consciente de la necesidad que tenían de intimidad y descanso, de modo que no se quedaba para vanas conversaciones. Por las mañanas, iba a hacer las eventuales compras que necesitaran, para hacerles algo más fácil el día.
Mary, una neozelandesa que alojaba en el bloque de enfrente al de los González, escuchó las historias que circulaban sobre ellos en el Ashram y pasó a verles una mañana. Mary se veía como “la tía del campo” que todo el mundo quiere y desea adoptar. Su sonrisa brillaba desde su interior y, cuando saludaba, le hacía sentir a uno que la conocía de toda una vida.
“Vivo al frente. Soy una terapeuta musical y he trabajado muchísimo con personas discapacitadas. Me voy en algunos días más, pero me encantaría ayudarles de cualquier manera mientras esté aquí.”
Mary pasaba a diario y le cantaba a Mercedes. Tenía una preciosa voz y cuando le cantaba, uno imaginaba que así debía cantar un espíritu etéreo en sus celestiales esferas. Cuando Mary cantaba, la frágil forma de Mercedes se relajaba y se hacía evidente un aura de paz. Mary cantaba desde su corazón y su ego parecía perdido en el tiempo.
Mercedes era el tema de conversación en el Ashram; la historia se difundía rápidamente y las gentes sabían que estaban presenciando, de primera mano, uno de los milagros de Swami. Sin embargo, la historia no siempre era relatada con exactitud de una persona a otra y se hacían aparentes las exageraciones.
Para detener los rumores e insinuaciones que estaban generando individuos bienintencionados, Swami le permitió a Daniel que le contara su historia a grupos interesados. Fue invitado a hablarle a devotos de muchos países, y su inocencia, simplicidad y veraz enfoque, los conmovió a todos.
Esto, por cierto, trajo al mundo hasta su puerta. Ahora, ya no eran sólo los australianos los que prestaban servicio, llegaban ofrecimientos de países de todo el globo terráqueo. Era interesante notar que no todos hablaban inglés, pero ello no parecía importar: todos hablaban el lenguaje del amor.
Un señor de Paris, Sermin Brou, llegó una mañana, después de Bhajans. Sabía sólo las suficientes palabras en inglés como para indicar que le encantaría poder ver a Mercedes. Sermin era un tierno gigante. Se sentó y tomó la manito de la niña como uno sostendría una pieza única de frágil cristal, y
le susurró palabras en francés, como si estuviera recitando un poema de amor. Sermin vino casi todos los días. Su presencia irradiaba paz, y uno sentía la paz con sólo estar cerca de él. Sermin no pedía nada y entregaba sólo amor. Era devoto en su servicio y humilde en su naturaleza. Después de regresar a Paris, Sermin les envió una postal, simplemente para que la familia supiera que la tenía en sus pensamientos y sus oraciones.
Muchos vinieron a ver a Mercedes, pero un señor mayor de Argentina, Herman, no quería que Nicolás se sintiera aislado o marginado. Venía a menudo, se sentaba con Nicolás para conversar o jugar con él. Le traía libros para colorear y lápices y otras cosas simples con las que podía disfrutar un niño chico. Herman tenía 82 años, pero la edad parecía no constituir una barrera para él: la cruzaba con facilidad.
Daniel seguía sin familiarizarse con la letra de los Bhajans y había pensado a menudo que, cuando tuvieran dinero, se compraría un libro para aprenderse la letra y las melodías. Una mañana, Herman llegó con un libro de Bhajans en castellano como regalo para Daniel. Este no le había mencionado su deseo al respecto a nadie, de modo que el regalo de Herman representó una grata sorpresa. Herman también venía todos los días, mas se quedaba sólo cuando sabía que era conveniente.
Lo que llamaba la atención de Daniel y Cristina respecto a todos los devotos que deseaban ayudar era la sencillez de su naturaleza. Nunca antes habían observado una tal sencillez generalizada. Todos los que querían ofrecer alguna colaboración a la familia González, lo hacían movidos por la bondad en sus corazones, incondicionalmente, sin ninguna expectativa de recompensa o reciprocidad. La actitud misma constituía una terapia que les ayudaba a recuperarse. Los regalos llegan bajo muchas denominaciones y formas, aunque a menudo pasamos por alto el poder del regalo del amor. Los presentes tangibles que los devotos les traían, eran una cosa, pero el amor que les regalaban los acercaba cada vez más a Dios.
Hacia marzo, Daniel supo que Swami le estaba diciendo que le suspendiera las drogas a Mercedes. Para ambos esto significaba un gran paso en cuanto a su fe. Aunque Daniel nunca había estado de acuerdo respecto a que se le administraran drogas a su hija, sabía, ciertamente que el simplemente dejar de hacerlo ahora podría ser sumamente peligroso.
Para acrecentar la confusión y la duda, Daniel y Cristina hubieron de enfrentar una andanada de contradictorias opiniones de individuos bienintencionados. Algunos decían, “Swami dice que hemos de ser prácticos. No deben suspenderle las drogas a Mercedes”. Otros, por el contrario, indicaban, “si realmente tienen fe en Dios, no debieran seguir administrándole las drogas”.
Ambas corrientes de opinión se basaban en el ego. Ninguna de ellas demostraba la conciencia de que, si Dios es el hacedor en este drama de la vida y nosotros somos, meramente, los actores, entonces, si es la voluntad de Dios en cuanto a un cambio, ese cambio tendrá lugar. Daniel y Cristina estaban aprendiendo a moverse con el flujo de la Voluntad Divina.
Daniel sabía que su voz interior estaba diciendo que ya era tiempo de hacer un cambio con las drogas. “La voz de Dios puede ser oída por el hombre en su corazón --dice Sai Baba. Puede manifestarse bajo la forma de algunos signos o puede ser una experiencia interna a través de la cual se siente la aprobación de Dios. Aún más, cada aspirante puede llevar a cabo algo de instrospección para determinar si está practicando las cualidades que le son caras a Dios. Si las estuviera practicando, se sentirá satisfecho. Cuando uno no se siente satisfecho con uno mismo, ... cómo podría sentirse satisfecho Dios.” Daniel procedió a orar y la plegaria obtuvo una respuesta inmediata.
Su voz interior dijo, “es ya tiempo para que suspendas las drogas”.
“¿Cómo puedo estar seguro de que estoy hablándote a Tí, Swami?”
“Escríbeme una carta”, le dijo.
Pese a su aversión aún presente a escribir cartas, Daniel Le escribió una más a Swami, pidiéndole que le confirmara lo que estaba oyendo. Sabía que ésto representaba un paso crucial en la joven vida de Mercedes y quería tener la seguridad de que estaba oyendo la voz de Dios en medio de los ecos de las percepcioones y opiniones egoístas.
Con el anhelo por la amorosa respuesta de Dios y la carta guardada en su bolsa, Daniel se dirigió al Darshan de la mañana y, no le sorprendió encontrarse en primera fila. Sin embargo, su fila había recibido el número siete y sintió que su chance de estar en primera fila se desvanecía. Mas, para cuando entraba al Mandir, Daniel notó dos espacios vacíos en la primera fila: uno era, obviamente para el miembro del Seva Dal. Pidió permiso y se le concedió sentarse en el otro espacio libre.
Swami vino hacia él, le miró a los ojos y sonrió. Miró hacia la carta y la recogió de la mano de Daniel. Derramó Su amor en el corazón de Daniel y ese amor lo arrastró hacia la Unicidad de la verdad y la conciencia absoluta. Swami le indicó que le daba permiso para el padnamaskar... Daniel se inclinó y besó ambos pies de loto del Señor del universo. De la aterciopelada piel emanaba un perfume tan puro que aturdía y limpiaba los sentidos. Fue transformadora la experiencia... Daniel sintió la realidad de los impulsos de su voz interior y cobró mayor confianza en sí mismo. Al tomar la carta, Daniel obtuvo la confirmación de Swami en cuanto a suspender la droga para la epilepsia que se le había estado administrando a Mercedes por casi dos años.
De inmediato después del Darshan, Daniel y Cristina destruyeron todos los envases abiertos de la droga y enviaron los aún sellados al Hospital de Especialidades. Mercedes quedaba ahora sólo con la prescripción del Valium. Ambos sabían que cuando fuera la voluntad de Dios para suspenderlo también, Swami volvería a mostrarse igualmente claro en Sus indicaciones.
La pequeña sufrió sólo un suave ataque esa mañana y pasó una noche más tranquila. Era como si su delicado cuerpo le estuviera agradeciendo a Dios de haberla liberado por fin de la administración y los efectos de los combinados de drogas que se le habían impuesto.
El 10 de marzo de 1997, Daniel y Cristina supieron que Swami les decía ahora que le suspendieran todas las drogas a Mercedes y que confiaran sólo en el Vibhuti y el amor y la gracia de Dios. Era tiempo ya para eliminar también el Valium. Daniel llevó a cabo su ritual de comunicación. Le rezó a Swami y escribió una nota pidiendo Su confirmación.
En esta carta, Daniel escribió muchas cosas. Escribió: “¡Swami! Es Tu voluntad que dejemos de darle ahora el Valium a Mercedes. Si así fuera, ¿quieres, por favor, eliminar también las consecuencias que produciría la suspensión de esta droga?”
Los médicos habían recetado 10ml de Valium diarios: cinco gotas, cuatro veces al día. El eliminar esta dosis después de varios meses de uso contínuo implicaría, normalmente, un serio impacto para el sistema. En una ocasión, antes, los médicos había eliminado otra droga, ‘Dilantin’, durante dieciseis horas y ésto solamente bastó para que Mercedes tuviera que ser internada durante tres días en Cuidado Intensivo para recuperarse del shock. Este incidente se había repetido en una ocasión ulterior y los recuerdos estaban aún frescos en su memoria, de modo que Daniel y Cristina pensaban que el suspender ahora todas las drogas suponía una importante decisión de fe.
Esa mañana, Daniel se encontró de nuevo en primera fila para el Darshan y en una posición perfecta para entregarle la carta a Swami. Swami se detuvo frente a él y, simultáneamente, su memoria quedó absolutamente en blanco: no pudo recordar le carta que tenía para El, no podía pensar más que en el amor que sentía por El. Swami le sonrió comprensivamente y extendió Su mano para recibir la carta: ello le recordó la nota a Daniel y la entregó a la voluntad de Dios. Sathya Sai Baba es amor y, con Su presencia, sumergió a Daniel en ese amor. Ese amor representaba la mayor forma de comunicación... aunque también tomó la misiva de manos de Daniel. La sonrisa de Dios estaba impresa en su corazón y el amor de Dios había sido absorbido por cada célula de su cuerpo. Daniel Le tocó los pies y se quedó sentado, sumido en la dicha, mientras Swami seguía Su camino a lo largo de las hileras de entusiastas
devotos. Cuando Swami siguió avanzando, la dicha abrumó a Daniel hasta el punto de quedarse allí, sentado, llorando como un bebé por cerca de media hora.
También se le retiró la dosis de Valium a Mercedes y, por primera vez en dos años, quedó sin drogas. No tuvo ningún ataque durante todo el día. Tuvos dos muy leves al atardecer y luego, durmió apaciblemente toda la noche. Daniel y Cristina durmieron una noche completa por primera vez en dos años.
El Doctor que les había transmitido el mensaje de Swami visitó varias veces el alojamiento de los González y les entregó su apoyo de varias maneras, prácticas, médicas y espirituales. Era un hombre muy bondadoso y compasivo y obviamente devoto de Dios. Cuando le hablaba a Mercedes, sostenía amorosamente sus pequeñas manos. No hablaba más que afectuosa y brevemente. No desperdiciaba ni tiempo ni energía en lo que tenía que decir: hablaba directamente y en forma concisa. Era ejemplo de las enseñanzas de Swami. Sai Baba dice: “Eviten el desperdiciar el alimento, el dinero, el tiempo y la energía. El tiempo ha de ser empleado de manera útil. Si desperdiciamos el tiempo, estaremos desperdiciando nuestras vidas.”
El Doctor había dicho con firmeza que Mercedes no debía depender de drogas, pero también había sido paciente como para esperar la voluntad de Dios. Se alegró de la noticia de que Swami les había indicado suspenderlas.
Aunque Mercedes había quedado liberada de las drogas, seguía siendo alimentada a través del tubo naso-gástrico ; este habría de ser el último implemento médico en ser removido.
Las rutinas eran las mismas cada día. Daniel y Cristina llevaban a los dos niños a diario para el Darshan y atendían a los quehaceres relacionados con Mercedes. La corriente de visitantes y de ayuda era constante. Daniel y Cristina estaban convencidos que todo el que llegaba, venía con amor en su corazón y eso no podía ser sino positivo para Mercedes y, por supuesto, para ellos mismos.
No obstante, había algunos que comenzaron a considerar la visita como un ejecicio social y esperaban que Daniel y Cristina les prepararan el te del desayuno y de la tarde. Simplemente no entendían que Mercedes requería de mucha atención y que ellos no lograban dormir sino muy poco. También Nicolás necesitaba de su atención. Una señora comenzó a usar a Daniel y a Cristina como un servicio de cuidado de párvulos: dejaba a su hijo con ellos en la mañana y regresaba por él en la tarde. Tal vez, creía que les estaba haciendo un favor al dejarle una compañía a Nicolás. Pero no era así. Este niñito no estaba acostumbrado a la disciplina, en tanto que Nicolás sí. Solía contestarle de manera grosera tanto a su madre como a Daniel y no aceptaba ser corregido. Daniel comenzó a sentir la tensión provocada por la actitud y la influencia perturbadora del chico y tuvo que decirle a su madre que era inapropiado como compañía para Nicolás.
Este tipo de incidentes representaban pequeñas dificultades en medio de un ambiente que era perfecto en todo otro sentido. En realidad, también eran perfectos estos incidentes: solamente su percepción e interpretación los hacía aparecer como distintos. Todos los intérpretes estaban desempeñando perfectamente sus roles, de acuerdo a la voluntad del director. Cada experiencia constituía una oportunidad para apreciar la manifestación del amor y la voluntad de Dios.
La disposición de Cristina no variaba nunca. Acogía a todos por igual con una sonrisa, a cualquier hora del día o de la noche. Era asombrosa.
A estas alturas, también, había muchas personas que soñaban con Mercedes y se estaba haciendo común el escuchar las historias al respecto. Un día, una señora de Guatemala les detuvo en la calle.
“¿Ser acuerdan de mí? ¡Me llamo Violeta!”
“¡Sí, por supuesto que la recordamos!” dijo Daniel.
“Tengo algo importante que decirles. Anoche soñé con Swami y también aparecía Mercedes en él... ¿Puedo compartirlo con ustedes?”
“¡Sí, por favor!”, respondieron Daniel y Cristina.
“Bueno, fue más o menos así” --dijo. “En mi sueño veo a Mercedes que viene hacia mí. Tenía probablemente unos doce o trece años, pero la reconozco. Entonces apareció Swami y me dijo: ‘Sí, es Mercedes. Estoy cuidando de ella y va a estar bien.’ Luego ví a Cristina con Mercedes sentadas a los pies de Swami en el Darshan. Swami le hablaba a Cristina y mencionaba un problema de Mercedes, en su lado derecho. Hablaba con mucho amor y le decía a Cristina que no se preocupara... que El estaba cuidando de Mercedes y que todo iba a estar bien.”
Daniel y Cristina se sintieron conmovidos por la delicadeza con la que Violeta había compartido su sueño. Ella también estaba emocionada, tanto como ellos.
“Violeta”, --dijo Daniel-- “muchas gracias por contarnos tu sueño. Es cierto que Mercedes tiene un problema con el lado derecho de su cuerpo, de modo que lo que Swami te dijera también nos atañe a nosotros. Su amor no conoce límites, sabemos que está en todo momento con nosotros y que está cuidando de Mercedes.”
Mientras la familia González estaba en Puttaparthi, llegó una señora argentina a visitarles, sólo horas después de haber llegado al Ashram. Rosa dijo que se había encontrado con otra argentina en el aeropuerto de Bombay. La vió de nuevo cuando la seguía por el corredor que llevaba a la habitación de Mercedes. Rosa no sabía hacía dónde se dirigía la otra, pero la alcanzó justamente cuando tocaba a la puerta de la habitación de la familia González. Daniel abrió en el preciso momento en que se saludaban. Las hizo pasar a ambas.
Rosa vió a Mercedes y, sin saber quien era, dijo: “Reconozco a esta pequeña. Apareció en un sueño que tuve poco antes de viajar a la India. Se veía como de diez u once años, pero sé que es la misma niña... Era muy bella. Es muy bella.” Rosa les visitó muchas veces más antes de regresar a Argentina.
Un encantador señor australiano, muy espiritual, también había tenido un sueño con Mercedes. Había oído hablar muy brevemente de la historia de la niña algunos meses antes y no tenía conexión alguna con la familia. Le había contado el sueño a una amiga, debido a que ella la conocía.
“Swami vino a mí en un sueño”, --dijo-- “y Mercedes estaba con El. Tenía como doce años de edad y era muy hermosa. Le pregunté a Swami si era Mercedes y El me respondió afirmativamente. Swami me dijo, entonces, que Mercedes había venido a esta vida para llevar a Daniel y a Cristina hacia Dios; hacia El. Pareciera que la historia es corta, --siguió diciendo-- pero siguió por largo tiempo. Disfruté estar con ellos y supe que Swami está cuidando de Mercedes.”
Las experiencias con los devotos fueron numerosas y variadas. Cuando Mercedes tenía un buen día, Daniel y Cristina la sacaban en la silla de paseo a dar vueltas por el Ashram, para que tomara el aire fresco y el sol. Un día, estando detenidos frente a la estatua de Ganesha, se les acercó una pareja de edad india.
“Su hija, --dijeron-- es hermosa. Nos recuerda a Krishna cuando bebé.”
Se inclinaron hacia ella y le dirigieron dulces palabras de amor y devoción. Eran una muy amorosa pareja, sencilla y sincera. Pasaron algunos minutos conversando informalmente y, cuando descubrieron que venían de Australia, se mostraron ansiosos por saber de la Luz Divina en Sydney. Daniel les dijo que tenía una vela que había sido encendida en la Luz Divina, y se mostraron encantados cuando Daniel les dijo que estaría feliz de regalársela. No se vieron de nuevo por algunos días.
Un día, el mismo señor venía en una moto y detuvo a Daniel. Preguntó por Mercedes y por la Luz Divina. Daniel le dijo que viniera a la habitación y que estaría feliz de regalarles la vela. El hombre dijo que iría con su mujer a visitarles. Daniel estaba por indicarles la dirección, cuando le dijo: “No se preocupe, la encontraremos”.
Daniel y Cristina se sorprendieron cuando llegaron, algunos días después, y pidieron permiso para cantarle una canción a Mercedes.
“Es una canción sagrada” --les dijeron-- “tiene como 750 años de antigüedad. Fue escrita por un sabio para curar todo tipo de enfermedades.”
Daniel y Cristina agradecieron que le cantaran la canción a Mercedes. Se sentaron en la cama de Nicolás y escucharon extasiados la música. La voz de la señora era como la de un ángel y su marido era un acompañamiento perfecto. El canto duró únicamente unos cuatro minutos, pero pareció eterno. Daniel deseó haberlo grabado, pero estaba demasiado absorto para hacer otra cosa que escuchar. Tanto las voces como el canto sanaban el alma... era hermoso.
Cuando terminaron de cantar se dirigieron a Daniel y a Cristina para desearles lo mejor, luego se volvieron hacia Mercedes y le dijeron: “Tu nos llamaste y hemos venido”. Luego juntaron sus manos en actitud de oración, dijeron “Sai Ram” y se marcharon. Nada había de ego. Esa fue la última vez que vieron a la especial pareja de sagradas voces.
Mercedes sufría aún algunos ataques, aunque eran mucho menos frecuentes que cuando estaba bajo las drogas. Algunos días, llegaba a sufrir dos o tres... lo que era ya un milagro. La Divina energía del Ashram y del Darshan del Señor estaban produciendo cambios en la familia González. Estaban sintiendo más paz y felicidad de lo que jamás hubieran sentido.
Su hija ya no era tratada con drogas, la única cosa que quedaba era retirarle el tubo naso-gástrico. Tan pronto como se planteaba el tema, todos los “expertos” tenían una opinión. Las opiniones nunca coincidían, eran tan variadas como los colores de la paleta de pintura de Daniel. Uno de los pareceres sostenía que si realmente tenían una fe plena en Swami, como lo predicaban, habrían ya eliminado el tubo. Otros declaraban que Mercedes requería del tubo para poderse alimentar eficientemente. A su entender, sería cruel eliminar el único medio seguro para nutrirla. Era raro el individuo que, sencillamente, sugería dejarle el problema a Dios.
Todo había marchado tan tranquilamente después de haber suspendido las drogas que, cuando Mercedes comenzó a tener nuevamente ataques violentos, Daniel y Cristina se preocuparon seriamente. Se podían plantear a sí mismos todas las cuestiones prácticas en cuanto si habían hecho lo correcto o podían mantenerse inalterables en su fe. Los ataques continuaron por tres días sin ceder y Daniel y Cristina se mantuvieron firmes en su fe.
Al anochecer del tercer día, Daniel fue despertado por Sai Baba que le gritaba: “¡Levántate! ¡Levántate de inmediato y retira el tubo! ¡Retira de inmediato el tubo!”
No era frecuente que Daniel se durmiera tan profundamente y el ser despertado, entonces, tan violentamente, era algo desorientador. Sin embargo, no le cabía duda alguna que Swami le había hablado y lo había despertado. Tan pronto como se levantó, Mercedes comenzó a sufrir un serio ataque. Daniel le dijo a Cristina que Swami le había dado instrucciones para retirarle el tubo a la niña, y ella no vaciló en permitirle que lo hiciera al instante. Muchos habrían pensado quizás que Daniel había estado soñando, pero ambos reconocían la realidad de lo que Daniel experimentara.
Cuando el tubo fue eliminado, Mercedes se calmó. Cesaron los ataques. No tuvo otros por 24 horas. Cuando examinaron el tubo, observaron que se había calcificado en un extremo, lo que había causado la reacción de su cuerpo. De inmediato Le rezaron a Swami y Le agradecieron por Su amor, Sus bendiciones y Su gracia, y por ayudarle a su pequeña hija.
El Señor había hablado. Había llegado el momento para eliminar la última fase del tratamiento médico: ahora estaban por completo en las manos de Dios.
Para un cínico, todo esto podría parecer fantástico y, tal vez muchos aspirantes espirituales también podrían tener dificultades para aceptar una fe así. No obstante, un milagro es un milagro únicamente para alguien que no haya realizado su conciencia de Divinidad. Un “milagro” es un estado natural de la vida; si no estuviéramos todos experimentando “milagros” en nuestras vidas, necesitaríamos reevaluar nuestro estilo de vida e introducir cambios en él.
Los “milagros” se estaban convirtiendo en una parte aceptada del estilo de vida de los González, y, en estos momentos, Cristina se sentía contenta con la conciencia de que Sathya Sai Baba era Dios encarnado. Para muchos que la conocieran, ésto podría haberles parecido un “milagro”. Por otra parte, no había desaparecido su amor por Jesús, mas había perdido importancia la necesidad de diferenciar entre El y Sai Baba. Su amor y su devoción por Baba crecían día a día, como asimismo su fuerza y su percepción espirituales.
La devoción lleva al aspirante espiritual a la percepción consciente, aquella percepción de que nada aquí es real y que todo lo que es real es Divino. Cristina comenzaba a verse en el rol que estaba desempeñando mas que creer en el personaje mismo. Mentalmente comenzaba a entender que todos los papeles tenían como propósito el hacer retornar al alma a la fuente infinita.
Le dijo a Daniel, “de alguna manera, siempre supe, en el fondo de mi corazón, que iba a suceder algo que me llevara más cerca de Dios. Nunca esperé nada como lo que nos ha sucedido, pero veo ahora que Mercedes ha sido el instrumento para llevarme hacia Dios.”
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Se difundía el rumor en Puttaparthi que Swami saldría hacia Whitefield. Por la gracia de Dios, una fuente confiable le avisó a Daniel y a Cristina que era cierto que partiría y que debieran hacer de inmediato los arreglos para viajar.
Un amigo les había sugerido que emplearan al conductor Yusuf y se los había presentado cuando recién llegaran al Ashram. A lo largo de los años, Yusuf había probado ser una persona confiable y el amigo sabía que estarían en buenas manos.
Cuando Daniel se dirigió para hacer los arreglos necesarios para el viaje hasta Bangalore, el hombre detrás del mostrador se mostró solícito.
“Necesito un taxi”, dijo Daniel.
“¡Sí, señor! Le conseguiré uno”, dijo el joven.
“¿Será el de Yusuf?”, inquirió Daniel.
“¡Sí, señor!”
“¿Puedo llamar a Yusuf? El me dijo que lo contactara”, dijo Daniel.
“No, señor. No se preocupe. Yusuf ha dicho que me diga lo que necesita a mí”.
Daniel creyó en toda la información que le daba el encargado en el mostrador.
“Tengo muchas cosas que llevar”.
“¡No hay problema, señor!”
El encargado les envió un pequeño taxi y Daniel tuvo que volver a explicarle al conductor que llevaban muchas pertenencias para un coche tan chico. El conductor regresó poco tiempo después con un furgón Combi y una tarifa ascendente al doble. Daniel se encontró frente a un dilema con los costos, sintiendo, al mismo tiempo que no le quedaban muchas opciones. Quedó con la molesta sensación de que debería haber hablado personalmente con Yusuf, pero creyó que lo vería en Whitefield.
No les llevó mucho tiempo a Daniel y Cristina el empacar y subir a la familia en el taxi. Pudieron partir antes de que se anunciara oficialmente en el Ashram la partida de Swami, de modo que lograron adelantarse a la caravana de coches con destino a Bangalore.
Encontraron alojamiento con facilidad al llegar y pusieron a dormir a Mercedes y a Nicolás. Whitefield estaba tranquilo y vacío cuando arribaron. Sin embargo, a la mañana siguiente, la pequeña aldea comenzó a animarse. Fueron despertados por el sonido de las persianas metálicas de las tiendas que se abrían, los bocinazos de los taxis y los habituales ruidos matutinos de la aldea. Los perros ladraban y peleaban, los pájaros trinaban y graznaban y los monos chillaban, saltando desde las ramas a los techos. El aire estaba perfumado con el aroma del te y el café frescos, mezclado con la fragancia del incienso que se quemaba para las oraciones de la mañana.
Estaban llegando los devotos desde Puttaparthi y se apresuraban a registrarse para encontrar alojamiento. El pequeño villorrio había sido ayer como otro cualquiera, en tanto que hoy se había vuelto una activa comunidad comercial.
Unos días más tarde, Yusuf encontró a Daniel caminando por la aldea.
“¿En dónde estaban? Los he estado buscando. Su amigo me dijo que cuidara de ustedes. Cuando oí decir que Swami viajaría, conduje hasta Puttaparthi para buscarlos, pero se habían marchado. ¿Por qué no me dijo que vendrían a Whitefield?”
Daniel quedó enormemente sorprendido. Primero, por la obvia preocupación de Yusuf y, luego, por el hecho que éste no supiera en donde estaban. Daniel le explicó todo lo sucedido y, sólo después de discutir el asunto, Yusuf se dió cuenta que había habido una confusión con los taxis en Puttaparthi y un malentendido en las comunicaciones con la oficina. En todo caso, se mostró contento de haber hallado a la familia González y de que se encontrara bien de salud.
Yusuf era un buen hombre que trataba de manejar su negocio de manera honesta, y su disciplinado estilo de vida era un reflejo de la moralidad de sus enseñanzas religiosas. Cuando se le preguntaba acerca de sus creencias, declaraba que sentía que Sai Baba era un buen hombre, pero no se pronunciaba en cuanto a que fuera Dios encarnado.
Yusuf se hizo cargo de la responsabilidad de cuidar de las necesidades de la familia González. En muchas ocasiones pasaba a visitarlos rápidamente, para asegurarse que estaban bien y que no necesitaban nada. Esto respondía al actuar de un hombre compasivo y no de un comerciante hambriento de rupias al final de cada viaje.
Una mañana, a poco de haber llegado a Whitefield, Swamni le dió Prasad a los devotos al final del Darshan. Daniel tomó un trozo para Mercedes y comenzó a darle de a pequeños pedacitos. Desde ese punto en adelante, Mercedes cambió: lenta pero seguramente fue saliendo del coma a partir de allí. Daniel y Cristina se olvidaron de la ecuanimidad: estaban jubilosos, extáticos y rebosantes de amor por Dios.
Mercedes miraba hacia todas partes e incluso intentaba sonreir. Es difícil saber lo que experimenta un paciente en estado de coma, aunque, tal vez, su visión esté dirigida hacia adentro, enfocada en Dios. Nuestra focalización se ve constantemente distraída por el mundo externo que nos rodea y mimamos a nuestros sentidos, dándoles en el gusto. Por muchos meses, Mercedes había sido
incapaz de manifestar su estado consciente y vivía en un mundo que, para nosotros, no puede ser más que una especulación. Quizás, vivía en el mundo de la realidad, siendo el testigo constante del ilusorio mundo a su alrededor.
Aquellos que cuidaban de ella, ya sea por amor o servicios profesionales, actuaban sus roles de acuerdo a los dictados de la dualidad. Era un mundo relativo y objetivo. No obstante, no somos ni este cuerpo ni esta mente: somos subjetivos. Mercedes era el nombre que se le había dado al cuerpo, mas el espíritu interior que está en Mercedes y en todos nosotros, se encuentra más allá del mundo de dualidad del cuerpo y la mente. El cuerpo de Mercedes puede haber estado traumatizado, mas no así su alma. Su alma estaba y siempre estará en paz y será una con el creador.
Mercedes mostraba cada día nuevos signos de mejoría. Se mostraba feliz dentro de la habitación la mayor parte del día, pero una tarde comenzó a emitir cómicos sonidos.
“¿Qué pasa? ¿Quieres salir?”, le preguntó Cristina.
La niña asintió con la cabeza. Daniel y Cristina quedaron atónitos. Mercedes, finalmente, se estaba comunicando de nuevo. Entendía lo que le decían y hacía lo posible por hacerles saber lo que ella quería.
“Bueno... ¡intentémoslo!”, dijo Daniel. La sentaron en la sillita de paseo y la llevaron a dar una vuelta por la aldea. Habían vacilado un poco, hasta ahora, ya que temían un riesgo de infección debido al polvo. Mercedes manifestó una clara alegría con la experiencia. Los niños de la aldea se arremolinaban en torno a ella y, al convertirse en una rutina diaria, llegaron a conocer a la familia y le traían pequeños regalos a Mercedes.
Whitefield mostraba un ambiente que, aunque reducido, era alegre y algo social, y la familia conoció a muchos personajes interesantes durante estas diarias caminatas. Una tarde, se les acercó un muchachito de la aldea y les entregó Vibhuti para dárselo a Mercedes y, varios días después, llegó con un segundo paquete para ella.
En otra ocasión, Daniel y Cristina vieron a una señora argentina de edad que estaba llorando. Fueron a hablar con ella y supieron que lloraba por Mercedes. Había escuchado su historia y cuando la vió en su sillita, se sintió sobrecogida de amor y compasión... No podía dejar de llorar.
“¡No llore!”, le dijeron. “Venga y esté con Mercedes. Tóquela. Comparta nuestro milagro”.
“Sé quien es”, dijo la señora. “Creí que yo tenía problemas, pero me doy cuenta ahora que mis problemas son insignificantes.”
La señora se inclinó sobre la niña y le acarició las mejillas como una abuela afectuosa. Pasó la mano por su rizado cabello cataño y le acarició la suave piel de porcelana.
“Gracias”, dijo. “Me están enseñando tanto. Llegué aquí sintiéndome muy desdichada, porque mi marido murió hace poco tiempo. Ustedes están tan felices. ¡Es tánto lo que me están enseñando!”
Mercedes no solamente recibía amor, también lo daba. Dios estaba usándola para abrir las puertas del amor, de la compasión y la conciencia, y para ablandar los corazones de aquellos a los que encontraba.
Una tarde, Daniel y Cristina quisieron darle en el gusto a Nicolás. “¿A dónde te gustaría ir, Nicolás?”
“¡Donde Ganesha!” Cierto que Nicolás había siempre mostrado una preferencia por los templos y por los ídolos de los Dioses y Deidades, pero no sabían de ninguna estatua de Ganesha en las proximidades.
“¡Por aquí! Yo les mostraré...”, dijo Nicolás.
Se fueron paseando por la calle principal, disfrutando de lo que les rodeaba. Algunos monos saltaban entre las ramas y jugaban con las hojas. Nicolás se asomó detrás de un árbol y gritó “¡Buuu!” Un mono se quedó sorprendido y saltó hasta la copa del árbol. Nicolás se rió con ganas por el éxito de su bromita.
Continuaron caminando, mientras Nicolás les indicaba a donde quería ir. Estaba disfrutando. Algunos niños pasaron corriendo junto con un perro. Llevaban una rama y le estaban enseñando a cogerla. Nicolás recogió una y la lanzó, pero el perro necesitaba, evidentemente, de otras lecciones antes de entender... simplemente, le ladró y quiso jugar. Nicolás estaba gozando con este espíritu de juego, una libertad de la que no disfrutaba hacía largo tiempo. Whitefield era bueno para él. La atmósfera de la aldea era buena para él. El sentido de responsabilidad era bueno para él.
Nicolás vió la estatua de Shiva en la parte alta de un templete.
“¡Allá! ¿Podemos ir allá, por favor?”, gritó lleno de entusiasmo. Empujaron a Mercedes hasta el templo. Se quitaron los zapatos y se sentaron con el pundit.
El pundit les dijo que se concentraran en lo que él tenía que decir y lo que iba a hacer. Luego sacó un copón con agua sagrada y puso una cucharada en la mano de cada uno, incluyendo a Mercedes.
“Lávense las manos con el agua”, dijo. Luego le dió a cada uno una hermosa flor fresca; en la manito de Mercedes puso un bello botón dorado.
“Ahora, lancen sus flores a los pies de Ganesha”, dijo suavemente el pundit.
Mientras cada uno lanzaba su flor, hizo sonar una campana para llamar la atención del Señor Ganesha. Cuando las flores quedaron a los pies el Señor Ganesha, el pundit comenzó a entonar algunos cánticos sagrados, incluyendo entre las palabras, los nombres de la familia. Sostuvo un sombrero de Ganesha sobre sus cabezas y, ofreciéndole todo a Dios, les dió prasad y agua bendecida, y le puso kum-kum en la frente. Entonces, se acercó a Mercedes y le dió una bendición consagrada.
Dejaron el pequeño templo en silencio, con una sensación de sacralidad y de unión con Dios. Nicolás les había guiado hasta el templo para esta bendición, sin haber sabido siquiera de su existencia.
Cuando se acercaba el momento para que Swami se trasladara a Kodaikanal, Daniel y Cristina discutieron las posibilidades de poder ir también. Todos les decían que era muy caro y que sería mejor reconsiderarlo. No contaban con ninguna información sólida respecto del viaje allá y decidieron quedarse en Whitefield hasta el regreso de Swami.
Yusef les visitó y les preguntó si irían a Kodaikanal y se sorprendió algo al oir que se quedarían en Whitefield hasta que Swami retornara.
“¿Por qué? ¿Por qué querrían quedarse aquí cuando Swami está en Kodaikanal?”, preguntó.
“No tenemos el dinero, Yusuf. Es muy caro allá y nos queda muy poco dinero.”
“Yo los llevaré gratuitamente”, dijo. “Debieran estar con Swami.”
Daniel y Cristina se emocionaron con su generosidad y sinceridad. “Gracias, Yusuf, nos emociona tu generosa oferta, pero aunque el viaje sea gratis, la estadía sería demasiado cara. Hemos decidido quedarnos en Whitefield.”
Daniel sintió que Yusuf, evidentemente, era una luz confiable en el mar del Adharma (*) Aunque eran de la misma edad, Daniel decía que Yusuf mostraba hacia él un afecto paternal, aunque ni siquiera había conocido a su padre.
Era debatible si era acertada o errónea la decisión, aunque, en realidad, no existe lo cierto y lo equivocado. Después de partir Swami, el arrendatario les mantuvo la renta al mismo nivel y continuó con una buena ganancia a costas de la familia González. Por ende, muy pronto se quedaron sin dinero. El arriendo que les cobraba el dueño de casa era equivalente a lo que se pagaba por alojamiento en alguna de las pensiones en Kodaikanal, e incluso más que en algunos casos. Daniel era ingenuo frente a las fraudulentas y codiciosas actitudes de algunas gentes y nadie le había aconsejado sobre una alternativa.
Se les había acabado el dinero antes del regreso de Swami y tuvieron que telefonear a casa, a sus amigos, para pedir ayuda. Richard Warman, el siempre presente apoyo, envió de inmediato A$ 500.- Deberían haber llegado al día siguiente, pero, de alguna manera, el dinero quedó atascado por tres días, sin que nadie supiera dónde.
Yusuf llegó de regreso de Kodaikanal y fue a Whitefield para saber de la familia González.
“¿Qué estás haciendo aquí, Yusuf?, le dijo Daniel.
“Vine para ver si estaban bien, y para ver a Mercedes.”
Daniel le explicó su problema financiero y Yusuf se ofreció para llevarlo hasta Bangalore para cobrar el dinero cuando llegara. Antes, les prestó una cantidad suficiente para el tiempo que demorara en cobrarse. Entretanto, los amigos en Australia le habían seguido la pista a los fondos extraviados, los que se encontraban en un banco de Bangalore, devengando intereses. Yusuf llevó a Daniel hasta allá y giraron el dinero. Se sintieron más aliviados, pero convinieron en que debían ser más cuidadosos en adelante.
Swami no regresó a Whitefield antes de que se les acabaran nuevamente los fondos y, con tristeza, comenzaron a hacer los planes para retornar a Australia. Sentían que, simplemente, no les era posible pedirle más ayuda a sus amigos y que, tal vez, Swami les estaba indicando que ya era tiempo de volver a casa y comenzar el siguiente acto en su guión.
Quizás habían recibido aquello por lo que habían venido. Habían buscado un milagro y habían recibido tantos. Habían estado inmersos en la gracia de Dios y estaban rebosantes con Su amor. Habían estado sentados a los pies de Dios y habían recibido Sus bendiciones. Habían dado y habían recibido. Unicamente el ego es el que desea más, el que exige más. Es la mente la que se encuentra en el trayecto de la vida, la Divinidad de la que todos formamos parte es siempre invariable. Nunca ha estado en lugar alguno ni ha ido nunca a ninguna parte; es la infinita “calidad de ser”, el Sat-Chit-Ananda.
Swami nos dice que, prescindiendo de la razón por la que creemos que hemos venido a la India a verle, venimos para nuestra transformación. Las familia González, hasta cierto punto, tenía conciencia de la transformación que se había llevado a cabo en sus vidas y se encontraba en paz con su entrega a Dios.
Yusuf entró en escena por una última vez. Sabía que se habían agotado los fondos de la familia González y quería cerciorarse que su viaje a Madras y, finalmente, hasta Australia, fuera seguro y cómodo. Se ofreció para conducirles hasta Madras en un coche con aire acondicionado para que Mercedes estuviera más relajada y tranquila. El costo del viaje sería un préstamo sin condiciones: su generosidad estaba inspirada espiritualmente. Representaba dinero, tiempo y esfuerzo por su cuenta: era su servicio. Daniel le dijo que le devolvería los gastos en otra oportunidad y ambos reconocieron su amistad y este acuerdo verbal. Eran dos hombres que entendían la moralidad de los negocios y del servicio.
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(*) Adharma: Iniquidad, injusticia. Una vida contraria al Dharma.
La familia se despidió de su Señor, Sathya Sai Baba, y dejó la India para comenzar un capítulo más en la obra de la vida.
CONCLUSION
“Por sobre todo, sean cuales fueren sus dificultades, las pruebas que ha-
yan de sufrir, en cualquier situación, no renuncien a Dios. Dios es Uno. Ya sea
que sean ricos o menesterosos, que sean eruditos o ignorantes, cualquiera sean
los problemas que deban enfrentar, cualquiera sean las prácticas espirituales que
puedan adoptar, ya sea que sean considerados como pecadores o como santos,
no renuncien a Dios y realicen que Dios es Uno.”
... Sathya Sai Baba
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¿Qué podría escribir yo, la autora, como conclusión para nuestra historia? ¿Tiene un principio la obra teatral de Dios? Si no tuviera un principio, cómo podría haber un final. Sólo Dios sabe del génesis de nuestra historia y de la forma en que encontrará su conclusión kármica.
Dependiendo de nuestra conciencia de Dios, variarán la conclusión o nuestra necesidad por una conclusión. Mientras creamos en la dualidad de este mundo, probablemente querríamos ver un final feliz, de acuerdo a nuestras percepciones de lo que significa “feliz” para nosotros. Las percepciones son solamente tan reales como aquello que está siendo percibido... y todo lo que pueda ser percibido no es real.
Swami nos enseña que somos Divinos. ¿Lo creemos realmente? Si lo creemos, entonces, ¿por qué ponemos tanto énfasis en nuestros deseos por cosas de este mundo que, como El nos dice, tampoco es real?
Lo que es real es intemporal, no lo atan ni el tiempo ni el espacio, es ilimitado e infinito. Lo que es real no tiene opuestos y es subjetivo, no objetivo.
La ley del Karma, de causa y efecto, constituye una herramienta para que el hombre la use mientras su creencia se afinque en el mundo de la dualidad. Ella no es real y no puede existir en realidad. No obstante, mientras el hombre esté en camino a realizar su Divinidad, aplica los variados instrumentos que han sido provistos y creados para su uso. Todos ellos representan una muy creíble ilusión.
¡Todo, sin embargo, es perfecto! Incluso la ilusión es perfecta, porque opera bajo los auspicios de la verdad. La verdad existe dentro de todo lo que es irreal, aunque siempre permanece real. La ley de causa y efecto opera sin que importe que elijamos creer o no en ella. Y, siendo una ley de Dios, debe ser
perfecta, porque Dios, siendo Verdad, no puede estar en contradicción Consigo Mismo. Dios es la perfección misma y no un esfuerzo o una acción hacia la perfección.
Entonces, ¿debiéramos asumir que el Karma que sino la ley de causa y efecto en acción, es en realidad perfecto? Si lo fuera, entonces cada experiencia que vivencie el hombre habrá de ser perfecta también. Por ende, los traumas que requería experimentar la familia González, también eran perfectos para lo que necesitaban.
El entender desde esta perspectiva el drama de la vida podría ayudarnos a comprender nuestro papel en él. El libreto mismo es un efecto preestablecido de acciones y causas pasadas. El guión ya fue escrito debido a estas causas y nosotros, sencillamente, debemos desempeñar nuestros roles lo mejor que podamos. Todo lo que importa es la calidad de la interpretación: no es lo que digan o hagan los actores, sino el cómo lo digan o lo hagan. Dios es el director de la obra y El es quien nos lleva hasta el acto final: la percepción consciente de nuestra Divinidad. Cuando, finalmente, veamos la obra por lo que es en realidad, un instrumento para nuestros sistemas de credo, ella ya no cumplirá ningún propósito.
Mercedes es también, simplemente, un actor en este drama universal, desempeñando lo mejor posible su papel. No obstante, tal vez alguien pueda preguntar, “¿cómo puede alguien tan pequeño saber qué rol ha de interpretar?” o “¿cómo puede ser un actor alguien que esté en coma?”
No somos este cuerpo y no somos esta mente: somos el espíritu Divino. En términos de conciencia, somos un cuerpo y mente colectivos. Mercedes representa el nombre que se le diera al cuerpo, mas la realidad de Mercedes está más allá de él. El espíritu que es su realidad, es el testigo infinito de la actuación que ella entrega. El papel de Mercedes era el de estar en coma y le correspondía a Daniel, Cristina, Nicolás y a todos los demás que se relacionaran con la familia el actuar lo mejor posible junto a ella.
Si consideramos el sueño del señor australiano en el que Swami le decía que el papel de Mercedes era el de llevar a Daniel y a Cristina hasta Dios, entonces desempeñó a la perfección su papel. Puede, no obstante, que alguien objete, “pero es que los sueños no son reales”, mas aquí, nada es real. Todo el drama no es más que una ilusión que está siendo interpretada para nuestras concepciones y creencias: un sueño dentro de otro sueño.
“Entonces, ¿por qué tenemos que participar?” inquieren. Porque olvidamos quienes somos realmente y comenzamos a creer en este mundo, esta ilusión. Cuando sabemos quienes somos, no seguimos aferrándonos a los recuerdos de este mundo; mientras no conocemos más que este mundo, olvidamos qué somos en realidad.
Más allá de este estado del olvidar y el no-olvidar se encuentra el estado natural: la realidad.
En términos de una conclusión para esta historia, Mercedes ha cumplido con su papel. La vida de Daniel ha sido un viaje hacia Dios, difícil y, a menudo, lleno de congoja. En una u otra forma, siempre había creído en un Dios, pero había olvidado su propia Divinidad. Cristina había sido educada con una conciencia de Dios, aunque El era una forma externa, separada de ella; su propia Divinidad no constituía un concepto accesible. Ambos debían realizar su Divinidad.
Sai Baba lo explica de la manera siguiente: “Existen tres sendas sucesivas en el trayecto hacia la realización de Dios. Ella son el dualismo, el no-dualismo calificado y el no dualismo. En un comienzo, declararán ‘Soy un devoto de Dios’. Hay encontramos dos entidades, una es Dios y la otra, son ustedes, el devoto. Se cree que Dios está en algún lugar lejano y ustedes tratarán de encontrarle, de acercarse a El y de llegar a estar muy próximos. Van progresando gradualmente por este camino y, con el tiempo, llegan a encontrarse cara a cara con el Señor; entonces Le dirán: ‘Oh Señor, soy Tu devoto’. En esta segunda etapa, se paran frente al Señor y declaran ser Sus devotos. Luego, en la tercera etapa, pueden declarar: ‘Yo soy Tú y Tu eres Yo. Somos Uno.’
La primera etapa, caracterizada por la declaración ‘Yo soy un devoto del Señor’, en donde Dios se conoce como una forma distante, representa el Dualismo. La segunda etapa en donde Le dicen, directamente, al Señor: ‘Oh Señor, yo soy Tu devoto’ y Le sienten dentro de su corazón, es la del No-Dualismo Calificado. La tercera etapa, en la que asoma la verdad ‘Oh Señor, yo soy Tú y Tu eres yo’, en la que no pueden distinguir entre ustedes mismos y Dios, es el Advaita o No-Dualismo. Inician sus ejercicios espirituales con el tipo muy común de devoción, adorando a Dios con forma y atributos, haciendo uso de rituales y de formas externas de culto. Después, progresan hacia lo sin forma, el aspecto absoluto de la Divinidad. De esta manera, se desarrollan espiritualmente, en un comienzo, siendo un servidor del Señor mas, por último, llegan a identificarse plenamente con El.
Por un momento, imaginen un círculo muy grande y piensen que, justo a su lado y separado de él, hay otro círculo, uno mucho más pequeño. Se puede considerar al círculo grande como Dios y el pequeño, como el Alma individual. Cuando acercan al círculo pequeño, como para que quede inscrito en el mayor, tendrán al No-Dualismo Calificado; el alma individual es, ahora, parte de la Divinidad, existe en Dios. ¿Cuál sería, entonces, el sentido de que el alma individual se funda totalmente en el Señor? El círculo pequeño habrá de ampliarse y hacerse cada vez más grande, hasta que se haya expandido al tamaño del círculo mayor. En ese punto, ambos círculos no se distinguen el uno del otro. El alma individual y Dios son Uno: el hombre se ha fundido en Dios. Esto es Advaita, el no-dualismo completo. En la senda de la devoción, es la rendición absoluta la que hace que se expanda el alma individual y se funda en Dios. Es cuando renuncian a su limitada individualidad y reconocen el principio de la Divinidad que les es inherente a todos ustedes, que les abandonarán todas sus flaquezas y que desarrollan la amplitud mental que culminará, finalmente, en su fusión en el Señor. ¿Cómo pueden reconocer la Divinidad dentro de ustedes? Solamente a través de la práctica constante llegarán a esta realización. Para lograr hasta las más ínfimas habilidades en el mundo, deben practicar constantemente y perfeccionarse: ya sea para leer, escribir, caminar o comer. Todo ello se desarrolla únicamente con la práctica. Si inician la práctica con el primer paso, entonces, serán capaces de llegar, finalmente, al último. En este caso, el último paso significa adquirir el Conocimiento Supremo que les hará libres.”
Esta historia ha relatado el trayecto de la familia González hasta Dios; en esencia, no difiere de la historia que cada uno de nosotros pueda contar. Todos hemos pasado a través de las pruebas y tribulaciones de la experiencia kármica y tenemos una historia que narrar.
Si consideráramos la cita anterior de Sathya Sai Baba, Dios es la conclusión de cada una y de todas las historias que pudiéramos compartir. Como fuera con los sueños que las personas compartían con Daniel y Cristina, Mercedes estaba siempre con Dios, con Sathya Sai Baba. Siempre era bella: la dicha constituye la esencia de la belleza. El estar con Dios, es dicha.
Mercedes nos estaba guiando a todos de vuelta hacia Dios al permitirnos compartir uno o dos actos en el drama universal.
Fueron muchos los que llegaron a conocer a la familia González y cuyo deseo consistía en una conclusión física. Querían ver sana a Mercedes, corriendo y jugando con sus amiguitos. En este punto del tiempo, no sabemos cuál sea la voluntad de Dios respecto a ella. Lo que sí sabemos, empero, es que ella abrió la puerta de la concienciación para que muchas personas pudieran realizar su propia Divinidad.
El aspirante espiritual debiera estar siempre mirando más allá de lo físico, más allá de la ilusión, y debiera entender y reconocer el propósito tras cada experiencia, en lugar de estar preocupado de la experiencia misma. Necesitamos elevar nuestra visión hacia la realidad y no sentirnos satisfechos con lo transitorio que absorbamos.
Swami nos dice: “Son muy pocos los que fijan su visión interior en lo universal y lo eterno, o que le prestan oídos a su majestad y misterio. El hombre ha perdido la fe en sí mismo, de modo que no es de extrañar que haya perdido también la fe en Dios. Unicamente aquellos que se conocen a sí mismos y que tienen confianza en sí mismos pueden llegar a conocer a Dios y a tener confianza en El. Conózcanse a sí mismos primero, entonces se les hará simple el intento por conocer el mundo.”
LA TRANSFORMACION
DEL ALMA
Discurso del 18 de noviembre de 1965
Prasanthi Nilayam
“Con toda la fuerza y el poder Divinos que tenemos, debiéramos empeñarnos por el bienestar de la sociedad y no hacer un mal uso de ellos. La felicidad y la prosperidad del individuo dependen del bienestar de la sociedad. Cuando haya bienestar y paz en la sociedad, sólo entonces podrá experimentar paz y felicidad el individuo.
El hombre necesitra tres capacidades importantes. La primera es la de que debiera producirse una transformación espiritual. Después de la transformación espiritual viene el cambio social. A continuación sigue la transformación individual. Con la transformación espiritual se produce naturalmente el cambio social. El individuo brillará y florecerá resplandeciente cuando haya paz y prosperidad en la sociedad.
Hacemos uso de ciertas palabras para producir una tal transformación. Un pequeño ejemplo. Las letras S A I, forman “Sai”. La letra ‘S’ representa el ‘cambio espiritual’: debiéramos empezar el cambio ahora. ‘A’ representa el ‘cambio en la asociación’. La ’I’ está por el ‘cambio individual’. Sai simboliza aquí el cambio espiritual, el cambio en nuestras asociaciones y el cambio a nivel individual. Esa es la esencia de estas letras.
Todo el mundo será feliz cuando se produzca una tal transformación. ¿Cómo podrían esperar que se produzca el cambio espiritual sin un cambio individual y uno social? Una cosa que estas tres letras tienen en común es la naturaleza del amor. Debiéramos experimentar este principio del amor.
Todos en este mundo dicen ‘yo’, ‘yo, ‘yo’. Si hacen una pregunta, reciben la respuesta de ‘yo fui’, ‘yo vine’, ‘yo vi’, ‘yo experimenté’. ¿Quién es este ‘yo’? Si reconocieran la Divinidad que le es común a los millones de personas, entonces entenderán al ‘yo’ real en ustedes. De nmodo que deben conocer a su propio ‘sí mismo’ verdadero. Entonces, ello producirá una transformación social.
¿Cómo se produce en el nivel individual? Cada individuo tiene algunos deseos y hábitos malos. Son los malos hábitos del individuo los que lo dañan al igual que a la compañía que lo rodea. ¿Cuáles son estos hábitos? Son el fumar, el beber, el comer carne y el jugar. Todos ellos son malos hábitos. Con ellos, no solamente sufre el individuo, sino puede también arruinar a su familia. El día en que el individuo deseche todos estos malos hábitos, florecerá verdaderamente su individualidad.
Debemos poseer moralidad para expresar nuestra individualidad. La individualidad a su vez florecerá cuando se tiene moralidad. La individualidad se encuentra sumergida debido a los malos hábitos. Y, entonces, ¿qué es el cambio social? Todos debiéramos mantenernos alejados de los males sociales. ¿Cuáles son estos males sociales? Ellos comprenden el acusar contínuamente a otros, el culpar a otros,
el ridiculizar a otros y el sentir celos. Hemos perdido la paz en la sociedad debido a estas malas cualidades del hombre. No encuentran a nadie que le sea aceptable a todos en la sociedad.
Las gentes viven con tantas ideas. Así como difieren las cabezas, así también difiere el pensar. No pensamos en desmerecimientos ni defectos cuando existe la amistad. Pero vemos cada acto como un error, cuando no dura o se mantiene la amistad. Cuando estamos juntos, cuando hay amor, todo lo que hagan de seguro ha de ser bueno. Mas cuando nos separamos, cada agrado se vuelve odioso. Este es el efecto de la época moderna. Esto no es bueno.
Debiéramos desarrollar sentimientos Divinos en todo momento. Es por ello que debemos fomentar las buenas cualidades en la sociedad. Debemos fomentar las cualidades de ayuda a los demás. Para prestar servicio debemos desarrollar el sacrificio. Debiéramos tener espíritu de ecuanimidad, un sentir respecto a que el sufrimiento de otros en nuestro propio sufrimiento. Entonces se producirá un cambio espiritual. La compasión, la misericordia, el amor, la tolerancia, la simpatía... estas nobles cualidades se originan en la transformación espiritual.”
... Sathya Sai Baba
“No le den importancia a los milagros.
No exageren su significancia.
La grandeza de Mi poder
no reside en estos milagros,
consiste sólo de Mi amor.
Cierto, puedo cambiar el cielo en tierra
y la tierra en cielo.
Mas el poder Divino no se desperdicia así para revelarse.
Es sólo debido al amor
que la Divinidad desciende como un Avatar.
Todos los milagros ostensibles
no son sino gotas del océano del amor.
No se dejen deslumbrar por las gotas,
reconozcan al océano
y vengan a sumegirse en él.”
Sathya Sai Baba
LA HISTORIA DE
MERCEDES
POR
Ann Cleveland
“Lleven a cabo todo su Karma como los actores en una
obra de teatro, manteniendo separada su identidad
y sin aficionarse mucho a su rol.
Recuerden que todo no es más que una representación
y que el Señor les ha asignado una participación.
Interpreten bien su papel:
allí termina su deber.”
... Sathya Sai Baba
Traducido por Herta Pfeifer
Santiago de Chile, agosto de 1999
Sathya Sai Baba es la Verdad Absoluta.
Es la verdad omnipresente, omnipotente y omnisciente.
Conoce cada pensamiento, palabra y acción de cada
alma individual. Conoce su pasado, su presente y
su futuro. Si uno llega a entender esto,
se vuelve real la proximidad a El.


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